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Enfermedad vascular, más allá de las patologías del corazón

Molestia en el pecho

Mercè Palau

Arterias y venas —los vasos sanguíneos— son las vías naturales de nuestro cuerpo por las que circula la sangre a través de los brazos, las piernas y órganos internos. Después de recoger algo de oxígeno de los pulmones, la sangre viaja a través de estos vasos para llevar el oxígeno a todas las partes del cuerpo: órganos y músculos, corazón y cerebro. 

Cuando aparece una condición anormal que afecta a estos vasos sanguíneos es cuando hablamos de enfermedad vascular, que se ha convertido en el problema de salud más frecuente en la población occidental y en la primera causa de mortalidad en todo el mundo. Solo en España, este tipo de enfermedades supone el 26% de los fallecimientos.

Enfermedad vascular, cuando puede afectar a cualquier parte del organismo

“Una enfermedad vascular afecta las arterias y las venas, dañando el flujo sanguíneo, lo que a su vez perjudica a otras partes del cuerpo. El riesgo vascular involucra al sistema nervioso, los riñones, los ojos o al sistema vascular periférico”, explica el Dr. Ángel Jiménez Rodríguez, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Infanta Elena, integrado en la red pública madrileña. 

Por tanto, “la aparición de factores de riesgo vasculares puede provocar afecciones en cualquier parte del organismo”, admite la Doctora Marta Pastor de Blas, jefa asociada del Servicio de Medicina Interna del mismo centro. Por su complejidad y gran alcance, las enfermedades pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y, además, puede hacerlo en muchas formas distintas. 

De qué manera nos afectan las enfermedades vasculares y por qué es necesario un abordaje multidisciplinar

Cuando hablamos de enfermedades vasculares nos referimos a problemas como aneurisma, un bulto en la pared de una arteria; aterosclerosis, una enfermedad en la que se acumula placa formada por grasa o calcio dentro de las arterias; coágulos de sangre, que incluyen trombosis venosa profunda y embolia pulmonar; enfermedad de las arterias coronarias y de las carótidas, que implican un estrechamiento u obstrucción de una arteria; accidente cerebrovascular, que es cuando se detiene el flujo de sangre al cerebro; enfermedad arterial periférica, una anomalía de los vasos de todo el cuerpo, excepto los del corazón y el cerebro; o venas varicosas.

Los síntomas varían en función del tipo de enfermedad vascular, y pueden ir desde dolor en las piernas o calambres; dolor de estómago, náuseas o vómitos; hipertensión no controlada o insuficiencia cardíaca congestiva; entumecimiento u hormigueo en las piernas; dedos de manos y pies rojos o azules; dolor en brazos, manos y piernas, entre otros.

“Por toda esta variabilidad y versatilidad es tan necesario un abordaje multidisciplinar. Una de las claves en el tratamiento de la enfermedad vascular está en la atención coordinada entre varios médicos especializados, como pueden ser internistas, cardiólogos, neurólogos, nefrólogos, radiólogos, médicos de Atención Primaria y cirujanos vasculares”, asegura el especialista del Hospital Universitario Infanta Elena, que ha celebrado recientemente una jornada de riesgo vascular bajo el lema El movimiento cardiovascular centrado en el paciente pluripatológico.

El trabajo conjunto de todos estos especialistas brinda un diagnóstico y tratamiento más eficaz y permite desarrollar un plan de atención individualizado para cada paciente. 

Los factores de riesgo en la enfermedad vascular

Cualquier persona puede sufrir una enfermedad vascular, pero la dieta, la genética y la edad juegan un papel decisivo. Esta enfermedad es el resultado de la degeneración de arterias y venas como resultado del proceso normal de envejecimiento, y puede empeorar por ciertos factores que dañan los vasos sanguíneos como el tabaquismo, la hipertensión, el estilo de vida sedentario, la diabetes, los niveles elevados de colesterol y grasas en la sangre y una predisposición hereditaria. 

Conocer si tenemos algunos de estos factores de riesgo es la clave para prevenir o controlarla mejor. 

La prevención es posible en la enfermedad vascular

La enfermedad vascular puede aparecer en cualquier momento, a menudo sin apenas avisar, y en ocasiones los síntomas no aparecen hasta que el riesgo es elevado. Aunque no podemos controlar los riesgos asociados con la edad o la genética, sí se puede reducir el peligro con acciones como dejar de fumar, una de las principales causas de enfermedades cardíacas, cáncer y la principal causa de enfermedad arterial periférica; evitar el sobrepeso y la obesidad; realizar ejercicio físico de forma regular; mantener una alimentación saludable; controlar la presión arterial y vigilar el nivel de azúcar en sangre si hay diabetes.

Pese a todo, y como reconoce la Doctora Cristina Sánchez Mingo, especialista del Servicio de Medicina Interna del hospital valdemoreño, “los datos de incidencia del riesgo vascular indican que no estamos realizando la estrategia de prevención adecuada y tampoco somos capaces de transmitir la importancia de prevenir, controlar y tratar los factores de riesgo”. Esto es clave, ya que un evento vascular grave es, en un alto porcentaje de los casos, prevenible. 

Para la experta, información y concienciación son claves para mejorar el tratamiento. En este sentido, la puesta en marcha de Unidades específicas de Riesgo Vascular mejora el control de los factores de riesgo y facilita la implantación de protocolos y vías de tratamiento y seguimiento.

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