Zahara lanza 'Reputa': “Me hundió que se malinterpretara el cartel, debemos hablar de que nos llamen putas”

Zahara vació sus entrañas para componer Puta, el álbum con el que en 2021 narró los episodios de violencia que había sufrido a lo largo de su vida. Los abusos sexuales y de poder, el maltrato psicológico, los trastornos alimenticios y el suicidio vertebraron un disco que se convirtió en el relato universal, por desgracia, de una amplia mayoría de mujeres. Sus canciones supuraron dolor, rabia y fueron tajantes al abrir debate sobre asuntos a los que llamó por sus nombres y apellidos. Un año después, la cantante se entrega a la celebración en Reputa, donde ha versionado sus temas junto a artistas como Delaporte, María José Llergo y Alizzz.

El cartel de Zahara como síntoma de las batallas que empieza a ganar la extrema derecha

Saber más

Se trata del undécimo álbum de estudio de la jienense, cuyo primer trabajo fue Día 193 (2005). Más adelante llegaría La fabulosa historia de... (2009), que incluyó temas como Merezco y Con las ganas. Tras su salida de Universal y el lanzamiento de La pareja tóxica (2011) acabó creando su propio sello discográfico, con el que ha publicado, entre otros, Santa (2015) y Astronauta (2018).

Pero con Puta dio un paso más allá, también en cuanto a estilo, ligado principalmente a la música electrónica. “El proceso fue devastador. Sentí necesidad de querer hacer públicas las canciones, pero a la vez me daba miedo la recepción”, reconoce a este periódico. Su lanzamiento llegó acompañado del mensaje de muchas mujeres que hablaron de sus propias historias, demostrando que los abusos y el maltrato que ella había sufrido no eran una “cuestión generacional”. El pasado verano llegó uno de los momentos clave de su repercusión, después de que Vox consiguiera que el Ayuntamiento de Toledo retirara el cartel de uno de sus conciertos tras tacharlo de “ofensa a la virgen”. Zahara expresa que “todavía” está procesando lo que ocurrió.

¿De dónde nace el 're' del título Reputa?

Al lanzar Puta, la misma palabra ya era agresiva y tenía que ver con cómo conté mi historia desde la incomodidad. El nuevo disco se abre al humor y su 're' es de la revisión. Parte de la profundidad de Puta pero aspira a tener una vocación de celebración. Surgió de manera casi involuntaria. A raíz de una remezcla que Alizz hizo del tema berlin U5 pensamos que las canciones podían estar en más voces.

¿Cuánto ha diferido del proceso de creación del anterior álbum?

No sabía que tenía necesidad de soltar y de compartir tanto. Casi todos los traumas te llevan a una huida hacia adelante en la que los guardas y escondes. La vergüenza con la que lo vives es tal que no se lo cuentas a nadie. No quieres que te miren con otros ojos. Eso, que para mí había sido lo más difícil, pude hacerlo gracias a la terapia.

Un año antes de la pandemia, empecé a ir porque estaba en una crisis personal y acabé entendiendo que no era una crisis puntual, sino algo que me acompañaba desde siempre. Hubo una parte de euforia al escribir las canciones y una necesidad de querer hacerlas públicas, pero también me daba miedo la recepción. El proceso fue devastador. Escribía un tema y pensaba en lo increíble que era que estuviera haciéndolo. Pero, a las horas, volvía a tener la necesidad de escribir otra canción y avanzar más y más.

No hablamos de nuestros traumas porque no queremos que nos miren con otros ojos

Ha pasado más de un año desde el lanzamiento de Puta, ¿ha sido tiempo suficiente para digerir la respuesta de tantas mujeres que se sintieron identificadas con sus temas?

Hubo una parte de mí que veía que podía pasar, porque yo también como mujer cuando escucho, leo historias o veo una película conecto con eso. Entendía que muchas se iban a sentir identificadas con algunas frases, pero no me imaginaba la acogida de esta manera. Escuchar sus historias fue horrible por ver que tantas, sobre todo muy jóvenes, han sufrido abusos y maltrato. Te das cuenta de que no es algo generacional.

