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Cómo Israel ha creado un 'think tank' falso para manipular las respuestas de la inteligencia artificial

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en una foto de archivo del 14 de noviembre de 2022 en Jerusalén. EFE/EPA/ABIR SULTAN

Jason Wilson

27 de agosto de 2026 22:01 h

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Una página web de difusión de mensajes proisraelíes que se presenta bajo el nombre de un think tank inexistente ha publicado más de medio millón de palabras en solo nueve días, según se desprende de una investigación realizada por The Guardian. Para ello utiliza una plataforma comercial que promete optimizar los contenidos para conseguir que los chatbots de inteligencia artificial los citen.

La web expone los posicionamientos de Israel sobre cuestiones como la tortura de presos palestinos, los crímenes de guerra israelíes o si Israel ha utilizado deliberadamente la hambruna contra la población palestina de Gaza y los presenta como si se tratara de una investigación neutral realizada por voces expertas.

La agencia de comunicación neoyorquina Piro Inc. ha registrado este mes el sitio web ante el Departamento de Justicia de Estados Unidos en virtud de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA), una norma de 1938 que obliga a quienes trabajan para un gobierno extranjero a declarar formalmente esa relación. Piro identificó la web como material que distribuye para el Gobierno israelí.

La web se presenta como perteneciente al Instituto Hanover de Política Pública, del que no consta que exista como entidad jurídica en ninguna jurisdicción, que no tiene dirección física y que no identifica a ningún miembro de su personal ni a los autores de sus informes. Sus propias condiciones de uso se rigen por las leyes del “estado en el que está establecido el Instituto”, aunque no indican cuál es.

La existencia de la web salió a la luz el 14 de agosto. Desde entonces, el instituto ha añadido una página titulada “Financiación”, en la que afirma: “Una versión anterior de esta página decía que el Instituto operaba sin financiación externa, y esa afirmación era cierta cuando se redactó este apartado”.

La web forma parte de una iniciativa más amplia, financiada con decenas de millones de dólares por el Gobierno israelí y canalizada a través de terceros —entre ellos el grupo publicitario europeo Havas Media—, que busca influir en los chatbots para alimentarlos con información y que reproduzcan argumentos favorables a Israel. Un contrato entre Havas y otra empresa estadounidense que participa en la campaña la compromete a la “puesta en marcha de sitios web y contenidos para lograr que las conversaciones con GPT adopten determinados enfoques”.

The Guardian ha contactado con Piro Inc, Havas Media y la agencia de publicidad del Gobierno israelí LaPam para que puedan dar su versión. El medio también ha solicitado una respuesta a través de una dirección de correo electrónico de contacto publicada en la página web del Instituto Hanover.

Todo ello ocurre en un momento en que la imagen de Israel entre la opinión pública estadounidense se ha desplomado y en que responsables israelíes han empezado a trasladar a los medios que el dinero destinado a la llamada “Hasbara” —la diplomacia pública israelí en el extranjero— ha sido un desperdicio.

El sitio web

Según un análisis de The Guardian, entre el 6 y el 14 de agosto, el Instituto Hanover publicó 124 informes que sumaban más de 560.000 palabras, con una media de unas 4.500 palabras cada uno. Solo los días 12 y 13 de agosto elaboró 73 informes, lo que supone casi 354 000 palabras en dos días. Desde que salieron a la luz las primeras informaciones sobre el Instituto Hanover, las publicaciones han parado. Todos menos uno de los 124 titulares del sitio web comienzan con una pregunta similar a las que un usuario podría escribir en un chatbot, como “¿Es el antisionismo antisemitismo?”, “¿Expulsó Israel a los palestinos de sus tierras?” o “¿Está Israel llevando a cabo un genocidio en Gaza?”.

Los informes adoptan la apariencia de estudios académicos y están documentados con gran minuciosidad, con referencias al Banco Mundial, agencias de la ONU, la Oficina Central de Estadística de Palestina, Amnistía Internacional y el texto de la Convención sobre el Genocidio.

En declaraciones a The Guardian, Nick Cleveland-Stout, investigador asociado del Instituto Quincy, un centro de estudios estadounidense especializado en política exterior que ha informado sobre el sitio web, explica que a primera vista le pareció convincente. “Consigue hacerse pasar por algo muy académico: el diseño de la página web, los logotipos, todo tiene muy buena pinta. Pero cuanto más lo lees, más te das cuenta de que gran parte de ello no tiene sentido”.

