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El turismo de lujo agrava la crisis de vivienda en Balears

United Airlines reanuda el servicio sin escalas entre Palma y Nueva York.

Ángela Torres Riera

29 de mayo de 2026 22:31 h

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La apuesta institucional y empresarial por atraer a un turismo de mayor poder adquisitivo ha situado a Balears en el radar de nuevos perfiles internacionales, especialmente estadounidenses, interesados no solo en las islas como destino vacacional, sino también como lugar de residencia e inversión. Un fenómeno que conecta el auge del turismo de lujo con la presión inmobiliaria y el encarecimiento del acceso a la vivienda en el archipiélago.

Desde la inauguración en 2022 de la conexión aérea directa entre Palma y Nueva York, el mercado estadounidense ha reforzado su presencia en las islas tanto en gasto turístico como en operaciones inmobiliarias, en un contexto en el que las políticas turísticas buscan atraer visitantes con mayor capacidad adquisitiva.

El interés norteamericano por Balears va más allá del turismo: en muchos casos actúa como puerta de entrada a procesos de inversión o adquisición de vivienda con fines de rentabilidad. “El turismo funciona como un goteo de gente que viene a las islas para ver si puede fijar sus ahorros”, señala Macià Blázquez, investigador de la Universitat de les Illes Balears (UIB), a elDiario.es.

La estrategia institucional que busca un viraje estratégico hacia el turista de alto poder adquisitivo bajo la idea de “menos cantidad, más calidad”, plantea el impacto consecuencias sociales y territoriales en un contexto en el que el acceso a la vivienda, el encarecimiento del suelo y la presión sobre los recursos -sobre todo los hídricos- son, desde hace tiempo, problemas centrales.

Una pareja de turistas en las inmediaciones de la Catedral de Palma.

Objetivo: el turista con perfil premium

El mercado estadounidense ha ganado peso en Balears en los últimos años, en volumen y, sobre todo, en gasto. Según estimaciones del Instituto de Turismo de España (Turespaña) a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), EEUU cerró 2025 como noveno país emisor, con 333.562 visitantes —un 19,7% más que el año anterior—, superando a mercados como Bélgica y Suecia y acercándose a Polonia. 

Pero donde más se nota el avance es en el impacto económico –en 2024 el gasto de los estadounidenses ya hizo el sorpasso al de los británicos–: en total, se alcanzaron los 844 millones de euros, un 21,6% más, lo que sitúa al país como sexto mercado para las islas en ingresos turísticos, solo por detrás de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Países Bajos. 

Los visitantes norteamericanos dejaron el año pasado en la comunidad autónoma 150 millones más que en 2024, cuando ya se habían convertido en el primer mercado del archipiélago fuera de Europa. Balears se convertía así -solo por detrás de Catalunya- en el segundo destino de España preferido de los ciudadanos de la tierra de Donald Trump.

En cuanto a las inversiones, han crecido a la par. El pico máximo de las mismas se produjo en 2023, cuando se rozaron los 40 millones de euros de inversión estadounidense en activos físicos en el archipiélago, según datos oficiales del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa. El otro pico -de los últimos 30 años- se alcanzó en 2016, un año récord para el mercado turístico balear y en el que se experimentó una explosión en el sector inmobiliario de lujo. De hecho, Baleares lideró en 2016 la inversión extranjera en la compra de inmuebles, como publicó Última Hora en ese momento.

Un destino con “atractivo”

En este interés por las islas pesa también el componente cultural: parte del público estadounidense asocia territorios mediterráneos a una mayor calidad de vida. Entre los factores de peso están la percepción de seguridad -en comparación con América en general- y una mayor cohesión social. Así como una manera de ser de la gente [más abierta] que refuerza tanto el atractivo turístico como el residencial, valora Blàzquez.

“En España existe un estado de bienestar y más libertad: es un país sólido, no un estado fallido como por ejemplo Costa Rica, un territorio que [cerca de Estados Unidos] podría ser equiparable a Suiza, sin tener claramente la misma seguridad”, detalla el investigador. “Son cosas que nosotros -los isleños- no valoramos, pero ellos sí”. 

En España existe un estado de bienestar y más libertad: es un país sólido, no un estado fallido como por ejemplo Costa Rica, un territorio que [cerca de Estados Unidos] podría ser equiparable a Suiza, sin tener claramente la misma seguridad

Macià Blazquez Investigador de la UIB

En un estudio que realizó en 2013 junto a la investigadora Angela Hof, ambos concluyeron que existe una vinculación muy estrecha entre la actividad turística y el mercado inmobiliario. Es una de las perspectivas desde las que ahora, en una de las asignaturas que imparte como docente universitario, se aproxima y analiza el turismo. “Si una persona [con capital acumulado] visita las islas griegas, a Bahamas o a Mallorca y encima ve que hay un atractivo inversor, pondrá su dinero”, asegura Blàzquez.

Turistas en el centro de Palma.

El “juego psicológico” 

En octubre de 2024, el escaparate de una agencia inmobiliaria del carrer Bonaire, en el barrio de Sant Jaume de Palma, ofrecía mansiones a precios exageradísimos: entre el millón y medio y los siete millones. Pero el elevado precio por el que se vendía un piso de 200 metros cuadrados en Mallorca no era lo que más llamaba la atención, sino la información, justo al lado, de lo que valdría el condominio de un inmueble de las mismas características en Nueva York: un tipo de propiedad muy común en Estados Unidos donde compras una vivienda individual, pero compartes áreas comunes con otros propietarios. 

