Vitoria inicia sus fiestas de La Blanca de 2026 con Celedón compartiendo protagonismo con un Baskonia campeón
En Vitoria hay algo más antiguo y tradicional que Celedón, si cabe. Exactamente un siglo antes de su nacimiento, en 1857, se creó la precisa y gigante maquinaria que está detrás del reloj de la torre de la iglesia de San Miguel. Sin fallo, a las 18.00 horas, como cada 4 de agosto, ha vuelto a anunciar el inicio de 127 horas continuadas de fiestas de La Blanca. En la coctelera, unas campanadas, un cohete anunciador con unos pocos gramos de pólvora y un aldeano de Zalduondo volando con muchos más kilogramos de fibra de vidrio. Y la masa que ha colmado la Virgen Blanca —en una estampa muy diferente a la de hace justo medio siglo— lo ha celebrado agitada con devoción... y con una Copa de más.
La Copa, en mayúsculas y del Rey, la ha puesto el Baskonia. El club de baloncesto de Vitoria ganó en febrero el campeonato de España por primera vez en lustros y, como homenaje, la teniente de alcaldesa, Beatriz Artolazabal, del PNV, a quien este 2026 le correspondía el honor de prender la mecha del chupinazo, le cedió el testigo. Han acudido a esta invitación el entrenador, el italiano Paolo Galbiati, el capitán, el lituano Tadas Sedekerskis, el directivo Félix Fernández y Myriam Pereda, coordinadora de la cantera. El presidente Josean Querejeta se ha ausentado a última hora por problemas de salud.
En realidad, ha sido la segunda celebración del trofeo en el mismo lugar. En febrero, entonces por la noche por aquello de los husos horarios, el Baskonia llenó también la Virgen Blanca. Ahora, la fotografía se ha repetido a plena luz del día, como también el entusiasmo de un Galbiati que parece embebido de vitorianismo en su por el momento corta estancia en la capital vasca. El italiano y Sedekerskis no son los primeros extranjeros en dar arranque a las fiestas de Vitoria, pero casi. En 2010 participó en el grupo de chupineros la locutora argentina Patricia Furlong. Antes de 1999 era siempre el alcalde el encargado del ceremonial.
Galbiati, en realidad, vive sus segundas fiestas desde que es entrenador del Baskonia. En las del pasado año, recién fichado y sin empezar a trabajar aún, quiso pasar unos días conociendo el ambiente para empaparse del que iba a ser su lugar de residencia. Lombardo de 42 años, vivió un sufrido arranque de temporada que casi le cuesta el puesto, pero consiguió cambiar las tornas y, en febrero, campeonar en la Copa del Rey de Valencia. Ya entonces hablaba un más que socorrido castellano, aunque siempre trufado con expresiones italianas o en inglés.
“Increíble. Una sensación increíble. Es un honor estar aquí. Es difícil de explicar en palabras. Me encanta. Me encanta mirar a la plaza. A mí me ilusiona la gente”, ha explicado a los periodistas un Galbiati con camisa blanca y pañuelo rojo festivo al cuello con la imagen de la Virgen Blanca bordada y regalado por el propio Celedón. Ha añadido que en Italia no hay nada parecido, quizás en alguna zona del sur, pero sin punto de comparación. El público le ha vuelto a cantar la versión del éxito de Bad Bunny: “Por la mañana café, por la tarde ron, vamos Galbiati haznos campeón”. En Vitoria, hasta algunos tranvías llevan la cara de Galbiati.
Sedekerskis, de su lado, lleva ya trece años en la ciudad, a la que llegó de adolescente. Ha ido escalando en el club y ahora es el capitán de la primera plantilla. “Sensaciones parecidas a las de la Copa”, ha manifestado el alero lituano. Fernández, en representación del club, ha querido poner en valor la figura de Querejeta y su aportación a la ciudad. También han estado el pívot Khalifa Diop, el nuevo fichaje DJ Stewart, el técnico Santiago Cazorla, el exjugador e hijo del presidente Joseba Querejeta y el presidente del Deportivo Alavés, Alfonso Fernández de Trocóniz.