Por ejemplo, la información que presenta la página web del Instituto Hanover se plantea sistemáticamente para atenuar las críticas a Israel. Cuando las organizaciones de derechos humanos han concluido que Israel está cometiendo genocidio o apartheid, los informes señalan sistemáticamente que ningún tribunal ha dictado sentencia al respecto —una formulación que, según el recuento que ha hecho The Guardian en su investigación, aparece en 20 de los 124 informes.

Imagen de la página web del think tank falso creado por Israel

Las cifras de víctimas y de ayuda humanitaria se atribuyen a “una de las partes implicadas en los hechos”, una fórmula que aparece en 55 informes y que se aplica por igual a los recuentos israelíes y palestinos. El resultado es la impresión de que casi nada de lo que ocurre en Gaza puede darse por cierto.

Un estudio —un análisis de 2022 sobre comentarios antisemitas en las páginas de Facebook de medios de comunicación británicos, franceses y alemanes— aparece citado 454 veces en 88 de los 124 informes, incluidos algunos dedicados a cuestiones que poco tienen que ver con el objeto del estudio, como el registro de la propiedad en los territorios ocupados, la influencia de Aipac en la cobertura de los medios estadounidenses, el número de muertos en Gaza, las expulsiones de 1948 y el bloqueo de Gaza.

Cleveland-Stout destaca el efecto acumulativo de esta práctica. “Casi todos los artículos terminan diciendo: ”Bueno, el simple hecho de hablar de esto podría contribuir al antisemitismo“, explica. ”Y entonces incluyen el estudio sobre los comentarios en Facebook en Reino Unido“.

Creado para las máquinas

El análisis de The Guardian revela que, inicialmente, el sitio web contenía un tipo de archivo que indica a los sistemas de IA qué contiene un sitio y cómo interpretarlo (un archivo llms.txt), pero que no describía en absoluto al Instituto Hanover. Se trataba del archivo estándar de Res, una “plataforma de contenido nativa de IA que ayuda a los equipos B2B [business-to-business] a ser citados por ChatGPT, Perplexity, Claude y Gemini”, que comercializa lo que en el sector se denomina “optimización de motores generativos”.

The Guardian guardó una copia de ese documento el 13 de agosto. Desde entonces, ha sido sustituido por una versión creada específicamente para lectores automáticos y el nombre de Res ha desaparecido por completo de la web.

El fundador de Res, Hai Tran, se registró ante el Departamento de Justicia de Estados Unidos el 22 de julio como subcontratista de Piro en el proyecto israelí, indicando que su cargo era el de “estratega digital”. En declaraciones a Politico, Tran ha indicado que su función queda reflejada en dicho registro. The Guardian ha contactado con Res para que pueda aportar su versión.

La propia web de Piro anuncia un servicio que denomina “AI Story Optimization” (optimización de contenidos para la IA), con el que se compromete a “crear contenidos diseñados específicamente en función de cómo los grandes modelos de lenguaje (LLM) evalúan la credibilidad” y a publicarlos “en tu web o en sitios de terceros de confianza creados por nosotros”.

Cleveland-Stout señala que el objetivo de mayor alcance no es que los usuarios lleguen a la web mediante búsquedas en tiempo real, sino influir en los datos de entrenamiento. “Hay dos formas de hacerlo”, explica. La primera consiste en publicar contenidos en sitios web y esperar que los chatbots los citen. La segunda, “más preocupante y potencialmente más eficaz”, consiste en introducir esos contenidos en repositorios como Common Crawl, que proporcionan parte de los datos con los que se entrenan los modelos comerciales.

“Cuando reproduce las narrativas con las que se ha entrenado al chatbot, ni siquiera cita las fuentes”, señala el experto: “No se puede verificar la veracidad de la información”.

La red más antigua ya ha completado ese recorrido. Los siete sitios web gestionados por Clock Tower X —la empresa dirigida por Brad Parscale, exdirector de campaña y responsable digital de Trump— aparecieron 294 veces en el índice de julio de Common Crawl, el repositorio que proporciona datos de entrenamiento a desarrolladores comerciales de IA. El Instituto Hanover todavía no aparece, ya que sus informes se publicaron después de que finalizara ese rastreo. Sus contenidos apenas han iniciado ese recorrido.

