Cómo el traficante de cocaína más buscado de Europa forjó el primer narcoestado real del mundo
En lo que a secuestros se refiere, pocos han sido más descarados. Alan Jalloh, de 40 años, estaba con dos amigos a la salida del supermercado Goodies, en el centro de Freetown, y el lugar estaba abarrotado de gente, como solía ocurrir a última hora de la tarde. La hora punta en el centro de la capital de Sierra Leona transcurría con su intensidad habitual.
Un Toyota Rav4 negro se abrió paso entre el tráfico de la autopista Peninsula. Los testigos hablan de varios hombres blancos corpulentos saltando del vehículo y calzándose los pasamontañas. Jalloh y sus dos amigos, entre los que había un famoso futbolista de Freetown, parecieron quedarse paralizados. Los hombres arrastraron a los tres al todoterreno Toyota. Desde entonces, no se ha sabido nada de ellos.
Dos días después, el 25 de octubre de 2025, desaparecieron otros tres hombres. En menos de una semana, un total de nueve personas habían sido secuestradas en las calles de la ciudad, casi siempre a plena luz del día.
Según fuentes policiales, sus raptores los descuartizaron y a uno de ellos, como mínimo, lo decapitaron. “Fueron exterminados para ocultar la verdad”, dice un agente que investiga el secuestro. Sus cuerpos no han sido encontrados.
El mayor alijo de la historia
Cinco meses después de la desaparición de Jalloh y sus dos amigos, el viejo barco mercante Arconian zarpó desde Freetown. En mayo, estaba navegando por aguas revueltas a 160 kilómetros de la costa marroquí cuando los agentes de la Guardia Civil lo abordaron.
Empuñando su rifle de asalto, el guardia civil Lucas Fernández distinguió unas siluetas en la oscura bodega del Arconian. Fernández puso el dedo en el gatillo y levantó el arma. Un hombre le apuntó con un rifle de asalto. Fue como si el tiempo se detuviera. El hombre se puso nervioso y empezó a gritarle en inglés, pero el ruido de la tormenta en el exterior hacía imposible comprender sus palabras. “Fue una locura”, dice Fernández.
En cuestión de minutos, Fernández y sus compañeros desarmaron a los seis hombres que se habían escondido en las entrañas del barco. Cerca de ellos había 1.279 fardos de cocaína envueltos en plástico. Con un peso total de entre 30 y 45 toneladas, era la mayor cantidad de cocaína incautada hasta la fecha.
Diecisiete días después, la audiencia de la Universidad de Oxford se ponía en pie para aplaudir al ponente, Julius Maada Bio. El presidente de Sierra Leona triunfaba otra vez. Con un discurso en el que ensalzaba las virtudes de un liderazgo firme, terminaba un año que había sido como un torbellino.
Bio preside la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), una región en la que viven más de 400 millones de personas, y es una de las voces africanas con más peso en Naciones Unidas. También lo tiene entre sus principales aliados africanos la Unión Europea (UE), que lleva más de 45 años proporcionando asistencia a Sierra Leona.
Pero la persona más importante de Sierra Leona no es Bio, sino el responsable del gigantesco alijo de cocaína de Arconian y de ordenar el secuestro de Jalloh. Un hombre neerlandés llamado Jos Leijdekkers. Da la casualidad de que también es el yerno de Bio.
A sus 35 años, Leijdekkers es el narcotraficante más importante de Europa. Según informes de los servicios de inteligencia, los volúmenes de cocaína que ha introducido en Europa son tan grandes que en varias ocasiones ha provocado caídas de su precio en el mercado. El año pasado, redujo a la mitad el precio al por mayor de esta droga.
“Se ganó a las personas más influyentes”
Muchas personas de los servicios de inteligencia confirman que Leijdekkers también es la persona que ha transformado a Sierra Leona en el primer verdadero narcoestado del mundo. “La escala en que la red criminal se ha apropiado del Estado no se había visto nunca”, dice una autoridad de un país occidental.
En Sierra Leona han sido asesinadas por orden de Leijdekkers al menos 14 personas, entre ellas altos mandos de la policía. Varios agentes han huido del país por temor a ser los siguientes. “Si te interpones en su camino, te elimina”, dice una fuente de inteligencia. Todos hablan bajo condición de anonimato, conscientes de la capacidad de Leijdekkers para atacar a los que se le oponen.
