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'Las ciegas hormigas' de Pinilla da el salto a la gran pantalla en el Zinemaldia con Itziar Ituño y Urko Olazabal

Una gran tormenta azotó la costa vizcaína durante una noche de 1930. En medio del temporal, un buque inglés terminó frente a un acantilado de Algorta, en Getxo, y el carbón que transportaba se convirtió en una oportunidad para una población marcada por la pobreza. La familia Jauregui y otros vecinos se aventuraron a recoger el combustible para mantener calientes sus hogares, pero la lluvia y una tragedia acabarían recordándoles que no eran más que unas hormigas, unas ciegas hormigas.

La historia de Las ciegas hormigas no nació originalmente en un guion, sino en las páginas de la novela homónima escrita por Ramiro Pinilla. Se trata de una ficción ambientada en el municipio vizcaíno de Getxo en 1930, en el contexto real de la Gran Depresión de 1929 y la extrema pobreza que vivieron las familias trabajadoras. La obra literaria, galardonada con el Premio Nadal en 1960 y nunca antes adaptada al cine, narra cómo el encallamiento de un barco inglés cargado de carbón desata una desesperada lucha entre los vecinos por recuperar el combustible antes de que la tormenta destruya la costa.

El largometraje inicia su andadura en el Zinemaldia, el festival de cine de Donostia, donde compite dentro de Zinemira, la sección dedicada al cine vasco. La acogida del público ha sido inmediata, con las entradas agotadas para sus tres proyecciones programadas: el pase de estreno del viernes 18 en el Príncipe y las dos sesiones posteriores previstas para el sábado 19 en el Trueba y en el Antiguo Berri.

El director y guionista del filme, Igor Legarreta, ha contado a este periódico que descubrió el libro hace unos seis años y que, desde la primera lectura, comenzó a imaginar su salto a la gran pantalla. Al cineasta le sorprendió que una obra que consideraba tan potente no hubiera tenido mayor difusión, por lo que asumió el reto de darla a conocer al público audiovisual. Una semana antes de su presentación oficial, el equipo realizó un pase privado al que asistió la propia familia de Ramiro Pinilla, según han contado a elDiario.es/Euskadi los actores protagonistas, Urko Olazabal e Itziar Ituño.

A la hora de abordar la adaptación, Legarreta subraya la necesidad de encontrar un equilibrio entre el lenguaje literario y el cinematográfico. “Para mí se trata de ir encontrando la identidad de la película sin llegar a traicionar el espíritu de la novela”, ha explicado el realizador sobre un proceso que exige tomar decisiones y renuncias. Por otra parte, ninguno de los dos protagonistas conocía la obra antes de recibir el proyecto, pero eso les permitió llevar cada uno su enfoque: Ituño prefirió trabajar únicamente con el guion para no condicionarse, mientras que Olazabal sí leyó la novela de Pinilla para indagar en el trasfondo de su personaje.

La trama sitúa en el centro a la familia Jauregui, cuyos roles de género reflejan con dureza la época. Ituño ha desmontado el mito del matriarcado vasco al señalar que, históricamente, “fuera del caserío ha gobernado el hombre y dentro la mujer se ha cargado mucha responsabilidad”. Su personaje, Josefa, intuye que adentrarse en el mar durante el temporal es una locura, pero, aunque manifiesta abiertamente lo que piensa, asume que dentro de esa estructura familiar no tiene poder de decisión frente a la determinación del padre.

Por su parte, Olazabal aborda el papel de Sabas a través de la contradicción interna entre el deber familiar y el duelo reprimido. Su personaje muestra una “voluntad de hierro” para conseguir el carbón necesario para la supervivencia de los suyos, pero la tragedia que acontece durante la tormenta lo arrastra a un abismo emocional que intenta ocultar. Para Sabas, recuperar ese oro negro es la única vía para justificar la dolorosa pérdida de su hijo, mientras contiene su sufrimiento bajo la rabia.

Pese al choque de posturas y a la imposibilidad de exteriorizar la fragilidad emocional del hombre en aquel entorno rural de los años treinta, entre ambos cónyuges subyace una profunda complicidad, reconocida por ambos protagonistas. Tanto Ituño como Olazabal afirman comprender la conducta del personaje opuesto. De este modo, Josefa percibe perfectamente que la obstinación de Sabas por el carbón no es, sino una huida hacia adelante para sostenerse en pie y no derrumbarse ante la culpa.