La otra cara de La Blanca: un ejército contra la basura y trabajadores para hacer posible las fiestas de Vitoria
Mientras la mayoría de vitorianos y quienes visitan la ciudad para disfrutar de las fiestas de La Blanca se entregan a la lluvia de vino tinto, agua y cualquier líquido proveniente de cualquier lugar durante la bajada de Celedón, para otros el estallido del cohete marca el inicio de una auténtica maratón laboral. Un auténtico ejército de limpieza, camareros, técnicos de sonido y otros muchos profesionales conforman el engranaje imprescindible que hace posible las fiestas. Este año, además, los trabajadores del sector de los espectáculos y los eventos han convocado una huelga para el día grande de las fiestas, en concreto entre las 6.00 horas del 5 de agosto y las 6.00 horas del día siguiente. Es una protesta que podría provocar la suspensión de los conciertos previstos con el fin de visibilizar la labor del colectivo.
Los operarios de limpieza, que trabajan contra el reloj para permitir que las calles sean transitables, explican que “el dispositivo es prácticamente el mismo todos los años”, compuesto por unas 80 personas que se organizan en grupos, cada uno con un color al cuello. “Los pañuelos de colores es para saber la gente que está a nuestro cargo” y repartirla por zonas, explica uno de los encargados, que supervisa a trece personas. Cuando el Celedón llega a la balconada y termina el chupinazo, el equipo completo tiene 40 minutos para recoger todos los residuos de la plaza de la Virgen Blanca para que pase la comitiva municipal. “Prácticamente todo son envases, botellas y vasos de plástico y camisetas rotas y mojadas”, explican los operarios. Disponen de camiones y barredoras (este año nuevas) e incluso de palas excavadoras para mover las montañas de restos de las bebidas.
La novedad estaba en los uniformes en estas fiestas de 2026. Ha habido cambio de empresa. De Prezero y Onaindia se ha pasado a Acciona. Los trabajadores, con gorras de la nueva compañía, no han “notado nada” diferente más allá de la maquinaria prometida, que está empezando a llegar. Este martes había incluso un camión de Acciona procedente de Santander.
“Esperamos que el año que viene mejoremos algo”, afirma un capataz. Según él, peor día de carga de trabajo está por venir. “El día 5 es peor que el 4”, asegura sobre la necesidad de tener todo listo tras una noche de fiesta para el principal acto religioso de la ciudad, el conocido como rosario de la aurora. “El tiempo es muchísimo más ajustado. Hay gente [de limpieza] que entra a trabajar a las cuatro de la mañana, cuando la gente aún sigue de fiesta y hay que echarla para pasar la manguera”, bromea. La situación, no lo niega, a veces genera “pequeños altercados”, aunque nunca suele ser “necesario recurrir a la Policía”. Eso sí, este año tras el Celedón se han desplegado ertzainas y municipales.
Pócimas contra la resaca
En la calle de Eduardo Dato, arteria peatonal del corazón de Vitoria, un vendedor ambulante ordena los productos con los que recorrerá las calles abarrotadas para vendérselos a la multitud. El hombre, de unos treinta años, explica que es de origen senegalés y que llegó apenas hace tres meses en patera a Cádiz desde las costas marroquíes. No es su primer chupinazo. Ya estuvo vendiendo productos similares en Sanfermines, donde “se vende más” porque hay “mucho turista”, afirma mientras se cuelga unos monos de peluche al cuello apenas dos horas antes del Celedón. Por ahora, lo que “más se vende son los pañuelos”, sin especificar si tienen más éxito los rojos o los azules a cuadros, el gran debate vitoriano. En la misma mano con la que sujeta el cartón donde clava las gafas de colores, algunas más clásicas y otras más futuristas, también lleva unos gorros.
En la farmacia que se encuentra en la misma plaza de la Virgen Blanca también tienen un largo trasiego de gente este día de Celedón, desde personas que van a por la “medicina habitual” y se quejan de que “han tardado veinte minutos en acceder al local” a los que buscan “tiritas o 'Compeed' para las ampollas”. De cara a las fiestas, hay productos que tienen un repunte en ventas. Claramente. “Este martes hemos vendido bastantes 'Resalim' y vitaminas B12 [complementos alimenticios diseñados para favorecer el metabolismo de alimentos y bebidas, es decir, la resaca] de cara a las fiestas”, explican las farmacéuticas poco antes del chupinazo.
Otros trabajadores lo viven como “un día más de trabajo”. “Hacemos trabajos así durante el resto del año y esto no deja de ser otro evento más”, explica un operario de la empresa encargada de la “sonorización y megafonía del chupinazo, del Celedón y Edurne 'txiki' y otros eventos de fiestas”. Durante el chupinazo, el joven se sitúa en un lugar privilegiado en “la balconada” al encargarse “de microfonar también a los txistularis, al Celedón y todo lo demás”, explica. Lo complicado de su trabajo, según dice, es la sincronización del sistema completo para que “suene por toda la plaza” y “se oiga en distintas calles” sin que “haya interferencia entre ellos”. Un sonido “simultáneo”. A pesar de lo delicado que pueda parecer, para quien lo hace “el resto del año en otros eventos similares”, solo es necesario un “poco de antelación y planificación”.
Algo parecido le pasa a una famosa pizzería del Casco Viejo de la capital alavesa. “De normal, nosotros ya trabajamos bastante, entonces es difícil dar más de lo que ya damos”, afirma una de las camareras después de despachar decenas de pedidos en el almuerzo previo al arranque festivo. “Un sábado normal, el día más fuerte, igual sacamos 200 [pizzas]. Durante estas fiestas, esperamos hacer unas mil”, relata detrás de la caja registrador. Para ella, al menos, trabajar “en fiestas compensa el ambiente”. “La gente viene contenta y nosotros estamos más contentos también. Sobre todo yo, que soy una vitoriana más”, ríe. Eso sí, tienen otro local cerca de un local de copas y no niega que durante las fiestas atienden a clientes que van un poco más “pasaditos”, aunque no suelen ser desagradables: “Tienen hambre y piden hasta los bordes”.