La OTAN vuelve a los orígenes y considera a Rusia su “principal amenaza”

Tras el final de la Guerra Fría, la OTAN pasó por un importante proceso de reconversión ante el desmoronamiento de la Unión Soviética y más de 30 años después, Madrid será el escenario en el que se consume una suerte de vuelta a los orígenes de la alianza atlántica: Rusia como principal amenaza, la defensa del territorio como objetivo, incremento exponencial de despliegues en el flanco oriental, disuasión y otros conceptos que gobernaron la segunda mitad del siglo pasado en plena Guerra Fría.

Sánchez y Biden se comprometen a colaborar en una gestión de la migración que "garantice un trato justo y humano" días después de la tragedia de Melilla

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“El 24 de febrero de 2022 [inicio de la invasión rusa de Ucrania] caducó definitivamente el paradigma estratégico vigente y se acabó la posguerra fría que había inaugurado la caída del Muro de Berlín el 2 de octubre de 1989. Treinta y dos años, tres meses y cinco días en que creímos que el mundo había cambiado para siempre”, escribe Miguel Fernández-Palacios, embajador de España ante la OTAN, en el último documento publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). “Lo que no consiguió ni el 11-S, ni la denominada guerra contra el terror, ni la invasión de Georgia y ni siquiera la invasión de Crimea lo ha conseguido la guerra en Ucrania. A la tercera fue la vencida: Abjasia y Osetia primero; Crimea y el Donbás, después; y ahora Ucrania o casi toda ella. ¿Y qué es lo que nos espera? Pues no lo sabemos, pero probablemente se parecerá mucho a una combinación de guerra clásica y guerra fría”.

Esa vuelta a los orígenes saldrá del octavo concepto estratégico en la historia de la alianza y el primero en 12 años. El anterior establecía como objetivo crear una “verdadera asociación estratégica entre la OTAN y Rusia” y señalaba que la cooperación entre ambos “es de importancia estratégica porque contribuye a crear un espacio común de paz, estabilidad y seguridad”. Justo lo contrario del plan actual. “Nuestro nuevo concepto estratégico nos guiará en una nueva era: espero que quede claro que los aliados consideran a Rusia como la amenaza más importante y directa para nuestra seguridad”, ha señalado esta semana el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. “Rusia es una amenaza directa a nuestra seguridad y eso estará reflejado en el concepto estratégico”, ha afirmado el secretario general este miércoles a su llegada a la cumbre.

“Con todo lo ocurrido en 2014 se hubiera hecho antes, pero estaba la Administración Trump en EEUU y todo el mundo ha contenido la tentación. Cuando se cambió la administración, se dijo rápidamente que había que actualizar el concepto estratégico”, explica Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano. “Antes, como no había una amenaza militar directa, la OTAN había hecho conceptos estratégicos para dedicarse a la gestión de crisis, el terrorismo, etc. Pero en 2014 se hizo un primer avance para actualizar la estrategia para una confrontación más clara con Rusia”, añade.

“A falta de enemigos en Europa y fuera, la organización desmovilizó la defensa territorial y redujo su perfil y capacidades en este ámbito. La vuelta a los orígenes es la vuelta a la defensa territorial, que supone también un cambio estructural”, explica Arteaga. “La mayor parte de los ejércitos iban liquidando capacidades de defensa que no necesitaban, pero ahora el debate es si hay que reforzar la presencia en el este y volver a tener cantidad y calidad de armas desplegadas. Se acabó la fiesta en presupuestos de defensa”.

En palabras de Stoltenberg: “Mejoraremos nuestros batallones en la parte oriental de la Alianza, transformaremos la Fuerza de Respuesta de la OTAN y aumentaremos el número de nuestras fuerzas de reacción rápida a más de 300.000”. Ese aumento consiste en multiplicar casi por ocho los 40.000 soldados actuales.

Pere Vilanova, investigador asociado de CIDOB, no está de acuerdo con la idea de la vuelta a los orígenes “porque el tiempo histórico no es circular”. “Una cosa es lo que diga el aparato mediático de la OTAN y otra cosa son los tratados. El tratado fundacional es un prodigio del lenguaje diplomático y no nombra a ningún país. Algún día habrá que establecer algún tipo de vínculo con Rusia y ¿qué haces? ¿Eliminas esa parte del concepto estratégico?”, añade.

