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Adiós al Eléctrico de Guadarrama de los años setenta

Luis de la Cruz

Madrid —

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Los 19 km de subida entre pinares y laderas escarpadas de la sierra en el Eléctrico de Guadarrama son una de las experiencias turísticas más auténticas –y son dos epítetos que rara vez encajan– de la Comunidad de Madrid. A la belleza de los parajes atravesados se une el encanto de viajar en un pequeño tren eléctrico de regusto antiguo.

La línea C-9 nace en el serrano pueblo de Cercedilla y termina en el puerto de Cotos, en la línea de separación de las provincias de Madrid y Segovia. En medio del camino, para en el puerto de Navacerrada. Para acudir hasta el comienzo de la línea en la propia red de Cercanías debemos coger la C-8 hasta el pueblo de Cercedilla (aquí toda la información).

Hasta 2011 había otros seis apeaderos –es decir, el tren solo paraba si alguien lo solicitaba– en Cercedilla pueblo, Las Eras y los Castaños, Camorritos, Siete Picos, Dos Castillas y Vaquerizas. La estación de Camorritos, perteneciente al municipio de Cercedilla, posiblemente suene al lector por el largo litigio de los vecinos de una colonia cuya concesión ha caducado. La buena noticia es que este apeadero está previsto que vuelva abrir próximamente junto con la de Siete Picos.

Los trenes actuales datan de mediados de los años setenta. Son las seis unidades de la Serie 442 construidos en Alsasua (Navarra) y para saborear su regusto clásico nos queda poco tiempo pues Renfe tiene planeado cambiarlos a lo largo de 2024 por otros seis trenes alpinos modernos.

Razones de renovación, seguridad y accesibilidad asisten al cambio, pero, dos cosas pueden ser ciertas a la vez, también es previsible que se pierda parte del encanto: los viejos sillones corridos de piel color vino, los acabados de pino, las ventanillas abatibles hacia el aire serrano, el traqueteo… Para saber más, se puede ver este magnífico vídeo del fotógrafo Jaime García sobre la línea y el final previsto para los trenes de la Serie 442.

El tren del excursionista

Aunque es un tren de la red de Cercanías no es exactamente un tren normal, por lo que hay que reservar el billete con seis días de antelación. Se compran presencialmente (o en las máquinas) y  cuestan 8,70 euros (17,40 ida y vuelta). Para familias se puede adquirir un billete para dos adultos y un niño por 34,8 euros ida y vuelta.

El origen de la línea hay que buscarlo en el ímpetu excursionista nacido a caballo entre los siglos XIX y XX en la sierra del Guadarrama. En 1917 nace el Sindicato de Iniciativas de Guadarrama (luego sociedad anónima) con el objetivo de hacer realidad el tren serrano, que un par de años después conseguiría la concesión por Real Orden de Alfonso XIII como línea secundaria del ferrocarril de Villalba, Cercedilla y Segovia.

El 12 de julio de 1923 –aún lucen las galas del centenario– el entonces llamado Tren de Montaña de Guadarrama fue inaugurado con la presencia de los reyes y otras autoridades de la época. Después de la guerra, RENFE se hará cargo de la línea y en los años sesenta se prolongará de Navacerrada a Cotos (hubo planes de llevarla mucho más allá que quedaron en el olvido).

El tren ha servido para transportar víveres y medicamentos a los vecinos del Puerto de Navacerrada durante grandes nevadas, así como a los bomberos para extinguir dos incendios próximos a la vía de difícil acceso en sus vehículos.

Después de la próxima renovación prevista, los cuarenta minutos de recorrido que nos llevarán a más de 1800 metros de altitud, el tren del excursionista –aunque en algunas épocas también ha dado servicio a vecinos–, seguirá siendo uno de los recorridos más especiales que podamos encontrar en Madrid. Solo le faltaría ser un poco menos caro.