El verano pasado, el Ayuntamiento de Toledo retiró los carteles de uno de sus conciertos accediendo a las presiones de Vox. ¿Qué balance hace ahora de lo sucedido? ¿Podría volver a pasar?

Por desgracia, ya cuando ocurrió me planteé “cómo podía ser que estuviera pasando en el año en el que estamos”. Que todavía haya alguien que piense que el arte es censurable, cuando lo que es es mensajero. La forma en que cada uno lo interpreta es fruto de sus propias vivencias y creencias. Puede que haya algo que te ofenda, pero eso no dice nada de la obra, de quien habla es de ti.

Que se generara esa malinterpretación de la foto fue lo que más me hundió, porque sobre lo que de verdad deberíamos haber hablado es de que nos llamen putas. O de que exista la necesidad de representar en una imagen la presión con la que vivimos las mujeres por el hecho de serlo. Y aguantar los insultos y encima tener que hacerlo con dignidad. Sufrir vejaciones y que haya que estar siempre escondiendo al agresor, o perdonándolo. ¡Basta! Lo sentí como una manipulación y uso por parte de muchos medios en los que al final solo se contaba la noticia dándole publicidad a un partido político.

Me sentí bastante frustrada, aunque hubo un apoyo brutal por parte de quienes entendieron que lo que se estaba haciendo era atacar la cultura. Tuve una sensación muy encontrada que todavía estoy procesando.

En ese momento, su reacción fue asegurar que la única respuesta que iba a dar era “cantando y defendiendo la libertad de expresión”. Como artista, ¿siente que damos pasos hacia atrás?

Cuando Extremoduro lanzó su portada como Jesucristo, no hubo ningún problema. Solo vienen cuando somos las mujeres las que generamos esa incomodidad. Dentro de que vamos hacia adelante, los pasos son tan lentos que no sé si todavía vamos a ver un verdadero cambio trascendente. Quizás soy pesimista, pero es que estoy cansada. No tengo ganas de una transición tranquila, quiero llegar a una igualdad real. Y no tener que estar reivindicándome como mujer que trabaja y es empresaria. Quiero hacer las cosas sin tener esa presión añadida.

En Merichane hizo alusión a la industria musical con su verso sobre cómo tragabas “sermones sobre tu gran potencial en las oficinas de Universal”. ¿Ha recibido alguna respuesta?

Me encanta la pregunta, porque no. También una de las cosas que he notado es la vergüenza a comentarlo. Es curioso lo que ocurre cuando te expones de esa forma y vas sin tapujos, porque cuando los demás lo saben es como “guay, pero no hablemos de esto”.

Educar desde el miedo, el no bebas y no te pongas esa falda no es educación, es cultura machista

A propósito de su tema Taylor, que reza “somos yonquis del cariño ajeno”, ¿qué relación tiene ahora con este?

Ha mejorado bastante porque uno de los grandes aprendizajes de este disco ha sido saber recibir afecto. Yo he llegado a creer que odiaba a todos los demás y lo único que no sabía era quererme. Es muy fuerte esa sensación de sentirte tan vacía, que te falte tu propio amor y que, como no eres capaz de reconocerlo, culpas a todos los demás que no te están queriendo en ese momento. Es una bestialidad cómo se distorsiona la realidad. Ahora me siento en un estado de felicidad, todo lo que he vivido este año me ha llevado a quererme, entenderme y escucharme. Tengo una relación con el público mucho más sana. No está ahí para ocupar un hueco que falta, sino para agrandar el que ya tengo.

Un año después de Puta lanzó el tema La hostia de Dios, en el que hablaba sobre la preocupación de sentir que “se han acostumbrado a escuchar nuestra historia”, como si ya se hubiera acabado el tiempo de las mujeres de contarse. ¿Qué opina al respecto?

En el aniversario de Puta pensé que era una canción que tenía más valor que nunca, porque una de las cosas que más se alabaron fueron las conversaciones incómodas que puso sobre la mesa. Pero había pasado un año y seguía habiendo asesinatos por violencia machista. No había cambiado absolutamente nada. Tengo la sensación de que hay un “muy bien, tú habla de esto, pero a mí déjame en paz. Quéjate pero no tanto”.