Hemos tenido disputas por la cocaína antes, pero nada como esto; estamos entrando en una nueva era
La de Sierra Leona es una historia de hipocresía occidental. La UE siguió cortejando a Bio y a su gobierno pese a la información detallada que ya existía sobre los extraordinarios volúmenes de cocaína que estaban introduciéndose en Europa. Lo mismo ocurrió con la ONU, que hizo caso omiso de sus propias pruebas. Según fuentes de inteligencia, la red de Leijdekkers se está expandiendo rápidamente. “Toda la región África Occidental está en peligro”, dice un funcionario neerlandés.
La violencia de la prodigiosa red transcontinental de Leijdekkers es letal. El mes pasado, decenas de hombres armados a sueldo de Leijdekkers irrumpieron en un tranquilo pueblo holandés con la intención de ejecutar una venganza. “Hemos tenido disputas por la cocaína antes, pero nada como esto; estamos entrando en una nueva era”, dice una fuente policial de Europa.
El primer registro que hay de Leijdekkers en África occidental data de octubre de 2022. Una caravana de seis vehículos atravesando a toda velocidad Aberdeen Road en dirección a la playa de Lumley. Los agentes de tráfico de Freetown no entendían nada. Nadie les había dicho que esperaban a personalidades importantes. “Era más larga que la caravana de nuestro presidente”, dice un agente.
Sin saber que estaban ante el traficante de cocaína más buscado de Europa, la policía de Freetown se alarmó lo suficiente como para ponerse a vigilar la misteriosa caravana, que se había detenido frente al Sky Bar. A las 4:00 de la madrugada, el grupo salió del emblemático local nocturno hacia una casa frente al mar, cerca de la playa de Hamilton. Fue allí donde el equipo de vigilancia encubierta se llevó una sorpresa: entre los juerguistas estaban sus propios jefes.
En aquel momento, las agencias de espionaje de los países occidentales no tenían ni idea del paradero de Leijdekkers. Era uno de los hombres más buscados de Europa y había desaparecido sin más. Durante años, las autoridades habían seguido la pista de su carrera en los bajos fondos holandeses, donde pasó de sicario local en la acomodada localidad de Prinsenbeek a hacerse con contactos clave para el envío de cocaína a través del Atlántico.
En 2024, cuando los servicios de espionaje neerlandeses lo ubicaron en Sierra Leona, Leijdekkers ya había creado algo extraordinario: un extenso imperio de la cocaína partiendo de cero. “Es muy hábil a la hora de adaptarse y de forjar vínculos”, dice un funcionario. “Estaba en un país nuevo, pero se ganó a sus personas más influyentes”.
Entre otras cosas, se casó y formó una familia con Agnes Bio, la hija del presidente. Los responsables de inmigración le consiguieron un pasaporte diplomático y la persona encargada de investigar a los traficantes de cocaína se convirtió en su compañero de copas. Los altos cargos de Sierra Leona se divertían con el nuevo ricachón neerlandés.
La riqueza de Leijdekkers corrompió a muchos. Según la información de inteligencia, generaba unos beneficios mensuales de 150 millones de dólares (unos 135 millones de euros), una cifra superior al coste del funcionamiento de todo el Estado de Sierra Leona.
Ya tenía en nómina a cientos de personas, entre las que había altos mandos del ejército y la policía, según fuentes. Pero lo que más codiciaba Leijdekkers era el puerto marítimo de Freetown: el muelle Queen Elizabeth II, ubicado entre Sudamérica, la gran productora de cocaína, y los florecientes mercados de Europa.
En agosto de 2023, asumió la dirección del puerto Yankuba Bio, el tío de su esposa. Aunque Yankuba Bio niegue mantener relación estrecha con “ninguna persona llamada o identificada como Jos Leijdekkers”, las fuentes consultadas sostienen que las autoridades del puerto a sueldo de Leijdekkers cobran más de 30 veces el salario medio nacional: 2.000 dólares al mes (unos 1.795 euros).
La incautación del Arconian
En enero de 2025, las autoridades neerlandesas solicitaron a Sierra Leona la extradición de Leijdekkers, condenándolo en ausencia a más de 100 años de cárcel por delitos que incluían intento de asesinato.
