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Se investiga un centro de desintoxicación en Catalunya con denuncias por maltrato
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INVESTIGACIÓN

La Policía investiga un centro de desintoxicación en Catalunya cuyos pacientes denuncian maltrato, castigos y presiones

Zeus

Lucía Samaniego

Madrid —
1 de julio de 2026 21:54 h

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Al mes de ingreso, Iván Izard decidió que no entraría en la terapia grupal hasta que le dejaran hablar con su mujer, con la que no se había podido comunicar en todo ese tiempo. “Entraron cuatro personas de fuera, que se supone que eran pacientes rehabilitados”, recuerda, “y empezaron a amenazarme”: “Que tenía que entrar al grupo, que habían hablado a mi mujer y ella decía que no quería saber nada de mí, que sabían dónde vivía ella y la iban a proteger…”, “que era un yonqui de mierda, que mi hijo iba a acabar siendo un adicto como yo”. Esta dinámica de insultos y vejaciones era la norma en el centro, donde en muchas ocasiones, según relatan expacientes a este periódico, el personal de Zeus participaba e incitaba a los usuarios a unirse. La Policía Nacional ha investigado durante meses las actividades de centro, ubicado en Tarragona y dirigido por Luis Pérez.

Este periódico ha tenido acceso a los testimonios de nueve expacientes de Zeus, que relatan terapias grupales en las cuales los terapeutas se dedicaban a mermar su autoestima y crear una sensación de aislamiento: “Desde el segundo o tercer día en terapia recibía insultos de ‘yonqui’, ‘tu familia no te va a abrir la puerta’, ‘nadie te va a creer’... Te anulaban como persona”, recuerda David Alonso, que estuvo ingresado de abril a agosto de 2023. Se trataba de una dinámica, asegura, a la que animaban al resto a sumarse: “Eran terapias en las que uno soltaba su malestar y decía lo que sentía. Los primeros en darte caña eran los terapeutas y luego iban los pacientes”. En su caso, Alonso cuenta que este maltrato le llevó a pensar en quitarse la vida. 

Iván Izard, paciente hasta el pasado agosto, había acordado con su mujer antes de ingresar que solo se quedaría un mes en el centro. A medida que pasaban los días y veía lo que realmente ocurría a su alrededor, empezó a cuestionar el tratamiento. “Ahí se intensificó todo”, recuerda. “Me quitaron toda la ropa y me dejaron una sola muda, me pusieron piedras en los pies, me pusieron a recoger mierda de caballo, me pusieron fuera en una silla ocho horas sin hacer nada, sin poder moverme y acabé quemándome la cara, me tuve que poner crema antiquemaduras”, relata. También recuerda cómo rapaban el pelo y las cejas a otros pacientes. Mientras, le contaban a su pareja que él no conseguía “renunciar” a la droga y le ofrecían un préstamo para costear seis meses más de ingreso. 

Izard no era el único que sufría estos maltratos. Los testimonios hablan de las “pautas”, es decir, los castigos que se imponían a los pacientes que incumplían las normas. Caminar con piedras en los pies, lanzarse a la piscina con ropa en invierno o la llamada ‘pauta del silencio’, que consistía en no poder hablar con nadie —ni que otros te dirijan la palabra— hasta nuevo aviso, pudiendo prolongarse durante semanas. “Yo he visto a gente pasar la noche en la calle, fuera del centro —otro de los castigos comunes—, ellos me contaban que tenían que dormir en el primer coche abierto que encontraban”, añade Alonso. Afirma que estos malos tratos podían darse por faltas leves, como “si te encontraban una motita de polvo en la habitación”.

Varios expacientes recuerdan el aspecto de humillación en algunos de los castigos. Uno de ellos, L.P.P., que prefiere no revelar su identidad, asegura conocer casos en los que el personal de Zeus mandaba que los pacientes se vistieran de formas “ridículas” en salidas grupales al cine, como con “pijama de color rosa y collar de perlas” o con la ropa del revés. 

