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La odisea de Baco: Álava expone medio siglo después una escultura romana de la que se apropió un ex alto cargo del PNV

El Museo de Arqueología de Álava, que desde este viernes expone a su entrada una cabeza de Baco que se encontró en el yacimiento arqueológico de Arkaia en 1976, ha cerrado una odisea. Cincuenta años después de su descubrimiento, habiendo estado durante más de cuatro décadas en manos del ex alto cargo del PNV Jon Buesa sin que se tuviese constancia de ello y luego cuatro años más precintado a la espera de resoluciones judiciales, ahora ya lo pueden apreciar todos los que se acerquen a la sala sita en la calle de la Cuchillería de Vitoria. La exposición, titulada 'La odisea de Baco', se podrá visitar hasta el 30 de septiembre.

La pieza, de pequeñas dimensiones y protegida tras un cristal, se ha rodeado de una serie de paneles explicativos que recogen desde apuntes técnicos hasta nociones sobre legislación. Se apunta que, pese a no tener los atributos del dios Baco —nombre con el que los romanos conocían al que para los griegos se presentaba como Dioniso, deidad de la fertilidad y el vino—, se sabe que lo representa a él por una línea de investigación que se conoce como 'crítica de copias' y que indaga en qué motivos mantenían las copias que se iban tallando. En este caso, son dos los que delatan la atribución de la cabeza: “algunos rasgos iconográficos del rostro (cabello y barba), que son muy similares a los del modelo original griego del siglo V a. C.” y el hecho de que “este tipo de pequeñas esculturas” se fabricasen “en randes cantidades”.

De Arkaia a las manos de Buesa

El yacimiento arqueológico ubicado en la actual Arkaia, uno de los concejos que integran el municipio de Vitoria, se excavó por primera vez en 1976 y desde entonces no ha dejado de brindar sorpresas en forma de restos romanos y prerromanos. Si en un primer momento aparecieron el yacimiento y también las termas mejor conservadas de la zona, unas obras de 2015 propiciaron unas excavaciones que hicieron reflotar también construcciones de los siglos I y II, decoraciones hechas a base de mármol y restos caristios de los siglos I y II antes de Cristo.

Una de esas sorpresas fue el busto del dios Baco. El Museo de Arqueología de Álava expuso a este Baco durante muchos años, aunque con una copia tallada en yeso, que se decidió retirar en el año 2009 en una reorganización de la colección. Pero el original no aparecía.

En 2022, el periódico 'El Correo' reveló que el busto original habría estado durante décadas en manos de Jon Buesa Blanco, exportavoz del PNV en las Juntas Generales de Álava, el Parlamento foral de la provincia. Hermano del dirigente socialista asesinado por ETA Fernando Buesa, ha sido un conocido empresario en Vitoria dedicado a la ingeniería civil. Durante años, ha tenido un despacho en la calle de Manuel Iradier, donde llegaron a estar domiciliadas tres empresas. En el sumario del 'caso De Miguel', el mayor de corrupción en Álava, se descubrió que el parque tecnológico de Miñano había simulado un concurso en el que competían entre sí las tres y tras el cual, lógicamente, una de ellas se llevó la adjudicación. Una de esas tres firmas era de su socio Sergio Fernández Oleaga y se llamaba Stoa. Es una de los sociedades clave de la trama, ya que se demostró que Fernández Oleaga abonaba comisiones para recibir contratos.

¿Cómo fue el Baco a parar a sus manos? Se la habría entregado en mano el operario que la distinguió entre los demás restos aflorados en Arkaia en 1976. Por entonces, Buesa fungía como ingeniero de obras públicas de la Diputación de Álava. En una nota de prensa difundida este viernes con motivo de la presentación de la exposición, la Diputación se reafirma en esa idea: “un trabajador localizó el fragmento escultórico y lo entregó al ingeniero responsable. Desde entonces, la pieza nunca llegó a depositarse en manos públicas”. En un primer momento, preguntado por 'El Correo', Buesa se escudó en que la suya era “una réplica idéntica”, como la de yeso que se exponía en el museo, y no la original.

A raíz de estas informaciones de 2022, la Diputación de Álava expresó en un primer momento un 'no' a tomar cartas en el asunto. Poco después, sin embargo, el propio diputado general, Ramiro González (del PNV), salió a defender que el busto debía ser una pieza “pública” que estuviese “en manos de la Diputación”. “Es deplorable cualquier apropiación de un bien patrimonio de todos los alaveses”, se quejó entonces, para prometer, a renglón seguido, que la Diputación haría “todo” lo que estuviese en su mano y “dentro de la ley” para recuperarla. Por aquel entonces también, la Plataforma Estatal de Profesionales de la Arqueología habló de patrimonio “robado y perdido” y llegó a interpelar al entonces ministro de Cultura y Deportes, el socialista Miquel Iceta. “No sabemos muy bien cómo esta pieza terminó en manos privadas, y en la actualidad las administraciones se desentienden del caso y no investigan el paradero de esta pieza que resulta importante por su escasez en tierras vascas”, aseveró la plataforma.

La Diputación, según ha recordado esta semana, interpuso una denuncia ante la Ertzaintza en 2022. En 2024 la pieza ya estaba en dependencias del Museo de Arqueología de Álava, a la espera de una resolución judicial. Ha sido en 2026 cuando el juzgado ha autorizado a la Diputación a desprecintar la pieza. Antes de exponerla, el Servicio de Restauración ha acometido una intervención. En los paneles que la acompañan en el museo se detalla, paso a paso, el proceso que se ha seguido: primera observación con lupa binocular, toma de datos básicos, fotografías de alta calidad, macrofotografías de los detalles, toma de micromuestras para analizar qué materiales se han añadido al original, pruebas de solubilidad y retirada del recubrimiento de cera y arcilla.