Sierra Leona negó conocerlo y para Leijdekkers aquel fue un momento decisivo: podía confiar en la protección del Estado. Una confianza que aumentó el 18 de abril con la llegada al puerto de Freetown del Arconian, un carguero de color verde cuya eslora tenía la longitud de un campo de fútbol. Según la inteligencia occidental, en los cuatro días siguientes se cargaron a bordo unas 30 toneladas de cocaína.
“Por experiencia, lo máximo que se puede ocultar son ocho toneladas; 30 toneladas indican una operación a plena vista”, dice un agente de la ONU. “[Afirmaciones] falsas, completamente inexactas y carentes de fundamento”, asegura Yankuba Bio. El puerto “no participa ni facilita la exportación” de cocaína, añade el tío de la esposa de Leijdekkers.
El 26 de abril, un chivatazo encriptado puso en alerta a los investigadores europeos. Un buque no identificado había zarpado de África occidental con 18 toneladas de cocaína a bordo, el segundo mayor cargamento de este tipo registrado en Europa. Hicieron falta menos de 70 horas para identificar el Arconian.
Pensaban que éramos de una organización que había venido a robar la droga. La tensión era enorme; cualquiera podía haber disparado, ellos o nosotros
A las 20:00 horas del 1 de mayo, Fernández, de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, fue el primero en subir a bordo del barco que se balanceaba en un mar oscuro y embravecido. Tras detener a las 23 personas de Filipinas que componían la tripulación, vio un arma tirada sobre la cubierta. “Empezamos a registrar más a fondo”, dice Fernández.
Cuando su equipo se topó con el grupo de seis paramilitares a cargo de custodiar la cocaína, quedó terriblemente claro que aquellos hombres armados tenían orden de matar a cualquiera que pusiera en riesgo el cargamento de droga de Leijdekkers. No tenían ni idea de que Fernández era un agente. “Pensaban que éramos de una organización que había venido a robar la droga”, dice Fernández. “La tensión era enorme; cualquiera podía haber disparado, ellos o nosotros”.
Pasaron unos segundos interminables antes de que los hombres de Leijdekkers se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo. “Entonces supieron que abrir fuego sería peor”, dice Fernández.
La incautación del Arconian echó por tierra todas las ideas que se tenían hasta entonces sobre el tráfico de cocaína. En primer lugar, Leijdekkers parecía estar absolutamente seguro de que su cargamento, valorado en 812 millones de euros, llegaría a Europa. No habían hecho ningún intento por ocultar la droga. “Había un pasillo de 60 metros de largo repleto”, dice Fernández.
El nivel de despreocupación corroboraba lo que se decía en los informes de inteligencia, que indicaban que Leijdekkers había inundidado Europa de coca con una extensa flota de cargueros hasta llevar a mínimos históricos el precio mayorista de la droga.
Embarcaciones sospechosas
En las semanas previas a la redada, el Arconian había cambiado por completo su identidad. En los meses previos a su apresamiento, un mínimo de tres buques sospechosos cambiaron de nombre antes de zarpar de Sierra Leona, según un análisis encargado por The Guardian a la empresa de IA marítima Windward.
En enero de este año, un carguero modificó sus datos de registro justo antes de llegar a Freetown, para zarpar un mes después hacia un destino no especificado. El 15 de marzo, el buque redujo la marcha y permaneció durante cuatro horas frente a las Islas Canarias. Los investigadores sostiene que el Arconian tenía la intención de quedarse en las proximidades del archipiélago español para descargar la cocaína usando una flotilla de lanchas rápidas.
En la Nochebuena de 2025, otro barco sospechoso cambió de nombre, pabellón y características identificativas mientras estaba fondeado frente a Freetown. Sin declarar ningún destino, zarpó el día de Navidad. El 9 de enero redujo la velocidad cuando se estaba acercando a Canarias y permaneció allí durante 13 horas antes de poner rumbo a Libia, que para el Arconian también había sido el destino declarado. Exactamente, el mismo patrón de otro barco que zarpó el 15 de diciembre de Freetown.
