Judit Martín, la cómica que hace reír a toda España: “Es inevitable que me meta en fregados”
En España no tenemos, por desgracia, un Saturday Night Live, el mítico programa de humor en directo que ha visto nacer a los mejores cómicos de EEUU. Eso nos ha impedido identificar rápidamente a los talentos del humor. Si uno tuviera que buscar quién sería nuestra Kristen Wiig, nuestra Maya Rudolph o nuestra Kate McKinnon, sin duda el nombre de Judit Martín estaría entre las posibles candidatas. Martín es un tsunami cómico. No es una monologuista, ese terreno que en España se pone de moda cada cierto tiempo, sino que pertenece a otra estirpe, la de actrices que saben hacer reír con una mezcla de humor físico, con su origen en el slapstick, que funciona cuanto más anclado a la realidad está.
Aunque muchos no conozcan todavía su nombre, seguro que se han reído con sus apariciones en el programa de Marc Giró (Cara al show), o en Está passant el programa de 3cat donde da vida a personajes hilarantes en torno a alguna noticia de la semana. Este año también se han podido encontrar con ella en dos de las obras de teatro más giradas y comentadas: Risa caníbal, de Las Huecas; y Del fandom al troleo. Una sátira del bla bla bla. Muchos también recordarán su viral aparición en la ceremonia de los premios Feroz hace dos años haciendo de Tilda Swinton mientras se doblaba a sí misma… o tirando de polémica, la que la llevó a ser denunciada por Abogados Cristianos por un gag en donde se vestía de Virgen del Rocío.
Ahora Judit Martín completa su año de explosión mediática con su primer papel protagonista en cine con Pizza Movies, el filme de Carlo Padial donde da vida a una crítica de cine que, agotada de su profesión, monta un negocio donde puede dar vida a su cariño por el séptimo arte de una forma peculiar: haciendo pizzas temáticas de las películas que le gustan. Lo hace acompañada de otro cómico imbatible, como es Berto Romero, que da vida a su pareja en una película que es un elogio del amor tranquilo en tiempos de cinismo. “Carlo buscaba que fuera una comedia bonita, un retrato de cómo sobrellevar la crisis en pareja, pero siempre evitando esta cosa oscura, el cinismo… él dice que hablar de una pareja que se quiere es casi un acto revolucionario, que no está de moda”, dice Martín de su película.
Padial la llamó hace “algunos años” para contarle la película y ofrecerle el papel. Pero el tiempo pasaba y la experiencia de una actriz es que haya muchos proyectos que se quedan en eso, en conversaciones que nunca se materializan. “Yo nunca me lo creí”, dice riendo. “Era por muchos motivos y ya no solo por el famoso síndrome de la impostora, sino porque yo nunca había hecho un protagonista. Prácticamente, no he hecho nunca cine, he hecho un secundario y ya está. Lo mío es la tele, la radio… Y luego aparte que yo sabía que esto iba a estar en un tono en el que yo no tenía experiencia. No sabía si iba a cumplir con lo que se esperaba de mí”, recuerda.
En todo ese tiempo se convenció de que no tenía que “hacer las astracanadas” que hace en la radio y en la televisión. Tanto Carlo Padial como Desirée de Fez, su pareja y coguionista del filme, le dejaron siempre claro que era ella. Que no se estaban equivocando y que ese tono también lo podría dominar. Eso dio lugar a dinámicas, conversaciones y juegos para ir viendo ese tono y “sintonizar con esa música”. “Carlo nos decía que éramos como músicos, que esta comedia tenía que tener un tono muy particular, que era como una cosa muy jazz y muy de no apretar, y eso creo que a mí me dio mucha calma. No sé si se consiguió lo que se buscaba del todo, pero sí que se acercó mucho a lo que al final sería”, añade.
Todos sus años de trabajo haciendo teatro de improvisación le han dado “una seguridad total”. Da igual que lo que haga no tenga “la brocha gorda de comedia que hay en la impro o con lo que yo hago o la tele”, pero son muchas horas encima de un escenario sin saber lo que viene a continuación, y eso da “muchas herramientas para estar tranquila”. “A mí la impro me ha dado un colchón de saber que no tengo que precipitarme, que no tengo que ser superingeniosa, que simplemente tengo que dejarme llevar”, explica de su forma de trabajar. Esa impro es un lugar donde se encontraba “muy cómoda”, más que en la televisión, donde “la urgencia te empuja a apretar demasiado la comedia”. “Sí que me he encontrado muchas veces en situaciones muy desagradables en el sentido de decir, 'joder, tengo que hacer reír'”, confiesa. De hecho, a veces ha llegado a estar “saturada” de ella misma, de estar “demasiado arriba todo el rato”.
