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Frida Kahlo, en cincuenta gestos

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Frida Kahlo, en cincuenta gestos

Frida Kahlo, en cincuenta gestos

El pintor, galerista y coleccionista sevillano Fausto Velázquez se encerró hace cinco años en su estudio con un sólo motivo, el rostro de Frida Kahlo, del que ha hecho cincuenta retratos -alguno adquirido por Sean Penn-, casi la mitad de los cuales expondrá a partir de mañana en Sevilla.

Galerías de México D.F., Tokio, París y Nueva York ya han contratado esta exposición que durante un mes y medio podrá verse en la Sala del Apeadero del Ayuntamiento de Sevilla cuyas reducidas dimensiones sólo permitirán mostrar 22 de estos retratos, todos al óleo y de un realismo fotográfico, que han sido seleccionados por el propio Velázquez.

Mañana en la inauguración de la muestra intervendrá el ensayista Antonio Molina Flores, profesor de Estética de la Universidad de Sevilla y quien sobre el tema de este trabajo ha señalado que "pocos artistas llegan a conquistar ese paraíso simbólico en el que el nombre propio es suficiente para invocar un universo completo", como sucede con Frida Kahlo o con Leonardo o Miguel Ángel.

El exdirector del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo José Antonio Chacón ha descrito, con motivo de esta exposición, la última pintura de Fausto Velázquez, quien también ejerció durante años como profesor, como "pintura suFrida" por el nivel de detalle alcanzado en estos lienzos por los pinceles del artista.

Son minúsculos los pinceles de Velázquez, capaces de penetrar en los secretos de las pestañas de la modelo, y además el artista nunca trabaja con caballete, sino inclinado en su mesa de trabajo, como si los lienzos fuesen páginas de un libro, como si "iluminara" un pergamino antiguo.

Chacón también ha destacado que Fausto Velázquez, al igual que le sucedió a la pintora Frida Kahlo, sufrió a un accidente que le causó lesiones traumáticas, pero no es esa coincidencia la que llevó al artista sevillano a escrutar el rostro de la mexicana, sino una foto que en 1939 le tomó el fotógrafo Nicholas Muray, otro de los numerosos amantes de la pintora.

Esa imagen fue determinante para que Velázquez hiciera su particular inmersión creativa en un rostro que fascinó a tantos hombres, a tantas mujeres, a tantos artistas, entre ellos a Diego Rivera, muralista que junto a ella formó parte de un tormentoso matrimonio.

En la repetición del retrato -en realidad son más de cincuenta retratos, ya que en algunos lienzos hay hasta cuatro rostros de Frida en distintas actitudes, con vestimentas distintas, con rictus apenas perceptibles que los diferencian- Velázquez no ve nada raro, ya que considera que los pintores son "un poco neuróticos" y tienden a desarrollar de las más distintas formas y de modo obsesivo los temas que logran capturarlos.

A Fausto Velázquez, a sus 65 años, le interesa más la personalidad, el carácter y, naturalmente, el rostro de Frida Kahlo que su pintura, la cual considera "demasiado torturada" e influida por los padecimientos físicos que le provocaron el accidente que le dañó gravemente la columna vertebral.

Además de haber revisado toda la iconografía gráfica existente de la artista mexicana, de haber revisado sus biografías y los testimonios que sus allegados dejaron sobre ella, Velázquez ha introducido en sus retratos elementos de su propia realidad, como un mantón de Manila diseñado por sus amigos y vecinos los diseñadores Vittorio y Lucchino.

Para plasmar ese retrato, Velázquez hizo posar durante horas a una amiga suya como modelo sobre el que posar el mantón, mientras que el rostro fue tomado de alguno de los cientos de retratos fotográficos que dejaron de la artista mexicana.

Por Alfredo Valenzuela

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