Desde 2024, otros ocho buques con características casi idénticas a las del Arconian zarparon de Freetown con destino Libia y tránsito por las Islas Canarias. Entre ellos figura el White Labeille, que zarpó de Freetown en noviembre de 2024. Fue identificado frente a Canarias, hasta que desactivó sus dispositivos de localización y “desapareció del radar”. Cuatro meses antes, el White Eagle había zarpado de Sierra Leona para terminar desapareciendo frente a las costas de Marruecos y siendo abandonado misteriosamente. El mismo día en que el White Arrow era abandonado en Libia junto con su tripulación filipina, semanas después de zarpar de Freetown.
Cerca de Freetown fueron encontrados otros barcos abandonados. El año pasado, el arrastrero Sky 777 encalló en la playa de Lumley. Nadie lo ha reclamado. Meses más tarde, el Agios Basseterre llegó a la deriva a la cercana playa de Hamilton. Testigos presenciales hablan de unos hombres blancos retirando paquetes del barco a toda prisa. Nadie lo ha reclamado tampoco.
Mientras los investigadores examinaban minuciosamente el Arconian, las autoridades de Sierra Leona sostenían que la carga procedía de una misteriosa transferencia marítima. Pero el análisis que la agencia Lloyd’s List Intelligence hizo para The Guardian sobre el último viaje del Arconian confirma que la velocidad del barco se mantuvo constante: no hubo paradas para esos trasvases de barco a barco.
Algo más no cuadraba: no había habido una ola de violencia en los bajos fondos. Nada del derramamiento de sangre que las agencias de inteligencia esperan cuando se pierde hasta un cargamento modesto de coca. Dos días después de la incautación del Arconian, Leijdekkers presidió una reunión en Freetown para determinar qué había salido mal, quién había dado el chivatazo, y si tenían algún topo. Pero no hubo violencia. “Se esfumaron cantidades alucinantes de cocaína, pero Leijdekkers se comportó como si no hubiera pasado nada, extraordinario”, dice una fuente de la policía.
Desapariciones y muertes sin resolver
¿Qué había ocurrido con Alan Jalloh? ¿Subestimó a Leijdekkers? ¿O tal vez le cegó la codicia? Sea como fuere, los informes de inteligencia dicen que el neerlandés se había sentido traicionado por él en un negocio relacionado con la cocaína.
La policía que investigaba su secuestro logró un rápido avance gracias a que unos agentes localizaron el todoterreno Toyota negro. “Lo reconocimos por nuestro trabajo de vigilancia sobre Leijdekkers”, dice uno de ellos. Tres secuestradores fueron detenidos, pero antes de que los interrogaran hubo una intervención de los altos mandos policiales. “Los pusieron en libertad ese mismo día”, dice una fuente.
El volumen de trabajo del equipo de investigación se disparó. Dos días después, las pesquisas desembocaron en una redada policial dentro de un almacén de Freetown donde dos adolescentes y el propietario del inmueble custodiaban bloques de cocaína. La policía estaba deteniéndolos cuando aparecieron 40 soldados armados. A punta de pistola, los soldados ordenaron a los agentes que liberaran a los sospechosos. “Ordenaron a los agentes que dejaran todo en manos de los militares, nadie volvió a ver a esos chicos”, dice una fuente de la policía.
Más personas desaparecieron en los días siguientes. Entre ellas, el propietario de un bar de playa de Lumley. En las investigaciones de los desaparecidos no dejaba de aparecer el mismo apellido: Leijdekkers. Pero los detectives sentían que sus avances eran obstaculizados una y otra vez. Un día trasladaron de repente al investigador principal y la familia de Jalloh ya no pudo ponerse en contacto con él.
Nueve personas desaparecidas y ni un solo comunicado policial. Un silencio aún más llamativo si se tiene en cuenta que el empresario Jalloh era familiar del vicepresidente de Sierra Leona y había sido secuestrado junto al aclamado futbolista internacional Alusine ‘Bokay’ Koroma.
Fuentes fiables sostienen que los desmembraron con una sierra eléctrica mientras todavía estaban vivos. Se cavó una fosa, disolvieron los cadáveres con productos químicos y los cubrieron con hormigón
La policía de Sierra Leona no ha querido informar sobre los detalles de la investigación y el ejército tampoco ha querido hacer comentarios. Pero los informes de inteligencia occidentales lo tienen claro: fueron los matones de Leijdekkers los que asesinaron a Jalloh. “Sus mercenarios contaban con el apoyo de la policía y el ejército”, dice uno de esos informes.
