Una mañana con los cachorros españoles del K-Pop

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Los domingos de verano por la mañana, la Gran Vía de Madrid luce a desierto de asfalto. El gris de la carretera se entremezcla con el de las persianas bajadas por el fin de semana o por el batacazo de la pandemia, y la falta de sombra vacía de paseantes la arteria comercial de la ciudad. Pero este domingo, a la altura del Teatro Lope de Vega que normalmente acoge el indefectible musical de El Rey León, ha surgido un oasis de color.

Un mar de cabezas tintadas de naranja, rosa y azul se arremolinaban delante de la puerta dispuestas a entrar al mayor evento de K-Pop celebrado en España: un concurso de talentos organizado por el Centro Cultural Coreano en colaboración on los40.

Las bases de la convocatoria anunciaban que la entrada era libre y gratuita hasta completar aforo. Eso son 1.100 personas. La soberbia que otorga el prejuicio invitaba a pensar que este evento nunca llenaría un teatro de tal capacidad. Por supuesto, la percepción era errónea. A las 9 de la mañana, tres horas antes de que diera comienzo el espectáculo, apenas quedaban plazas vacías.

El Concurso de K-Pop lleva diez ediciones a sus espaldas y se ha convertido en una cita imprescindible para los kpopers, que en España son muchos y están muy bien organizados. Diez participantes se jugaban el premio este año en las categorías de baile y canto, cinco en una y cinco en la otra. Los ganadores se llevarían un cheque de 1.000 euros y la posibilidad de viajar a Corea con todos los gastos pagados para participar en el K-POP World Festival, meca de la música surcoreana.

La soberbia invitaba a pensar que este evento nunca llenaría un teatro de tal capacidad. Por supuesto, la percepción era errónea

A las doce de la mañana, como un reloj de puntualidad asiática, dio comienzo el show. La primera en actuar fue Irene Verde Aragón, gaditana de pura cepa y project manager de 29 años. Cogió una silla, se sentó en medio del escenario y un coreano perfecto le brotó de las cuerdas vocales. Cantaba Problem, de Yerim Sohn. El shock fue tal que la platea y el patio de butacas comenzó a gritar con fervor.

Los allí presentes no solo eran familiares y colegas de los participantes. Había verdaderos fans. La histeria echó el teatro abajo cuando le tocó el turno a Daken'z, un cuerpo de seis bailarines vestidos de cuero y perfectamente sincronizados que interpretaron a velocidad lumínica One, del grupo Astro. Fuera del escenario son ingenieros, camareros o azafatos, y no sobrepasan los 25 años. Pero encima, son una masa uniforme. “Tenéis los looks, la técnica, el talento. Y tenéis a los fans”, les concedió uno de los miembros del jurado.

En la breve entrevista que todos los jóvenes ofrecían después de su actuación, confesaban haber llegado al K-Pop de la misma forma: “Por un amigo o amiga”. Por eso impacta aún más su buen desempeño en una disciplina que roza lo militar. Las fórmulas de las compañías musicales de K-Pop han recibido críticas a lo largo de los años por la presión a la que someten a sus cantantes y bailarines. Todas tienen su propio centro de formación de jóvenes, a quienes captan en plena adolescencia y crían para convertirse en ídolos de masas. Las integrantes de Blackpink, la banda surcoreana más famosa, contaron en un documental de Netflix que llegaban a trabajar 14 horas al día en su época de aprendices.

El jurado del Concurso de K-Pop español ha contado con un directivo de Cube Entertainment, uno de los sellos más famosos del país asiático. Seunghwe Jeon sin embargo ha sido benévolo en sus comentarios, llegando a alabar el talento amateur español por encima del de Corea. Lo ha hecho en el caso de los integrantes de Wonder Magnet, que han ganado en la categoría de danza.

Como un acordeón vestido de rosa, más de una decena de bailarinas procedentes de Madrid han interpretado el hit de Twice, Scientist, que acumula tres millones de visualizaciones en YouTube. El espectáculo siguió la técnica de las bandas surcoreanas: todos tienen su momento de brillar. Cuando alguien se marca un solo, el resto acompaña con rapidísimos movimientos de manos y gestos infantiles que recuerdan al anime.

Si Wonder Magnet se han hecho con el podio en baile, la filipina Ellice Aquino, de 32 años, lo ha hecho como vocalista. Se ha atrevido con una balada –por supuesto, en coreano– que ha emocionado al jurado. Aún más por el hecho de no haber dado clases de canto nunca, tan solo por haberse aficionado al K-drama gracias a una playlist. Aquino se batía contra Auri, una programadora de Écija que ha ganado el segundo premio rapeando, o Vicky, estudiante de 16 años que ha ofrecido una mezcla de show de diva kpopera y Britney Spears.

