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El optimismo se desvanece en Ucrania a las puertas de otro invierno de guerra

Shaun Walker

Kiev (Ucrania) —

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Hay una sutil pero inconfundible sensación de pesadumbre en Kiev, y no solo por las tardes oscuras o las bajas temperaturas de un noviembre en el este europeo. Una serie de factores internos y externos se han combinado para crear el que tal vez sea el ánimo más pesimista sobre la posibilidad de una victoria ucraniana rápida y decisiva frente a Rusia desde las primeras semanas de la invasión a gran escala.

“A finales del año pasado y a principios de este año había mucha euforia. Ahora vemos el otro extremo, el bajón, y supongo que durante algún tiempo habrá altibajos”, dice Bartosz Cichocki, que el mes pasado terminó el mandato de cuatro años como embajador de Polonia en Kiev.

La tan esperada contraofensiva del verano se ha visto frustrada por los impenetrables campos de minas de Rusia y sus fortificaciones. Se rumorea que dentro del equipo de Volodímir Zelenski hay tensiones, con un distanciamiento entre el presidente ucraniano y su comandante jefe. Los rumores cobraron fuerza hace unos días, cuando Zelenski despidió al jefe de las fuerzas médicas militares y pidió cambios operativos dentro del Ejército.

El agotamiento tras dos años de combates, la pérdida incesante de vidas en el frente y la frustración por la lentitud con que los socios occidentales envían el armamento se han combinado para que, por primera vez desde el comienzo de la guerra, algunas voces comiencen a sopesar discretamente la posibilidad de entablar negociaciones para un alto el fuego, si bien admiten que la apuesta es arriesgada y podría beneficiar a Rusia.

También está el horror que se está viviendo en Oriente Medio, que ha captado parte de la atención que antes se centraba en Ucrania y ha ralentizado el flujo de municiones. Por no hablar de la creciente “fatiga ucraniana” que se instala en las capitales occidentales, y de la inminente posibilidad de un segundo mandato de Donald Trump en EEUU, lo que podría alterar el apoyo del principal aliado que tiene Kiev.

El secretario de Defensa de EEUU, Lloyd Austin, viajó a Kiev la semana pasada en una visita no anunciada. Uno de sus objetivos era tranquilizar a los líderes ucranianos sobre el apoyo continuado de Washington, pero la oposición del Partido Republicano está dificultando la aprobación en el Congreso de EEUU de los planes de financiación para Ucrania, y el temor es que esto se complique a medida que se acerquen las elecciones de 2024.

A su vez, hay avances positivos: del campo de batalla llegó hace unos días la noticia de que las tropas ucranianas se habían atrincherado en posiciones de la orilla oriental del río Dniéper, en la región meridional de Jersón, lo que posiblemente abra una vía hacia Crimea. Ucrania también ha tenido éxito en el ataque contra la flota rusa del mar Negro. Y desde el punto de vista diplomático, la confirmación por parte de la Unión Europea de que hay planes de iniciar las conversaciones para la adhesión de Ucrania ha supuesto una alegría muy necesaria.

Pero mientras los ucranianos se preparan para otro invierno de posibles ataques rusos contra infraestructuras críticas, así como para el terror incesante de los misiles y drones rusos que caen por las noches sobre las ciudades ucranianas, ha empezado a desvanecerse el optimismo de hace seis meses, cuando parecía que la derrota de Rusia y la devolución de Crimea y el Donbás podrían estar a la vuelta de la esquina.

“No será la victoria que soñábamos y tardará mucho más de lo que pensábamos”, sostiene Volodímir Omelyan, capitán del Ejército ucraniano y exministro de Infraestructuras, que se alistó en las fuerzas de defensa territorial desde el primer día de la guerra.

La palabra que empieza por A

Una mayoría de los ciudadanos entiende que no habrá paz duradera mientras Vladímir Putin siga en el Kremlin, y que Rusia aprovechará cualquier interrupción en los combates para rearmarse. Según las encuestas, la mayoría de los ucranianos no quiere que haya negociaciones con Rusia, especialmente si eso implica una aceptación del territorio perdido.

Pero algunas voces han comenzado a sugerir con cautela la necesidad de un cambio de rumbo debido al agotamiento de los que llevan en el frente desde el comienzo del conflicto, a la dificultad para movilizar a nuevos reclutas, y al fracaso de la contraofensiva del verano para recuperar territorio.

“La elección es muy sencilla”, opina Omelyan, “podemos hacerlo si estamos dispuestos a sacrificar la vida de otros 300.000 o 500.000 soldados ucranianos para tomar Crimea y liberar el Donbás, y si conseguimos la cantidad suficiente de tanques y F16 de Occidente. Pero no veo que haya otras 500.000 personas dispuestas a morir, y no veo la disposición de Occidente a enviar el tipo de armas y el número que necesitaríamos”.

La otra opción, dice Omelyan, es “un acuerdo de alto el fuego para hacer grandes reformas, hacernos miembros de la OTAN y de la UE, luego Rusia se derrumbará y recuperaremos Crimea y el Donbás más tarde”.

Sin embargo, puede que sea solo una ilusión. Zelenski ha asegurado que cualquier tipo de negociación es hacerle el juego a Rusia porque el objetivo bélico del Kremlin sigue siendo la subyugación total de Ucrania.

Mijaílo Podolyak, asesor de Zelenski, admite que la guerra está en una fase difícil, pero también afirma que es una etapa en la que se “requiere la concentración más intensa y difícil” para seguir adelante. “Seamos claros, no hay opciones reales de negociación, lo único que habría sería una pausa operativa”, considera Podolyak en Kiev durante una entrevista en presidencia: “Rusia la usaría para mejorar significativamente su Ejército, hacer una nueva movilización, y relanzar luego su guerra, con consecuencias aún más trágicas para Ucrania”.