Según testigos presenciales, horas antes del secuestro unos soldados habían saqueado la tienda de bebidas Freetown Liquor Mart, propiedad de Jalloh. La policía ha sabido que a algunos de los secuestrados los enterraron después en el cementerio policial de Freetown.
“Fuentes fiables sostienen que los desmembraron con una sierra eléctrica mientras todavía estaban vivos. Se cavó una fosa, disolvieron los cadáveres con productos químicos y los cubrieron con hormigón”, dice un agente de policía de Sierra Leona. Otra fuente que sabía de los entierros informó a los investigadores de que “faltaba una cabeza”.
Otra de las personas que murieron fue John Conteh, que trabajaba en el puerto de Freetown, comprobando el precinto de los contenedores en el muelle. Según fuentes de los servicios de inteligencia, Conteh había comenzado a “vigilar y a inspeccionar contenedores” vinculados a Leijdekkers. Conteh murió aplastado por maquinaria de trabajo alrededor de la 1:00 de la madrugada del 2 de junio de 2024. Aparentemente, ninguna cámara de seguridad grabó su muerte en el corazón de uno de los puertos más importantes de África Occidental, estratégico por su valor comercial.
Conteh trabajaba para Mediterranean Shipping Company (MSC), el mayor grupo naviero del mundo. Es el único empleado de MSC fallecido en Freetown desde que la empresa se instaló allí hace 14 años. Ocho días después de su muerte, las autoridades de Sierra Leona concluyeron que había sido un “accidente de trabajo”. MSC no ha querido hacer comentarios y se remite a las declaraciones de la autoridad portuaria. La policía de Sierra Leona también opta por no responder. Según los servicios de inteligencia occidentales, Conteh murió en “circunstancias sospechosas”.
Incluso los policías de alto rango corren peligro. El 8 de abril de 2023, el superintendente Matthew ‘Boyka’ Banya se encontraba en un coche patrulla cerca de la famosa torre del reloj de Makeni. Tras ser expulsado de Freetown por supuestamente entrar en conflicto con la red de Leijdekkers, Banya se estaba adaptando a su nueva vida en la ciudad de Makeni, en el norte de Sierra Leona. Un asesino le disparó a quemarropa. “Boyka quería desenmascarar a Leijdekkers, así que enviaron a un atacante”, dice una fuente policial de Sierra Leona.
Aunque hasta el presidente del país pidió a la policía que actuara, no se detuvo a ningún asesino. “No hubo una investigación adecuada, dejaron pasar el asunto”, dice la fuente. Los que buscan justicia sostienen que las autoridades les pusieron trabas. La policía no ha querido hacer comentarios al respecto.
“Estamos aterrorizados”
Los asesinatos sin resolver han sembrado el pánico en el país. La gente habla de un clima de miedo. “Asesinatos selectivos, encubrimientos e impunidad”, dice un político local. “Estamos aterrorizados”. Los más temidos son los llamados “comandos”, el grupo compuesto por turcos, serbios y neerlandeses que hacen de guardaespaldas de Leijdekkers, armados con pistolas y fusiles de asalto.
Los periodistas que intentan documentar la actividad de Leijdekkers corren el riesgo de ser detenidos, como le ocurrió el año pasado a la reportera neerlandesa Sophie van Leeuwen durante su viaje a Freetown. Se puso en marcha una operación de vigilancia policial las 24 horas del día. En un momento dado, los agentes la vieron pasar en coche frente al Sky Bar donde Leijdekkers estaba tomando una copa. Al sexto día de su llegada a Freetown, la tuvieron detenida durante varios días acusándola de espionaje. Antes de devolverle la libertad, borraron las fotos y grabaciones que había hecho.
A los políticos también los silencian. “Enviaron a gente a aconsejarme que no me metiera en el tema”, dice el líder opositor Abdul Kargbo, que recibió amenazas tras expresar su preocupación por la trata de personas.
Leidjekkers no parece estar pasando desapercibido. Por las noches disfruta abiertamente del Scarlet, el Lor y el Sky Bar, sus locales favoritos. Pero los analistas hablan de un refuerzo en su seguridad: más guardias armados, más vigías y una contravigilancia más rigurosa. Los conductores se turnan a menudo y su flota de vehículos se renueva de forma rutinaria. Cuando Leijdekkers va a hacer un desplazamiento, envían equipos de reconocimiento con 24 horas de antelación. “Parece más paranoico”, dice una fuente.
