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Primera piedra con saludos fascistas, la fuga de 'Sarri' y ahora derribada: Donostia dice adiós a la cárcel de Martutene

Iker Rioja Andueza

Vitoria —
10 de mayo de 2026 21:46 h

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En las próximas semanas, cerrará sus puertas para siempre la histórica cárcel donostiarra de Martutene. Está ya listo el nuevo centro penitenciario de Zubieta después de unas obras que han acumulado retrasos de años y que hasta tangencialmente se han visto envueltas en las investigaciones de corrupción contra el entorno de Santos Cerdán, exdirigente del PSOE, por haber sido adjudicadas a una UTE liderada por Acciona. El viejo edificio, cuya primera piedra fue colocada en 1944 y abrió en 1948, será derribado para buscar nuevas zonas de construcción que alivien el problema de la vivienda en la ciudad con los precios más altos de España, al igual que sucederá con los cuarteles del Ejército en Loiola. Se habla de 400 casas.

Según datos oficiales, al cierre de abril, la población penitenciaria en Martutene era de 347 personas, 322 varones y 25 mujeres. Es algo menos del 19% del total de internos en las cárceles vascas a 30 de abril, 1.838. Un centenar de esos presos están en semilibertad, en tercer grado. Del total de reos, 48 eran de ETA.

Desde 2021, las cárceles vascas son gestionadas por el Gobierno autonómico. El acuerdo de transferencia con el Estado incluyó la doble cesión en Álava de Zaballa y del viejo presidio de Nanclares de la Oca, todavía sin uso definido, de la cárcel de Basauri en Bizkaia, que es de 1964, y del centro de Martutene en Gipuzkoa. Eso sí, ya se avisó de que cuando concluyeran las obras de Zubieta, entonces ya en proyectadas, habría cambios. La nueva cárcel de Donostia la ha construido y pagado el Estado (con un coste superior a los 40 millones de euros) y ahora la ha traspasado al Gobierno vasco. El acuerdo de 2021 preveía la 'devolución' de Martutene, que a su vez será cedida a la ciudad para sus planes urbanísticos. Será la primera vez que el Estado intervenga en proyectos de vivienda protegida en Euskadi desde 1981.

El plan ya se está ejecutando. Desde hace unos días Zubieta ya es propiedad del Gobierno vasco, en concreto desde que apareció en el Boletín Oficial del Estado un real decreto ajustando los términos de la transferencia de Prisiones de 2021. Y la fecha aproximada para el cierre de Martutene es dentro de un mes, hacia el 15 de junio. El traslado implicará varios días para la acomodación de todos los internos y del personal, siempre con estrictas medidas de seguridad. En 2011, cuando abrió Zaballa, fueron muy difundidas las imágenes de largas filas de vehículos de la Ertzaintza haciendo esa mudanza desde Nanclares de la Oca. Adicionalmente, la operación de derribo tendrá un presupuesto de unos cuatro millones de euros.

Martutene fue abierta en 1948 y está llena de historia. Sustituyó a la prisión provincial anterior, la de Ondarreta, de 1890, también derribada y que fue muy protagonista en los oscuros años de la Guerra Civil y de inicio de la dictadura. El Ayuntamiento, que hace unos años encargó una publicación sobre el penal, explica que “desde 1931”, es decir, en tiempos republicanos, “se agolparon sobre todo presos políticos”. La ciudad fue conquistada por los sublevados contra el régimen constitucional poco después del golpe de Estado y, “a partir de 1936, los franquistas encarcelaron a miles de personas”. “Muchos de ellos fueron torturados y al menos 600 fusilados”, expone el Ayuntamiento.

El primer franquismo, todavía con la II Guerra Mundial en marcha, diseñó para Donostia una nueva cárcel. Fue un proyecto de gran alcance, a la luz del eco que tuvo fuera de Gipuzkoa la colocación de la primera piedra en 1944. El ministro de Justicia de la época, Eduardo Aunós, encabezó los fastos, que incluyeron desfiles, saludos fascistas y bendiciones católicas del obispo del momento, Carmelo Ballester, titular de la diócesis de Vitoria que entonces abarcaba también a Gipuzkoa y que mantiene una calle en la capital vasca. El alcalde franquista, Rafael Lataillade, dijo que las nuevas instalaciones eran una “vieja aspiración” de la ciudad y lo consideró una “reforma urbana de extraordinaria importancia”.