“Tienen que estar con la baba colgando”

Los malos tratos venían de órdenes explícitas de uno de los psicólogos del centro, que a su vez recibía las direcciones de Luis Pérez, el director del centro, según lo que cuenta Sergi De Mingo, extrabajador de Zeus: “Hoy revienta a este, para que saque el bicho”, “hay que desmontarlos”, “derrumbarlos”, eran algunas de las instrucciones que él mismo recibía. Otra de las indicaciones, asegura, era sobremedicar a los pacientes recién ingresados. Según él, el director les decía: “Tienen que estar con la baba colgando”.

Algunos de los pacientes entran a Zeus atraídos precisamente por el relato de Luis Pérez. Muchos le conocieron a través de entrevistas que ha concedido en grandes medios de comunicación contando su historia de superación como exadicto. Además, cuenta con más de 159.000 seguidores en TikTok y más de 37.000 suscriptores en su canal de YouTube, ‘Adicciones al Descubierto’, donde se presenta como “exadicto recuperado y terapeuta especialista en Adicciones y Neurociencias”. 

En su página web, destacan dos premios otorgados a Zeus: el Galardón internacional como Centro de Referencia Europeo en el Tratamiento de las Adicciones de los European Awards of Medicine, que ha ganado en dos ocasiones consecutivas, y el Galardón al Centro Referente Nacional en Tratamiento y Recuperación de Adicciones en España de los Premios Bienestar y Calidad de Vida de La Razón. Algunos expacientes destacan el papel de estos reconocimientos como uno de los factores que les hicieron confiar en el centro. Sin embargo, ambos están lejos de tener el mismo nivel de validez científica que un premio otorgado por una sociedad médica o institución de investigación. 

Un mínimo de casi 5.000 euros por un mes de ingreso

Un mes de tratamiento en Zeus cuesta desde unos 4.800 euros por una habitación compartida, hasta más de 11.000 euros por la más cara, según figura en su página web. Estos precios desorbitados llevaron a David Alonso a vender su furgoneta por recomendación del centro para poder costear su estancia: “Vengo de una familia obrera y para mí pagar casi 29.000 euros me ha hecho mucho daño. A día de hoy estoy muy endeudado y si hubiera sido por ellos lo estaría aún más”. 

Sergi De Mingo, extrabajador, siente haber sido tratado como un comercial, en vez de un terapeuta, del que se esperaba que presionara económicamente al entorno de los pacientes: “La orden es nunca decir a las familias que el paciente está bien”, afirma. Cuenta que tenían que “averiguar el poder económico” de las familias: “Si vive de alquiler, de propiedad, si tiene empresas…”. Todo para saber hasta cuándo podían mantener al paciente ingresado. 

“Si su hijo no se queda un mes más, el mes que viene tendrá que pagarle el entierro”

Este último relata un episodio en el que uno de los psicólogos le “enseñó” cómo tenía que hacerlo: “Como no sabes presionar a las familias, ponte a mi lado que voy a llamar a la madre de un paciente”, le dijo. El extrabajador escuchó la conversación entre la madre y el psicólogo, en la que este le preguntaba: “¿Usted no puede pedir un préstamo? ¿No puede hipotecar su casa?” y continuaba: “Si su hijo no se queda un mes más, el mes que viene tendrá que pagarle el entierro y eso le saldrá más caro”. 

La instrumentalización de los familiares era un elemento clave para manipular a los pacientes. Este diario ha tenido acceso a uno de los mensajes mandados por uno de los terapeutas a la mujer de Izard. En él, le pide que grabe un audio de su hijo de siete años diciéndole a su padre: “Papá, te quiero y te quiero volver a ver, pero te quiero volver a ver bien”, palabras que le dicta el terapeuta. El personal del centro reprodujo este audio delante de Izard y el resto de pacientes que se encontraban en medio de una terapia grupal. 

Según le explicaron a su mujer, el objetivo era hacer que se quedara en el centro en un momento en el que ya expresaba su intención de irse: “Le ponemos este audio y le destroza, se derrumba, en el mejor de los sentidos”, decía el terapeuta. Aquello fue la gota que colmó el vaso: “Exploté”, recuerda el expaciente. Otros testimonios cuentan historias similares a las de Iván, indicando que este era un método generalizado en las terapias de Zeus. 