La cautela podría estar justificada. En dos ocasiones, las fuerzas especiales neerlandesas se han posicionado frente a la costa de África occidental para detenerlo. Abortadas en el último momento, las operaciones deben haberle puesto los nervios de punta.
“Su mayor temor es un topo”, dice una fuente de Sierra Leona. Aparte de varios lugartenientes de confianza, el negocio de Leijdekkers depende en gran medida de su propio trabajo personal. “Eso dificulta la infiltración en su red; puede asumir la detención de figuras de alto rango y deshacerse fácilmente de los subordinados”, dice la fuente.
La mayor parte [de la cocaína] se destina principalmente a la exportación a Europa, pero una pequeña cantidad se vende a nivel local a través de redes criminales que facilitan el tráfico
La capacidad de Leijdekkers de eliminar cualquier eslabón que considere débil también parece estar detrás de la muerte de varios miembros de una unidad policial especializada que tal vez había averiguado demasiado, incluido el lugar donde estaba enterrado Jalloh. Dos meses después de la desaparición del empresario, un vehículo policial se estrelló, matando a tres agentes (la versión oficial es que fue un accidente). Días más tarde, un cuarto agente de la misma unidad fue hallado ahorcado. “Su familia sabe que su hijo no se habría suicidado”, dice una fuente policial. “No se llevó a cabo ninguna investigación”.
La llegada de Leijdekkers también ha popularizado la cocaína entre la clase media de Freetown, especialmente en las discotecas de la playa de Lumley. El precio en la calle de la coca es el más bajo de África occidental. Según Abubakar Sesay, de 32 años, que vive en Freetown y es adicto a la cocaína, los traficantes tienen protección política. “La mayor parte se destina principalmente a la exportación a Europa, pero una pequeña cantidad se vende a nivel local a través de redes criminales que facilitan el tráfico”, dice.
Los expertos alertan del grave problema de salud pública que genera la cocaína, sobre todo si se transforma en crack, más barato. “Ya hemos empezado a ver casos de sobredosis”, dice un activista contra las drogas. Pero la droga no se termina de generalizar, pese a que el precio en las calles es relativamente bajo, porque casi la mitad de la población de Sierra Leona vive en situación de pobreza extrema.
Muy pocas personas viven de la generosidad de Leijdekkers. Según varias fuentes, se benefician solo “unos pocos cientos” de personas, de los nueve millones de habitantes que tiene el país. Pero la cocaína ha distorsionado la economía nacional: un plato en el restaurante Lor puede costar hasta 320 euros, cinco meses de salario de un sierraleonés promedio. Abundan los apartamentos nuevos y en Wilkinson Road se alinean los concesionarios de coches de lujo. “Mi chófer me enseñó un edificio enorme, de varias plantas, que había sido construido por un agente de policía, ¡no estoy hablando de un comandante regional, sino un agente de tráfico!”, dice el político.
Expansión por África occidental e inversión europea
Por toda África occidental surgen nuevas construcciones relacionadas con Leijdekkers. Tiene bases operativas en Liberia, Guinea-Bissau y, ahora también en Ghana. Gracias a sus pasaportes diplomáticos, Leijdekkers y sus hombres se desplazan por la región con libertad total. Algunos testigos dicen haber visto a la policía liberiana aplaudiendo a su caravana cuando cruza la frontera.
El 21 de julio, Liberia anunció la mayor incautación de drogas de su historia. Cerca de Monrovia, la capital, habían encontrado casi cuatro toneladas de cocaína propiedad de Leijdekkers, con un valor estimado de 278 millones de euros. Según algunas fuentes, Leijdekkers había regresado a Freetown desde Liberia el día anterior. Al hombre detenido con la cocaína de Monrovia también lo habían visto junto a Leijdekkers en Freetown.
Leijdekkers suele visitar Guinea-Bissau, donde se ha acercado a la junta que tomó el poder en noviembre. También hay sospechas sobre Ghana, donde varios miembros de la red de Leijdekkers fueron detenidos el mes pasado.