El movimiento K-Pop en España es moderadamente reciente, por eso sus acólitos apenas rozan la veintena. Un grupo muy ecléctico esperaba a la salida a sus colegas de baile. Ellos se presentaron hace un par de años al concurso y reconocen que el fenómeno es “un agujero negro”. “Una vez que empiezas no puedes parar, además ensayamos todos en el mismo sitio”, dice Kiki, de 25 años. Desvelan que para entrar en los cástings se requieren horas de preparación todos los días. Su sueño, como el de todos los que se presentan, es ir a Corea.

Algo distinto es el fenómeno fan. Grupos de chicas y chicos jóvenes esperan a la salida del Lope de Vega con carteles. A algunos les dura la irritación en los ojos de haber llorado. “De emoción”, precisa una fan de los bailarines Daken'z. Sorprende que, a pesar de que el grupo más famoso del mundo está de actualidad por su separación temporal, ninguno menciona a BTS como favorito. En cambio, ofrecen una retahíla de sílabas imposible de memorizar para un cerebro primerizo en el género.

“Yo pensaba que eran cuatro tontos”, reconoce Iria. “Empecé en 2019 porque me gustaba mucho el reguetón y vi un vídeo de cantantes de K-Pop reaccionando al reguetón. Fue el principio del fin”, reconoce, mientras dos lágrimas de pegatina le caen por unos ojos cuidadosamente maquillados. Ese es otro de los aprendizajes de esta mañana kpopera: no hay ni rastro de improvisación en la estética.

Como si fueran celebridades surcoreanas, los seguidores han sacado a pasear sus mejores faldas de cuadros, volantes, cueros y cadenas. También los peinados seguían un patrón, que oscila entre algo cercano al punky de colores y, en el lado opuesto, lo baby-doll (la imagen de muñeca de porcelana que identifica a este movimiento). “Es visualmente muy atractivo”, explica Denis.

Este fandom cada vez tiene más presencia, y el evento organizado por el Centro Cultural Coreano es la prueba. No solo quieren apoyar a sus ídolos, sino convertirse en ellos. Y, al paso que van los cachorros del K-Pop de nuestro país, esto último podría ser cuestión de tiempo.

Los domingos de verano por la mañana, la Gran Vía de Madrid luce a desierto de asfalto. El gris de la carretera se entremezcla con el de las persianas bajadas por el fin de semana o por el batacazo de la pandemia, y la falta de sombra vacía de paseantes la arteria comercial de la ciudad. Pero este domingo, a la altura del Teatro Lope de Vega que normalmente acoge el indefectible musical de El Rey León, ha surgido un oasis de color.

Un mar de cabezas tintadas de naranja, rosa y azul se arremolinaban delante de la puerta dispuestas a entrar al mayor evento de K-Pop celebrado en España: un concurso de talentos organizado por el Centro Cultural Coreano en colaboración on los40.

Las bases de la convocatoria anunciaban que la entrada era libre y gratuita hasta completar aforo. Eso son 1.100 personas. La soberbia que otorga el prejuicio invitaba a pensar que este evento nunca llenaría un teatro de tal capacidad. Por supuesto, la percepción era errónea. A las 9 de la mañana, tres horas antes de que diera comienzo el espectáculo, apenas quedaban plazas vacías.

El Concurso de K-Pop lleva diez ediciones a sus espaldas y se ha convertido en una cita imprescindible para los kpopers, que en España son muchos y están muy bien organizados. Diez participantes se jugaban el premio este año en las categorías de baile y canto, cinco en una y cinco en la otra. Los ganadores se llevarían un cheque de 1.000 euros y la posibilidad de viajar a Corea con todos los gastos pagados para participar en el K-POP World Festival, meca de la música surcoreana.

La soberbia invitaba a pensar que este evento nunca llenaría un teatro de tal capacidad. Por supuesto, la percepción era errónea

A las doce de la mañana, como un reloj de puntualidad asiática, dio comienzo el show. La primera en actuar fue Irene Verde Aragón, gaditana de pura cepa y project manager de 29 años. Cogió una silla, se sentó en medio del escenario y un coreano perfecto le brotó de las cuerdas vocales. Cantaba Problem, de Yerim Sohn. El shock fue tal que la platea y el patio de butacas comenzó a gritar con fervor.

Los allí presentes no solo eran familiares y colegas de los participantes. Había verdaderos fans. La histeria echó el teatro abajo cuando le tocó el turno a Daken'z, un cuerpo de seis bailarines vestidos de cuero y perfectamente sincronizados que interpretaron a velocidad lumínica One, del grupo Astro. Fuera del escenario son ingenieros, camareros o azafatos, y no sobrepasan los 25 años. Pero encima, son una masa uniforme. “Tenéis los looks, la técnica, el talento. Y tenéis a los fans”, les concedió uno de los miembros del jurado.

