ENTREVISTA Cantante

Rigoberta Bandini: “No hago música para gustar a ningún extremo ni a ningún político”

Paula Ribó no siempre es Rigoberta Bandini, pero Rigoberta es siempre Paula y en el cara a cara cercano aún más. Se sienta en un sofá hecha un ovillo bajo la atenta mirada de su estilista, que acaba de atusarle el pelo y repasarle el maquillaje. La barcelonesa presenta el videoclip de Ay mamá, la canción que estuvo cerca de representar a España en Eurovisión y que habría hecho aparecer una teta gigante de cinco metros sobre el escenario italiano. No pudo ser, pero la canción ha seguido su propio camino.

España vence el miedo al ridículo en Eurovisión y lo convierte en su meca musical

Saber más

Con el videoclip cierra el círculo que empezó hace unos meses. La canción ya es “de todas las mujeres, sean madres o no” y el corto de cinco minutos que lo acompaña rinde homenaje a ese abrazo, a esa hermandad. Mezcla futurismo y estética Mad Max, escenas íntimas y humor, y mujeres bailando y pariendo baby borns.

Rigoberta ya acumulaba adeptos gracias a temas como Perra, pero en los últimos meses se han triplicado. También le han abierto las puertas de grandes marcas, estrenando en exclusiva el videoclip con una de ellas. Aunque reconoce que la fama le permite vivir con normalidad y pasear por la calle con su bebé y su familia, también se resigna a que su discurso se haya vuelto público y se intente politizar. A pesar de los globos terráqueos en forma de teta, eso no le interesa.

Se habla mucho de Ay mamá porque es la que pudo representarnos en Eurovisión. Pero antes estuvo Perra o En Spain We Call It, que el Ministerio de Igualdad ha usado para su campaña del 8M. ¿En cuál sintió que estaba componiendo algo grande, que se podría percibir como un himno?

Cuando estábamos en el estudio y encontramos el Ay mamá definitivo, dije: esto a la gente le va a gustar. Lo supe también con Perra. No saco nada que no me emocione muchísimo y que no me flipe, porque así es más probable que a la gente le pueda flipar. Ay mamá fue un proceso muy largo, que costó mucho, pero cuando terminó dije: esto es la hostia. Me puedo equivocar. No sé si es un himno, pero pensé que a la gente le iba a llegar al corazón.

¿Cuál sería un ejemplo de himno?

Por ejemplo, Flor de Sakura, de Rosalía. Es otro estilo, pero te llega al alma y creo que ella lo sabía. Hay muchas canciones de italo disco, por ejemplo Radio Varsabia o Voglio Vederti Danzare, de Franco Battiato, que te emocionan, te hacen bailar y te hacen sentir algo muy fuerte. O el Gloria, de Humberto Tozzi. ¿No? “Gloria, gloria” [canta]. Son canciones que contienen una sensación de unión, que las necesitas cantar en grupo y celebrar.

Ay mamá empezó como una canción para mi madre y luego la internacionalicé para todas las mujeres, sean madres o no. Quería que fuera una canción que nos empoderara y con la que nos apeteciera cogernos del brazo y cantar. Ese era el objetivo.

Acaba de sacar el videoclip y parece que el círculo se cierra. ¿Qué quería despertar con esos cinco minutos?

Quería aportar imágenes que sorprendiesen mucho a la gente y creo que lo hemos conseguido. El videoclip no es una historia, sino que es un cúmulo de imágenes de mujeres en grupo, empoderadas. La canción ha llegado a sus corazones para siempre, esperemos, y me encantaría que también impactara en sus retinas para siempre. Que les sorprendiera y que no pudieran dejar de mirarlo.

Sale el Día de la Madre, pero reconoce que la maternidad es un tema del que está un poco harta que le señalen.

Sí. El epicentro de tu vida no es la maternidad, pero el foco de atención siempre va hacia ahí. “¿Puedes ser madre y hacer todo esto?”. También hay mucha gente que lo normaliza y lo entiende. Sé que no es lo más común. Soy la primera que no pensaba que pudiese compaginar el proyecto musical con la maternidad. No quiero dar la imagen de madre superwoman, porque cuidar una persona y criarla es muy fuerte.

La canción está muy ligada a la iconografía que crearon para el Benidorm Fest, con el “planeta teta”, que es muy potente. ¿Le preocupa separarla de esa imagen mental que ha calado entre la gente?

