La portada de mañana
Acceder
El hospital de pandemias de Ayuso no sirve para acoger a los españoles del crucero
Moreno: “52 diputados serían un gran de resultado, pero voy a por la matrícula”
Opinión - 'La degeneración de la política y la ciudadanía', por Enric González

El alquiler de habitaciones, una jungla legal y de precariedad más allá de los 40: “¿Adónde voy con mi sueldo?”

En una realidad, decenas de inversores en Youtube defienden el alquiler de habitaciones y de temporada porque, en palabras de la especuladora e influencer Paqui Mancilla, “no tienes que esperar 5 años a subir las rentas, cada vez que se marcha alguien, pum, subo el alquiler”.

En otra realidad, que no es paralela, sino transversal, asfixiada por la anterior, miles de trabajadores ven cómo el mercado de habitaciones se precariza, cómo cuartos “de lujo” alcanzan los 1.900 euros mensuales de precio y cómo compartir piso es una necesidad que se alarga cada vez más allá de la vida estudiantil y juvenil.

A sus 60 años, Youssupha Diop lleva 26, desde que llegó a España, compartiendo piso. El propietario de la vivienda que le alquila la habitación, que “tiene al menos cuatro pisos y todos los alquila por habitaciones”, dice, le quiere echar porque “quiere venderlos todos”. “¿Con mi sueldo, adónde voy a ir? Ahora, te piden al menos 600 euros por una habitación o más, la mitad de mi salario o más si no hago horas extra”, avanza, incapaz de afrontarlos pese a su doble empleo. Por la mañana es mediador de Cruz Roja y por la tarde, traductor judicial.

El contrato de Youssupha, como muchos de quienes comparten piso, no está sujeto a ninguno de los derechos de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU). Esa palabra ni siquiera aparece en la ley y los contratos se firman al margen, por el código civil, por el tiempo y condiciones que se pacte. Una de las exigencias de los movimientos sociales fue que se regulase el alquiler de temporada y el de habitaciones en la nueva Ley de Vivienda de 2023, pero no fue así.

Ahora, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, asegura que se trata de “una prioridad”, pero la regulación lleva meses pendiente de aprobarse, en un contexto de boicot de Junts que dificulta obtener mayorías para casi todo. Algunas comunidades como Catalunya y Navarra han regulado el alquiler de habitaciones y de temporada para vincularlo al tope de precios por ser zonas declaradas tensionadas, pero hay dificultades para aplicarlo, precisamente, porque el contrato de habitaciones elude las leyes de vivienda.

Una sentencia reciente en Cantabria reconoció que si el inquilino de una habitación no tiene otro lugar donde vivir (es también el caso de Youssupha), el contrato debe acogerse a los derechos de vivienda, como por ejemplo las prórrogas obligatorias. En el contrato de Youssupha, se especifica que la habitación es vivienda “habitual” e incluso la subida de precios por el IPC menciona a la LAU. Y hay cláusulas que muestran la vulnerabilidad de estas situaciones como la que establece que el propietario “puede enseñar la habitación a futuros inquilinos” y que para ello “el arrendador avisará con seis horas de antelación y se respetarán los cajones y armarios cerrados”.

La falta de intimidad, con propietarios que se incluyen en el contrato como inquilinos para poder entrar en las viviendas o que simplemente aparecen en el salón cuando quieren porque este lugar común no está estipulado como vivienda de nadie, es uno de los problemas recurrentes entre los inquilinos de esta modalidad. Su intimidad no está protegida, como sí lo está en la LAU. “Me gusta la libertad de poder entrar en el piso, el dinero que se gana con la rotación...es como un hotelito”, dice José Luis del Pozo, otro especulador que realquila habitaciones, en un vídeo de Youtube.

La precariedad arranca en el casting

La precariedad de alquilar habitación, de todas formas, arranca mucho antes de vivir en ella. En Idealista hay más de 8.000 anuncios de habitaciones en la ciudad de Madrid, oferta que supera las 7.700 viviendas habituales enteras en alquiler. Entre ellas, desde alquileres de camas para compartir habitación por entre 100 y 200 euros, ofertas para vivir solo en fin de semana destinadas a trabajadoras domésticas internas que durante la semana viven con la persona dependiente a quien cuidan, y habitaciones “de lujo” que alcanzan los citados 1.900 euros al mes.