En la breve entrevista que todos los jóvenes ofrecían después de su actuación, confesaban haber llegado al K-Pop de la misma forma: “Por un amigo o amiga”. Por eso impacta aún más su buen desempeño en una disciplina que roza lo militar. Las fórmulas de las compañías musicales de K-Pop han recibido críticas a lo largo de los años por la presión a la que someten a sus cantantes y bailarines. Todas tienen su propio centro de formación de jóvenes, a quienes captan en plena adolescencia y crían para convertirse en ídolos de masas. Las integrantes de Blackpink, la banda surcoreana más famosa, contaron en un documental de Netflix que llegaban a trabajar 14 horas al día en su época de aprendices.

El jurado del Concurso de K-Pop español ha contado con un directivo de Cube Entertainment, uno de los sellos más famosos del país asiático. Seunghwe Jeon sin embargo ha sido benévolo en sus comentarios, llegando a alabar el talento amateur español por encima del de Corea. Lo ha hecho en el caso de los integrantes de Wonder Magnet, que han ganado en la categoría de danza.

Como un acordeón vestido de rosa, más de una decena de bailarinas procedentes de Madrid han interpretado el hit de Twice, Scientist, que acumula tres millones de visualizaciones en YouTube. El espectáculo siguió la técnica de las bandas surcoreanas: todos tienen su momento de brillar. Cuando alguien se marca un solo, el resto acompaña con rapidísimos movimientos de manos y gestos infantiles que recuerdan al anime.

Si Wonder Magnet se han hecho con el podio en baile, la filipina Ellice Aquino, de 32 años, lo ha hecho como vocalista. Se ha atrevido con una balada –por supuesto, en coreano– que ha emocionado al jurado. Aún más por el hecho de no haber dado clases de canto nunca, tan solo por haberse aficionado al K-drama gracias a una playlist. Aquino se batía contra Auri, una programadora de Écija que ha ganado el segundo premio rapeando, o Vicky, estudiante de 16 años que ha ofrecido una mezcla de show de diva kpopera y Britney Spears.

El movimiento K-Pop en España es moderadamente reciente, por eso sus acólitos apenas rozan la veintena. Un grupo muy ecléctico esperaba a la salida a sus colegas de baile. Ellos se presentaron hace un par de años al concurso y reconocen que el fenómeno es “un agujero negro”. “Una vez que empiezas no puedes parar, además ensayamos todos en el mismo sitio”, dice Kiki, de 25 años. Desvelan que para entrar en los cástings se requieren horas de preparación todos los días. Su sueño, como el de todos los que se presentan, es ir a Corea.

Algo distinto es el fenómeno fan. Grupos de chicas y chicos jóvenes esperan a la salida del Lope de Vega con carteles. A algunos les dura la irritación en los ojos de haber llorado. “De emoción”, precisa una fan de los bailarines Daken'z. Sorprende que, a pesar de que el grupo más famoso del mundo está de actualidad por su separación temporal, ninguno menciona a BTS como favorito. En cambio, ofrecen una retahíla de sílabas imposible de memorizar para un cerebro primerizo en el género.

“Yo pensaba que eran cuatro tontos”, reconoce Iria. “Empecé en 2019 porque me gustaba mucho el reguetón y vi un vídeo de cantantes de K-Pop reaccionando al reguetón. Fue el principio del fin”, reconoce, mientras dos lágrimas de pegatina le caen por unos ojos cuidadosamente maquillados. Ese es otro de los aprendizajes de esta mañana kpopera: no hay ni rastro de improvisación en la estética.

Como si fueran celebridades surcoreanas, los seguidores han sacado a pasear sus mejores faldas de cuadros, volantes, cueros y cadenas. También los peinados seguían un patrón, que oscila entre algo cercano al punky de colores y, en el lado opuesto, lo baby-doll (la imagen de muñeca de porcelana que identifica a este movimiento). “Es visualmente muy atractivo”, explica Denis.

Este fandom cada vez tiene más presencia, y el evento organizado por el Centro Cultural Coreano es la prueba. No solo quieren apoyar a sus ídolos, sino convertirse en ellos. Y, al paso que van los cachorros del K-Pop de nuestro país, esto último podría ser cuestión de tiempo.

Los domingos de verano por la mañana, la Gran Vía de Madrid luce a desierto de asfalto. El gris de la carretera se entremezcla con el de las persianas bajadas por el fin de semana o por el batacazo de la pandemia, y la falta de sombra vacía de paseantes la arteria comercial de la ciudad. Pero este domingo, a la altura del Teatro Lope de Vega que normalmente acoge el indefectible musical de El Rey León, ha surgido un oasis de color.

Un mar de cabezas tintadas de naranja, rosa y azul se arremolinaban delante de la puerta dispuestas a entrar al mayor evento de K-Pop celebrado en España: un concurso de talentos organizado por el Centro Cultural Coreano en colaboración on los40.