El turismo abre las puertas a la inversión inmobiliaria y al lujo estadounidense en Balears
LEER ESTE TEXTO EN CATALÁN
El aterrizaje del turismo estadounidense en Balears empezó siendo una promesa y es cada vez más una realidad que se impone. El perfil del turista de esta nacionalidad, muy atractivo para el sector por sus estancias largas y mayor capacidad de gasto, ha hecho que el archipiélago vire hacia una estrategia turística para captar a este visitante. La expresión de esta intención –que coincidía con un mercado cada vez más consolidado– tuvo lugar en el año 2022, con la apertura de una ruta directa entre la capital balear y el aeropuerto de Newark, en Nueva Jersey, para llegar a la ciudad que nunca duerme: Nueva York.
Poco a poco, la nacionalidad ha ido acaparando un lugar cada vez más central en la promoción turística de las islas, en un momento en que la comunidad busca diversificar su tradicional dependencia del mercado europeo y parte de la ciudadanía estadounidense vive, simultáneamente, un desencanto con el panorama político de Donald Trump. Escenario que también ha provocado una regresión del turismo a la inversa: cada vez menos ciudadanos baleares tienen interés en pasar sus vacaciones en territorio estadounidense debido a las dificultades burocráticas que supone.
En datos, el mercado estadounidense ha ganado peso en Balears en volumen pero, sobre todo, en gasto. Según estimaciones del Instituto de Turismo de España (Turespaña) a partir de datos del INE, EEUU cerró 2025 como noveno país emisor, con 333.562 visitantes —un 19,7% más que el año anterior—, superando a mercados como Bélgica y Suecia y acercándose a Polonia. Sin embargo, donde más se nota el avance es en el impacto económico –en 2024 ya hizo el sorpasso al gasto británico–: en total, se alcanzaron los 844 millones de euros, un 21,6% más, lo que sitúa a Estados Unidos como sexto mercado en ingresos turísticos, solo por detrás de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Países Bajos. En términos absolutos, los turistas estadounidenses dejaron 150 millones más que en 2024, cuando los norteamericanos ya se habían convertido en el primer mercado de Balears de fuera de Europa. Por su parte, la comunidad autónoma en el segundo destino español preferido para los ciudadanos de Estados Unidos, solo por detrás de Catalunya (especialmente por el tirón de Barcelona como puerta de entrada y destino urbano).
En 2025, los turistas estadounidenses dejaron 150 millones más que en 2024, cuando los norteamericanos ya se habían convertido en el primer mercado de Balears de fuera de Europa. El archipiélago es el segundo destino español preferido para los ciudadanos de Estados Unidos
La creciente demanda en la ruta Palma-Nueva York –el año pasado incrementó en un 30% sus plazas, en datos de Turespaña– ha hecho que la compañía aérea United Airlines haya decidido reforzar su apuesta por la conexión con aviones de mayor capacidad, más frecuencias -ahora hay entre tres y cuatro vuelos semanales- y un calendario de vuelos que abarca ampliamente la temporada (del 22 de mayo al 24 de octubre) y que se mantendrá este 2026, como adelantó Última Hora.
Un mercado que se extiende a Eivissa
En cuanto a Eivissa –junto a Mallorca experimenta una demanda in crescendo desde Estados Unidos–, la temporada pasada el sector del lujo de la isla sufrió una tendencia de decrecimiento inesperada –en parte provocada por el aumento exagerado de precios y por la realización de reservas a última hora que impidieron una planificación–. Este sector del lujo se salvó por el gasto de turistas extranjeros, principalmente norteamericanos, que sí podían permitirse lo que se pedía por ciertos productos.
Una trabajadora de la empresa de alquiler de yates Ibiza Boat Charters explicó a elDiario.es para este reportaje de 2025 que, a pesar del interés de los turistas en seguir viviendo experiencias, la carestía de los servicios en la pitiusa ya no estaban al alcance del turista medio (entre ellos, se encuentra el español), que había prácticamente desaparecido ya el año pasado en favor de otros con un poder adquisitivo más elevado. Especialmente el estadounidense, con muy buena fama entre los empresarios por sus propinas generosas, su fidelidad –cuatro de cada diez visitantes repiten– y una estancia generalmente superior a los siete días.
