Utopías 44. En el futuro
En el futuro, cuando los de mi generación (boomers: 1946-1964) nos hayamos ido y nuestra masa corporal se transforme en otro tipo de energía, los que se queden aquí vaya usted a saber como serán. Si todo transcurre como parece, habrá dos clases sociales, las de toda la vida: Los pobres y los ricos.
Los primeros vivirán -quiero decir sobrevivirán- como han sobrevivido siempre, hacinados en viviendas insalubres, estarán mal alimentados porque el dinero no llegará para comprar lo básico, para comer se recurrirá a la beneficencia, los niños estarán en la calle sucios, con los mocos colgando y sin escuela… En Logroño, la cocina económica será la única entidad benéfica que ampliará instalaciones y elevará geométricamente sus servicios. Esos pobres serán esclavos de los ricos, como toda la vida.
Entre los ricos habrá dos clases: los de siempre, los de cuna, los que conservan las costumbres de toda la vida. En este primer grupo incluiremos a profesionales liberales: abogados, arquitectos, ingenieros, jueces, médicos, funcionarios nivel A y algunos otros pertenecientes a profesiones que se irán creando. El segundo grupo de ricos estará formado por “seres carroñeros” con aspecto de hombres y mujeres y comportamiento de animales de rapiña, salvajes que con tal de aumentar su poder económico harán todo aquello que a los boomer se nos ha dicho que hacen los seres humanos cuando pierden el segundo nombre.
En ese futuro, alguien se preguntará -porque las preguntas seguirán formulándose, aunque sólo sea en el cerebro de algunas personas- qué pasó con el estado de bienestar, con los derechos y libertades de las democracias, con la educación universal para todas las niñas y niños, con la sanidad universal para todos los enfermos, con el derecho a un abogado de oficio.
Ténganse en cuenta que la mayoría de los que lleguen al futuro, el poco tiempo libre que le dejen los amos, se dedicarán a jugar con el sustituo del móvil y a decir que a “ellos no les pagan por pensar, los milenials (1981-1996) y la generación Z (1997-2012), que hoy creen estar en la cresta de la ola, serán unos ancianos como los que hoy pasan la noche en los cajeros de las entidades bancarias de Logroño.
Efectivamente el futuro será distinto. Esos milenials y generación Z, incluso los Alpha (2013 a la actualidad), no entenderán la razón por la que los boomers y la generación X (1965-1980), llegamos a un grado de decepción tan alto. Les costará comprender por qué todo nos parecía imposible, por qué los fondos carroñeros, los fabricantes de cohetes espaciales, los dueños de la IA, los fabricantes de armas, los grandes armadores que controlaban el tráfico de buques contenedores gigantes con mercancias de todo tipo, que se fabricaban en países deprimidos y los transportaban a los puertos europeos y estadounidenses, junto con políticos y otras castas de aparente bien vivir y de avaricia descomunal eran monstruos poderosos que aplastaban a los humanos, como un elefante puede aplastar a una hormiga.
Esos milenials, generación X y alpha se sorprenderán cuando en algún momento dado, algún amante de la «Memoria y del Pasado, de la Historia», en definitiva, les hable de la democracia, de la división de poderes, de la corrupción política y judicial, de los jueces que querían ser más que nadie y tener su momento de gloria, de los que nunca llegaron a ser demócratas, porque “de casta les venía la toga” y porque su consigna era: “el que pueda hacer que haga”.
En el futuro, cuando los viajes a la luna sean frecuentes para cuatro grandes magnates que no sabrán ni qué hacer con tanto y las mansiones enormes se las construyan en el espacio sideral, para que las distancias entre unos y otros sea mayor; algún iluso estudioso despistado encontrará en la nube que existía una red de economía alternativa y social (REAS) y que algunas organizaciones promovían el comercio justo, la igualdad y el cumplimiento de los derechos humanos, que otras organizaciones defendían la paz y la protección a los menores y niños.
Cuando la energía de los boomers se haya transformado en otro tipo de energía el mundo será distinto, pero no será mejor. Aunque ahora, no nos importe porque eso será en el futuro.
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