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Llega junio y ¡seguimos comiendo!

De verdad que lo siento. Lamento ser tan cansina. Me disculpo por mi falta de originalidad. Porque un año después tengo que volver a escribir de lo mismo. Ha llegado junio y los niños siguen comiendo. ¿En serio? Alguno creerá que de junio a septiembre los niños pasan del aire. Como no hay colegio, tampoco hace falta comer a diario. ¡Total! Si sólo van a clase unos días y apenas cuatro horitas.

Es difícil ironizar sobre esta situación. Y no voy a continuar haciéndolo. Un año más, no se ha previsto el final de las becas de comedor. Un año más, se cierran los comedores escolares en verano. Un año más, muchas familias tendrán que recurrir al bocadillo de pan con pan, tendrán que echar mano de la imaginación para alimentar a los niños…

El sábado hablando con mi padre sobre el tema me decía que se le partía el corazón cada vez que veía el anuncio de la Fundación Educo, ese en el que una madre le dice a su hijo que se imagine que dentro del bocadillo está su manjar preferido aunque en realidad sólo hay pan con pan. Mi padre tiene 84 años. Vivió la posguerra. Odia el pan de centeno –tan de moda ahora- porque le recuerda al pan negro de los años posteriores a la Guerra Civil. Y se le parte el alma al pensar en esos niños. “Se puede ayudar a uno, pero son tantos”, se lamentaba.

Y estoy segura de que a la mayoría nos pasa como a mi padre. A mí también se me parte el alma al ver el anuncio o cuando me dicen que durante el curso algunos niños comen muy deprisa para poder repetir porque se lo dicen en casa. ¿Qué les pasará ahora a estos niños?

Más allá de quién va a ser el próximo alcalde o presidente de la Generalitat, más allá de pactar con los ojos puestos en las próximas elecciones generales, más allá de si el pleno de investidura será en la plaza del Ayuntamiento, en el salón de plenos, en bicicleta o en coche de caballos, por favor preocúpense de esos niños y de esas niñas. No retrasen ni un día más cualquier acuerdo que pueda permitirles una comida completa al menos una vez al día. Por favor, no sigan defraudando a quienes han confiado en ustedes.

¿Se imagina que su hijo o su hija le dijera que tiene hambre y usted no tiene nada para darle?

¡Ah, una última cosa! Me encantaría no tener que volver a escribir acerca de este drama.

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