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La Serra de Tramuntana, 15 años como Patrimonio Mundial: “El sello de la UNESCO ha llamado al turismo de masas”

Neus Bonacasa

Mallorca —
16 de agosto de 2026 21:31 h

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Entre antiguos caminos empedrados, olivares centenarios y pueblos que descansan en la montaña, la Serra de Tramuntana lleva siglos caracterizando la historia de Mallorca. Grandes genios y artistas, desde Frédéric Chopin y George Sand hasta Robert Graves, han encontrado refugio en esta cadena montañosa, que este verano está de aniversario: la UNESCO la declaró Patrimonio Mundial en la categoría de Paisaje Cultural en 2011 en París. Sin embargo, el reconocimiento internacional que debía contribuir a preservar sus valores también ha convertido la cordillera mallorquina en un potente reclamo turístico.

Quince años después, el aumento de visitantes convive con carreteras colapsadas, rutas masificadas, residuos, una fuerte presión turística sobre las rutas más populares, los recursos naturales y los municipios que conforman la zona y una creciente dificultad de los residentes para acceder a una vivienda. A ello se suma la transformación de grandes propiedades en espacios de lujo y el retroceso de la actividad agraria que durante siglos ha moldeado el paisaje.

Que un territorio sea declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO supone el reconocimiento de su Valor Universal Excepcional, es decir, de su importancia cultural o natural para toda la humanidad. El objetivo de este programa es identificar, proteger, conservar y transmitir ese patrimonio a las generaciones futuras.

Como explica el manual de Gestión del Patrimonio Mundial publicado por la UNESCO en 2026, esta declaración implica que el bien cuente con un sistema de gestión y protección eficaz que garantice la conservación de todos sus valores patrimoniales, incluido su Valor Universal Excepcional, para las generaciones presentes y futuras. Dicho sistema debe combinar estructuras institucionales, instrumentos jurídicos y procesos de gestión, además de una planificación, seguimiento y evaluación continuos. Por otra parte, la gestión debe incorporar la evaluación de las actuaciones que puedan afectar al bien y coordinarse con otros ámbitos, como la ordenación del territorio, la agricultura, la energía, el transporte o el turismo, para asegurar su conservación.

Quince años después, el aumento de visitantes convive con carreteras colapsadas, rutas masificadas, residuos, una fuerte presión turística sobre las rutas más populares, los recursos naturales y los municipios que conforman la zona y una creciente dificultad de los residentes para acceder a una vivienda

“El sello de la UNESCO ha hecho un efecto llamada al turismo de masas y esto nos ha llevado a un colapso de carreteras y a graves problemas de suciedad en espacios naturales”, declara a elDiario.es Cristina López, primera teniente de alcalde de Deià, uno de los veinte pueblos que conforman la Serra, ubicada al noroeste de la isla. La sierra, que se extiende a lo largo de 90 kilómetros, alberga el pico más alto de las Balears, el Puig Major, que mide 1.445 metros de altitud.

Los colapsos en las carreteras, la masificación en los pueblos y el número creciente de senderistas y de ciclistas representan día a día de los mallorquines, una realidad que va cada vez en aumento. “Lo noto sobre todo en pueblos pequeños, casi ni se puede caminar tranquilamente por las calles”, indica Joan Calafell, un excursionista recurrente. “La creciente afluencia de turismo es un problema y es muy visible y palpable sobre todo por los propios vecinos. Está afectando a la calidad de vida de los propios habitantes”, comenta Toni Muñoz, responsable del área de conservación de la entidad ecologista GOB.

La creciente afluencia de turismo es un problema y es muy visible y palpable sobre todo por los propios vecinos. Está afectando a la calidad de vida de los propios habitantes

Durante los meses de marzo, abril y mayo, los albergues registraron un total de 17.443 usuarios, lo que representa un incremento del 8% respecto al año anterior, según datos del Consell de Mallorca. Tras el auge pospandemia, el número de pernoctaciones en refugios superó los 40.000 visitantes anuales, marcando un aumento del 19% a nivel general. “Se deben controlar los flujos de gente para que la experiencia no acabe siendo negativa”, declara Lluís Rullán, hotelero y representante de la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM) en la mesa permanente del Consorcio de la Serra de Tramuntana.

Los datos concretos de ocupación -según el Consell Insular- de cada alojamiento entre los meses de marzo y mayo son: Galatzó (2.821 estancias), Tossals Verds (3.085), So n'Amer (3.753), Muleta (2.694), Can Boi (2.626), Pont Romà (2.304) y Coma d'en Vidal (150). Los siete refugios de la institución insular están ubicados en fincas públicas y ofertan un total de 264 plazas.