La iconografía de la teta me parece genial, por eso decidí que hubiera una teta de cinco metros de diámetro en el escenario. Esa imagen siempre estará. Pero no me preocupa porque la canción ha hecho mucho trayecto sola y el videoclip va a ayudar a eso, a crear otras imágenes. La gente ya la tiene en su imaginario. Cada uno ve a su madre, a su caldo o lo que quiera ver.

Hablando del caldo. Una de las cosas que más se debatió con el lanzamiento de la canción fue el hecho de relacionar la figura de la madre con el caldo en la nevera. Algunas salieron a reivindicar que no eran ese tipo de madre. ¿A qué quiso referirse con ese verso?

Mi idea era simplemente hablar de mi madre, en concreto. Luego todo se universaliza y se lleva a un lugar político casi. Y es como, a ver si no voy a poder decir que mi madre hace caldo. De hecho, mi madre cocina fatal, es lo único que sabe hacer la mujer, pobre [ríe]. Yo no soy madre de caldo, en todo caso de tetrabrik. O sea, no cocino una mierda. Si quieren buscarle la puntilla a todo, pueden, pero no estoy diciendo que las mujeres se tengan que quedar en casa a hacer caldo. Estoy diciendo que mi madre tiene caldo en la nevera.

¿Tiene la sensación de que le están intentando colgar la etiqueta de tradicionalista?

Es que me las cuelgan de todos lados, entonces ya... Me la cuelgan de tradicionalista, pero también de lo contrario por reivindicar las tetas y decir que no nos dan ningún miedo. Los extremos a veces son más irascibles. Pero yo no hago música para gustar a ningún extremo ni a ningún político. Hago música para la gente.

Pero tampoco huye de la tradición. Está prometida y ha bromeado con ser una “pija de las teresianas”. También le sirve de inspiración para titular una canción Julio Iglesias o hacer una versión de Mocedades. Es un equilibrio que persiguen artistas como C. Tangana o Rosalía. ¿Qué significa la tradición para usted?

Yo no me considero un tótem. Somos muchas cosas. Lo guay es hacer lo que me da la gana. ¿Sabes? Podría pensar que cómo me voy a casar si soy una mujer empoderada. Pues sí, como soy una mujer empoderada hago lo que me sale de ahí. Para mí la gracia es coger la tradición, manosearla y hacer que ese viento sople a tu favor. El problema es cuando la tradición te viene impuesta, cuando te censuran y no te permiten ser. Pero coger las cosas buenas de la tradición y ponértelas como quieras, como un pañuelo, me parece superinteresante. Y como artistas no podemos huir de la tradición porque es un terreno muy fértil. Sería absurdo. Hay que jugar con ella como una quiera para decir lo que una quiera.

Siempre dice que su público es muy heterogéneo, pero en el prólogo de su libro Vértigo escribió una posdata a los señoros avisándoles de que el uso del femenino inclusivo también les apela a ellos. ¿Estamos volviendo a debates en el feminismo que parecían superados desde hace cuatro o cinco años?

Sí, yo creo que en cualquier avance social siempre se da como tres pasos adelante y uno atrás. Es una cosa natural de la vida, son ciclos. Tampoco quiero ser excesivamente pesimista. Estamos avanzando en mogollón de cosas, pero es verdad que hay en otras que de repente dices ¿pero esto no estaba superado? Me sorprendió que una teta gigante, que es más una broma grotesca, pudiera ofender a alguien. Me sorprendió porque pensaba que no vivíamos en 1960. Pero mi posición es la de no perder la fe, ver las muchas cosas que sí que han mejorado y agarrarnos a ello para avanzar.

Una de las cosas que más llama la atención de su equipo es que todo quede en familia, con su pareja [Esteban Navarro] y sus primos. ¿Cuáles son las ventajas de trabajar así?

Todas. Para mí sería muy difícil y muy diferente vivirlo sin mi familia, sin Esteban y mis primos. Estoy mucho tiempo fuera de casa, separada de mi hijo y yo soy muy familiar. Esto tiene sentido también con ellos. Pero para mí las ventajas son todas porque para ellos yo soy Paula todo el día, no soy Rigoberta. Y eso también es muy cómodo en este momento en el que soy muy Rigoberta a veces.