Un éxito de poco en poco
Esta fama le ha llegado “casi a los 50 años”. Empezó con 20 años en una compañía de teatro y poco a poco ha encontrado un éxito y una popularidad que ya no esperaba. “Todo ha ido supergradual y para arriba. Sí que es verdad que ahora ha crecido de forma exponencial, pero yo lo estoy disfrutando un montón. Más que nada porque también en cuanto me agoto de trabajar de una manera, me surge otra”, subraya aunque aclara que, siendo sincera, en Catalunya la conoce mucha gente, “pero fuera de Catalunya, ni el tato”.
Esta fama lo que le hace es “estar muy tranquila”, pero ya hace años que lo está: “Lo digo en el sentido de que sé que puedo escoger. Me encanta generar espectáculos propios, y sé que si me van mal las cosas, lo que más me gusta es improvisar, o con mi compañía o sola en un teatro pequeño. Eso es lo que más me gusta y con eso siempre me podré ganar holgadamente la vida. Estar en esta situación me permite decir que no a cosas que no me gustan nada, y eso es un lujazo. Es el extremo lujo, porque yo venía de un lugar de no poder decir que no a nada para llegar a final de mes, como tantos actores, y me ha costado entender que no me hace falta estar diciendo que sí todo el rato, porque ganar dinero no está entre mis objetivos, prefiero tener proyectos chulos y que me lo pase bien”.
Algunos de ellos, como el de Risa Caníbal con Las Huecas la ha hecho entrar en un teatro donde el humor juega al experimento, donde las normas se deconstruyen para hacer una crítica brutal a la extrema derecha. Una experiencia que le ha dado nuevas herramientas y “salir de la famosa zona de confort”. “El humor es supergoloso, pero esta es otra manera de hacer humor. Y a mí me es inevitable meterme en estos fregados. Acabo metiéndome siempre en fregados diferentes, porque me ponen en tensión, y yo me cago literalmente de miedo antes de empezar un proyecto de estos, pero luego siempre lo agradezco, porque yo soy una fanática del humor”, apunta.
Su otro pico de fama fue no deseado y por uno de esos fregados. Llegó cuando Abogados Cristianos denunció a Judit Martín, al director y presentador de Està Passant Toni Soler, y al copresentador Jair Domínguez por un gag en donde ella se vestía de Virgen del Rocío. Una denuncia que fue archivada pero que colocó a la actriz en un foco mediático y de uso político. Cuando se le pregunta por cómo vivió aquello solo le sale una palabra: “Mal”.
Reconoce que no es religiosa, y que quizás vivía en una burbuja donde nadie lo era y pensaba que un sketch humorístico como ese iba a ser uno más. A posteriori, lo piensa más calmada: “Quizás fui un poco cafre. Esa es la verdad. Evidentemente, pensé que igual ahí me había pasado de la raya. Se juntó que aquello era como la tormenta perfecta, porque estábamos en momentos antes de elecciones, y a todo el mundo le vino bien meterse en ese fregado, porque de hecho yo recibí hostias tanto de la extrema derecha, y muchas hostias de la izquierda aunque por diferentes motivos: me dijeron que era andaluzófoba y clasista. Para nada era mi intención ni lo vi así. No me lo esperaba y no sabía que eso iba a dispararse de esa manera. Hubo una semana que encendíamos las teles en el estudio de la radio y veía mi foto junto a Belén Esteban y Ana Rosa Quintana, fue muy heavy”.
Aquello también le hizo pensar que “la religión es un gran tema para mucha gente”, pero no cambió su forma de hacer humor. “Lo que sí pensé es que la tele es muy poderosa, porque yo he hecho bromas de estas y muchísimo peores en radio, y ya en teatro ni te cuento, porque al ser improvisación, sabes que eso no se va a volver a repetir. Yo soy muy cafre, pero sí que en tele dices, ‘ojo, porque queda grabado y es muy poderosa’. Pero también me dije, igual es que me mola afrontar estos temas que sabes que son espinosos, y ahora los voy a afrontar desde otro lugar más inteligente y mucho más divertido. Ahora, cuando intento hablar de la religión en tele, busco otras estrategias”, zanja.