Aunque los refugios representan un gran atractivo, el principal reclamo es La Ruta de Pedra en Sec, homologada como de gran recorrido (GR221). Esta discurre a lo largo de la Serra, enlazando los antiguos caminos que unían las poblaciones con las zonas agrícolas. “Las rutas más típicas, sobre todo en primavera, son las que tienen más tramos en mal estado, cada vez hay más residuos que dejan los visitantes”, denuncia Calafell.

Las rutas más típicas, sobre todo en primavera, son las que tienen más tramos en mal estado, cada vez hay más residuos que dejan los visitantes

Este elevado número de viajeros supone un riesgo para el mantenimiento en condiciones de la zona. “La mayoría de turistas no se preocupan por si contaminan o no, vienen tres días y se van”, afirma Llucia Bujosa, residente de Banyalbufar, un pueblo situado en el suroeste de la isla. La contaminación, los daños a la flora y a la fauna y el mayor riesgo de incendios preocupan a los vecinos. “Lo que realmente nos saca el sueño durante los meses de verano es vivir con el miedo de que un solo descuido, un chispazo o una colilla pueda provocar una catástrofe de grandes dimensiones en nuestro municipio y en la Serra en general”, añade la primera teniente de alcalde de Deià.

Lo que realmente nos saca el sueño durante los meses de verano es vivir con el miedo de que un solo descuido, un chispazo o una colilla pueda provocar una catástrofe de grandes dimensiones en nuestro municipio y en la Sierra en general

“Si no se revierte la tendencia al alza del turismo, la Serra está condenada a ser un decorado, y esto sería terrible porque no seríamos capaces de mantenerlo. La única manera de evitar esto es intentar que sea un paisaje vivo y por eso debemos ir a las actividades que lo han generado”, explica Muñoz. “La solución ideal sería intentar que la Serra sea un patrimonio etnológico vivo y que, por tanto, su propia actividad –básicamente agraria– fuera la que siguiera conservando y manteniendo esta restauración. Esto es muy complicado, puesto que la agricultura de montaña es poco rentable. La población que se dedicaba a esta actividad, ahora se dedica al turismo u a otras cosas ganando mucho más dinero”, agrega.

“Los residentes se ven expulsados”

El turismo también afecta a la crisis de vivienda que están sufriendo las islas actualmente. “Vienen una vez al año, así el pueblo se va quedando desierto y los residentes se ven expulsados”, denuncia Cris López. “Es una pena que la gente de toda la vida no se pueda permitir una vivienda, parecemos un parque temático dedicado a los extranjeros”, lamenta Bujosa.

Los extranjeros protagonizan el 29,86% de las operaciones de compraventa de viviendas en Balears, una cifra que se eleva hasta el 41,79% cuando los inmuebles superan los 500.000 euros de valor. Así se desprende del según el boletín anual del Observatorio de Vivienda y Suelo (OVS) correspondiente a 2025 publicado por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana.

Esta transformación también está modificando el paisaje de la Serra. Macià Blázquez, catedrático de Geografía de la Universitat de les Illes Balears, advierte de que la proliferación de grandes chalets y hoteles con piscinas y helipuertos supone una amenaza para el territorio y aumenta el riesgo de incendios forestales. A su juicio, la Serra “sufre una fuerte tensión entre la masificación y la exclusividad, esta última promovida por los latifundistas que han adquirido e invertido en las grandes propiedades agrarias, las posesiones”.

La Serra sufre una fuerte tensión entre la masificación y la exclusividad, esta última promovida por los latifundistas que han adquirido e invertido en las grandes propiedades agrarias, las posesiones

Ese modelo urbanístico y turístico tiene además consecuencias sobre los recursos naturales. Las viviendas de lujo, los establecimientos turísticos y el incremento de la población estacional elevan la demanda de agua en una zona donde este recurso es limitado, agravando los episodios de escasez. “Hemos pasado de un turismo familiar a uno de lujo; el problema llega cuando se sacrifica el bienestar de los residentes por el de los visitantes”, resume María José Tomás, vecina de Banyalbufar.

Hemos pasado de un turismo familiar a uno de lujo; el problema llega cuando se sacrifica el bienestar de los residentes por el de los visitantes

Las herramientas para conservarla

La conservación de este entorno es una prioridad para la UNESCO. En el manual de Gestión de Patrimonio Mundial, dicen que el sistema de gestión tiene como objetivo garantizar que la conservación del bien del Patrimonio Mundial genere beneficios para las comunidades asociadas y contribuya a su bienestar, así como a objetivos sociales más amplios —como el desarrollo sostenible—, cuando sea posible.

Este 15 aniversario viene con la presentación de la Ley de la Serra de Tramuntana con el objetivo de blindar los 90 kilómetros como paisaje cultural. Esta ley impulsada por el Consell de Mallorca pretende reforzar la protección del territorio, mejorar los mecanismos de gestión y garantizar que la actividad económica vinculada a la sierra sea viable a largo plazo dotando a este espacio de un marco jurídico específico.

