Starmer se estrella en las elecciones locales con la extrema derecha en cabeza
El primer ministro británico, Keir Starmer, se juega su puesto y el futuro del Gobierno laborista en las próximas horas. Su mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes está intacta, pero el descontento ciudadano en un país que no levanta cabeza cuestiona su posición y el sistema de los dos grandes partidos.
El Partido Laborista perdió en las elecciones locales de este jueves en Inglaterra más de un millar de concejales en el peor resultado para el partido al menos desde los comicios de 1968. Los laboristas casi han desaparecido en el parlamento autónomo de Gales, que habían gobernado desde su creación en 1999. En Escocia, donde seguirán gobernando los nacionalistas, el líder laborista culpó al primer ministro y al “estado de ánimo nacional”.
La repercusión de estas elecciones va más allá del resultado por la realidad que reflejan del país, que ahora ha favorecido a los partidos emergentes a izquierda y derecha, pero pinta un rompecabezas incierto a medio plazo.
“Es un cambio histórico en la política británica”, dijo este viernes Nigel Farage, el líder de Reform, el antiguo partido del Brexit centrado ahora en la lucha contra los migrantes, los extranjeros y la energía renovable. Reform es el partido que ha conseguido ganar más concejales en Inglaterra, más de 1.200 de los 5.000 en juego según los datos parciales del escrutinio, que terminará este sábado. El partido se ha convertido en la segunda fuerza política en Gales, donde laboristas y conservadores se han desplomado. En un panorama cada vez más fragmentado y pese a la impopularidad de su líder, Reform encabeza la intención de voto nacional. Las elecciones generales no están previstas hasta 2029.
Starmer aseguró este viernes por la mañana, cuando todavía quedaban la mayoría de votos por contar, que no dimitirá y varios ministros le apoyaron durante el día, pero el futuro inmediato del actual Gobierno laborista depende ahora de los movimientos de los principales rivales del primer ministro para liderar el partido y el país: el alcalde de Manchester, Andy Burnham, la ex viceprimera ministra, Angela Rayner, y el ministro de Sanidad, Wes Streeting.
Burnham, el más popular según las encuestas, tendría que ser diputado para poder presentarse a líder, pero sus aliados aseguran que hay laboristas dispuestos a dimitir para que se presente a su escaño. Cualquiera que quiera retar a Starmer necesita el apoyo de al menos otros 80 parlamentarios. Unas de las opciones que barajan algunos políticos laboristas en privado es pactar con Starmer un calendario de salida para los próximos meses.
Quién sube
Las derrotas de los laboristas en Gales, pero también en Leeds, Sunderland, Birmingham y partes de Londres son especialmente simbólicas.
En el norte de Inglaterra, el principal beneficiario del hundimiento de los laboristas y los conservadores ha sido Reform. Pero los de Farage también han avanzado en Gales y en partes de Londres, que sigue gobernando la izquierda. Los verdes han ganado casi 300 concejales en Inglaterra, sobre todo en Londres.
El alcalde de la ciudad, el laborista Sadiq Khan, no tiene elecciones hasta 2028, pero ha perdido concejales por todos los ayuntamientos de los barrios de la capital, en particular a favor del Partido Verde de Inglaterra y Gales liderado por Zack Polanski. La verde Zoë Garbett será la primera alcaldesa del partido en un barrio de Londres, Hackney, y el partido ha ganado concejales a costa de los laboristas hasta en Camden, en la zona de la capital donde vive Starmer y que representa como diputado.
“La nueva política es el Partido Verde contra Reform. El sistema de dos partidos no sólo está muriendo. Está muerto y enterrado”, aseguró Polanski.
Los verdes avanzaron por todo el sur de Inglaterra, especialmente en centros urbanos tradicionalmente más a la izquierda y donde los laboristas tenían mayoría, como Oxford. El Partido Laborista sigue siendo aquí el más votado, pero no tiene la mayoría, y el Partido Verde es el que más concejales ha sumado y ahora reclama renegociar el gobierno de la ciudad donde no hay ningún representante ni del Partido Conservador ni de Reform.
Avance nacionalista
En Escocia y en Gales, los partidos ganadores son los nacionalistas, que podrían volver a empujar el debate sobre la independencia.
El SNP escocés lleva casi dos décadas gobernando la región y aunque ha perdido apoyos tras varios escándalos de corrupción sigue siendo el partido más votado. Su líder sugiere que reabrirá el debate sobre la independencia y pedirá un nuevo referéndum.