“Desde 1949 hasta nuestros días la OTAN ha aprobado siete conceptos estratégicos. Los cuatro primeros, redactados durante la época de la Guerra Fría, se basaron en la disuasión y la defensa colectiva, aunque con una atención creciente al diálogo y la distensión a medida que esta fue perdiendo fuerza”, sostiene el documento del IEEE. “La solución a las dudas existenciales sobre el papel que podía desempeñar la OTAN en una Europa postsoviética fue la de apostar por una contribución a la gestión de crisis y el control de conflictos fuera de su ámbito geográfico tradicional”, añade.

El concepto estratégico que salga de Madrid también mencionará a China por primera vez, según algunos expertos. “No podemos permitir Estados autoritarios enfrentados a las democracias. Observemos lo que está haciendo Pekín con los BRICS: eso puede ser el comienzo de una estructura adversaria enfrentada a Occidente y por ello debemos reforzar la OTAN”, afirmó el exsecretario general de la OTAN, Willy Claes, durante la celebración en Madrid del 40 aniversario del ingreso de España en la alianza atlántica.

De la caída de la URSS a la invasión de Ucrania

En 1994 Rusia se convirtió en el primer país en unirse a la iniciativa de cooperación bilateral de la OTAN 'Asociación por la Paz'. En el 97, el presidente Boris Yeltsin y los líderes de la alianza atlántica firmaron el Acta Fundacional OTAN-Rusia con el objetivo de “construir juntos una paz duradera e inclusiva en el área euroatlántica bajo los principios de la democracia y la seguridad cooperativa”. Sin embargo, en el 99 la OTAN bombardeó Kosovo sin la autorización del Consejo de Seguridad y Rusia congeló sus relaciones con la organización.

Tras los atentados del 11-S se retoma el diálogo y en 2002 se crea el Consejo Rusia-OTAN y se firma la declaración de Roma: “Rusia y los Estados miembros abren hoy una nueva página en nuestras relaciones”. El consejo se centra en la lucha contra el terrorismo, la gestión de crisis, la no proliferación y la cooperación militar, entre otros asuntos.

En 2008 estalla una nueva crisis por la intervención militar rusa en Georgia y se suspenden las reuniones del consejo, sin embargo, la cooperación se retoma en 2009. En 2010, el nuevo concepto estratégico de Lisboa aboga por alcanzar una “verdadera asociación estratégica”. La situación se mantuvo hasta 2014, con la anexión de Crimea, cuando la OTAN suspendió toda cooperación militar y civil. Además, desde el final de la Guerra Fría también se han producido varias ampliaciones de la OTAN ante el rechazo y oposición de Rusia.

“Rusia ha roto la confianza en el núcleo de nuestra cooperación y ha desafiado los principios fundamentales de la arquitectura de seguridad global y euroatlántica. La relación de la OTAN con Rusia ha cambiado fundamentalmente para el largo plazo”, sostiene la organización militar en su página web.

Esa vuelta a los orígenes de la OTAN ha enterrado en cierta manera el debate de la autonomía estratégica en la UE. “Ya no se habla de esa autonomía estratégica como algo a conseguir frente a EEUU”, dice Arteaga. “En la cumbre veremos una división de funciones” entre la UE y la OTAN, añade el experto, que sostiene que la OTAN volverá a encargarse de los temas de defensa, dejando a la UE otras labores y capacidades como la gestión de crisis. Esta es una idea en la que ha insistido el Gobierno e incluso el rey en los últimos meses. “Un país tiene que contribuir a una organización en lo que es más fuerte y a la otra en los que es más fuerte para que no haya duplicidades y solapamientos”, afirma una fuente del Gobierno.

“Solo tendremos éxito realmente si conseguimos asociar de manera efectiva a la OTAN y a la Unión Europea. Ambas organizaciones comparten las mismas amenazas y desafíos, por lo que, solo trabajando juntas y complementándose mutuamente, se podrán crear las sinergias estratégicas necesarias para abordarlos de manera eficaz”, afirmó el rey en el 40 aniversario del ingreso de España en la OTAN.

Un tema al día, el podcast de elDiario.es

Tras el final de la Guerra Fría, la OTAN pasó por un importante proceso de reconversión ante el desmoronamiento de la Unión Soviética y más de 30 años después, Madrid será el escenario en el que se consume una suerte de vuelta a los orígenes de la alianza atlántica: Rusia como principal amenaza, la defensa del territorio como objetivo, incremento exponencial de despliegues en el flanco oriental, disuasión y otros conceptos que gobernaron la segunda mitad del siglo pasado en plena Guerra Fría.