Como regalos eran bien llamativos. El 23 de junio de 2026, autoridades de la UE entregaron dos elegantes lanchas rápidas al gobierno de Bio durante una ceremonia en Freetown. Las embarcaciones para combatir el tráfico de drogas iban a ser usadas por el ejército, el mismo que ha sido cooptado por Leijdekkers. Pese a las detalladas advertencias sobre la influencia que ejerce el neerlandés en el país, las lanchas se sumaban a las muchas aportaciones de la UE a Sierra Leona.
En un acuerdo firmado antes de que Leijdekkers llegara a Freetown, Bruselas aprobó un paquete de ayuda por 352 millones de euros en vigor hasta 2027. De ese total se han abonado hasta la fecha 245 millones de euros. En agosto de 2024, semanas después de que los servicios de espionaje neerlandeses confirmaran que el gobierno de Bio daba cobijo al primer importador de cocaína en Europa, la UE acordó conceder otros 90 millones de euros a Sierra Leona.
En enero de 2025, se desbloquearon otros 35 millones de euros durante una reunión celebrada en Freetown con funcionarios de la UE. Otros acuerdos implicaron el pago de decenas de millones de euros de los contribuyentes de la UE que iban a parar directamente al tesoro público de Sierra Leona.
Tras la incautación del Arconian, Bruselas inauguró el 9 de junio de 2026 la Cámara de Comercio Europea en Freetown para fomentar las inversiones en el país. El primer presidente fue el director sierraleonés de la naviera Mediterranean Shipping Company (la empleadora de John Conteh, muerto en el puerto de Freetown).
Uno de los principales fines de la inversión europea en Sierra Leona es fortalecer la democracia en el país. Desde la llegada de Leijdekkers a Sierra Leona, la UE ha desembolsado 5,6 millones de euros bajo ese concepto. No ha sido suficiente para impedir los supuestos intentos de soborno de Leijdekkers, acusado de pagar hasta 100.000 dólares por persona [unos 118.000 euros] para corromper el sistema electoral.
Exasperado por la negativa de Bio a extraditar a Leijdekkers, el ministro de Justicia de Países Bajos, David van Weel, quiere que Bruselas congele la ayuda al desarrollo destinada a Freetown. Hasta la fecha, solo se ha suspendido el pago de 18 millones de euros.
Proyección en la ONU
En el verano de 2024, cuando todas las pruebas demostraban que el Gobierno de Bio estaba protegiendo a Leijdekkers, Sierra Leona asumió la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad de la ONU.
En junio de 2025, tras asumir la presidencia de la CEDEAO, Bio encabezó la comisión que exigía un puesto permanente para África en el Consejo de Seguridad de la ONU. El órgano de la ONU, cuyo mandato incluye sancionar a los países controlados por narcotraficantes, no ha querido ir contra una de sus lamentablemente escasas voces africanas. “No había voluntad, el tema de Leijdekkers nunca salió a colación”, dice un diplomático europeo.
Bio reforzaba su imagen de estadista. Diez días después de la incautación del Arconian, se reunió con el presidente francés, Emmanuel Macron, antes de volar a Londres para pronunciar su discurso en Oxford.
En septiembre, Bio se dirigió a los líderes mundiales en la Asamblea General de la ONU con un discurso sobre el restablecimiento de la confianza. Las políticas económicas de Bio fueron elogiadas durante la reunión que se celebró en Nueva York con Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Los investigadores de la lucha contra las drogas no podían creer lo que estaba pasando. Incluso Agnes, hija de Bio y esposa de Leijdekkers, de 32 años, está acreditada en Nueva York como integrante de la misión de Sierra Leona en Naciones Unidas.
En Reino Unido hay un equipo especializado investigando las extensas conexiones de Leijdekkers dentro del país. Fátima, la esposa de Bio, tuvo hasta hace poco un piso de protección oficial en Londres.
Tras compartir informes diarios con sus homólogos neerlandeses, la Agencia Nacional contra el Crimen de Reino Unido identificó redes de tráfico de drogas interrelacionadas. “La información de inteligencia nos indica que está vinculado a muchísimas cosas; tenemos una serie [de importaciones de cocaína a Reino Unido] en las que creemos que estuvo implicado”, dice una fuente británica. El Gobierno de Reino Unido no ha expresado ninguna preocupación con relación al Gobierno de Bio.
