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“Ni Grindr, ni discoteca”: el miedo LGTBI en Brasil se multiplica con Bolsonaro

Un brasileño es asesinado a cada 25 horas víctima de homofobia

Paula López Barba

“Prefiero no dar mi nombre para esta entrevista”. Una frase que se repite en Brasil desde que las encuestas auguraron que el capitán Jair Bolsonaro se haría con el mando del país. Muchas personas contrarias al ultraderechista ahora presidente electo quieren expresar su opinión sobre el resultado electoral del domingo, pero no identificarse. En sectores minoritarios como el LGBT este miedo va más allá. “Hace semanas que no duermo bien, estoy aterrorizado por la represión que puede haber partir de ahora contra las minorías”, cuenta C. en Vila Isabel, su barrio de clase media-baja de la zona norte de Río de Janeiro. C. es del nordeste, negro y gay. Nunca le ha sido fácil ser todo eso en Brasil, uno de los países más desiguales y violentos y que registra más asesinatos LGBT del mundo, según un informe del Grupo Gay da Bahia (GGB) que desde hace 38 años reúne y divulga estadísticas sobre el tema.

C. nació en 1984, sólo vivió un año de la dictadura militar brasileña (1964-1985) en la que los derechos LGBT tenían todavía mucho que conquistar. Ahora, el creciente aumento de agresiones a homosexuales -- 445 muertes por LGBTfobia en 2017, récord histórico según GGB -- sumado a la victoria de Bolsonaro en las urnas, modifica sus hábitos de vida. “He dejado de salir a la calle en algunos momentos y de ir a discotecas gays”. Lo cuenta mientras se prepara para ir al ensayo de Vila Isabel, la escuela de samba que tiene a pocos metros de casa y que como todas ya se está preparando para el Carnaval 2019.

En la enorme nave, rodeado de amantes de la samba de varias edades, sexos y razas, se siente protegido y sonríe mientras se le escapan los pies a ritmo de la música. La trepidante batería -- orquesta de instrumentos de percusión -- le aleja por un momento de las amenazas y frases agresivas que ha recibido por las redes sociales las pasadas semanas.  “He quitado toda la propaganda política que tenía en las redes y he salido de las apps de relaciones homosexuales por miedo, porque hay gente que las usa ahora sólo para insultar, amenazar o agredir a gays”.

Recuerda el reciente caso de la muerte de un joven homosexual en el vecino estado de Minas Gerais el pasado 27 de octubre. La víspera de las elecciones, Michel Messias Cunha salió a tomar algo con sus amigos por la pequeña ciudad minera Nova Ponte. Entorno a las 4 de la madrugada un conductor le encontró en calzoncillos pidiendo socorro. Herido y con el rostro ensangrentado, Michel le dijo que ocho hombres le habían dado una paliza mientras gritaban “Bolsonaro va a matar a los gays”. Le llevó a casa, donde se quedó dormido. Por la mañana su madre y su hermana le encontraron sin vida. La policía aún investiga las causas de la muerte, pero su familia afirma que fue una víctima más de la homofobia relacionada con la actual situación política. Recuerdan que Michel solía hacer propaganda de sus ideas y colocaba mensajes anti-bolsonaristas en las redes sociales.

El 10 de octubre, tras el resultado de la primera vuelta de las presidenciales brasileñas, en la que Bolsonaro arrasó con un 46% de los votos, la mayor plataforma mundial de encuentros homosexuales “Grindr” emitió un mensaje oficial de aviso: 

“Después de las recientes elecciones, miembros de la comunidad Grindr plantearon preocupaciones sobre el riesgo con el aumento de la violencia. Tome las medidas necesarias para mantenerse seguro esta semana".

Grindr es una de las apps de encuentros más utilizadas en Brasil. Jack Harrison-Quintana, director ejecutivo de Grindr para la Igualdad responde por email las razones de este aviso: “Tras las recientes elecciones en Brasil, varias organizaciones locales nos informaron sobre la violencia contra miembros de la comunidad queer. Esto llevó a nuestro equipo a compartir recordatorios de seguridad generales para nuestros usuarios brasileños con un enlace a nuestra guía de seguridad en línea, en caso de que necesiten recursos o información adicionales ”.

A pesar de la preocupación real basada en las agresiones a LGBT con aparente tinte político reportadas las últimas semanas, los que apoyaron a Bolsonaro el pasado domingo no perciben que haya una especial represión contra minorías LGBT. “Es una exageración, siempre han pasado esas cosas en Brasil, ahora Bolsonaro no va a perseguir a los gays. Es verdad que ha pronunciado frases homófobas en el pasado, pero es porque se le calienta la boca, ahora les acepta” cuenta una seguidora del exmilitar pocos momentos después de su victoria.

En la privilegiada zona sur de la ciudad, junto al amplio paseo marítimo de Copacabana, Renata, 44 años, está rodeada de amigas de clase alta que como ella ya habían votado al PT en otras elecciones, pero que ahora celebran eufóricas su derrota ante el PSL, un partido diametralmente opuesto. A su lado, su empleada doméstica Graciely luce una camiseta con la cara del vencedor de las elecciones presidenciales de Brasil. Negra, pobre, mujer y sin formación, es la primera vez que vota, a sus treinta años. “Ningún político me había convencido antes, pero estoy segura de que Bolsonaro va a mejorar nuestro país. Y todo eso que dicen de que es racista, machista y homófobo, es prejuicio, mentiras del PT. Me han llegado muchos mensajes por Whatsapp, Instagram y Facebook diciendo que es un buen candidato. Yo creo en la palabra de Bolsonaro y de Dios”, concluye en un incorrecto portugués.