Una buena noticia reciente ha sido la aprobación de la ley del 'solo sí es sí', que ha puesto sobre la palestra el consentimiento. ¿Es este un avance importante?

Claro. Es importante que haya este tipo de leyes. Me hace mucha gracia el típico comentario de 'señoro' que dice “ahora ya no se os va a poder mirar”. Al que hay que decirle “no, no estamos hablando de eso. Si no entiendes la ley, mejora tu comprensión lectora o tu empatía”.

Con mis amigos nos hemos preguntado muchas veces cuántas relaciones sexuales hemos tenido que nos podíamos haber ahorrado. Mi respuesta, por desgracia, es que ni si quiera lo sé. Para mí no eran consentidas pero no tenía capacidad de saberlo. Si hubiese existido esta ley, este camino de empatía, de preguntar, de entender al otro, seguramente me habría ahorrado muchas en las que de verdad no quería estar, pero no sabía cómo ni pararlas. Durante toda mi adolescencia y edad adulta vivía el “si no haces nada, eres una calienta pollas”. Es decir, que si tonteas sabes que vas a follar porque si no te van a acusar de una cosa gravísima.

Es muy valioso que se ponga el foco en la educación sexual, que empecemos a poner límites, saber lo que queremos. Pero no hacerlo desde el miedo, el no hagas esto, no bebas, no te emborraches, no te pongas esa falda o no te comportes de esa forma, porque eso no es educación sexual ni ni educación. Es cultura machista.

He tenido muchas relaciones no consentidas pero no tenía capacidad de saberlo

Puta abordó también, de forma explícita, los trastornos alimentarios. ¿Por qué sigue siendo un tema tabú?

En parte, tiene que ver con la vergüenza. Yo sufría bulimia, vomitaba cuando comía o hacía deporte para provocarme cortes de digestión. Pero realmente no era algo que le pudiera contar a nadie, porque es algo de lo que te avergüenzas por cómo odias tanto tu cuerpo y lo que eres. No aprendes a amarte y no te respetas. Encima, como el objetivo es conseguir formar parte del estándar normativo, que es estar delgada como lo único que te va a hacer válida; quieres que parezca que has llegado ahí de manera natural. No quieres que nadie sepa que es porque calculas todo lo que comes y que si te pasas dos días, sientes que tienes que pedir perdón porque te mueres del asco de ti misma. Los trastornos de la alimentación son muy fuertes porque esconden problemas de autoestima brutales.

En mi época, no tenía ninguna referencia de un cuerpo que no fuera delgado, con caderas pequeñas y el pecho de un tamaño en concreto. O era así o no era válida. Tenía una pequeña barriga normal que para mi era un drama porque quería el vientre plano que veía todo el rato a las actrices. Una cosa positiva que veo es que empiezan a generarse referentes de cuerpos de todo tipo, aunque todavía queda mucho camino para incorporar la diversidad real. Necesitamos referentes porque vivimos en una sociedad que nos está diciendo todo rato qué tenemos que pesar y cómo tenemos que vestir. Negar su importancia es absurdo.

Después de haber compuesto un disco tan salido de la entraña, ¿qué se imagina creando para el siguiente?

Con Reputa me ha gustado ver que he podido salir un poco de la dinámica de Puta y escribir sobre otras cosas. Pero si pienso en mis próximas canciones, veo que he abierto una caja preciosa llena de verdad que va a ser muy difícil que la cierre. Es muy gustoso lo que sientes cuando te entregas, te liberas, te sinceras y no tienes tapujos.

Zahara vació sus entrañas para componer Puta, el álbum con el que en 2021 narró los episodios de violencia que había sufrido a lo largo de su vida. Los abusos sexuales y de poder, el maltrato psicológico, los trastornos alimenticios y el suicidio vertebraron un disco que se convirtió en el relato universal, por desgracia, de una amplia mayoría de mujeres. Sus canciones supuraron dolor, rabia y fueron tajantes al abrir debate sobre asuntos a los que llamó por sus nombres y apellidos. Un año después, la cantante se entrega a la celebración en Reputa, donde ha versionado sus temas junto a artistas como Delaporte, María José Llergo y Alizzz.