Ha dicho que no se ve en un gran sello discográfico por ahora y que prefiere seguir por su cuenta. Pero eso no le ha cerrado la puerta con grandes marcas, como Levi's. ¿Cómo mantiene el equilibrio entre la ambición, el mainstream y la independencia?

Es un toma y daca, ¿no? No creo que el mainstream sea malo. El mainstream es un altavoz muy grande. El problema es cuando para entrar ahí haces cosas que en tu corazón no quieres hacer. Pero si todas las canciones salen de tu corazón y resulta que eso se convierte en mainstream porque a la mayoría de la gente le llega, es un win-win maravilloso. Y sí, soy ambiciosa, quiero que mi música le llegue a mucha gente.

El peaje de firmar ahora con una discográfica igual haría que mi equipo se hiciera más grande y que para tomar cada decisión tuviera que compartir muchas opiniones. Y ahora mismo no me apetece. Me siento muy cómoda trabajando con mi gente y pudiendo hacer lo que me da la gana. No hay que complicarse la vida.

Ha dicho que sus próximas canciones sonarán muy diferentes a Ay mamá porque estaba “un poco empachada de los colores”. ¿A qué se refería?

Me refiero a que cada canción tiene un color y esta es una canción muy coral. Ay mamá me llevaba al abrazo y la próxima canción va a ser bastante intimista. No quiere decir que sea una balada, tiene su ritmillo, pero es una canción que habla de un tema totalmente diferente y muestra una parte mía que creo que nunca he enseñado. Me apetece mucho.

¿Cree que, de haber ido a Eurovisión, el empacho con Ay mamá habría sido aún mayor? En un cameo del programa Lo de Évole con Rosa López apareció diciendo: "De la que me he librado”.

Nunca lo podré saber. Yo creo que Eurovisión hubiera sido una experiencia muy bonita, pero es verdad que habría habido momentos duros porque es muy sacrificado estar ahí. Y el público, los eurofans, demandan mucho porque también te dan mucho. Habría habido momentos heavies. Lo de Rosa me dio mucha pena.

Siempre digo si me hubiera pillado con 20 años, como a Rosa o como a muchos de OT, uf. Al final yo tengo 31 años, soy madre y vengo de otro lado. En ese sentido, jolín, ha sido muy guay porque tengo los cimientos muy bien colocados. No sé qué hubiera pasado si el golpe lo hubiera dado a los 20, igual estaría muy desequilibrada. Si eres una persona muy joven y estás construyendo tu ética o tu Biblia y te cuestionan todo, pues joder, esos cimientos son muy complicados de levantar. Eso no quiere decir que no me afecten las opiniones externas. Tengo muchísimos lovers, pero también tengo haters y me afectan, aunque sea fuerte y tenga 30 años.

¿Cómo lleva lo de manejar sus propias redes?

Bien. Bueno. En Twitter entro muy poco, me asomo y adéu [ríe]. Y en Instagram pues bien, sí.

¿Hay algo que le incomode de la fama de Rigoberta o que llevase mejor siendo solo Paula Ribó?

Son tantas las cosas que han mejorado, que te diría que muy poco. Yo creo que Paula me ha ayudado porque es la matriz de Rigoberta, tampoco siento tanta separación. Llevo toda la vida creando canciones, obras de teatro y ahora este proyecto está funcionando mucho, pero la raíz viene de muy atrás. Solo puedo estar agradecida. Tengo amigos, no de la música pero sí del teatro, que aún viven en la precariedad. Es muy complicado vivir de la creación.

Y luego, a nivel de fama no puedo decir que no puedo ni caminar por la calle o ir a comer fuera. Mentira, puedo hacer mi vida supernormal. Aún no he salido de fiesta porque... tengo un hijo [ríe]. Es lo único que puede ser un poco atrapada. Pero no sé, ya me lo encontraré.

Paula Ribó no siempre es Rigoberta Bandini, pero Rigoberta es siempre Paula y en el cara a cara cercano aún más. Se sienta en un sofá hecha un ovillo bajo la atenta mirada de su estilista, que acaba de atusarle el pelo y repasarle el maquillaje. La barcelonesa presenta el videoclip de Ay mamá, la canción que estuvo cerca de representar a España en Eurovisión y que habría hecho aparecer una teta gigante de cinco metros sobre el escenario italiano. No pudo ser, pero la canción ha seguido su propio camino.

