PERFIL
Florentino Pérez, el hombre que no soporta perder
La historia reciente de España, la que comienza con el fin de la dictadura, abunda en personajes fascinantes. De todos ellos, solo uno se mantiene, al cabo de medio siglo, en la cumbre del poder. Florentino Pérez Rodríguez (Madrid, 1947) es la encarnación de la habilidad política y empresarial. También es el hombre que el pasado lunes, durante su primera conferencia de prensa en 11 años, dejó boquiabiertas a millones de personas. Y no por los mejores motivos.
“Ni me sorprendió ni percibí asomos de senilidad, Florentino es así cuando no se atiene a un guion”, dice una persona que ha trabajado con él durante años. “Simplemente”, añade, “no soporta perder”.
El Florentino Pérez más humano aflora en el fútbol, es decir, en el Real Madrid. La frialdad con que se desempeña como presidente de una de las mayores constructoras del mundo, Actividades de Construcción y Servicios (ACS), suele teñirse de pasión (rara vez pública) cuando se trata del club que lo retrotrae a los sueños de infancia.
Para entender cómo Florentino ha llegado a ser Florentino, sin necesidad de apellidos ni presentación, conviene empezar por el principio. Por el niño de buena familia, sin excesos, que adoraba a Alfredo di Stéfano. Por el joven que se licenció en Ingeniería. Y por el hombre que no logró hacer carrera en la política y, sin embargo, descubrió las claves del poder.
Sus primeros padrinos fueron el ingeniero Juan de Arespacochaga, alcalde franquista de Madrid, y el economista Carlos Bustelo, ministro de Industria bajo la presidencia de Adolfo Suárez y hoy en Vox. Entre 1976 y 1982, Florentino Pérez se encargó de los saneamientos de Madrid, ocupó un alto cargo en el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, fue director general de Infraestructuras de Transporte, presidió el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario y coordinó el plan de aeropuertos para el Mundial de 1982.
Tiende a olvidarse quién era el jefe de la oposición municipal cuando el socialista Enrique Tierno Galván, el popular “alcalde de la Movida”, ganó en 1979 el Ayuntamiento de Madrid gracias a un pacto con el PCE: era Florentino Pérez.
En 1983, en plena mayoría absolutísima de Felipe González, llegó el fracaso que le abrió las puertas del éxito. Asumió la secretaría general del Partido Reformista Democrático, más conocido como “Operación Roca” porque su inspirador fue el político catalán Miquel Roca, entonces mano derecha de Jordi Pujol. El PRD no logró ninguna concejalía madrileña en las municipales de 1983 (el candidato era Florentino Pérez) y se estrelló de forma estrepitosa en las generales de 1986. Se disolvió acto seguido.
Pero antes del desastre del PRD, en 1982, se había hundido el Grupo Banca Catalana, el brazo financiero de Jordi Pujol, y con él decenas de empresas. Una de ellas era Construcciones Padrós, una empresa catalana relativamente pequeña. Florentino la compró a precio de saldo, a una peseta por acción. En 1986 la fusionó con Obras y Construcciones Industriales (Ocisa), otra empresa catalana, adquirida también a una peseta por acción.
La sociedad resultante, OCP, creció con rapidez, gracias a numerosas obras públicas licitadas por la Generalitat. El Florentino que se abría camino en la construcción, en parte gracias a su amistad con Miquel Roca y su buena relación con Jordi Pujol, pasaba entonces mucho tiempo alojado en el hotel Majestic, el cinco estrellas más clásico de Barcelona. En 1997, con la compra de Construcciones Ginés Navarro, OCP se transformó en ACS.
El Florentino Pérez que aspiró en 1995 a la presidencia del Real Madrid no era aún el de hoy. Ya desplegaba encanto en las distancias cortas, ya tenía buenos contactos, ya era detallista y ya detectaba con precisión los puntos débiles de cualquier interlocutor. Pero le faltaba el aura del poder. Ramón Mendoza le despreció como “gris” y “aburrido” y obtuvo la reelección. Meses después, Mendoza dimitió. Le sucedió Lorenzo Sanz. Hasta las elecciones de 2000.
Ahí sí exhibió poderío: prometió que si era presidente ficharía a Luis Figo, estrella del FC Barcelona y reciente Balón de Oro. Dicho y hecho. Florentino ganó las elecciones y pagó al Barcelona la cláusula de rescisión de Figo: 10.000 millones de pesetas, el fichaje más caro de la historia.
El dineral pudo pagarse gracias al apoyo financiero de Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid. Y al respaldo de Sandro Rosell, futuro presidente del FC Barcelona, entonces directivo de Nike y patrocinador del futbolista.
Como presidente del Real Madrid, Florentino Pérez se empeñó en profesionalizar el club dirigiéndolo como una empresa. Dejó en manos de Jorge Valdano el área deportiva y de José Ángel Sánchez el área comercial. Él se reservó la misión decisiva: la recalificación urbanística de los campos de entrenamiento de la Castellana madrileña.
