Entrevista
Rebe, cantante: “Es importante desvincular el amor por España de los fachas”
Se autoproclama la “princesa de España”, se hace llamar “Rebequita la Bonita” y supone una de las voces más insólitas del pop contemporáneo del país. Rebeca Díaz (Madrid, 1998), conocida artísticamente como Rebe, es la muestra de que la música puede tornarse extraordinariamente impredecible si se siguen los derroteros correctos. Al menos, quien la entienda como un espectro que va mucho más allá del sonido. Para prueba, el último disco de la artista, que prefirió publicar en forma de muñeca de trapo en lugar de en vinilo.
Hasta 250 muñecas cosidas a mano dieron vida física a Es que acaso no me oyes??, el segundo álbum de la cantante. Rebe decidió esquivar las lógicas tradicionales del vinilo o del CD y metió en el corazón de estos juguetes un dispositivo de sonido que, al ser presionado, emitía fragmentos melódicos del disco. Se trata de un ejemplo de la anomalía que representa a la artista dentro de una industria musical que ella describe como “cutre” y que está cada vez más obsesionada por lo digital y los números de streaming.
Detrás de su proyecto no hay grandes productores ni altos presupuestos: todo nace y se graba en su propia habitación. Su forma de crear desafía, además, cualquier método convencional: Rebe no sabe tocar ningún instrumento y todo lo que hace es fruto de su propia intuición. Una intuición que dejará fluir este jueves 21 de mayo en la Sala Villanos de Madrid. El concierto, que también se encarga de organizar ella —desde la iluminación hasta la propia escenografía—, la llevará a seguir rompiendo las normas encima del escenario antes del lanzamiento de su tercer disco.
¿Cómo se llega a ser la “princesa de España”?
Lo soy. Me encanta España, soy una princesa, me gusta tener plebeyos. Por ende, soy la princesa de España.
¿Le da presión serlo?
No, presión me dan muchas otras cosas. Este es un puesto que me he inventado yo, así que las responsabilidades son las que a mí me da la gana.
¿Aunque puedan considerarla facha en un momento en el que parece que la bandera solo pertenece a unos pocos?
Es importante desvincular el amor por España de los fachas.
Empezó subiendo canciones a SoundCloud. ¿Cómo fue la experiencia?
Me queda muy lejos ya, tengo 29 años y esto fue en 2017. Antes, la experiencia era maravillosa, pero ahora SoundCloud es otra plataforma de mierda, va en camino de YouTube o Spotify. Tiene anuncios y ya no hay ninguna sensación de red social. A día de hoy la odio por lo maravillosa que solía ser y cómo se la han cargado. No sé qué posición tiene políticamente, pero más allá de quiénes son los dueños de la plataforma, la dinámica que sigue emplea la misma lógica que la de Instagram: te proponen que pagues para promocionarte a ti mismo. Es como Instagram, que antes se sentía como una red social y ahora es una especie de televisión de TikToks donde la gente se autopromociona.
¿Siente que debería abandonar plataformas como Spotify, teniendo en cuenta sus políticas?
Ese discurso de reclamar a los artistas que quiten su música de Spotify tiene sentido para artistas como Rosalía, para gente que realmente es muy influyente y que se puede permitir hacer una cosa así. Pero pedírmelo a mí, que apenas tengo dinero para ganarme la vida y que es realmente el lugar donde puedo permitirme vivir, es como pedirle a un cajero de supermercado que deje de trabajar en Mercadona por sus dueños. No tiene mucha lógica si estás hablando de artistas más pequeños, pero si hablas de artistas que ya son muy famosos, pues sí es una conversación que tiene sentido tener.
Se espera que los artistas seamos supersimpáticos, pero ¿por qué tenemos que serlo?
¿Se siente presionada a ser influencer, a estar en Instagram?
A la gente sí le pasa. Yo eso no lo paso por el aro, e incluso aquello que paso por el aro, que es poco en comparación con otra gente, ya me da absoluta repugnancia. No lo hago porque no he querido hacerlo, pero si lo hiciese me iría mucho mejor. Y ya no solo es que se le pida a los artistas que sean influencers, es que hay algunos fans que te escuchan, que piensan que eres influencer y que te tratan como si te estuvieran haciendo un favor por estar escuchándote. Los influencers están todo el rato dando las gracias a sus fans, están a la disposición del algoritmo y de todo lo que deseen sus fans, entrando en esa dinámica en la que los fans creen que poseen a los influencers. Y siento que los fans a veces me hablan de esta manera, amenazándome con dejar de escucharme o de seguirme si digo ciertas cosas. ¿A mí qué me importa? Se espera que los artistas seamos supersimpáticos, pero ¿por qué tenemos que serlo?