Entre las ausencias, además de Querejeta, la más llamativa es la del lehendakari, Imanol Pradales, que tampoco ha participado en su tercera oportunidad desde que llegó a Ajuria Enea en 2024. Estuvo en el arranque de las fiestas de San Fermín de Pamplona hace unas semanas, sí, pero ahora ha optado por declinar la invitación. En la balconada de San Miguel, el improvisado palco de autoridades, estaba la alcaldesa, Maider Etxebarria, el diputado general, Ramiro González, los consejeros de PNV y PSE-EE Nerea Melgosa, Javier Hurtado y Amaia Barredo y representantes de PP —encabezados por Miguel Tellado—, de EH Bildu, de Podemos o de Equo. En el plano social, estaba la escritora Eva García Sáenz de Urturi, Jaime Tapia de Cáritas, el obispo Juan Carlos Elizalde o la autora del cartel festivo de 2026, Anne Baskaran.
Y, por supuesto, Iñaki Kerejazu, que ha cumplido su tercer año como encarnación de carne y hueso del muñeco volador. Ha surcado la plaza, ha subido la escalinata hacia San Miguel y, tras adecentar sus ropajes de blusa, ha saludado a la masa, la ha puesto a cantar en euskera y en castellano y, además, ha tenido un recuerdo para los “abuelos”, en referencia a los sucesos del 3 de marzo de 1976.
Para completar el quinteto inicial de protagonistas, el pregonero en 2026 ha sido el omnipresente Iñigo Etxezarreta, de En Tol Sarmiento, y también ha acompañado a Celedón. “Yo, Iñigo Etxezarreta, soy de Gasteiz. Aquí nací hace 38 años, aquí crecí, estudié, hice mis primeros amigos y empecé a descubrir quién quería ser. No hay mayor orgullo que poder abrir las fiestas de la ciudad donde he crecido, rodeado de las personas que más quiero”, pronunció este domingo en el gran acto previo al inicio de La Blanca. Asimismo, hizo un alegato en defensa del euskera en Álava: “Porque una lengua no es solo una forma de comunicarse, es una manera de mirar el mundo, de entender quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos transmitir a quienes vendrán después. Y nosotros elegimos hacerlo en euskera”. Y cantó.
Seguridad y nuevas empresas
Aunque los cálculos siempre son orientativos, probablemente más de 50.000 personas han disfrutado del arranque de La Blanca. Ello ha obligado a un desalojo completo de la Virgen Blanca y aledaños hacia las 15.45 horas, cuando decenas y decenas de agentes uniformados de la Ertzaintza y de la Policía Local han procedido a la 'limpieza'. Desde hace años, se crea un perímetro y hay que pasar controles de seguridad. Son los rigores propios de un escenario de alerta antiyihadista, que implica barreras 'new jersey' y revisión en todos los puntos de acceso al centro neurálgico de la bajada de Celedón.
El vidrio, las bengalas y otros objetos quedan retirados, pero un año más han florecido todo tipo de pancartas políticas, desde apoyos a Palestina y críticas a Israel o a la empresa CAF hasta mensajes de apoyo a los presos de ETA, contra proyectos de renovables o de la peña Iraultza 1921 del Deportivo Alavés. La izquierda abertzale tradicional y el entorno de GKS parecían pugnar por exhibir las más grandes reivindicaciones.
Al gran dispositivo policial se unen hospitales de campaña, este año gestionados por la empresa Le Basque, la misma que gestionaba la seguridad de la discoteca Mítika de Dendaraba cuando se produjo el crimen de Kerman Villate. Otro estreno: Acciona. En su caso, al frente de la limpieza. Un pequeño ejército de la contrata de limpieza recién estrenada de la ciudad se ha movilizado en pocos minutos para adecentar el salón de estar de Vitoria después del chupinazo. El acto, con los años, va adquiriendo tintes de macrofestival, con música de moda en los altavoces combinada con los soniquetes tradicionales, como el 'Celedón ha hecho una casa nueva', muy necesaria en plena crisis inmobiliaria.
El martes ha sido caluroso, con temperaturas de unos 30 grados, y ha causado sofocos en la plaza. Los más jóvenes pedían a los vecinos que les arrojaran agua desde las ventanas, aunque no haya sido la jornada más tórrida de un verano con calor extremo en Vitoria. De hecho, incluso hay prevista alguna jornada de lluvia de aquí a la madrugada del domingo al lunes, que es cuando Celedón tiene previsto realizar el vuelo de vuelta a San Miguel.