Además, los expacientes señalan al centro por aislarles de sus familias. L. P. P. afirma que solo habló con su familia “una vez, al mes de estar ingresado y estando coaccionado, porque tenía a dos personas detrás vigilando”. Según el relato de otros expacientes, la costumbre era que todas las visitas o videollamadas con familiares se hicieran de ese modo, con el personal presente en la sala. 

“He estado en otros centros y lo que he visto ahí no lo he visto en mi vida”, denuncia. Él estuvo ingresado casi tres meses, hasta marzo del año pasado. Además del maltrato psicológico que él mismo sufrió, recuerda una ocasión en la que dos pacientes habían tenido un “roce sexual”, algo que vulneraba las normas del tratamiento. En terapia grupal, uno de los trabajadores animó al resto de pacientes a atacar verbalmente a la mujer por infringir las reglas “diciéndole lo puta que es”.

El infierno de intentar salir de Zeus 

El día que Iván se negó a participar en las terapias hasta que pudiese hablar con su mujer, asegura que le cerraron con llave en el cuarto donde estaba, hasta que entró uno de los terapeutas, con su mujer al teléfono, diciéndole que su marido “había intentado agredir” a unos pacientes rehabilitados y que “estaba en un brote psicótico”, algo que él niega. Recuerda, en medio de la desesperación y estrés de la situación, pedir: “Diles que me den mi DNI y por favor no pagues otro mes más”. 

Finalmente, la pareja de Iván pidió que le sacaran del centro. Cuando salió, sin documentación y sin su dinero —que nunca le devolvieron— mientras caminaba hacia la estación de tren más cercana, se dio cuenta de que tampoco tenía su teléfono móvil. Se dio la vuelta, timbró y golpeó la puerta del centro hasta que la abrieron. Uno de los pacientes rehabilitados que había acudido para intentar impedir que se marchara, se lo devolvió dándole un “puñetazo en el pecho”, cuenta. Según Iván, le dijo: “Que te largues de aquí, que las consecuencias van a ser peores. Tenemos todos tus datos y no sabes lo que podemos hacer”. 

Pero las amenazas no acabaron allí. El pasado mes de enero, la mujer de Izard recibió una llamada de un número oculto. Según asegura su marido, que acudió a comisaría para dejar constancia de esta llamada “amenazadora”, un hombre le pidió que borrara la reseña que había dejado Iván en la página del centro “o se atuviera a consecuencias legales y de otros tipos”. 

David Alonso describe una situación “desesperada” por la que llegó a escapar del centro saltando la valla: “Fui a pie hasta la policía de Ulldecona”, a tres kilómetros y medio de Zeus. Asegura que durante este camino uno de los terapeutas del centro le persiguió en coche mientras él corría. “Llegué a la policía de Ulldecona y les dije que me estaban reteniendo en contra de mi voluntad. Al día siguiente vino mi expareja a recogerme”. Sin embargo, el expaciente no pudo poner una denuncia en ese momento porque toda su documentación, incluso su DNI, estaba custodiada por el centro.

Óscar Pino, vocal del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña y coordinador del Centro de Atención y Seguimiento a las Drogodependencias de L’Hospitalet, subraya que las prácticas descritas por los expacientes “rozan más el maltrato que una intervención terapéutica”. “Las terapias grupales son un tipo de intervención psicoterapéutica y no se puede hacer lo que a uno se le ocurra ese día”, explica. En este sentido, es tajante: “No puedes maltratar y perder las formas independientemente de que se hayan equivocado, recaído”. Pino enmarca estas situaciones en un contexto de falta de control institucional, y señala que en el ámbito de las adicciones existe “muy poca regulación”, lo que ha propiciado que “haya centros que ni siquiera son sanitarios y se dedican a la desintoxicación”.

La Red de Prevención del Sectarismo y del Abuso de la Debilidad (RedUNE), ha acompañado a muchos de los expacientes en este proceso desde que algunos testimonios les alertaron de lo que sucedía. Hace unos meses, publicaron un texto en su portal en el que denunciaban el maltrato a pacientes en Zeus. El pasado febrero, según su presidente, Juantxo Domínguez, se vieron obligados a borrarlo ante la advertencia de un abogado del centro.