En medio de estas, las ofertas más razonables, entre 450 y 550 euros por habitaciones espaciosas y con luz, reciben centenares de propuestas y es habitual que no respondan a las solicitudes y mensajes. Factores como la edad, el género, las afinidades ideológicas, no tener mascota o pasar poco tiempo en casa pueden jugar a favor o en contra en el casting con los compañeros. Si el contrato es de habitaciones (aún existen casos que incluyen al inquilino en el contrato de vivienda del piso, o algunos sin contrato), es probable que además de hablar con los compañeros el aspirante deba entrevistarse con el propietario, cuyo filtro tendrá más que ver con la solvencia económica.

Al no constar en los registros de fianza de vivienda habitual, no existen cifras oficiales sobre los pisos compartidos y el alquiler de habitaciones en España. Una encuesta reciente de Housing Anywhere cifró en el 52% los jóvenes de entre 18 y 34 años que comparten piso, con una tendencia al alza entre los mayores de 34, que alcanzan ya el 28%, según otro estudio de Fotocasa. Este portal también cifra en el 3% de la población la demanda de alquiler de habitación.

El precio medio de la habitación está ya en los 650 euros en Madrid y en 711 euros en Barcelona, precio elevado pero más asumible que un alquiler completo, que se eleva por encima de los 1.100 euros al mes en Barcelona y de los 1.300 en Madrid por pisos de unos 70 metros cuadrados. 

Compartir incluso con buen sueldo

A sus 45 años, Ciro vive en el centro de Madrid, y busca compañero de piso. Paga 1.100 euros y añadirá al contrato a la persona que ocupe la habitación que está libre, que cuesta 580. Trabaja de comercial, sector donde abundan los contratos temporales y está de freelance. “Ahora mismo es imposible para mí alquilar solo, y si tuviera que buscar otro contrato de vivienda ni siquiera me lo darían”, relata.

“Suelo tener buenos sueldos cuando estoy contratado, de entre 35 y 40.000 euros, pero no estoy dispuesto a gastar la mitad de mi sueldo en el alquiler”, dice, con la negociación en curso para la prórroga de su alquiler, que vence en julio del año que viene y que sí que es contrato de vivienda acogido a la LAU. “Si pudiera viviría solo, aunque compartir con amigos está bien. Lo peor es que no dependes de tus propias decisiones. Si alguien decide irse, te quedas tirado”, lamenta.

A las asambleas del Sindicato de Inquilinos llegan decenas de casos de jóvenes que comparten piso o que tienen contratos de habitación. “Este tipo de contrato ha crecido mucho desde la Ley de 2023, para saltárselo, por eso desde un inicio reclamamos que se regularan ambos en la nueva ley”, subraya Víctor Palomo, abogado de CAES que lleva también algunos conflictos con alquiler de habitaciones.

Esta fórmula no solo abarca el alquiler entre particulares o inversores que buscan rentabilizar al máximo los pisos, algunos de los cuales realquilan y pueden sustituir un salón por una nueva habitación. También existen intermediarios que cobran por prestar ciertos servicios y por el anuncio de la habitación.

Uno de los portales líderes en la oferta de vivienda de habitaciones es Spotahome, con 45.000 alquileres firmados en Europa y 24.000 en España, mayoritariamente de habitaciones aunque también alquilan pisos. Su CEO, Eduardo Garbayo, explica que su modelo de negocio parte de las comisiones que pagan propietarios e inquilinos. Estos últimos, reconoce, “no podrían pagar estas comisiones inmobiliarias, pero sí por servicios”, en caso de que estuvieran en la LAU, si bien asegura que no se trata de una comisión, sino de servicios “para garantizar que está todo bien”.

Sus reservas varían de unos pocos meses a más de 5 años y asegura que sus perfiles “son sobre todo estudiantes y jóvenes profesionales”, aunque reconoce que “también están llegando” personas que no pueden acceder a un alquiler por el precio. “Pero el problema es que se están quitando viviendas de alquiler por la inseguridad jurídica”, asegura, desvinculando a quienes negocian troceando pisos de la menor oferta de vivienda y el alza de precios.