Sánchez y Biden se comprometen a colaborar en una gestión de la migración que "garantice un trato justo y humano" días después de la tragedia de Melilla

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“El 24 de febrero de 2022 [inicio de la invasión rusa de Ucrania] caducó definitivamente el paradigma estratégico vigente y se acabó la posguerra fría que había inaugurado la caída del Muro de Berlín el 2 de octubre de 1989. Treinta y dos años, tres meses y cinco días en que creímos que el mundo había cambiado para siempre”, escribe Miguel Fernández-Palacios, embajador de España ante la OTAN, en el último documento publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). “Lo que no consiguió ni el 11-S, ni la denominada guerra contra el terror, ni la invasión de Georgia y ni siquiera la invasión de Crimea lo ha conseguido la guerra en Ucrania. A la tercera fue la vencida: Abjasia y Osetia primero; Crimea y el Donbás, después; y ahora Ucrania o casi toda ella. ¿Y qué es lo que nos espera? Pues no lo sabemos, pero probablemente se parecerá mucho a una combinación de guerra clásica y guerra fría”.

Esa vuelta a los orígenes saldrá del octavo concepto estratégico en la historia de la alianza y el primero en 12 años. El anterior establecía como objetivo crear una “verdadera asociación estratégica entre la OTAN y Rusia” y señalaba que la cooperación entre ambos “es de importancia estratégica porque contribuye a crear un espacio común de paz, estabilidad y seguridad”. Justo lo contrario del plan actual. “Nuestro nuevo concepto estratégico nos guiará en una nueva era: espero que quede claro que los aliados consideran a Rusia como la amenaza más importante y directa para nuestra seguridad”, ha señalado esta semana el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. “Rusia es una amenaza directa a nuestra seguridad y eso estará reflejado en el concepto estratégico”, ha afirmado el secretario general este miércoles a su llegada a la cumbre.

“Con todo lo ocurrido en 2014 se hubiera hecho antes, pero estaba la Administración Trump en EEUU y todo el mundo ha contenido la tentación. Cuando se cambió la administración, se dijo rápidamente que había que actualizar el concepto estratégico”, explica Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano. “Antes, como no había una amenaza militar directa, la OTAN había hecho conceptos estratégicos para dedicarse a la gestión de crisis, el terrorismo, etc. Pero en 2014 se hizo un primer avance para actualizar la estrategia para una confrontación más clara con Rusia”, añade.

“A falta de enemigos en Europa y fuera, la organización desmovilizó la defensa territorial y redujo su perfil y capacidades en este ámbito. La vuelta a los orígenes es la vuelta a la defensa territorial, que supone también un cambio estructural”, explica Arteaga. “La mayor parte de los ejércitos iban liquidando capacidades de defensa que no necesitaban, pero ahora el debate es si hay que reforzar la presencia en el este y volver a tener cantidad y calidad de armas desplegadas. Se acabó la fiesta en presupuestos de defensa”.

En palabras de Stoltenberg: “Mejoraremos nuestros batallones en la parte oriental de la Alianza, transformaremos la Fuerza de Respuesta de la OTAN y aumentaremos el número de nuestras fuerzas de reacción rápida a más de 300.000”. Ese aumento consiste en multiplicar casi por ocho los 40.000 soldados actuales.

Pere Vilanova, investigador asociado de CIDOB, no está de acuerdo con la idea de la vuelta a los orígenes “porque el tiempo histórico no es circular”. “Una cosa es lo que diga el aparato mediático de la OTAN y otra cosa son los tratados. El tratado fundacional es un prodigio del lenguaje diplomático y no nombra a ningún país. Algún día habrá que establecer algún tipo de vínculo con Rusia y ¿qué haces? ¿Eliminas esa parte del concepto estratégico?”, añade.

“Desde 1949 hasta nuestros días la OTAN ha aprobado siete conceptos estratégicos. Los cuatro primeros, redactados durante la época de la Guerra Fría, se basaron en la disuasión y la defensa colectiva, aunque con una atención creciente al diálogo y la distensión a medida que esta fue perdiendo fuerza”, sostiene el documento del IEEE. “La solución a las dudas existenciales sobre el papel que podía desempeñar la OTAN en una Europa postsoviética fue la de apostar por una contribución a la gestión de crisis y el control de conflictos fuera de su ámbito geográfico tradicional”, añade.

El concepto estratégico que salga de Madrid también mencionará a China por primera vez, según algunos expertos. “No podemos permitir Estados autoritarios enfrentados a las democracias. Observemos lo que está haciendo Pekín con los BRICS: eso puede ser el comienzo de una estructura adversaria enfrentada a Occidente y por ello debemos reforzar la OTAN”, afirmó el exsecretario general de la OTAN, Willy Claes, durante la celebración en Madrid del 40 aniversario del ingreso de España en la alianza atlántica.