Evidentemente los anuncios de la inmobiliaria estaban en inglés, no en español. “La intención era que cada turista norteamericano que pasase por allí vinculase de inmediato una inversión de lujo a 25 años permanente en Mallorca o un condominio -por el mismo precio, pero distinto valor- en EEUU”, argumenta Eduard Vila, abogado y experto inmobiliario.

Hacía apenas dos años desde la inauguración de la ruta directa entre la capital balear y el aeropuerto de Newark, en Nueva Jersey, la alternativa a la terminal [más cara] de JFK para llegar a Nueva York. Desde su inauguración, la conexión no ha hecho más que fortalecerse. 

La temporada pasada, United Airlines, compañía responsable de la conectividad, aumentó un 50% la oferta de asientos para verano y prolongó los trayectos durante un mes más que el año anterior. Además, existe la línea directa Barcelona-Boston: saltar de la capital catalana a las islas es solo cuestión de 40 minutos. También la aerolínea Air France anunció en febrero que este 2026 conectaría Nueva York desde Palma y Eivissa (y otros siete aeropuertos españoles) con tan solo una escala intermedia en el aeródromo París-Charles de Gaulle.

Turistas en el aeropuerto de Palma.

Inversión extranjera en vivienda

Bajo esta lógica -la de atraer a un visitante que, además de su capacidad de gasto, es visto como potencial inversor o futuro residente-, el sector turístico ha orientado cada vez más el modelo turístico hacia este perfil. Por otro lado, en el sector inmobiliario de Balears tienen un gran peso los capitales internacionales, incluidos los estadounidenses.

El proceso se enmarca -detalla Blàzquez- en una lógica global: inversores con alta capacidad adquisitiva buscan nuevos espacios donde obtener rentabilidad, ya sea a través del uso turístico, el alquiler o la revalorización de la propiedad. Es un fenómeno que no se limita a Balears. sino que se repite en todo el territorio español. 

En Madrid, entre los inversores de mayor perfil -los que compran y venden pisos por encima del millón de euros, en barrios como Chamberí, Salamanca o el Retiro-, hay muchos extranjeros, la mayoría provenientes de Venezuela, Argentina y México. 

Pero el Mediterráneo es un destino todavía más atractivo, si cabe, por su buen clima, su cercanía al mar y su estilo de vida distendido y más conectado con la naturaleza. Los estadounidenses de regiones como California, por ejemplo, se sienten más atraídos y más cercanos a este ecosistema y a la población mediterránea que a la de las capitales o el norte de Europa, señala el investigador.

El Mediterráneo es un destino todavía más atractivo, si cabe, por su buen clima, su cercanía al mar y su estilo de vida distendido y más conectado con la naturaleza

En Balears, la guerra de Irán incluso ha aumentado el interés por la inversión, lo que podría derivar en un encarecimiento aún más significativo de la vivienda, indica por su parte Vila. Inversores que tenían en el punto de mira ciudades de Oriente Próximo, como Dubái, para meter su dinero han encontrado en las islas una alternativa factible. “La Unión Europea (UE), en general, tiene ventajas: seguridad jurídica, territorial y una seguridad general que no existe en otros países”.

Un decrecimiento “falso”

El interés de los turistas en fijar sus ahorros en territorio balear es -considera Blàzquez- una especie de land grabbing. Este fenómeno supone la apropiación privada y acumulación del control de grandes extensiones de terrenos, incluidos sus recursos naturales y agua. “En Balears -señala el experto- pasa con los usos turísticos, residenciales y en definitiva, especulativos. Da igual que sea suelo rústico, un espacio natural o que estén al lado del mar”, lamenta. 

En otra de sus investigaciones Blàzquez analizó el incremento de categoría de los establecimientos hoteleros en el archipiélago desde la aprobación del Decreto Ley 1/2009, de 30 de enero, de medidas urgentes para el impulso de la inversión en Balears, tras la crisis económica de 2008. Además de la regularización de plazas turísticas, el decreto incluía un mecanismo específico para subir categoría de establecimientos turísticos a partir de relajar ciertos requisitos turísticos y urbanísticos. 

También se aprobó, en 2022, la Ley 3/2022, de 15 de junio, de medidas urgentes para la sostenibilidad y la circularidad del turismo, para implementar la economía circular. “Todo esto va vinculado a un falso decrecimiento”, observa Blàzquez. 

Este enfoque turístico, hacia un perfil premium, esconde, según el antropólogo urbano José Manilla, rasgos “discriminatorios”. Contribuye, así, en una desigualdad social ya muy presente en las islas. Aunque Balears tiene uno de los PIB más altos del territorio español y una alta tasa de empleo, el 15,2% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social, según datos del INE.

Por lo que, mientras se consolida su atractivo para visitantes con alto potencial inversor, lo hacen también las dudas sobre el impacto social y territorial del modelo turístico. El encarecimiento de la vivienda, la presión sobre el territorio y la pérdida progresiva de espacios accesibles para la población residente -sobre todo en Eivissa y Formentera, con doble y triple insularidad- parecen algunas de las principales consecuencias.

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