Lejos de aquí, en su deprimido barrio de clase baja, Duque de Caxías, en la periferia de Río de Janeiro, todos sus conocidos apoyan al ultraderechista. Cuando se le pregunta si sabe algo de las llamadas “fake news” -noticias falsas- que corrían por las redes las pasadas semanas, no sabe qué responder y mira de reojo a su jefa mientras levanta los hombros. Lo que sí sabe es que el PT tiene un proyecto al que llaman “kit gay” con el que se va a enseñar detalladamente a niños de seis años cómo son las prácticas homosexuales. Esta es una de las noticias falsas que ha circulado últimamente por Whatsapp, manipulando la información del proyecto “escuela sin homofobia”, con material didáctico para profesores y no alumnos. Renata, que sigue a su lado y sí tiene formación superior reconoce que ha habido muchas noticias falsas. “De ambos lados”, puntualiza. Pero no le nubla la razón por la que ha apoyado a Bolsonaro: la esperanza de que con mano dura acabe con la inseguridad y corrupción en Brasil.

Este apoyo a la ultraderecha en clases altas con formación superior es lo que más preocupa a algunos analistas de izquierdas porque creen que el masivo apoyo de las clases trabajadoras que históricamente votaban al Partido de los Trabajadores se ha producido por resentimiento contra el PT -envuelto en el reciente caso Petrobras, uno de los mayores escándalos de corrupción de América Latina- y por la supuesta manipulación por redes sociales en la campaña de Bolsonaro, que actualmente está siendo investigada. Esto explicaría que sectores que pueden ser perjudicados por las políticas de un gobierno de extrema derecha, le apoyen.

“Precisamente es en las periferias donde las personas y los LGBT corren más riesgo” piensa B, otro gay treintañero que tampoco quiere ser identificado por miedo. De origen humilde, pero con formación superior, ahora trabaja como analista para una compañía de inteligencia de datos y vive en una situación privilegiada en São Paulo. Hace años que utiliza apps de relaciones homosexuales y coloca mucha propaganda política en sus redes sociales. A medida que la victoria de Bolsonaro se acercaba fue saliendo de las apps y bloqueó sus redes sociales. Lo que más le duele es que hasta en su propia familia algunas personas consideran que está paranoico. “No me siento respetado. Es un problema real con casos reales. Conozco a dos personas cercanas a las que después de la primera vuelta les han gritado 'Bolsonaro va a matar a los gays'. El problema es que con un gobierno así las personas homófobas se sienten empoderadas”.

De la boca de Bolsonaro han salido frases que han recorrido el mundo. -En 2011, en una entrevista publicada en la revista Playboy, Bolsonaro afirmó que “sería incapaz” de amar a un hijo homosexual y que preferiría que “muera en un accidente”, pero desde que comenzó su triunfal carrera para hacerse con la presidencia del gigante latinoamericano, este tipo de comentarios se entremezclan con mensajes de tolerancia al colectivo LGBT. Y es que parte del electorado de Bolsonaro es LGBT. 29% de los no heterosexuales declaró apoyo al candidato ultra, según el levantamiento del 25 de octubre de DataFolha, uno de los principales institutos de estadísticas de Brasil. Es la primera vez que se incluye la variable de orientación sexual.

No toda la comunidad LGBT se cree amenazada por el triunfo del ultraderechista presidente electo de Brasil, pero desde las asociaciones de activistas por los derechos LGBT luchan contra el apoyo a Bolsonaro. Dani Balbi es directora de la Uniao Nacional LGBT, mujer negra transexual, profesora y candidata a diputada estatal del partido comunista PCdoB en Río de Janeiro. No ha conseguido los votos necesarios para hacerse con el puesto, pero su lucha por colocar los derechos LGBT entre las prioridades políticas no termina. Por eso está aquí, rodeada de cientos de personas, en el primer encuentro organizado en Río de Janeiro por los contrarios a Bolsonaro, tras asimilar la derrota del PT, dos días después del resultado. “He venido a esta primera manifestación y asamblea en el centro de Río de Janeiro porque, aunque tengamos miedo, no podemos quedarnos en casa y parar de luchar en las calles”. Lo cuenta con decisión y con una eterna sonrisa optimista, a pesar del panorama. 

Pero Bolsonaro y su gobierno no andan preocupados con estas cuestiones de derechos LGBT. El futuro presidente de Brasil nunca ha apoyado la causa, al contrario. Ya lo dejaba claro en 2013 en una entrevista para el documental “Out There” emitido por la cadena británica BBC sobre el avance de la homofobia en el mundo cuando afirmaba que “no hay homofobia en Brasil, el 90% de los homosexuales que mueren, muere en lugares de consumo de drogas, en locales de prostitución, o ejecutados por su propia pareja”. En 2018, en Brasil, novena economía mundial -FMI- y uno de los países que registra más casos de asesinatos homófobos del mundo, la lucha contra la homofobia no es prioridad.

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