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'Hey Ho! Let's Go!' Marky Ramone, el último Ramone vivo

Juanjo Villalba

9 de agosto de 2026 22:04 h

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El alineamiento de los cuerpos celestes y la agenda cultural madrileña ofrecen a veces coincidencias singulares. El cruce de un eclipse solar con la interpretación en directo del repertorio de los Ramones constituye un acontecimiento astronómico y musical poco frecuente, de esos que difícilmente volverán a repetirse.

Unos minutos después de que el próximo 12 de agosto la luna bloquee temporalmente la luz del sol, la sala Mon Madrid acogerá de nuevo las melodías aceleradas que transformaron el rumbo de la música contemporánea a mediados de los años setenta. Sonarán de la mano de la banda con la que Marky Ramone, el único miembro vivo del grupo (aunque no de la formación original), mantiene vivo el legado de los Ramones. Al día siguiente, tocará en la sala Salamandra de Barcelona.

Este hecho tan inusual invita a dar un repaso a la trayectoria de una formación que redefinió el rock and roll con una propuesta única, austera, urgente y directa.

El nacimiento de una estética urbana en Queens

La historia de los Ramones comenzó a gestarse en 1974 en el barrio residencial de Forest Hills, ubicado en Queens, Nueva York. Cuatro jóvenes de clase media (John Cummings, Thomas Erdelyi, Douglas Colvin y Jeff Hyman) decidieron unir fuerzas tras haber pasado por diversas experiencias musicales adolescentes y bandas locales. A partir de entonces sus nombres serían: Johnny, Tommy, Dee Dee y Joey.

La idea inicial contemplaba una distribución de funciones diferente, pero las limitaciones técnicas y operativas dejaron la alineación definitiva de la siguiente manera: Joey asumió las voces principales, Johnny se hizo cargo de la guitarra, Dee Dee tomó el bajo y Tommy ocupó la batería.

Adoptaron como nombre y apellido ficticio “Ramone” por sugerencia de Dee Dee, quien se inspiró en el seudónimo “Paul Ramon” utilizado por Paul McCartney en los primeros años de trayectoria de los Beatles. El concepto estético se completó con un uniforme que se convertiría en la figura por defecto del roquero a partir de entonces: melenas, chaquetas de cuero negro, camisetas básicas, vaqueros rotos y zapatillas deportivas. Una sobriedad en la indumentaria que dialogaba directamente con la esencialidad de su propuesta musical.

El escenario clave para su despegue inicial fue el club CBGB, situado en el Bowery de Manhattan. En aquel local, la banda ofreció decenas de actuaciones, todas brevísimas y atronadoras, que acabaron llamando la atención en el circuito emergente del underground neoyorquino.

El impacto de estos conciertos, que rara vez superaban los veinte minutos de duración, les llevó a la firma de su primer contrato discográfico con el sello Sire Records a finales de 1975, dando lugar a su primer disco, que se tituló simplemente Ramones.

Minimalismo sónico frente a la sofisticación de los setenta

Este primer disco, grabado con un presupuesto de aproximadamente 6.400 dólares, se publicó en un panorama musical dominado por el rock sinfónico de Pink Floyd o Genesis, producciones complejas con pasajes instrumentales extensos y elaborados solos de guitarra.

Los Ramones tiraron por lo opuesto: una fórmula basada en tres o cuatro acordes, ritmos básicos a toda velocidad y letras breves que reflejaban la subcultura de la que salían, el aburrimiento urbano, salpimentado con referencias al cine de serie B. “Nos influyeron mucho los cómics, el cine, la escena de Andy Warhol y las películas de arte y ensayo. Yo, además, era un gran admirador de Mad Magazine”, afirmó en una ocasión Tommy, según recogen Stephen Colegrave y Chris Sullivan en su libro Punk: The Definitive Record of a Revolution.

Las canciones de aquel álbum, entre las que destacan Blitzkrieg Bop o I Wanna Be Your Boyfriend, establecieron las bases sonoras de lo que se acabaría conociendo globalmente como punk rock.

Al reseñar el álbum para la revista Rolling Stone, el crítico Paul Nelson describió el trabajo como una obra “construida casi en su totalidad sobre pistas de ritmo con una intensidad desbordante que el rock and roll no experimentaba desde sus primeros días”. Tras caracterizar a la banda como “auténticos primitivos americanos cuya obra debe ser escuchada para ser comprendida”, sentenció: “Ha llegado el momento de que la música popular siga el ejemplo de las demás artes y rinda homenaje a sus primitivos”.

Pero a pesar de estos elogios y muchos otros, el disco no obtuvo cifras de ventas masivas ni alcanzó una buena posición en las listas comerciales de Estados Unidos.