Ataque contra un pueblo neerlandés
La escena parecía sacada de Sinaloa, el estado mexicano donde los cárteles usan la violencia descarada para someter al Estado y alardear de poder. Decenas de hombres fuertemente armados irrumpían el pasado 1 de septiembre en el tranquilo pueblo neerlandés de Overasselt. Reunido a toda prisa, el ‘narcoejército’ de Leijdekkers abrió fuego contra un almacén rural, matando a un guardia de seguridad y provocando heridas de gravedad a dos agentes de policía que acudieron.
Treinta y cuatro sicarios del narcotraficante fueron detenidos durante el caos que reinó antes del amanecer. Cerca de allí se encontró un alijo de armas rápidas. Para la policía, fue la materialización de una pesadilla temida desde hacía tiempo: la violencia al estilo de los cárteles latinoamericanos había llegado a Europa.
El ataque de Leijdekkers a Overasselt fue muy atípico. Los informes de inteligencia llevaban tiempo describiendo una red de tráfico de meticulosa documentación y logística perfectamente ajustada para pasar desapercibida. Lo ocurrido en Overasselt fue exactamente lo contrario. “Se está desesperando”, dice una fuente de la policía de Países Bajos. La redada de Overasselt tenía que ver con la pérdida de 1,2 toneladas de cocaína cerca de la frontera franco-española el 29 de agosto (antes de eso, ya había perdido la droga valorada en 812 millones de euros del Arconian).
Leijdekkers creía que un rival se había apropiado de la droga y en dos días reclutó con ayuda de sus socios a personas para la descabellada redada. Pero se equivocaba. De hecho, era la policía la que había interceptado el cargamento, valorado en 50 millones de euros.
Días más tarde, el fugitivo sufrió otro duro golpe cuando los agentes de policía confirmaron que habían detenido a un alto cargo del sistema clandestino de transferencia de dinero conocido como ‘Dubai Bank’, encargado de las finanzas de Leijdekkers. Desde que se interceptó el Arconian, Leijdekkers ha perdido hasta 12 cargamentos, y el precio mayorista de la coca en Europa ha pasado de 12.000 a 22.000 euros por kilo.
La policía cree que las pérdidas acumuladas le han hecho contraer deudas con el cártel colombiano de Cali. Además, tiene que hacer frente a una nómina gigantesca en Sierra Leona.
Leijdekkers acorralado es una amenaza peligrosa. El neerlandés aún tiene mucha influencia dentro del extenso ecosistema criminal de Europa y el norte de África conocido como la ‘mafia marroquí’. Hasta ahora ha sobrevivido a otros narcos y antiguos cómplices, como el presunto jefe mafioso Daniel Kinahan, extraditado hace poco desde Dubái a Irlanda; o como el narco marroquí-neerlandés Ridouan Taghi, condenado a cadena perpetua en 2024.
“Cada día que pasa sigue ampliando su red”
Fuentes policiales que antes insistían en que Freetown “nunca jamás” extraditaría a su acaudalado huésped, se preguntan si las cosas ahora pueden cambiar. La presión internacional para la familia Bio no deja de aumentar. Según Van Weel, el ministro de Justicia y Seguridad de los Países Bajos, están trabajando para “sancionar” a las personas vinculadas a Leijdekkers. La oficina del presidente se ha negado a hacer comentarios, aunque no hay indicios de que Bio esté implicado en ninguna actividad ilegal relacionada con Leijdekkers.
El abogado de Leijdekkers desestima las acusaciones y dice que tienen una “motivación política”. “Mi cliente quiere que sepáis que la información que habéis obtenido de fuentes anónimas es una completa tontería, probablemente alimentada por las autoridades neerlandesas y, por lo tanto, no apta para publicación”, escribió en un comunicado posterior.
Sierra Leona se encuentra al borde del abismo, como el resto de África occidental: una región alimentada por la narcoeconomía, con Estados frágiles abrumados por la corrupción y las despiadadas redes criminales, sigue siendo una posibilidad muy real.
Leijdekkers, como Jalloh, podría desaparecer de Freetown. Pero lo más probable es que reaparezca en otro lugar para construir un nuevo imperio. “No hay indicios de que vaya a retirarse”, dice una fuente policial. “Cada día que pasa sigue extendiendo sus alas y ampliando su red”.
Traducción de Francisco de Zárate.
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