España vence el miedo al ridículo en Eurovisión y lo convierte en su meca musical

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Con el videoclip cierra el círculo que empezó hace unos meses. La canción ya es “de todas las mujeres, sean madres o no” y el corto de cinco minutos que lo acompaña rinde homenaje a ese abrazo, a esa hermandad. Mezcla futurismo y estética Mad Max, escenas íntimas y humor, y mujeres bailando y pariendo baby borns.

Rigoberta ya acumulaba adeptos gracias a temas como Perra, pero en los últimos meses se han triplicado. También le han abierto las puertas de grandes marcas, estrenando en exclusiva el videoclip con una de ellas. Aunque reconoce que la fama le permite vivir con normalidad y pasear por la calle con su bebé y su familia, también se resigna a que su discurso se haya vuelto público y se intente politizar. A pesar de los globos terráqueos en forma de teta, eso no le interesa.

Se habla mucho de Ay mamá porque es la que pudo representarnos en Eurovisión. Pero antes estuvo Perra o En Spain We Call It, que el Ministerio de Igualdad ha usado para su campaña del 8M. ¿En cuál sintió que estaba componiendo algo grande, que se podría percibir como un himno?

Cuando estábamos en el estudio y encontramos el Ay mamá definitivo, dije: esto a la gente le va a gustar. Lo supe también con Perra. No saco nada que no me emocione muchísimo y que no me flipe, porque así es más probable que a la gente le pueda flipar. Ay mamá fue un proceso muy largo, que costó mucho, pero cuando terminó dije: esto es la hostia. Me puedo equivocar. No sé si es un himno, pero pensé que a la gente le iba a llegar al corazón.

¿Cuál sería un ejemplo de himno?

Por ejemplo, Flor de Sakura, de Rosalía. Es otro estilo, pero te llega al alma y creo que ella lo sabía. Hay muchas canciones de italo disco, por ejemplo Radio Varsabia o Voglio Vederti Danzare, de Franco Battiato, que te emocionan, te hacen bailar y te hacen sentir algo muy fuerte. O el Gloria, de Humberto Tozzi. ¿No? “Gloria, gloria” [canta]. Son canciones que contienen una sensación de unión, que las necesitas cantar en grupo y celebrar.

Ay mamá empezó como una canción para mi madre y luego la internacionalicé para todas las mujeres, sean madres o no. Quería que fuera una canción que nos empoderara y con la que nos apeteciera cogernos del brazo y cantar. Ese era el objetivo.

Acaba de sacar el videoclip y parece que el círculo se cierra. ¿Qué quería despertar con esos cinco minutos?

Quería aportar imágenes que sorprendiesen mucho a la gente y creo que lo hemos conseguido. El videoclip no es una historia, sino que es un cúmulo de imágenes de mujeres en grupo, empoderadas. La canción ha llegado a sus corazones para siempre, esperemos, y me encantaría que también impactara en sus retinas para siempre. Que les sorprendiera y que no pudieran dejar de mirarlo.

Sale el Día de la Madre, pero reconoce que la maternidad es un tema del que está un poco harta que le señalen.

Sí. El epicentro de tu vida no es la maternidad, pero el foco de atención siempre va hacia ahí. “¿Puedes ser madre y hacer todo esto?”. También hay mucha gente que lo normaliza y lo entiende. Sé que no es lo más común. Soy la primera que no pensaba que pudiese compaginar el proyecto musical con la maternidad. No quiero dar la imagen de madre superwoman, porque cuidar una persona y criarla es muy fuerte.

La canción está muy ligada a la iconografía que crearon para el Benidorm Fest, con el “planeta teta”, que es muy potente. ¿Le preocupa separarla de esa imagen mental que ha calado entre la gente?

La iconografía de la teta me parece genial, por eso decidí que hubiera una teta de cinco metros de diámetro en el escenario. Esa imagen siempre estará. Pero no me preocupa porque la canción ha hecho mucho trayecto sola y el videoclip va a ayudar a eso, a crear otras imágenes. La gente ya la tiene en su imaginario. Cada uno ve a su madre, a su caldo o lo que quiera ver.