Sin embargo, su viaje a Inglaterra en julio de 1976 para actuar en la sala Roundhouse de Londres marcó un punto de inflexión decisivo en la historia de la música popular. La presencia del cuarteto en suelo británico actuó como catalizador fundamental para la formación de agrupaciones históricas del punk británico como The Clash, Sex Pistols y The Damned.

Los trabajos discográficos posteriores, entre los que figuran Leave Home (1977), Rocket to Russia (1977) y Road to Ruin (1978), perfeccionaron su sencilla y directa estructura melódica combinando la agresividad instrumental con la influencia de los grupos femeninos de los años sesenta y el popbubblegum como The Ronettes o The Shangri-Las.

Temas icónicos como Rockaway Beach, Sheena Is a Punk Rocker o I Wanna Be Sedated demostraron la capacidad del grupo para construir estribillos fáciles de recordar (incluso para los fans que no hablaban inglés) en composiciones de apenas dos minutos.

Conflictos internos y tensiones constantes

Pero a pesar del éxito, detrás de la imagen de unidad que podría suponerse al ver su icónico logotipo (diseñado por el artista Arturo Vega inspirándose en el sello del presidente de los Estados Unidos), las dinámicas personales entre los miembros de la banda siempre estuvieron marcadas por profundas desavenencias.

Las diferencias ideológicas entre la visión conservadora y disciplinada de Johnny y la postura más progresista de Joey crearon distancias insalvables dentro del grupo. La tensión aumentó considerablemente cuando Linda Danielle, quien había sido pareja de Joey, comenzó una relación sentimental con Johnny, episodio que inspiró la conocida composición The KKK Took My Baby Away.

A las fricciones personales se sumaron las constantes alteraciones en la formación original. Tommy Ramone abandonó la batería en 1978 exhausto por la dinámica de las giras y los excesos del rock. Su lugar lo ocupó Marky que se acabaría convirtiendo en el batería que estuvo más años en la formación, aunque en dos periodos. Fue expulsado en 1983 debido a sus problemas con el alcohol. Cuatro años después, ya recuperado y limpio, volvió a la banda para no abandonarla hasta su final. Hoy en día, es el único miembro vivo y activo del grupo neoyorquino.

Posteriormente, se incorporarían otros músicos como Richie Ramone y C.J. Ramone en el bajo tras la marcha de Dee Dee Ramone en 1989, quien continuó contribuyendo con composiciones para la banda hasta sus últimos días.

Las fricciones creativas también fueron enormes en el estudio de grabación durante los intentos de la discográfica por conseguir éxito masivo en las radios comerciales. La colaboración con el legendario productor Phil Spector en el álbum End of the Century (1980) generó profundas discrepancias internas debido al alejamiento del sonido crudo original en favor de arreglos orquestales más recargados.

Se cuenta, por ejemplo, que durante una de las sesiones de grabación en Los Ángeles, Spector llegó a apuntar a Dee Dee con una pistola para obligarlo a repetir la grabación de un riff de bajo. No obstante, la tensión produjo resultados notables con temas como Do You Remember Rock 'N' Roll Radio? o Danny Says.

La vigencia de un legado atemporal

La banda mantuvo una actividad ininterrumpida sobre los escenarios durante más de dos décadas, acumulando un total de 2.263 conciertos antes de su disolución definitiva en agosto de 1996, tras su participación en el festival Lollapalooza y una actuación de despedida en Los Ángeles.

El fallecimiento paulatino de sus cuatro integrantes originales entre los años 2001 y 2014 cerró la etapa histórica del grupo, pero dio paso a un reconocimiento institucional y cultural de dimensiones globales.

El ingreso de la formación en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 2002 y la concesión del premio Grammy a la trayectoria artística en 2011 consolidaron su estatus de leyendas de la música moderna. Su influencia trasciende las fronteras del punk y se extiende sobre múltiples géneros, desde el thrash metal de bandas como Metallica hasta la escena del rock alternativo de la década de los 90 representada por Nirvana o Pearl Jam.

Sin duda, la música de los Ramones continúa resonando hoy con la misma frescura y vigor que cuando sonó por primera vez en la escena underground neoyorquina (siguen entre los 2.000 artistas más escuchados en plataformas como Spotify).

Su capacidad para reducir el rock a sus elementos más puros y un carisma indiscutible, convirtieron su catálogo musical en un manual de instrucciones sobre cómo fabricar rock and roll. Revivir sus cuatro acordes tras presenciar un eclipse solar parece una forma perfecta para celebrar la vitalidad de un repertorio concebido para resistir durante siglos.