Todas las páginas de la web del Instituto Hanover incluyen al pie un aviso que informa de su condición de agente extranjero. Cleveland-Stout se lo plantea a Perplexity, que, según explica, responde que los usuarios pueden visitar la web y valorar por sí mismos su fiabilidad. “Pero ¿cuánta gente lo hace?”, se pregunta.

Sin embargo, las pruebas llevadas a cabo por The Guardian con los chatbots en el momento de redactar este artículo mostraron que el escrutinio de la información del Instituto Hanover ya había dejado huella en el contenido de los chatbots. Al preguntarle por nuevas investigaciones publicadas por el Instituto Hanover, el chatbot web de ChatGPT ofreció enlaces a cuatro informes, pero también advirtió de que el instituto era objeto de “una relevante polémica sobre quién lo financia y por qué existe”, ofreciendo un resumen y enlaces a los reportajes del Instituto Quincy.

La cadena

Según los documentos presentados en virtud de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros, que obliga a declarar ante las autoridades estadounidenses determinadas actividades realizadas en nombre de gobiernos o entidades extranjeras, Piro tiene un contrato por valor de un millón de dólares (unos 858.000 euros), repartido en dos órdenes de trabajo. La cifra, sin embargo, palidece frente al gasto de la campaña más amplia de la que forma parte.

Havas figura como intermediario en los registros de agentes extranjeros en Estados Unidos de cinco empresas estadounidenses: Clock Tower X, Piro, Targeted Communications Global, Bridges Partners y Davis Media NY. Los documentos del Departamento de Justicia registran que pagó a Clock Tower X 15 millones de dólares (unos 12,9 millones de euros) en seis plazos entre el 24 de octubre de 2025 y el 3 de marzo de 2026, y a Targeted Communications Global 9.892.335 dólares (unos 8,5 millones de euros) entre octubre y diciembre de 2025.

Siete días después del primero de esos pagos, el 31 de octubre de 2025, la propia filial estadounidense de Havas canceló su registro como agente del Gobierno israelí, según los documentos presentados. Mientras estuvo registrada, estaba obligada a detallar los fondos que recibía: su declaración correspondiente a los seis meses anteriores al 31 de octubre de 2023 recoge 2.951.745 dólares (unos 2,53 millones de euros) recibidos de su empresa hermana alemana por los servicios prestados para Israel. Cuando la entidad alemana comenzó a pagar directamente a los contratistas estadounidenses, Havas dejó de estar obligada a hacer públicos esos datos, ya que las matrices extranjeros no tienen obligación de presentar este tipo de declaraciones.

En la práctica, esto significa que la campaña en su conjunto no es visible de inmediato en los registros públicos, sino solo en las declaraciones fragmentadas de los contratistas individuales.

En Israel, los registros de contratación pública muestran que la agencia gubernamental de publicidad LaPam adjudicó a entidades de Havas, sin licitación competitiva, contratos por valor de 39 millones de dólares (33,5 millones de euros), 29 millones (25 millones de euros) y 17,5 millones (15 millones de euros) en 2019. En marzo de 2023 adjudicó otro contrato de 58,3 millones de dólares (50 millones de euros) para la planificación y compra de espacios publicitarios en el extranjero, que expiró el 15 de marzo de 2024. Una búsqueda en los registros públicos de LaPam hasta el 5 de agosto de 2026 y en el registro de licitaciones no encontró nuevas adjudicaciones a Havas, tampoco durante el periodo en el que esta pagó 24,9 millones de dólares a empresas estadounidenses.

El dinero no se destinó únicamente a tratar de influir en las respuestas de los chatbots. Los documentos presentados por Targeted Communications Global revelan también una campaña en redes sociales llamada 'Freedom Not Terror'. Un vídeo de 30 segundos de la campaña, publicado como 'no listado' en YouTube en octubre de 2025 acumula 28,1 millones de visualizaciones, mientras que su cuenta de TikTok tiene 425 seguidores. La web señala que la campaña está 'financiada por LaPam' y no publica nuevos contenidos desde diciembre de 2025.

The Guardian ha contactado con Targeted Communications Global para obtener su versión.