De la caída de la URSS a la invasión de Ucrania

En 1994 Rusia se convirtió en el primer país en unirse a la iniciativa de cooperación bilateral de la OTAN 'Asociación por la Paz'. En el 97, el presidente Boris Yeltsin y los líderes de la alianza atlántica firmaron el Acta Fundacional OTAN-Rusia con el objetivo de “construir juntos una paz duradera e inclusiva en el área euroatlántica bajo los principios de la democracia y la seguridad cooperativa”. Sin embargo, en el 99 la OTAN bombardeó Kosovo sin la autorización del Consejo de Seguridad y Rusia congeló sus relaciones con la organización.

Tras los atentados del 11-S se retoma el diálogo y en 2002 se crea el Consejo Rusia-OTAN y se firma la declaración de Roma: “Rusia y los Estados miembros abren hoy una nueva página en nuestras relaciones”. El consejo se centra en la lucha contra el terrorismo, la gestión de crisis, la no proliferación y la cooperación militar, entre otros asuntos.

En 2008 estalla una nueva crisis por la intervención militar rusa en Georgia y se suspenden las reuniones del consejo, sin embargo, la cooperación se retoma en 2009. En 2010, el nuevo concepto estratégico de Lisboa aboga por alcanzar una “verdadera asociación estratégica”. La situación se mantuvo hasta 2014, con la anexión de Crimea, cuando la OTAN suspendió toda cooperación militar y civil. Además, desde el final de la Guerra Fría también se han producido varias ampliaciones de la OTAN ante el rechazo y oposición de Rusia.

“Rusia ha roto la confianza en el núcleo de nuestra cooperación y ha desafiado los principios fundamentales de la arquitectura de seguridad global y euroatlántica. La relación de la OTAN con Rusia ha cambiado fundamentalmente para el largo plazo”, sostiene la organización militar en su página web.

Esa vuelta a los orígenes de la OTAN ha enterrado en cierta manera el debate de la autonomía estratégica en la UE. “Ya no se habla de esa autonomía estratégica como algo a conseguir frente a EEUU”, dice Arteaga. “En la cumbre veremos una división de funciones” entre la UE y la OTAN, añade el experto, que sostiene que la OTAN volverá a encargarse de los temas de defensa, dejando a la UE otras labores y capacidades como la gestión de crisis. Esta es una idea en la que ha insistido el Gobierno e incluso el rey en los últimos meses. “Un país tiene que contribuir a una organización en lo que es más fuerte y a la otra en los que es más fuerte para que no haya duplicidades y solapamientos”, afirma una fuente del Gobierno.

“Solo tendremos éxito realmente si conseguimos asociar de manera efectiva a la OTAN y a la Unión Europea. Ambas organizaciones comparten las mismas amenazas y desafíos, por lo que, solo trabajando juntas y complementándose mutuamente, se podrán crear las sinergias estratégicas necesarias para abordarlos de manera eficaz”, afirmó el rey en el 40 aniversario del ingreso de España en la OTAN.

Un tema al día, el podcast de elDiario.es

Tras el final de la Guerra Fría, la OTAN pasó por un importante proceso de reconversión ante el desmoronamiento de la Unión Soviética y más de 30 años después, Madrid será el escenario en el que se consume una suerte de vuelta a los orígenes de la alianza atlántica: Rusia como principal amenaza, la defensa del territorio como objetivo, incremento exponencial de despliegues en el flanco oriental, disuasión y otros conceptos que gobernaron la segunda mitad del siglo pasado en plena Guerra Fría.

Sánchez y Biden se comprometen a colaborar en una gestión de la migración que "garantice un trato justo y humano" días después de la tragedia de Melilla

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“El 24 de febrero de 2022 [inicio de la invasión rusa de Ucrania] caducó definitivamente el paradigma estratégico vigente y se acabó la posguerra fría que había inaugurado la caída del Muro de Berlín el 2 de octubre de 1989. Treinta y dos años, tres meses y cinco días en que creímos que el mundo había cambiado para siempre”, escribe Miguel Fernández-Palacios, embajador de España ante la OTAN, en el último documento publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). “Lo que no consiguió ni el 11-S, ni la denominada guerra contra el terror, ni la invasión de Georgia y ni siquiera la invasión de Crimea lo ha conseguido la guerra en Ucrania. A la tercera fue la vencida: Abjasia y Osetia primero; Crimea y el Donbás, después; y ahora Ucrania o casi toda ella. ¿Y qué es lo que nos espera? Pues no lo sabemos, pero probablemente se parecerá mucho a una combinación de guerra clásica y guerra fría”.