La ley de Urdaibai se merece una modificación consensuada
Hay decisiones políticas que pueden parecer técnicas o administrativas y que, sin embargo, terminan definiendo el territorio que queremos dejar a las próximas generaciones. Lo que está ocurriendo con la Ley de Protección y Ordenación de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai es una de ellas. Después de casi cuatro décadas, es razonable plantear que una ley aprobada en 1989 necesita ser revisada y adaptada a una realidad social, económica y ambiental que ha cambiado. Pero una cosa es reconocer esa necesidad y otra muy diferente decidir que su reforma debe introducirse dentro de una proposición de ley cuyo objetivo principal es la simplificación y agilización administrativa.
Por eso, la primera decisión debería ser clara: la reforma de la Ley de Urdaibai debe salir de la proposición de ley presentada por PNV y PSE-EE en el Parlamento Vasco y abordarse mediante un procedimiento legislativo propio, específico y participado. No porque Urdaibai deba permanecer anclada en 1989, sino precisamente porque queremos garantizar su futuro. Urdaibai no es un trámite administrativo más. Es una Reserva de la Biosfera. Es un territorio complejo donde conviven población, actividades económicas, agricultura, ganadería, pesca, turismo y espacios naturales de extraordinario valor ecológico. Encontrar el equilibrio entre conservación y desarrollo no es sencillo y, precisamente por eso, no debería resolverse de manera colateral dentro de una ley diseñada para otros fines.
Las comparecencias que se han producido en el Parlamento Vasco el 7 y 8 de septiembre, han aportado razones suficientes para reflexionar. La plataforma Guggenheim Urdaibai Stop, en nombre de una parte de la sociedad civil, ha reclamado que la modificación de la ley salga de esta proposición y si se tiene que tramitar, se haga de manera independiente. No plantea que Urdaibai no deba cambiar, sino que, si debe hacerlo, se haga con debate, participación y consenso. Es una diferencia fundamental: no se está pidiendo que no se legisle, sino que se legisle bien.
Aitor Galarza ha puesto el foco en uno de los valores más sensibles de la Reserva: sus aves y los hábitats de los que dependen. Urdaibai es un espacio fundamental para numerosas especies, especialmente durante los periodos migratorios. Las aves necesitan lugares de alimentación, descanso y reproducción, y la presión humana sobre esos espacios puede tener consecuencias. El problema no es una embarcación o una actividad aislada; es la acumulación de usos y la presión creciente sobre zonas especialmente sensibles. Por eso, antes de preguntarnos qué actividades podemos autorizar, deberíamos preguntarnos qué puede soportar el ecosistema. No todo lo que puede tener encaje administrativo es necesariamente compatible con la conservación.
En una Reserva de la Biosfera, la capacidad de acogida del territorio debería ser el punto de partida de cualquier decisión. Manu Monge aporta otra perspectiva imprescindible: la gestión. Una Reserva no se protege únicamente porque exista una ley. Necesita planificación, recursos, seguimiento, coordinación y capacidad real para hacer cumplir las normas. Y después de décadas de experiencia en Urdaibai, cabe preguntarse si algunos de los problemas que se pretenden resolver modificando la legislación no tienen que ver, en realidad, con una insuficiente gestión de los usos que ya existen. Si falta gestión, mejoremos la gestión. Si faltan recursos, destinemos recursos. Si los instrumentos están desactualizados, revisémoslos. Pero no confundamos un problema de gestión con la necesidad de modificar el marco general de protección. Antes de cambiar la ley habría que demostrar qué problema concreto no puede resolverse con los instrumentos que ya existen. La aportación de Alex Cearreta introduce otra advertencia de enorme importancia: la dinámica física del estuario. Urdaibai no es un escenario estático. Las mareas, los sedimentos y los procesos naturales han construido durante miles de años el territorio que hoy conocemos. Intervenciones como los dragados no son neutras: pueden alterar la dinámica sedimentaria, modificar los fondos y afectar al equilibrio del estuario. Una actuación que se ejecuta en meses puede tener consecuencias que permanezcan durante décadas. La política trabaja con legislaturas; los procesos naturales, con escalas temporales mucho mayores. Por eso, cuando se plantean nuevas actuaciones, no basta con preguntar si son técnicamente posibles o legalmente autorizables. Hay que estudiar sus consecuencias acumulativas y determinar si son compatibles con el funcionamiento natural del estuario.
