El fin de la intimidación
A las 10:41 de la mañana, minutos antes de que la Guardia Civil entrase en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores para registrar sus archivos y detener a su cúpula, la SGAE difundió a través de Twitter un comunicado negando que Anticorrupción estuviese investigando sus cuentas. La nota terminaba así: “Ante esta campaña difamatoria, la SGAE realizará las acciones judiciales oportunas en defensa de su imagen, reclamando los oportunos daños y perjuicios”.
La amenaza, tal vez la última, es casi un epitafio del reinado de Eduardo Bautista al frente de esta entidad. Independientemente de cómo acabe este caso judicial, Teddy ya ha pasado a la historia como el hombre que hizo de la SGAE un organismo más impopular entre los españoles que el virus del herpes labial. Sus detectives en las bodas, sus demandas contra Fuenteovejuna, contra las peluquerias o contra un festival de niños discapacitados, sus reiterados insultos a esos que él llama “internautas” (antes conocidos como clientes) o su ilegal canon digital son algunos ejemplos de esa política de relaciones públicas matonil.
Público también sufrió la amenaza intimidatoria de los temidos abogados de la SGAE. Nos demandaron para intentar callarnos después de una portada, en octubre de 2007, sobre “el tinglado de la SGAE”. Meses después, la retiraron porque no tenían con qué seguir. Precisamente aquella investigación de la periodista Ana Tudela Flores fue la semilla de la que nació este proceso judicial.
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