Uno de cada tres trabajadores ha visto o sufrido violencia laboral
La violencia laboral es un fenómeno habitual que afirman haber sufrido un 16,7% de los trabajadores y presenciado un 14% más, hasta un total de un 30,7% que la han vivido directa o indirectamente. Un informe publicado este martes por la Fundación Primero de Mayo, vinculada a Comisiones Obreras, advierte que el porcentaje de víctimas casi se duplica entre los menores de 24 años.
En la franja de los 18 a los 24 años, el 26,7% de los encuestados dicen haber sufrido violencia laboral, un porcentaje que baja casi a la mitad entre la franja inmediatamente posterior, la de los que tienen de 25 a 34 años, mientras que un 16,5% de la población entre 35 y 44 años y un 17,7% de los 45 a los 54 años dicen haberla sufrido. Por último, un 15,1% de los mayores de 55 señalan haberla vivido directamente.
El abogado Eduardo Fernández, del gabinete jurídico de Comisiones Obreras, señala que los jóvenes “tienen menor experiencia ante estos casos”, mientras que el abogado de la cooperativa Era Eloi Orihuela alerta además de que “son más víctimas de la precariedad”, lo cual puede propiciar esta hostilidad.
El estudio apunta además que un 40% de las víctimas o testigos no lo han reportado ni en la empresa ni fuera de ella. Los expertos coinciden en que aunque la violencia laboral tiene unos protocolos que la hacen objetivable, “se tiende a pensar que depende de la subjetividad”, apunta Fernández.
“No hay una definición muy precisa sobre lo que es la violencia laboral”, reconoce Fernández, que apunta a la ley 15-2022 que versa sobre la discriminación y el acoso. “Esta ley debería ser revisada porque en 2023 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) introduce el concepto de violencia laboral como algo mucho más amplio hacia cualquier práctica que considere inaceptable y que no es necesario que sea contínua en el tiempo o que tenga intencionalidad de discriminación”, apunta.
La ley trata de garantizar la igualdad a los ciudadanos en diferentes momentos, también en el laboral, y protegerlos contra la discriminación.“La continuidad en el tiempo o la intencionalidad pueden hacer que la violencia sea más grave, pero no es indispensable. Incluso la amenaza de acoso puede ser constitutiva de violencia”, aclara Fernández.
El abogado Orihuela apunta a que existen a veces “violencias estructurales en trabajos con pocos márgenes que presionan mucho al trabajador” y apunta a sectores como el transporte o los teleoperadores como algunos con casos frecuentes.
“El entorno laboral se ha vuelto más hostil. Acabo de tener una llamada con una clienta que me explicaba que le habían prometido una serie de aumentos y responsabilidades y al final, al revés, le han ido quitando responsabilidades mientras van diciendo a la plantilla que son todos unos inútiles”, relata Orihuela.
El estudio de la Fundación Primero de Mayo también segmenta por sectores: con un 39%, el sanitario y de atención social es el más afectado, por encima del comercio minorista y hotelería con un 38% y de la educación con un 36%. Algo detrás están la administración y atención al público y transporte, que concentran un 31,5% de denuncias, y el sector industrial, con un 29,5% de casos. El resto de sectores suman el 25,8% restante de los casos.
“En ocasiones, la violencia laboral o el acoso se practican con la finalidad concreta de que el trabajador se vaya y ahorrarse un despido” señala Orihuela, que cree que “a veces cuesta detectar la intencionalidad” del acoso o de la violencia. “A veces el humor puede esconder un tipo de violencia y no se suele tener en cuenta cómo recibe el trabajador cada comentario o acción”, desarrolla.
Otra forma de esconder la violencia, apunta, es “con objetivos imposibles de realizar” que pueden costarle muy caro a la salud laboral del empleado. “Existe una falta de formación en liderazgo o una mala forma de comunicarse que en ocasiones es tan dañino como algo intencional”, añade Orihuela, que recuerda que él trabaja con casos particulares y que los colectivos “suelen ir más por la vía sindical y es lo correcto”.
Violencia en pymes y grandes empresas
Con todo y con eso, el 40% de las víctimas y testigos no han reportado en sus empresas que han sufrido o presenciado esta violencia. Según Fernández, de CC.OO, “en las empresas más pequeñas puede ser más difícil de denunciar”, porque el perpetrador de la violencia puede ser el propio dueño de la empresa y porque hay menos canales como por ejemplo comités de empresa.
El estudio, sin embargo, señala que hay más exposición a la violencia laboral en empresas mayores: un 35,9% de los trabajadores la ha sufrido o visto allí, por un 31,3% en las medianas y un 25,6% en las pequeñas.
En las empresas de mayor tamaño, “la dirección puede no saber o no querer enterarse de la violencia laboral” y en ese caso “son responsables ante los tribunales por no haber corregido” estas situaciones. “El acoso es una actitud más continuada en el tiempo y la violencia incluye insultos, comentarios despectivos que no tienen por qué repetirse”, aclara Fernández.
Sea individual o colectiva, la violencia laboral siempre se estudia “de manera individual, aunque canalizada”. “El titular de los derechos que se violentan es la persona trabajadora y se tiene que defender”, observa Fernández. “Siempre tiene que haber puesto en conocimiento a la empresa que existe esta situación y, para ello, la representación sindical es fundamental”, aporta.
El informe apunta a que las mujeres sufren más violencia laboral que los hombres, un 18,3% frente a un 14,8% los hombres. Y entre las violencias sufridas por las mujeres, el 38,8% acredita haber sufrido violencia sexual, lo cual representa un 7% sobre el total de asalariadas. Si atendemos a los micromachismos, la cifra se dispara a un 78,1% de las trabajadoras que lo ha detectado.
El 63,4% de las personas que denuncian haber sido víctimas de violencia laboral perciben efectos graves en su salud mental, mientras que el 94,6% perciben su continuidad en el puesto vinculada a esta situación.
En cuanto al tipo de violencia sufrida, la más común son amenazas, humillaciones, insultos, abusos verbales, gritos o descalificaciones, en un 80,9%. En un 79,6% de los casos había miradas intimidantes o lenguaje corporal hostil. La exclusión u omisión en las comunicaciones alcanza al 78% de las víctimas de violencia laboral. Las agresiones físicas llegaron a ocurrir en un 23,9% de los casos.
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