Además, el Consell ha declarado que ha destinado 5,4 millones de euros al Consorcio Serra de Tramuntana, el doble que en 2023; ha incrementado un 84 % las subvenciones destinadas a ayuntamientos, propietarios, cooperativas y explotaciones agrarias según declararon en el acto de conmemoración que llevaron a cabo en los Jardines de Alfábia.

De igual manera, la Serra de Tramuntana forma parte de la Alianza de Paisajes, una red que agrupa territorios de todo el mundo comprometidos con la gestión sostenible de sus entornos. A eso se suma su reciente integración en la Red de Asociaciones por la UNESCO, un reconocimiento a la trayectoria de conservación y gestión del espacio que lo sitúa como territorio de referencia a nivel global.

Asimismo, en los propios municipios nacen iniciativas de los mismos residentes para conservar el patrimonio. “Actualmente, en Deià ha surgido una asociación donde hay varias entidades implicadas que hacen trabajo para activar la agricultura, la gestión del agua, la custodia forestal... Estas acciones comunitarias crean conciencia y amor por la tierra y son las que de verdad le dan un sentido a los que vivimos aquí” declara López.

En ese contexto, la Fundació de Turisme Responsable de Mallorca promueve un modelo de turismo sostenible en la isla a través de iniciativas como el Pledge de Turismo Responsable, un compromiso abierto a residentes y visitantes para contribuir al cuidado y la regeneración del territorio.

Igualmente, en 2025 el Govern del PP con el apoyo de Vox, aprobaron la ley de liberalización del suelo que permite legalizar centenares de edificaciones construidas en suelo rústico en la Serra de Tramuntana construidas antes de 1991 y que han superado el plazo legal de ocho años desde su infracción, incluidas aquellas situadas en las áreas de máxima protección.

Por otra parte, Toni Muñoz comenta que el sello de Patrimonio Mundial “no ha implicado ningún tipo de normativa asociada en forma de limitaciones o regulaciones. Solo ha facilitado que la administración destine dinero para que particulares y ayuntamientos restauren patrimonio. Todo lo que está asociado al paraje natural, que es lo que está amparado por la UNESCO”. “Las medidas que se toman para la conservación del territorio recaen siempre sobre los ayuntamientos”, añade Cristina López.

Del mismo modo, Muñoz recalca que la conservación que se ha hecho durante estos últimos años “no es suficiente” y que el patrimonio etnológico que tiene la Serra en forma de pedra en sec, bancales, sistemas de agua... es inmenso. “Lo que se ha hecho durante estos 15 años gracias en estas ayudas, de ninguna manera compensa el ritmo de degradación y de pérdida de patrimonio que se está dando. Existe una clara incapacidad por parte de nuestra administración de regular este incremento muy importante de esta actividad turística”

La importancia de la Serra

Para Mallorca, la Serra de Tramuntana representa una parte esencial de su identidad. Como dice Llucia Bujosa, la Serra “es casa”. La serranía constituye un importante refugio de biodiversidad, con una gran variedad de hábitats y especies, muchas de ellas endémicas de las Illes Balears. Las especies endémicas son aquellas que se encuentran limitadas a un ámbito geográfico y que no se encuentra de forma natural en ninguna otra parte del mundo. En la cordillera se pueden encontrar a 65 de las 97 especies endémicas de las Balears, entre las que destacan El Ferreret, un sapillo que se encuentra actualmente en peligro de extinción.

Sus extensos bosques de encinares y sus escarpados acantilados albergan una gran diversidad de especies de flora y fauna. Entre ellas sobresale el buitre negro, una de las mayores rapaces de Europa, que tiene a la Serra como uno de sus principales refugios. También habitan este espacio numerosas especies endémicas, tanto animales como vegetales, adaptadas a las singulares condiciones de este entorno y que convierten a la Serra de Tramuntana en uno de los principales reservorios de biodiversidad de Mallorca.

Para Blázquez, lo que la hace única es su legado etnológico del uso agrario como los bancales, caminos de herradura, casas señoriales (posesiones) o el olivar centenario. Durante la Edad Media, los árabes introdujeron un sistema de terrazas y canales de riego que permitió cultivar las empinadas laderas que modificaron la forma de producción que sigue en funcionamiento hoy en día. Esos mismos olivares y almendros permiten la producción de productos esenciales para la gastronomía mallorquina.

La zona engloba otras figuras de protección, como los monumentos naturales de Ses Fonts Ufanes y el de los torrentes de Pareis, del Gorg Blau y de Lluc, y también espacios de la red europea Natura 2000, formada por Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) y zonas de especial conservación para las aves (ZEPA). Según el Govern, del total de superficie protegida, casi el 95% es de propiedad privada y el resto pertenece a fincas públicas de gestión estatal, autonómica, insular o municipal.