“El señor Aunós felicitó al alcalde por la labor realizada y dedicó un fervoroso elogio a la ciudad de San Sebastián, tanto por sus bellezas como por su sentido de la hospitalidad y de la hidalguía. Hizo una apología de la formidable labor llevada a cabo por el Caudillo, que se preocupaba constantemente por el bienestar de los españoles”, explicaba la crónica de un periódico de Palencia sobre la primera piedra. El ministro fue agasajado con una placa de homenaje regalada por el Ayuntamiento y con la medalla de oro de Gipuzkoa, entregada por la Diputación. “El palacio de la Diputación se encontraba artísticamente engalanado. En la escalinata [estaban] los alabarderos y clarineros de la Diputación”, se exponía sobre el segundo homenaje.

El ministro, natural de Lleida, falangista y admirador de Benito Mussolini, remarcó que Gipuzkoa era la puerta de entrada a la nueva España para los extranjeros y el último recuerdo para los que marchaban del país. Y añadió una curiosa mención al euskera, no oficial y perseguido en aquel momento. “Ningún español puede sentirse extraño en esta provincia, llena de esencias españolas y donde la milenaria lengua nativa supo convivir sin suerte de menosprecio bajo los alcázares imperiales de una España que dio a los hijos de esta tierra rango universal y un lenguaje inigualado, que les permite desarrollar sus actividades creadoras en los ámbitos del mundo”, sentenció, siempre según el diario de Palencia. Según Aunós, Martutene iba a proporcionar a los presos “condiciones inmejorables” tanto de “ambiente” como por la modernidad de los nuevos equipamientos.

Las obras duraron cuatro años, menos que las de Zubieta, de la que ya se hablaba en 2005. Fue en mayo de 1948, hace ahora 78 años, cuando se trasladaron los presos de Ondarreta al nuevo recinto. “Está desalojándose la cárcel de Ondarreta. Los presos se han mudado. Alguien tiene la suerte de poder mudarse de casa ¡y sin pagar renta ni renegar porque no funciona el ascensor! Si toda mudanza constituye una novedad, esta será como una fiesta extraordinaria para los reclusos”, escribía 'El Diario Vasco' en aquel momento. A mediados de mayo, se confirmó la “entrega” del Estado de Ondarreta a la ciudad una vez ya activada la entonces conocida como “Prisión Provincial de Loyola”. De 1951 a 1982 existió allí un monumento en memoria de los “caídos”, es decir, de las víctimas del bando sublevado en la Guerra Civil.

El “dolor” en Martutene

En marzo, 24 entidades memorialistas de Gipuzkoa pidieron al Gobierno vasco y al Ayuntamiento que Martutene que sea designada como “lugar de memoria”. Según recogió Europa Press, recalcaron que Martutene es “exponente notorio de la represión franquista” y citan los recurrentes estados de excepción o el año 1968. Su propuesta pasa por que “se conserve algún elemento representativo”, sea la entrada o una garita, “para que en un futuro cercano, desde el máximo respeto al dolor generado y a la verdad histórica” pueda ser recordado lo que allí sucedió cuando se haya completado el desarrollo urbanístico proyectado.

Sin embargo, el episodio más conocido en la historia de Martutene data de 1985, ya en democracia. El 7 de julio de ese año, el cantante Imanol ofreció un concierto. Al terminar, escondidos en los bafles, se fugaron los presos de ETA Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionaindia. La historia ha pervivido en la memoria colectiva merced a la canción 'Sarri, Sarri', de Kortatu. En 2024, Fermín Muguruza cantó para los presos allí mismo e interpretó 'Sarri, Sarri'. Eso motivó que el Gobierno vasco ordenara que las actividades en los centros penitenciarios incluyeran “repertorios acordes a los derechos humanos”.

La consejera vasca de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José, ha afirmado en las últimas semanas que la apertura de Zubieta (técnicamente llamado por el Estado “Centro Penitenciario Norte III”) será “un hito clave para la consolidación y avance en la implementación del modelo penitenciario vasco”. La prisión ocupa 28 hectáreas de terreno en Eskusaitzeta y son 36.000 los metros cuadrados construidos. Tiene seis módulos y 234 celdas. En 2024 se dijo que iba a tener una capacidad máxima “para 500 personas reclusas”, pero ahora se rebaja a 475, 360 para hombres, 40 para mujeres y 75 para cumplimiento de penas en régimen abierto y otras modalidades. Sea como fuere, la apertura será clave para aliviar el “tensionamiento” que han sufrido los penales vascos desde 2021. Una parte relevante de los internos de Zaballa pasarán ahora a Zubieta.