Hablando del caldo. Una de las cosas que más se debatió con el lanzamiento de la canción fue el hecho de relacionar la figura de la madre con el caldo en la nevera. Algunas salieron a reivindicar que no eran ese tipo de madre. ¿A qué quiso referirse con ese verso?

Mi idea era simplemente hablar de mi madre, en concreto. Luego todo se universaliza y se lleva a un lugar político casi. Y es como, a ver si no voy a poder decir que mi madre hace caldo. De hecho, mi madre cocina fatal, es lo único que sabe hacer la mujer, pobre [ríe]. Yo no soy madre de caldo, en todo caso de tetrabrik. O sea, no cocino una mierda. Si quieren buscarle la puntilla a todo, pueden, pero no estoy diciendo que las mujeres se tengan que quedar en casa a hacer caldo. Estoy diciendo que mi madre tiene caldo en la nevera.

¿Tiene la sensación de que le están intentando colgar la etiqueta de tradicionalista?

Es que me las cuelgan de todos lados, entonces ya... Me la cuelgan de tradicionalista, pero también de lo contrario por reivindicar las tetas y decir que no nos dan ningún miedo. Los extremos a veces son más irascibles. Pero yo no hago música para gustar a ningún extremo ni a ningún político. Hago música para la gente.

Pero tampoco huye de la tradición. Está prometida y ha bromeado con ser una “pija de las teresianas”. También le sirve de inspiración para titular una canción Julio Iglesias o hacer una versión de Mocedades. Es un equilibrio que persiguen artistas como C. Tangana o Rosalía. ¿Qué significa la tradición para usted?

Yo no me considero un tótem. Somos muchas cosas. Lo guay es hacer lo que me da la gana. ¿Sabes? Podría pensar que cómo me voy a casar si soy una mujer empoderada. Pues sí, como soy una mujer empoderada hago lo que me sale de ahí. Para mí la gracia es coger la tradición, manosearla y hacer que ese viento sople a tu favor. El problema es cuando la tradición te viene impuesta, cuando te censuran y no te permiten ser. Pero coger las cosas buenas de la tradición y ponértelas como quieras, como un pañuelo, me parece superinteresante. Y como artistas no podemos huir de la tradición porque es un terreno muy fértil. Sería absurdo. Hay que jugar con ella como una quiera para decir lo que una quiera.

Siempre dice que su público es muy heterogéneo, pero en el prólogo de su libro Vértigo escribió una posdata a los señoros avisándoles de que el uso del femenino inclusivo también les apela a ellos. ¿Estamos volviendo a debates en el feminismo que parecían superados desde hace cuatro o cinco años?

Sí, yo creo que en cualquier avance social siempre se da como tres pasos adelante y uno atrás. Es una cosa natural de la vida, son ciclos. Tampoco quiero ser excesivamente pesimista. Estamos avanzando en mogollón de cosas, pero es verdad que hay en otras que de repente dices ¿pero esto no estaba superado? Me sorprendió que una teta gigante, que es más una broma grotesca, pudiera ofender a alguien. Me sorprendió porque pensaba que no vivíamos en 1960. Pero mi posición es la de no perder la fe, ver las muchas cosas que sí que han mejorado y agarrarnos a ello para avanzar.

Una de las cosas que más llama la atención de su equipo es que todo quede en familia, con su pareja [Esteban Navarro] y sus primos. ¿Cuáles son las ventajas de trabajar así?

Todas. Para mí sería muy difícil y muy diferente vivirlo sin mi familia, sin Esteban y mis primos. Estoy mucho tiempo fuera de casa, separada de mi hijo y yo soy muy familiar. Esto tiene sentido también con ellos. Pero para mí las ventajas son todas porque para ellos yo soy Paula todo el día, no soy Rigoberta. Y eso también es muy cómodo en este momento en el que soy muy Rigoberta a veces.

Ha dicho que no se ve en un gran sello discográfico por ahora y que prefiere seguir por su cuenta. Pero eso no le ha cerrado la puerta con grandes marcas, como Levi's. ¿Cómo mantiene el equilibrio entre la ambición, el mainstream y la independencia?

Es un toma y daca, ¿no? No creo que el mainstream sea malo. El mainstream es un altavoz muy grande. El problema es cuando para entrar ahí haces cosas que en tu corazón no quieres hacer. Pero si todas las canciones salen de tu corazón y resulta que eso se convierte en mainstream porque a la mayoría de la gente le llega, es un win-win maravilloso. Y sí, soy ambiciosa, quiero que mi música le llegue a mucha gente.