El cartel de Zahara como síntoma de las batallas que empieza a ganar la extrema derecha

Saber más

Se trata del undécimo álbum de estudio de la jienense, cuyo primer trabajo fue Día 193 (2005). Más adelante llegaría La fabulosa historia de... (2009), que incluyó temas como Merezco y Con las ganas. Tras su salida de Universal y el lanzamiento de La pareja tóxica (2011) acabó creando su propio sello discográfico, con el que ha publicado, entre otros, Santa (2015) y Astronauta (2018).

Pero con Puta dio un paso más allá, también en cuanto a estilo, ligado principalmente a la música electrónica. “El proceso fue devastador. Sentí necesidad de querer hacer públicas las canciones, pero a la vez me daba miedo la recepción”, reconoce a este periódico. Su lanzamiento llegó acompañado del mensaje de muchas mujeres que hablaron de sus propias historias, demostrando que los abusos y el maltrato que ella había sufrido no eran una “cuestión generacional”. El pasado verano llegó uno de los momentos clave de su repercusión, después de que Vox consiguiera que el Ayuntamiento de Toledo retirara el cartel de uno de sus conciertos tras tacharlo de “ofensa a la virgen”. Zahara expresa que “todavía” está procesando lo que ocurrió.

¿De dónde nace el 're' del título Reputa?

Al lanzar Puta, la misma palabra ya era agresiva y tenía que ver con cómo conté mi historia desde la incomodidad. El nuevo disco se abre al humor y su 're' es de la revisión. Parte de la profundidad de Puta pero aspira a tener una vocación de celebración. Surgió de manera casi involuntaria. A raíz de una remezcla que Alizz hizo del tema berlin U5 pensamos que las canciones podían estar en más voces.

¿Cuánto ha diferido del proceso de creación del anterior álbum?

No sabía que tenía necesidad de soltar y de compartir tanto. Casi todos los traumas te llevan a una huida hacia adelante en la que los guardas y escondes. La vergüenza con la que lo vives es tal que no se lo cuentas a nadie. No quieres que te miren con otros ojos. Eso, que para mí había sido lo más difícil, pude hacerlo gracias a la terapia.

Un año antes de la pandemia, empecé a ir porque estaba en una crisis personal y acabé entendiendo que no era una crisis puntual, sino algo que me acompañaba desde siempre. Hubo una parte de euforia al escribir las canciones y una necesidad de querer hacerlas públicas, pero también me daba miedo la recepción. El proceso fue devastador. Escribía un tema y pensaba en lo increíble que era que estuviera haciéndolo. Pero, a las horas, volvía a tener la necesidad de escribir otra canción y avanzar más y más.

No hablamos de nuestros traumas porque no queremos que nos miren con otros ojos

Ha pasado más de un año desde el lanzamiento de Puta, ¿ha sido tiempo suficiente para digerir la respuesta de tantas mujeres que se sintieron identificadas con sus temas?

Hubo una parte de mí que veía que podía pasar, porque yo también como mujer cuando escucho, leo historias o veo una película conecto con eso. Entendía que muchas se iban a sentir identificadas con algunas frases, pero no me imaginaba la acogida de esta manera. Escuchar sus historias fue horrible por ver que tantas, sobre todo muy jóvenes, han sufrido abusos y maltrato. Te das cuenta de que no es algo generacional.

El verano pasado, el Ayuntamiento de Toledo retiró los carteles de uno de sus conciertos accediendo a las presiones de Vox. ¿Qué balance hace ahora de lo sucedido? ¿Podría volver a pasar?

Por desgracia, ya cuando ocurrió me planteé “cómo podía ser que estuviera pasando en el año en el que estamos”. Que todavía haya alguien que piense que el arte es censurable, cuando lo que es es mensajero. La forma en que cada uno lo interpreta es fruto de sus propias vivencias y creencias. Puede que haya algo que te ofenda, pero eso no dice nada de la obra, de quien habla es de ti.