Gracias a sus contactos y a su capacidad de seducción la consiguió en 2001, con el apoyo casi completo (rezongó el PSOE) de los grupos políticos del Ayuntamiento de Madrid. La venta de los terrenos, donde ahora se alzan los cuatro rascacielos que caracterizan el nuevo perfil de la ciudad, le proporcionó al Real Madrid casi 500 millones de euros, con los que se saldaron deudas (282 millones), se construyó la Ciudad Deportiva de Valdebebas y se ficharon futbolistas “galácticos”.
¿Por qué dimitió Florentino en 2006? Entonces dijo que por la falta de éxitos deportivos (tres años sin títulos) y porque había “malcriado” a sus galácticos. Ahora dice que por otras preocupaciones empresariales. Posiblemente, por todo ello: ACS estaba digiriendo la absorción de la gigantesca Dragados y Construcciones (financiada de nuevo por Blesa y Caja Madrid) y preparando el asalto a la eléctrica Iberdrola, finalmente fallido. También estaba disputándose el control de ACS con dos grupos que le habían amparado desde el inicio de su carrera: el de la familia March y el de “los Albertos”, Cortina y Alcocer.
Volvió en 2009, ganando las elecciones como único candidato. Y gastó 264 millones en fichajes, entre ellos los de Cristiano Ronaldo, Kaká, Xabi Alonso y Benzema. ¿Quién financió ese gasto? Otra vez Miguel Blesa y Caja Madrid.
Desde aquel retorno, el Real Madrid ha vivido una época de grandes éxitos deportivos: seis Champions, tres de ellas consecutivas. Por el camino desapareció Miguel Blesa, que se suicidó en 2017 tras ser condenado ese mismo año a prisión por apropiación indebida. Por el camino apareció el banquero Anas Laghrari, su actual “gurú” financiero, que le ayudó a reestructurar la deuda acumulada por ACS en el fallido asalto a Iberdrola y modeló el proyecto, por el momento fracasado, de la Superliga europea.
Florentino Pérez mantiene una red de relaciones incomparable. Su viejo amigo Miquel Roca, hoy un abogado tan discreto como influyente, sigue teniendo un puesto bien retribuido en el consejo de administración de ACS. Hubo que ampliar el palco del Bernabéu para dar cabida a todos los políticos, empresarios, jueces, periodistas y aspirantes a hacer contactos que componen la corte de Florentino: el palco “es el equivalente actual de las cacerías de Franco, hay que estar ahí”, dice alguien que conoce desde hace mucho al presidente del Real Madrid.
El éxito y la gloria no han matizado la desconfianza de Florentino Pérez hacia los periodistas, que distingue entre “buenos” (los que ensalzan al Real Madrid pase lo que pase y no publican informaciones perjudiciales para ACS) y “malos” (todos los demás). En ese ámbito, la perspectiva de Florentino Pérez, presidente del mayor club de fútbol y de una de las mayores constructoras del mundo, resulta curiosamente restringida.
The New York Times, el periódico internacional más leído e influyente, lleva días publicando informaciones muy críticas con el Real Madrid, con titulares que hablan de “caos” y “violencia”. Pero a Florentino eso parece darle igual y solo le obsesionan los de siempre: Alfredo Relaño, Santiago Segurola, los que lee en su diario de siempre, “ABC”, e incluso el ya retirado José María García.
Cuando se trata de periodistas, la mezquindad de Florentino Pérez resulta casi incomprensible. Sería engorroso enumerar en su totalidad los casos en que ha impuesto, gracias a su poder, el despido o apartamiento de periodistas que, en su opinión, estaban en el bando “malo”: desde los ya citados Relaño y Segurola hasta Óscar Campillo (primero como director de “Marca” y luego como director de “Relevo”, un diario deportivo digital del grupo Vocento que cerró el pasado año), pasando por el crítico cinematográfico Carlos Boyero.
Resulta curioso. El empresario que sabe mantenerse por encima de los detalles operativos para mantener lo que llaman “deniability”, o “negación creíble”, por lo que directivos secundarios cargan con la responsabilidad penal en los múltiples casos de corrupción político-económica que forman parte del día a día de una gran constructora, se convierte en un presidente incapaz de delegar y obsesionado por minucias cuando se trata del Real Madrid.
Florentino Pérez es así. Hay quien dice que la muerte de su esposa, María Ángeles, más conocida como Pitina, en 2012, le privó de un sólido anclaje en la realidad. Hay quien percibe síntomas de envejecimiento. Todas las personas consultadas coinciden, sin embargo, en que no se aprecian grandes cambios: el hombre muy conservador, el gran empresario astuto y despiadado y el dirigente deportivo de mayor éxito convergen a veces en un personaje que parece imitar a Antonio Ozores y se enreda en monólogos absurdos.
Otra coincidencia: nadie espera que abandone la presidencia del Real Madrid. Como dice él, no le echarán “ni a tiros”. Su modelo, Santiago Bernabéu, murió de cáncer en 1978 tras un largo año de agonía. Seguía como presidente y pidió a sus directivos que le encontraran un sustituto. Nadie se atrevió a relevarle.