El peaje de firmar ahora con una discográfica igual haría que mi equipo se hiciera más grande y que para tomar cada decisión tuviera que compartir muchas opiniones. Y ahora mismo no me apetece. Me siento muy cómoda trabajando con mi gente y pudiendo hacer lo que me da la gana. No hay que complicarse la vida.

Ha dicho que sus próximas canciones sonarán muy diferentes a Ay mamá porque estaba “un poco empachada de los colores”. ¿A qué se refería?

Me refiero a que cada canción tiene un color y esta es una canción muy coral. Ay mamá me llevaba al abrazo y la próxima canción va a ser bastante intimista. No quiere decir que sea una balada, tiene su ritmillo, pero es una canción que habla de un tema totalmente diferente y muestra una parte mía que creo que nunca he enseñado. Me apetece mucho.

¿Cree que, de haber ido a Eurovisión, el empacho con Ay mamá habría sido aún mayor? En un cameo del programa Lo de Évole con Rosa López apareció diciendo: "De la que me he librado”.

Nunca lo podré saber. Yo creo que Eurovisión hubiera sido una experiencia muy bonita, pero es verdad que habría habido momentos duros porque es muy sacrificado estar ahí. Y el público, los eurofans, demandan mucho porque también te dan mucho. Habría habido momentos heavies. Lo de Rosa me dio mucha pena.

Siempre digo si me hubiera pillado con 20 años, como a Rosa o como a muchos de OT, uf. Al final yo tengo 31 años, soy madre y vengo de otro lado. En ese sentido, jolín, ha sido muy guay porque tengo los cimientos muy bien colocados. No sé qué hubiera pasado si el golpe lo hubiera dado a los 20, igual estaría muy desequilibrada. Si eres una persona muy joven y estás construyendo tu ética o tu Biblia y te cuestionan todo, pues joder, esos cimientos son muy complicados de levantar. Eso no quiere decir que no me afecten las opiniones externas. Tengo muchísimos lovers, pero también tengo haters y me afectan, aunque sea fuerte y tenga 30 años.

¿Cómo lleva lo de manejar sus propias redes?

Bien. Bueno. En Twitter entro muy poco, me asomo y adéu [ríe]. Y en Instagram pues bien, sí.

¿Hay algo que le incomode de la fama de Rigoberta o que llevase mejor siendo solo Paula Ribó?

Son tantas las cosas que han mejorado, que te diría que muy poco. Yo creo que Paula me ha ayudado porque es la matriz de Rigoberta, tampoco siento tanta separación. Llevo toda la vida creando canciones, obras de teatro y ahora este proyecto está funcionando mucho, pero la raíz viene de muy atrás. Solo puedo estar agradecida. Tengo amigos, no de la música pero sí del teatro, que aún viven en la precariedad. Es muy complicado vivir de la creación.

Y luego, a nivel de fama no puedo decir que no puedo ni caminar por la calle o ir a comer fuera. Mentira, puedo hacer mi vida supernormal. Aún no he salido de fiesta porque... tengo un hijo [ríe]. Es lo único que puede ser un poco atrapada. Pero no sé, ya me lo encontraré.

Paula Ribó no siempre es Rigoberta Bandini, pero Rigoberta es siempre Paula y en el cara a cara cercano aún más. Se sienta en un sofá hecha un ovillo bajo la atenta mirada de su estilista, que acaba de atusarle el pelo y repasarle el maquillaje. La barcelonesa presenta el videoclip de Ay mamá, la canción que estuvo cerca de representar a España en Eurovisión y que habría hecho aparecer una teta gigante de cinco metros sobre el escenario italiano. No pudo ser, pero la canción ha seguido su propio camino.

España vence el miedo al ridículo en Eurovisión y lo convierte en su meca musical

Saber más

Con el videoclip cierra el círculo que empezó hace unos meses. La canción ya es “de todas las mujeres, sean madres o no” y el corto de cinco minutos que lo acompaña rinde homenaje a ese abrazo, a esa hermandad. Mezcla futurismo y estética Mad Max, escenas íntimas y humor, y mujeres bailando y pariendo baby borns.