Que se generara esa malinterpretación de la foto fue lo que más me hundió, porque sobre lo que de verdad deberíamos haber hablado es de que nos llamen putas. O de que exista la necesidad de representar en una imagen la presión con la que vivimos las mujeres por el hecho de serlo. Y aguantar los insultos y encima tener que hacerlo con dignidad. Sufrir vejaciones y que haya que estar siempre escondiendo al agresor, o perdonándolo. ¡Basta! Lo sentí como una manipulación y uso por parte de muchos medios en los que al final solo se contaba la noticia dándole publicidad a un partido político.

Me sentí bastante frustrada, aunque hubo un apoyo brutal por parte de quienes entendieron que lo que se estaba haciendo era atacar la cultura. Tuve una sensación muy encontrada que todavía estoy procesando.

En ese momento, su reacción fue asegurar que la única respuesta que iba a dar era “cantando y defendiendo la libertad de expresión”. Como artista, ¿siente que damos pasos hacia atrás?

Cuando Extremoduro lanzó su portada como Jesucristo, no hubo ningún problema. Solo vienen cuando somos las mujeres las que generamos esa incomodidad. Dentro de que vamos hacia adelante, los pasos son tan lentos que no sé si todavía vamos a ver un verdadero cambio trascendente. Quizás soy pesimista, pero es que estoy cansada. No tengo ganas de una transición tranquila, quiero llegar a una igualdad real. Y no tener que estar reivindicándome como mujer que trabaja y es empresaria. Quiero hacer las cosas sin tener esa presión añadida.

En Merichane hizo alusión a la industria musical con su verso sobre cómo tragabas “sermones sobre tu gran potencial en las oficinas de Universal”. ¿Ha recibido alguna respuesta?

Me encanta la pregunta, porque no. También una de las cosas que he notado es la vergüenza a comentarlo. Es curioso lo que ocurre cuando te expones de esa forma y vas sin tapujos, porque cuando los demás lo saben es como “guay, pero no hablemos de esto”.

Educar desde el miedo, el no bebas y no te pongas esa falda no es educación, es cultura machista

A propósito de su tema Taylor, que reza “somos yonquis del cariño ajeno”, ¿qué relación tiene ahora con este?

Ha mejorado bastante porque uno de los grandes aprendizajes de este disco ha sido saber recibir afecto. Yo he llegado a creer que odiaba a todos los demás y lo único que no sabía era quererme. Es muy fuerte esa sensación de sentirte tan vacía, que te falte tu propio amor y que, como no eres capaz de reconocerlo, culpas a todos los demás que no te están queriendo en ese momento. Es una bestialidad cómo se distorsiona la realidad. Ahora me siento en un estado de felicidad, todo lo que he vivido este año me ha llevado a quererme, entenderme y escucharme. Tengo una relación con el público mucho más sana. No está ahí para ocupar un hueco que falta, sino para agrandar el que ya tengo.

Un año después de Puta lanzó el tema La hostia de Dios, en el que hablaba sobre la preocupación de sentir que “se han acostumbrado a escuchar nuestra historia”, como si ya se hubiera acabado el tiempo de las mujeres de contarse. ¿Qué opina al respecto?

En el aniversario de Puta pensé que era una canción que tenía más valor que nunca, porque una de las cosas que más se alabaron fueron las conversaciones incómodas que puso sobre la mesa. Pero había pasado un año y seguía habiendo asesinatos por violencia machista. No había cambiado absolutamente nada. Tengo la sensación de que hay un “muy bien, tú habla de esto, pero a mí déjame en paz. Quéjate pero no tanto”.

Una buena noticia reciente ha sido la aprobación de la ley del 'solo sí es sí', que ha puesto sobre la palestra el consentimiento. ¿Es este un avance importante?

Claro. Es importante que haya este tipo de leyes. Me hace mucha gracia el típico comentario de 'señoro' que dice “ahora ya no se os va a poder mirar”. Al que hay que decirle “no, no estamos hablando de eso. Si no entiendes la ley, mejora tu comprensión lectora o tu empatía”.