La derrota laborista en Gales a favor de los nacionalistas de Plaid Cymru es especialmente notable: ha perdido su escaño hasta la líder de Gales, la laborista Eluned Morgan, después de un siglo dominado aquí por políticos de su partido.
El descontento en el país es, en todo caso, generalizado, aunque no haya consenso sobre las causas y la dirección para repararlo.
El descontento
En el norte de Inglaterra, los vecinos se quejan de la prosperidad y el tren que no llega mientras la riqueza se concentra en Londres y culpan de parte de sus males a una inmigración que consideran descontrolada. En los barrios más jóvenes de la capital, se repiten las quejas de que el Gobierno de Starmer no sube los impuestos a los ultrarricos, que no ha cortado la relación con Israel o que limita la libertad de protesta. A las afueras más conservadoras, el primer ministro es pintado como un “amigo” de los ayatolás de Irán que no defiende a las comunidades judías de las agresiones antisemitas.
Por todo el país, el motivo de descontento que se repite es el declive que se refleja en los locales cerrados o decrépitos del centro de las ciudades y en los agujeros y parches en las calles plagadas de baches.
Starmer promete relanzar su Gobierno con un mensaje de esperanza, que tiene previsto detallar en un discurso programado para el lunes 11. Pero la receta de hacia dónde ir no es sencilla porque el descontento va en direcciones contradictorias.
“El Partido Laborista está perdiendo por la derecha, la izquierda y el centro”, explica Luke Tryl, director de la encuestadora More in Common en el Reino Unido. Sus encuestas previas a la votación mostraban que el mismo porcentaje de antiguos votantes laboristas, alrededor de un 11%, se estaban pasando a Reform y al Partido Verde. “Se parece mucho a lo que pasó con los votantes tories”, explica, en referencia al hundimiento del Partido Conservador entre 2022 y 2024, y que ha continuado en estas elecciones.
Tryl, que hace entrevistas en grupos de votantes con un debate abierto y público para entender mejor sus motivaciones, explica que le ha sorprendido en los últimos meses ver cómo se repite el patrón de las quejas de personas de distintos lugares y con diferentes circunstancias e inclinaciones políticas: “La sensación de que se ha roto el contrato social, de que hacer las cosas bien no significa progresar y que otros se están beneficiando”. Lo que suele cambiar es la percepción de quiénes son esos “otros”: según los votantes más inclinados a la izquierda, los otros son los millonarios protegidos por los políticos; según los votantes más a la derecha, los otros son los extranjeros y las personas que no trabajan y subsisten con ayudas públicas. “Hay un sentimiento contra el partido que gobierna”, dice Tryl.
El país que odia a sus políticos
El escepticismo de los votantes hacia la política no hace más que crecer: los líderes de los partidos son muy impopulares, en particular Starmer y Farage, pero incluso está subiendo el rechazo contra el emergente líder de los verdes, el último en llegar. Paradójicamente, la actual líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, está mejor valorada en las encuestas, pero eso tampoco se traduce en más votos para los tories.
Starmer sigue confiando en poder relanzar su Gobierno y pasará este fin de semana intentando ajustar su mensaje y convencer a sus rivales de que no es el momento de abrir una carrera por el liderazgo y acabar como los tories, que tuvieron tres primeros ministros entre 2022, cuando Boris Johnson fue forzado a dimitir por su partido, y 2024, cuando obtuvieron el peor resultado de su historia en las elecciones generales que ganó Starmer.
Varios ministros del Gobierno Starmer han repetido que no hay que hacer “doomscrolling” (deslizarse compulsivamente por malas noticias en redes sociales) por los primeros ministros como hizo el Partido Conservador.
Pero esperan a que Starmer haga cambios notables que se vean. “Asumo la responsabilidad. Cuando los votantes mandan un mensaje como este, debemos reflexionar y debemos responder”, dijo Starmer durante un encuentro con militantes laboristas en una iglesia metodista de Londres este viernes.
El primer ministro no especificó cómo será esa respuesta y aseguró que tiene “la determinación” de seguir para “cumplir con el cambio” que prometió. Una reportera de Sky News le preguntó después a Starmer si iba a dimitir y el primer ministro replicó: “No, no voy a abandonar y llevar al país al caos. Fuimos elegidos para lidiar con estos retos y eso es lo que vamos a hacer”.