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12 kilómetros de alambre, cuchillas y mallas para contener el sueño europeo

La triple valla de Melilla que separa la ciudad autónoma de Marruecos./ Fotografía: J. Blasco de Avellaneda.

Jesús Blasco de Avellaneda

Melilla —

La valla de Melilla es realmente una alambrada metálica, una barrera física de separación entre Marruecos y la ciudad española de Melilla cuyo único propósito es dificultar la inmigración irregular.

Está fabricada de alambre de acero y su coste inicial fue de unos 33 millones de euros. Comenzó a levantarse en 1998, primero como una sola valla y finalmente como dos vallas paralelas de tres metros de altura, que fueron recrecidos hasta los seis metros en 2005 tras la llamada 'Crisis de la Valla'. En 2007 se añadió entre ambas un tercer obstáculo, conocido como 'sirga tridimensional', que alcanza los tres metros.

Estos muros metálicos, con una longitud cercana a los 12 kilómetros, no son el límite real entre España y Marruecos. Fueron construidas en terreno español bordeando la carretera ML-300 conocida como 'de circunvalación'.

Desde Marruecos, la persona que quiera entrar a Melilla debe pasar una carretera perimetral, una doble alambrada de espino, una zanja de tierra de dos metros de profundidad y cuatro de anchura y finalmente una pista de seguridad repleta de fuerzas auxiliares y puestos de vigilancia antes de toparse con la valla.

Una vez delante, la barrera consiste en una alambrada ciclónica de unos siete metros de altura inclinada 10 grados hacia Marruecos que cuenta con concertinas barbadas o de cuchillas a primera altura, mallas 'antitrepa' a media altura y está coronada por unos flejes de acero de mayor inclinación, que impiden el apoyo de escaleras y hacen que la parte de arriba de la valla sea inestable, dificultando su traspaso.

Si se consigue franquear, antes de llegar a la segunda valla, de seis metros de altura, hay que pasar la llamada sirga tridimensional: un entramado de cables de acero anclados con estacas de diferentes alturas –que van desde uno hasta tres metros- que impide el paso tensándose al apoyar peso en él, imposibilitando el uso de escaleras y la colocación de mantas para acceder a la segunda y última alambrada.

A estas medidas físicas hay que sumar otras de tipo tecnológico, tales como el dispositivo de alarma temprana que salta cuando alguien se apoya en la parte exterior de la valla; el sistema de focos cegadores que se activa a la vez que la alarma exterior; el sistema de cámaras móviles que enfocan automáticamente hacia el punto donde se ha detectado el movimiento; el sistema de luces de alarma y sirenas que avisa de forma visual y sonora del punto donde se detecta un movimiento sospecho; o el sistema de agua a presión con pimienta que, a pesar de permanecer instalado, nunca se ha llegado a usar debido a las posibilidades de causar graves lesiones al rociar gas pimienta contra gente que viene agotada y en muchos casos con enfermedades respiratorias.

Una vez pasada la valla, el inmigrante se encuentra con los helicópteros de la Policía y la Guardia Civil, las torretas de vigilancia instaladas cada 500 metros y las patrullas de vigilancia que circulan por la carretera perimetral y que cuentan con visores nocturnos y térmicos.

Un muro que debería ser prácticamente infranqueable y que es superado constantemente por aquellos que huyen de la miseria luchando por sobrevivir.

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Más información en el Especial Valla de Melilla de Desalambre.

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