Pero incluso entre las personas que conforman el círculo íntimo de Zelenski hay dudas sobre la creencia mesiánica del presidente en la victoria ucraniana, de acuerdo con el periodista Simon Shuster, que en la preparación de su biografía del líder ucraniano (de próxima publicación) disfrutó de un acceso inusualmente cercano al equipo presidencial. Shuster cita a un frustrado asistente del presidente que considera un delirio las posibilidades de Zelenski sobre una victoria en el campo de batalla. “Nos hemos quedado sin opciones, no estamos ganando, pero atrévete a decírselo”, sostuvo el asesor.

La guerra en Gaza

Los ataques de Hamás contra Israel y la reacción israelí con su ofensiva sobre Gaza han sido complicados para Ucrania de tres maneras. En primer lugar, porque, por primera vez desde febrero de 2022, Ucrania ha dejado de ser durante un tiempo prolongado la principal preocupación de política exterior para la mayoría de los líderes occidentales.

En segundo, ha reducido el suministro de municiones a Ucrania, según Zelenski, agravando un problema que ya era crítico para el Ejército de su país.

En último lugar están las repercusiones de la decisión de Zelenski de alinearse con la dura postura pro-Israel de EEUU en el conflicto de Gaza. Ha descrito a Hamás y a Rusia como “el mismo mal”. Esto ha dificultado el intento ucraniano de buscar alianzas en Oriente Medio y otros países fuera del eje de Occidente, una parte esencial de la misión asignada al recién nombrado ministro de Defensa Rustem Umerov.

Podolyak admite que las relaciones con muchos países no occidentales se han enfriado. “Esto ha dificultado la creación de una coalición de apoyo a Ucrania más amplia en la lucha contra Rusia”, sostiene.

¿Un segundo mandato de Trump?

A solo un año de las elecciones presidenciales en EEUU, muchos en Kiev están alarmados por un posible regreso de Donald Trump, que suele decir que él sería capaz de llegar a un acuerdo rápido para poner fin a la guerra.

En público, las autoridades ucranianas dicen que confían en el apoyo de la Casa Blanca, sea quien sea su inquilino. Pero, en privado, hay preocupación sobre la posibilidad de una Administración Trump. “[El tema] se ha tocado en todos los encuentros”, apunta Michael McFaul, exembajador de EEUU en Rusia, que se reunió en septiembre con Zelenski y otras autoridades en Kiev y trabaja en el tema de las sanciones junto al Gobierno de Ucrania.

Aunque Trump no llegue a la presidencia, los republicanos pueden hacer descarrilar la política del Gobierno de Biden sobre Ucrania. Los envíos de armamento a Kiev se han reducido porque la oposición de un grupo de republicanos está trabando desde septiembre la aprobación en el Congreso de un nuevo paquete de ayuda a Ucrania. Andriy Yermak, jefe de gabinete de Zelenski, ha viajado este mes a un encuentro con demócratas y republicanos en Washington con la misión de hacer entender la importancia de continuar con el envío de armas.

El regreso de la política

Durante el primer año de guerra, los ucranianos se mantuvieron unidos sin fisuras detrás de Zelenski, admirados por su liderazgo en aquellos cruciales primeros días y hermanados en la lucha de su nación contra Rusia. Un acuerdo nacional que, como es natural, ha empezado a resquebrajarse con el paso del tiempo.

Según una fuente bien informada, al presidente ucraniano le preocupa mucho el “fenómeno Churchill”, en referencia a la derrota electoral de un líder exitoso en tiempos de guerra. Las elecciones presidenciales tocaban en marzo de 2024, y se insinuó que Zelenski podría celebrarlas para asegurarse un segundo mandato antes de la que puede ser una fase más dura de la guerra.

Muchos miembros de la sociedad civil han reaccionado enérgicamente frente a esa posibilidad, subrayando la imposibilidad de celebrar elecciones desde el punto de vista logístico y de seguridad. “La mayoría de los países democráticos desarrollados está de acuerdo: no es posible celebrar elecciones en tiempos de guerra; todo el mundo debe tener una prioridad, defender el Estado”, asegura Olga Aivazovska, especialista en procesos electorales y presidenta de la ONG ucraniana Opora.

Zelenski descartó finalmente que vaya a haber elecciones la próxima primavera. Pero con comicios o sin ellos, la unidad en tiempos de guerra empieza a tener límites. Los políticos opositores avisan de que, cuando termine la guerra, volverán a cuestionar los preparativos de Zelenski en las etapas previas a la invasión. Las campañas negativas de relaciones públicas y el uso de kompromat [material comprometedor de figuras públicas] han vuelto a los canales de Telegram donde una mayoría de los ucranianos lee las noticias.

Aunque Zelenski sigue teniendo altos índices de popularidad, el comandante jefe Valeriy Zaluzhny también está muy bien valorado. Nunca ha expresado ambiciones políticas, pero muchos lo consideran un posible candidato a la presidencia.

Zelenski y sus asesores han criticado el uso del término “punto muerto” que hizo Zaluzhny durante una entrevista reciente con The Economist para referirse a la situación en el campo de batalla. Pero Podolyak niega que haya un conflicto entre los dos hombres. “Zelenski es su jefe directo, no puede haber un conflicto por definición”, opina.

Según Cichocki, el exembajador polaco ante Kiev, está claro que las disputas políticas han aumentado en los últimos meses. “La política ha regresado a Ucrania”, dice. “La consolidación original de una fuerza unificada que lucha contra el mal ahora es otra cosa”.

Traducción de Francisco de Zárate.