El legado de Guillermo
Ya hace un año que nos dejó nuestro querido Guillermo. No resulta fácil escribir sobre el aniversario de la partida de una persona a la que has querido, apreciado y admirado tanto. Con lágrimas en los ojos por haberlo perdido y, al mismo tiempo, con una inmensa alegría y gratitud a la vida por haberme permitido coincidir con él en el camino, escribo estas líneas para mantener viva su memoria y, sobre todo, su ejemplo.
Porque, efectivamente, las personas pasamos. Llega nuestra hora y partimos. Pero permanecen nuestras obras, nuestras palabras y, sobre todo, el ejemplo que dejamos en quienes compartieron con nosotros una parte del camino. En el caso que nos ocupa, el de Guillermo Fernández Vara, su ejemplo y su memoria constituyen un legado de incalculable valor que supera los límites y las fronteras del PSOE y de las responsabilidades institucionales que desempeñó para convertirse en un patrimonio que, por su dimensión humana y política, debe pertenecer a todos.
En los tiempos que corren, marcados por la polarización, la crispación y las convulsiones derivadas de la inestabilidad internacional, resulta más necesario y oportuno que nunca reivindicar la figura y el legado político, institucional y social de personas como Guillermo.
Desde el humanismo, la moderación y la templanza, concebía la política como un ejercicio permanente de diálogo, encuentro y búsqueda de acuerdos. Le gustaba definirla como “ese espacio público que compartimos y en el que es inevitable salir al encuentro”. Esa frase resume buena parte de su manera de entender la vida pública: Guillermo fue un hombre de puentes, nunca de muros; de diálogo, nunca de trincheras. Y lo fue desde una profunda convicción de que la lucha y el trabajo por la igualdad merecían todo el esfuerzo y toda la dedicación posibles.
Su prioridad fueron siempre los grandes pilares del Estado del bienestar: la Sanidad, la Educación y la Dependencia. A ellos sumó convicciones firmes que formaron parte de su manera de entender la política: la Cooperación al Desarrollo, la búsqueda de proyectos económicos capaces de ofrecer un futuro a nuestra tierra y, por encima de todo, la defensa de una sociedad en la que la cuna no determinase el destino de ninguna persona.
De todo ello existe una amplia documentación gráfica, escrita y audiovisual. Sus discursos, intervenciones, entrevistas, artículos, fotografías y testimonios constituyen un archivo de enorme valor que permitiría conservar y estudiar no solo su trayectoria, sino también una determinada forma de entender la política y el servicio público.
Por eso creo que ha llegado el momento de plantearse la creación de una fundación que recoja, preserve y ponga a disposición de la sociedad todo ese legado. Pero no una fundación concebida únicamente como un espacio para conservar la memoria de Guillermo, sino como un foro abierto de debate, reflexión y encuentro en torno a los principios y valores que él representó y defendió durante tantos años.
Y hay algo que considero especialmente importante: Guillermo y su legado no deben ser patrimonializados por nada ni por nadie. Mucho menos utilizados para ningún interés particular o personal. Su legado debe ser compartido, abierto y puesto al servicio de todos.
Porque si algo caracterizó a Guillermo fue precisamente su voluntad de construir desde lo común. Por eso, cualquier iniciativa que pretenda mantener viva su memoria debería hacerlo desde esa misma perspectiva: con generosidad, pluralidad y vocación de servicio público. Un espacio en el que cualquier persona, independientemente de su ideología, procedencia o condición, pueda acercarse a su pensamiento, encontrar aquello que considere útil y participar en el debate sobre los grandes desafíos de nuestra sociedad.
Quizá ese sea el mejor homenaje que podamos hacerle un año después de su partida: no convertir su memoria en una estatua, sino en una herramienta; no encerrarla en el recuerdo, sino abrirla al futuro.
Que su legado siga sirviendo para tender puentes, para defender la igualdad, para dialogar cuando otros prefieran enfrentarse y para recordar que la política, cuando se entiende como servicio a los demás, puede ser una de las formas más nobles de transformar la sociedad.
Guillermo ya no está entre nosotros. Pero sus palabras, sus convicciones, su forma de entender la política y, sobre todo, su ejemplo permanecen.
Y quizá nuestra responsabilidad sea conseguir que sigan caminando.
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