Con mis amigos nos hemos preguntado muchas veces cuántas relaciones sexuales hemos tenido que nos podíamos haber ahorrado. Mi respuesta, por desgracia, es que ni si quiera lo sé. Para mí no eran consentidas pero no tenía capacidad de saberlo. Si hubiese existido esta ley, este camino de empatía, de preguntar, de entender al otro, seguramente me habría ahorrado muchas en las que de verdad no quería estar, pero no sabía cómo ni pararlas. Durante toda mi adolescencia y edad adulta vivía el “si no haces nada, eres una calienta pollas”. Es decir, que si tonteas sabes que vas a follar porque si no te van a acusar de una cosa gravísima.

Es muy valioso que se ponga el foco en la educación sexual, que empecemos a poner límites, saber lo que queremos. Pero no hacerlo desde el miedo, el no hagas esto, no bebas, no te emborraches, no te pongas esa falda o no te comportes de esa forma, porque eso no es educación sexual ni ni educación. Es cultura machista.

He tenido muchas relaciones no consentidas pero no tenía capacidad de saberlo

Puta abordó también, de forma explícita, los trastornos alimentarios. ¿Por qué sigue siendo un tema tabú?

En parte, tiene que ver con la vergüenza. Yo sufría bulimia, vomitaba cuando comía o hacía deporte para provocarme cortes de digestión. Pero realmente no era algo que le pudiera contar a nadie, porque es algo de lo que te avergüenzas por cómo odias tanto tu cuerpo y lo que eres. No aprendes a amarte y no te respetas. Encima, como el objetivo es conseguir formar parte del estándar normativo, que es estar delgada como lo único que te va a hacer válida; quieres que parezca que has llegado ahí de manera natural. No quieres que nadie sepa que es porque calculas todo lo que comes y que si te pasas dos días, sientes que tienes que pedir perdón porque te mueres del asco de ti misma. Los trastornos de la alimentación son muy fuertes porque esconden problemas de autoestima brutales.

En mi época, no tenía ninguna referencia de un cuerpo que no fuera delgado, con caderas pequeñas y el pecho de un tamaño en concreto. O era así o no era válida. Tenía una pequeña barriga normal que para mi era un drama porque quería el vientre plano que veía todo el rato a las actrices. Una cosa positiva que veo es que empiezan a generarse referentes de cuerpos de todo tipo, aunque todavía queda mucho camino para incorporar la diversidad real. Necesitamos referentes porque vivimos en una sociedad que nos está diciendo todo rato qué tenemos que pesar y cómo tenemos que vestir. Negar su importancia es absurdo.

Después de haber compuesto un disco tan salido de la entraña, ¿qué se imagina creando para el siguiente?

Con Reputa me ha gustado ver que he podido salir un poco de la dinámica de Puta y escribir sobre otras cosas. Pero si pienso en mis próximas canciones, veo que he abierto una caja preciosa llena de verdad que va a ser muy difícil que la cierre. Es muy gustoso lo que sientes cuando te entregas, te liberas, te sinceras y no tienes tapujos.

Zahara vació sus entrañas para componer Puta, el álbum con el que en 2021 narró los episodios de violencia que había sufrido a lo largo de su vida. Los abusos sexuales y de poder, el maltrato psicológico, los trastornos alimenticios y el suicidio vertebraron un disco que se convirtió en el relato universal, por desgracia, de una amplia mayoría de mujeres. Sus canciones supuraron dolor, rabia y fueron tajantes al abrir debate sobre asuntos a los que llamó por sus nombres y apellidos. Un año después, la cantante se entrega a la celebración en Reputa, donde ha versionado sus temas junto a artistas como Delaporte, María José Llergo y Alizzz.

El cartel de Zahara como síntoma de las batallas que empieza a ganar la extrema derecha

Saber más

Se trata del undécimo álbum de estudio de la jienense, cuyo primer trabajo fue Día 193 (2005). Más adelante llegaría La fabulosa historia de... (2009), que incluyó temas como Merezco y Con las ganas. Tras su salida de Universal y el lanzamiento de La pareja tóxica (2011) acabó creando su propio sello discográfico, con el que ha publicado, entre otros, Santa (2015) y Astronauta (2018).