Las denuncias de los extrabajadores 

Sergi De Mingo fue terapeuta de Zeus durante casi cuatro meses. Después de despedirle, el centro le denunció, acusándole de incumplir la cláusula de no competencia que firmó y que le prohibía “trabajar para otra persona física, jurídica o comunidad de bienes cuya actividad pueda suponer competencia” para la empresa, según figura en su contrato al que ha accedido este periódico. Sin embargo, De Mingo asegura que nunca cobró la compensación económica que se prometía con dicha cláusula. Según la sentencia a la que ha tenido acceso este diario, el pasado mes de febrero, el Juzgado de Lo Social nº1 de Tortosa, le dio la razón, desestimando la demanda del centro Zeus. 

Jennifer Silvestre es otra de las trabajadoras, en este caso encargada de labores administrativas y admisiones de pacientes. Pidió la baja laboral por cuestiones de salud mental y asegura haber sido sobrecargada de trabajo y haber sufrido amenazas por parte del director: “Me amenazó de muerte cuando le pedí que me pagara las horas extra, me decía que me había cavado mi propia tumba, se puso como un loco”, añade. Tras denunciar al centro y pasar por una mediación, el centro le dio el despido improcedente.

“Luis me hacía mentir a la policía”

“Luis me hacía mentir a la policía, me decía: ‘Si preguntan, aquí solo alquilamos habitaciones a pacientes que hayan estado en Ulldecona’”, recuerda la trabajadora. Y es que, aunque el centro Zeus, ubicado en Ulldecona, figura en el Registro General de centros, servicios y establecimientos sanitarios del Ministerio de Sanidad, la marca Zeus tiene otro centro que publicitan como una versión más lujosa del primero: Zeus Corona, en Amposta. Este no aparece en el registro, y la Dirección General de Ordenación y Regulación Sanitaria de la Generalitat ya ha abierto un expediente para investigar al respecto. 

Ante preguntas de este diario, la empresa defiende que “los dos centros constituyen dos órganos diferenciados de ingreso sanitario, pero integrados dentro de una misma estructura asistencial y organizativa”. Añaden que “ambos funcionan bajo una única organización, con una dirección común, los mismos protocolos asistenciales y un único modelo de funcionamiento” por lo que “la actividad se encuentra amparada por un único registro sanitario” y aseguran que “la autoridad sanitaria tiene conocimiento de la situación”.

Además, la trabajadora y dos expacientes, Iván Izard y Mario (nombre ficticio) apuntan que el centro derivaba a pacientes que querían ingresar en su clínica a otros centros. Según relatan, cuando llamaron a Zeus para ingresar en sus instalaciones, les dijeron que “había mucha lista de espera” y les derivaron a un centro psiquiátrico en Lleida por entonces perteneciente a Mentalia, la división especializada en salud mental en España del grupo sanitario privado Domus Vi. Ambos coincidieron en su estancia en aquella clínica durante aproximadamente un mes, y después, en Zeus. 

Silvestre asegura que tenían este tipo de acuerdos con múltiples empresas: Sus superiores le mandaban “buscar psicólogos, especialistas en adicciones o incluso clínicas de adicciones privadas o públicas que quisieran colaborar con el centro en caso de que tuviésemos las habitaciones llenas o que ellos no tuviesen más espacio en las suyas”.

A preguntas de elDiario.es, la clínica ha reconocido la existencia de una denuncia, de la que ha tenido noticias “a través de la Policía Nacional, la cual está instruyendo el expediente de acuerdo con los procedimientos que legalmente están previstos”. Desde Zeus indican que la empresa: “defenderá la legalidad de su proceder y, sobre todo, el fin, el método, con el objetivo de que nuestros pacientes se rehabiliten y eviten recaídas que provoquen la vuelta al mundo, no querido, de las adicciones”. Añaden que continúan “con su actividad habitual sin incidencia”.

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