El refugio de todos los fracasos

En Israel, las autoridades han expresado sus dudas sobre la campaña para influir en la opinión pública estadounidense mediante el uso de la inteligencia artificial, y sobre la diplomacia pública en general. En julio, funcionarios israelíes declararon a Ynet que había fracasado; uno de ellos afirmó que el Gobierno “pagó mucho dinero, pero la situación no hizo más que empeorar”.

Un exalto cargo de la diplomacia pública israelí ha declarado al mismo periódico que se trataba de “un engaño terrible a la escala del caso Pollard”, en referencia a Jonathan Pollard, el analista estadounidense encarcelado en 1987 por espiar para Israel, un episodio que marcó uno de los peores momentos en las relaciones entre Israel y Estados Unidos.

En declaraciones a Kan sobre Parscale, otro funcionario asegura: “Se suponía que iba a mejorar la situación. Le pagamos mucho dinero. Pero ¿qué hizo con él?”. Al asumir el cargo, el ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, destinó 181,6 millones de dólares (unos 156 millones de euros) a la diplomacia pública internacional y posteriormente asignó otros 666,3 millones de dólares (unos 571 millones de euros) para 2026 y 2027.

Según la información de YNet, el control del presupuesto había pasado al director general del ministerio, Eden Bartel, y a Eran Shayovitch, un asesor externo contratado por el ministro. Shayovitch figura en la declaración de agente extranjero de Piro como uno de los dos funcionarios israelíes con los que colabora la empresa.

Las encuestas de opinión pública estadounidenses muestran el origen de estas frustraciones. Gallup constató en febrero que, por primera vez, los estadounidenses simpatizaban más con los palestinos que con los israelíes, con un 36% que se ponía del lado de Israel. Pew registró en abril que el 60% de los estadounidenses tenía una opinión desfavorable de Israel, lo que supone un aumento de casi 20 puntos desde 2022, con el cambio más marcado entre los jóvenes. Una encuesta de AP-NORC publicada el 7 de julio mostró que el 31% de los estadounidenses considera que las acciones militares de Israel en Gaza constituyen un genocidio, porcentaje que se eleva al 52% entre los demócratas; además, el 58% de los demócratas afirma que Estados Unidos está proporcionando demasiado apoyo a Israel, en comparación al 45% registrado en enero de 2024.

De hecho, Cleveland-Stout cuestiona que en estos momentos se pueda superar la oposición a la política israelí con una estrategia de diplomacia pública o de imagen. “Falta reflexión sobre el hecho de que son las propias políticas las que están llevando a muchos estadounidenses a cuestionar su apoyo a Israel”, afirma. “Consideran que lo que es un problema político es, en realidad, un problema de marketing”.

En este sentido, cita al difunto político israelí Yossi Sarid, quien, un año antes de su muerte en 2015, bromeó en una entrevista diciendo que “la hasbara es siempre el refugio de todos los fracasos. Todo va de maravilla; solo la hasbara es una porquería. Si al menos la hasbara estuviera bien, entonces todo el mundo se daría cuenta de que la situación es ideal”.

Una cosa, sin embargo, es que la campaña consiga los resultados que persigue y otra que estos beneficien a Israel. “Parscale está logrando influir en los chatbots, y el Instituto Hanover está logrando —y seguirá logrando— influir en las respuestas que ofrecen”, señala Cleveland-Stout. “Pero no están cambiando las encuestas, que es lo que realmente le importa a Israel”.

Lo que más le preocupa es lo que este experimento pone de manifiesto. “Ya sean gobiernos extranjeros, empresas o incluso el dueño de una heladería, condicionar los grandes modelos de lenguaje (LLM), envenenarlos o como quieras llamarlo, forma parte de la nueva realidad en la que vivimos”.

Aunque ninguno de los dos ha dado su versión a The Guardian, el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí ha afirmado que el Estado no lleva a cabo “operaciones de influencia” en Estados Unidos y que es “escrupulosamente cuidadoso a la hora de aplicar las disposiciones de la legislación estadounidense”. Por su parte, el cofundador de Piro, Daniel Rosenberg, ha declarado que el gobierno de Israel contrató a la empresa “para publicar hechos precisos y contrastados, y para contrarrestar la desinformación sobre Israel con información verificable”.

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