¿Nos está quitando internet las formas humanas que teníamos de conectarnos?
No sé si lo está haciendo internet, pero definitivamente el mundo que conocíamos está desapareciendo. Justo ayer estaba hablando con unos amigos de que ahora es imposible pedir un plato combinado en cualquier sitio. De pronto, el plato más básico que había en todos los bares de España es dificilísimo encontrarlo, decente y a un precio normal, en algún sitio. Y no sé si de esto tienen tanta culpa las redes.
Lo autogestiona todo. ¿Se lo podría proponer cualquiera?
Se lo podría proponer cualquier persona que quiera sufrir mucho. La verdad es que ahora me estoy dando cuenta de que es insostenible el modelo que tengo y ganarse la vida así. Hay unos ritmos que debería seguir para que funcionase la música profesionalmente, pero solo puede seguirlos alguien que tiene un equipo grande y que solo se ocupa de un par de cosas. Al hacerlo todo yo, tardo muchísimo en terminar: hago las fotos, hago las portadas, diseño el arte de los videoclips, los dirijo, hago la música, la produzco... No es muy compatible con el mundo de ahora.
¿Y le da igual ir más lento cuando la industria impulsa a ir rápido?
Me daría igual de no ser porque me gano la vida con la música, por lo que me importa porque me veo envuelta en la lógica de la industria, sobre todo en España. En España es muy cutre la industria de la música.
Se intenta forzar que a las mujeres les interesen cosas que les interesan primordialmente a los hombres, pero no hace falta
¿Faltan más referentes de mujeres que produzcan canciones?
Me extraña la idea de que faltan referentes porque siento que hay muchas menos mujeres que producen. Es evidente que las mujeres tienen menos oportunidades, pero es que tampoco tiene por qué importarles tanto producir. Les pueden importar otras cosas y está bien que les importen otras cosas. Hay veces que se intenta forzar que a las mujeres les interesen cosas que les interesan primordialmente a los hombres, pero es que igual no hace falta, igual que no les interesa producir y me parece fantástico.
Tampoco ha firmado con ninguna discográfica. ¿Es una declaración de intenciones?
No lo creo. A mí me angustia mucho que alguien tenga mis canciones, porque siento que pongo tantísimo de mí, haciéndolo todo yo, que me cuesta. Pero, en realidad, dependiendo de cómo fuese el día con una gran discográfica no tendría conflicto estando en una. No sintiéndolo como una estafa, y viendo que hay afinidad y que me ayudan a que mi proyecto siga adelante, no tendría conflicto. Lo que pasa es que casi todas son como una estafa, pero bueno, no hay declaración de intenciones, más bien es lo que a mí me ha funcionado de momento.
¿Cómo lleva la precariedad cultural?
Más allá de la precariedad en el sector cultural, toda la gente de la que estoy rodeada vive de una manera extremadamente precaria. Ni siquiera digo que el sector cultural está muy mal, es que todo está muy mal en todas partes. No se puede vivir en ningún sitio, olvídate de comprarte una casa o incluso de alquilar, a no ser que vivas en algún sitio donde esté muy bajo el alquiler, que es difícil si quieres trabajo. Todo está tan mal que ni siquiera me importa tanto pensar en el sector cultural.
En su música explora el lado más oscuro de las relaciones románticas. ¿Por qué le interesa?
Me gustan mucho las pasiones. Ahora hay un discurso muy genérico sobre que el amor solo es amor cuando no se sufre, y no estoy nada de acuerdo. Con el amor se sufre. También de pronto se han demonizado los celos, no se ve como si fuera un tema interesante, sino como un tema que hay que resolver constantemente. Todos los sentimientos negativos, chungos y complejos se ven como problemas a resolver, cuando a mí me parecen superinteresantes. Me encanta sentir celos.
¿También son oscuros sus conciertos?
Son performáticos. No me gusta mucho la estética del concierto, me gusta mucho más la del teatro. Tampoco diría que mi música sea exactamente oscura, hay como un claroscuro. Me gusta lo misterioso.
¿Cómo pasa el día previo a un concierto?
Fatal. Normalmente, me siento muy nerviosa y, además, como soy la que se encarga de todo, tengo muchas cosas que hacer: la escenografía, hablar con el de luces para hacer el diseño de iluminación, montar el espectáculo... Las horas de antes, si toda la prueba de sonido ha salido bien, me siento fabulosa. Me bebo una cerveza o un gintonic y me pongo en mi punto. Si no, fatal, con ganas de irme a casa corriendo. Luego ya en el concierto me siento bien.