Miren Onaindia aporta todavía una dimensión más amplia. Su trayectoria como catedrática de Ecología, vinculada a la Cátedra UNESCO sobre Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental y al programa internacional de Reservas de Biosfera, demuestra que Urdaibai no es solamente un espacio de valor local. Durante años ha sido también un lugar de referencia para estudiar la sostenibilidad, la biodiversidad y la gestión de estos territorios. El propio Gobierno vasco ha presentado la experiencia desarrollada en Urdaibai junto a la Cátedra UNESCO como un ejemplo que podía servir de referencia a otras Reservas de la Biosfera. Esa trayectoria debería hacernos reflexionar. Si Urdaibai ha sido utilizada como experiencia de referencia internacional, la reforma de su ley debería ser especialmente rigurosa y estar basada en el conocimiento acumulado durante décadas. Las cinco perspectivas -la sociedad civil representada por Eider Gotxi, la avifauna y la presión sobre los hábitats señaladas por Aitor Galarza, la gestión puesta de relieve por Manu Monge, la dinámica del estuario analizada desde la ciencia por Alex Cearreta y la visión de sostenibilidad y referencia internacional aportada por Miren Onaindia- conducen a una conclusión que debería ser difícil de ignorar: Urdaibai necesita un debate específico sobre su futuro. Y ese debate no debería quedar reducido a la modificación de determinados artículos dentro de una ley de simplificación administrativa.
No se trata de enfrentar conservación y desarrollo. Busturialdea necesita empleo, empresas, vivienda, servicios y oportunidades para sus jóvenes. Necesita agricultura, ganadería, pesca y actividad turística. Pero precisamente por eso necesita una estrategia territorial de largo plazo. La pregunta no debería ser cuánto podemos flexibilizar la protección para facilitar determinadas actividades, sino qué modelo económico y territorial necesita la comarca y cómo puede contribuir Urdaibai a ese futuro sin perder aquello que la hace excepcional.
Sacar la reforma de la Ley de Urdaibai de la proposición de PNV y PSE-EE no significa paralizarla. Significa hacerla de otra manera. Significa abrir un procedimiento específico en el Parlamento Vasco y escuchar al Patronato, a los ayuntamientos, a la Diputación, al Gobierno vasco, a las universidades, a los científicos, a los sectores económicos, al sector primario, a las organizaciones ambientales y a la ciudadanía. Significa aprovechar el conocimiento acumulado durante casi cuarenta años para responder a preguntas mucho más importantes que cualquier modificación puntual: ¿qué Urdaibai queremos dentro de treinta o cincuenta años?, ¿qué usos son compatibles con su conservación?, ¿cómo afrontamos el cambio climático?, ¿cómo protegemos los ecosistemas más sensibles?, ¿cómo garantizamos actividad económica sin deteriorar el territorio?
En 1989 se consiguió un amplio consenso político para aprobar la Ley de Urdaibai. Hoy deberíamos intentar recuperar aquel espíritu. PNV y PSE-EE tienen la oportunidad de demostrar que retirar esta reforma de la actual proposición no es una derrota, sino un ejercicio de responsabilidad. Si existe una voluntad real de actualizar la ley, no debería haber miedo a debatirla específicamente y con todas las garantías. Vivimos en una época en la que todo parece tener que hacerse deprisa: agilizar, simplificar, desbloquear, acelerar. Pero hay territorios que nos recuerdan que no todo lo importante puede hacerse deprisa. Una marisma no se acelera. Un ecosistema no se simplifica. La biodiversidad no entiende de legislaturas. Y determinadas transformaciones territoriales pueden tener consecuencias que ninguna modificación posterior de una ley consiga reparar. Por eso la petición debería ser sencilla: saquemos la reforma de Urdaibai de la proposición de ley de PNV y PSE-EE y abramos un proceso legislativo específico para actualizarla. Que se escuche a la sociedad civil. Que se escuche a la ciencia. Que se escuche a quienes conocen la Reserva y a quienes viven y trabajan en ella. Y que después el Parlamento decida. Porque Urdaibai no pertenece a ningún gobierno, a ningún partido ni a ninguna generación. Es un patrimonio colectivo y una responsabilidad que hemos recibido de quienes estuvieron antes y que debemos entregar a quienes vendrán después. Actualizar la ley puede ser necesario. Hacerlo de cualquier manera, no. Urdaibai merece una ley propia, un debate propio y un consenso amplio.
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