El sector del lujo se salvó en Eivissa la temporada pasada gracias, en parte, al turista estadounidense
Eso no elimina, explica el investigador y profesor de turismo de la Universidad de les Illes Balears (UIB), Macià Blàzquez, el mercado europeo, que sigue siendo el principal músculo turístico de las islas: alemanes, italianos, franceses, holandeses, belgas y británicos, entre otros. En el caso de la pitiusa, los estadounidenses no pueden volar directamente, sino que lo hacen hasta Mallorca –a veces antes han volado a Barcelona– y luego cogen un vuelo interislas (de una duración de tan solo media hora) para saltar a Eivissa.
“Menos cantidad, más calidad” turística
El intercambio hizo que el balance económico del sector se mantuviera el verano de 2025 casi en equilibrio: el pequeño porcentaje de turistas con alto poder adquisitivo estaba dispuesto a pagar los precios desorbitados de la isla y compensaba una bajada de demanda. En una estrategia por la que ya lleva apostando unos años el principal motor económico del archipiélago. Este interés se resume en la frase de la presidenta del Govern, Marga Prohens, del Partido Popular (PP), en una entrevista reciente concedida a Forbes Woman: “Debemos crecer en valor y no en volumen para garantizar el bienestar de nuestros ciudadanos”.
La apuesta aparentemente transformadora por un turismo de mayor capacidad económica bajo esta premisa de “menos cantidad, más calidad” plantea interrogantes sobre sus efectos sociales y territoriales, en un contexto y un territorio donde el acceso a la vivienda, el encarecimiento del suelo o la presión sobre los recursos son ya cuestiones centrales.
“Es un simple lavado de cara”, considera José Manilla, antropólogo urbano y profesor de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB). El experto valora, además, que enfocarse tan solo a un cliente de alto poder adquisitivo tiene rasgos “discriminatorios” y contribuye a la desigualdad social. Otro factor para lo que es importante el mercado estadounidense es la desestacionalización. “Es interesante por eso y por su contribución al aumento en el gasto turístico”, subraya José Antonio Rosselló, vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB).
La puerta a la inversión inmobiliaria
Pero el creciente interés en este nicho no puede entenderse solo desde el turismo, sino también desde la inversión y la atracción residencial, asegura Blàzquez. Ambos fenómenos están estrechamente conectados: el turismo actúa, en muchos casos, como puerta de entrada a procesos posteriores de compra de vivienda o inversión inmobiliaria.
A esta conclusión llega tras un estudio realizado en 2013 junto a la investigadora Angela Hof, en el que analizaron la relación entre actividad turística y mercado inmobiliario de las islas, especialmente a partir de la expansión de los alquileres turísticos desde mediados de los 2000.
A ello se suma el papel de la inversión extranjera directa en el sector inmobiliario, con un gran peso de capitales internacionales, incluidos los estadounidenses, en la adquisición de propiedades en Balears. El fenómeno se puede ver sobre el terreno, con las vistosas mansiones de famosos como Michael Douglas, Claudia Schiffer o la del entrenador Lionel Scaloni, en el Toro, en el municipio de Calviá.
Este proceso se enmarca –detalla Blàzquez– en una lógica global: inversores con alta capacidad adquisitiva buscan nuevos espacios donde obtener rentabilidad, ya sea a través del uso turístico, el alquiler o la revalorización de la propiedad.
Otro factor clave: el cultural
Por otro lado, Balears aparece como un enclave especialmente atractivo, tanto por sus condiciones ambientales como sociales. El factor cultural influye mucho en esta atracción: los estadounidenses perciben en territorios mediterráneos como Balears una calidad de vida asociada a mayor seguridad, cohesión social y formas de vida más flexibles, lo que refuerza tanto el interés turístico como el residencial.
“España es un país sólido, no un estado fallido como por ejemplo Costa Rica, que podría ser equiparable a Suiza cerca de los Estados Unidos, sin tener la misma seguridad”, pormenoriza Blàzquez. Respondiendo a esta lógica –el interés por un visitante que, además de su gasto, interesa por su potencial como inversor o residente futuro–, el sector turístico se ha ido interesando, cada vez más, hacia este perfil de visitante.