El uso de acolchados orgánicos en el viñedo mejora la biodiversidad del suelo y frena su degradación
El investigador David Labarga Varona, del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV), ha alcanzado el grado de doctor por la Universidad de La Rioja con una tesis que arroja luz sobre el impacto de las prácticas agrícolas en la salud invisible del campo: su microbiota. Su estudio, calificado con sobresaliente cum laude y mención internacional, demuestra que técnicas como el acolchado orgánico son herramientas clave para la sostenibilidad del sector frente al cambio climático.
La investigación, dirigida por la científica del CSIC Alicia Pou Mir, parte de una premisa esencial: bacterias y hongos no son agentes aislados, sino la “piedra angular” que regula la nutrición de la vid, la protege de enfermedades y define la calidad del mosto.
A través de técnicas avanzadas de secuenciación genética y el análisis de 246 muestras tomadas entre 2019 y 2024 en diversas localidades de la DOCa Rioja, Labarga evaluó tres estrategias de agricultura ecológica y regenerativa:
- Acolchados orgánicos: Aplicación de paja, restos de poda y sustrato de champiñón.
- Portainjertos: Uso de cinco variedades distintas bajo condiciones de riego y sequía.
- Agua ozonizada: Empleo de este método en el riego.
Una de las principales conclusiones es que el acolchado orgánico mejora el ecosistema de forma integral. Al incrementar la biodiversidad del suelo, ayuda a mitigar su degradación y regula factores críticos como la humedad y la temperatura. No obstante, el investigador advierte que estos beneficios no son inmediatos: los cambios significativos en la diversidad microbiana comienzan a ser visibles a partir del tercer año de aplicación.
Adaptación al cambio climático
En cuanto a los portainjertos, la tesis revela que el riego es el factor que más influye en las bacterias del suelo. Sin embargo, en situaciones de sequía, la planta parece “seleccionar” ciertos microorganismos que la ayudan a sobrevivir, lo que subraya la importancia de elegir el portainjerto adecuado para adaptar el cultivo al estrés hídrico.
Por el contrario, el estudio señala que el riego con agua ozonizada no mostró cambios relevantes en la microbiota, lo que genera dudas sobre su efectividad como estrategia sostenible en este ámbito.
David Labarga concluye que para asegurar el futuro de la viticultura es vital entender el viñedo como un sistema interconectado donde suelo, planta y microorganismos trabajan juntos. Los resultados de esta tesis, desarrollada en colaboración con centros internacionales y bodegas riojanas, ofrecen una hoja de ruta para diseñar sistemas vitícolas más resilientes y respetuosos con el medio ambiente.
0