EL BOLETÍN DE SOMOS MADRID

El mercado inmobiliario va ganando en Madrid y no tiene miedo, pero hay un atisbo de esperanza

0

Este miércoles un enorme despliegue de la Policía Nacional permitió el desahucio de Maricarmen, una anciana de 87 años y 50% de discapacidad a la que un fondo de inversión echó del piso de Retiro donde vivía desde hace décadas. La historia resume perfectamente cómo el mercado inmobiliario está ganando por goleada en Madrid a las personas que viven en sus casas: cláusulas abusivas, subidas descontroladas, codicia sin límites... a lo que se une todo un aparato del estado (jueces, policía) para defender el derecho a que se especule con una vivienda de alquiler que costaba 500 euros al mes y que se va a subir hasta los 2.650 euros de renta: lo que le quería cobrar Urbagestión a la ahora desahuciada.

El de Maricarmen es un caso que resume la impotencia de la sociedad ante un bien imprescindible como es el lugar en el que vives, ahora controlado en masa por grandes fondos de inversión y también otros más pequeños pero que han aprendido de la voracidad de los primeros. Decía Ayuso esta misma semana que “cada vez más propietarios tienen miedo a poner su vivienda en alquiler” pero las cifras desmienten esta afirmación: nunca se hizo tanto negocio con el alquiler en España como ahora.

La presidenta se fue a poner una alfombra roja a los fondos en The District un día antes del desahucio que ha sacudido el país, un gesto que puede denotar dos cosas: lo perdido que tiene el olfato político Ayuso desde que un ático de 6,3 millones se cruzó en su camino y lo sobrados que van los poderes político-económicos con el tema de la vivienda, sabedores del grado de control que tienen sobre el sistema. Un poder que les permite usar a decenas de policías nacionales para echar a la calle a una anciana de 87 años en silla de ruedas que no pudo subrogar un contrato.

Pero hay una esperanza. Es esta ðŸ‘‡ðŸ¼

La imagen es de la concentración en protesta por el desahucio de Maricarmen. Acudieron miles de personas. La montó el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid (el Sindi, para acortar) en solo seis horas, las que pasaron de la salida de Maricarmen en camilla de la que fue su casa hasta las 19.00 horas del miércoles. A la cita -frente al ático de Chamberí que compró el Gobierno de Ayuso- acudieron muchos, muchos jóvenes. Esos que, con una mezcla de indignación y sentido de la justicia, son los que inician los cambios.

La protesta olía a otras grandes concentraciones que movieron cosas importantes en España, de esas que desbordan en personas, gritos y abrazos. Los jóvenes (y con ellos el resto de la sociedad) han encontrado en el Sindi un faro con el que guiarse cuando todo parecía perdido. Uno que se ha levantado con pocos medios, mucho trabajo y las ideas claras, en torno al gran problema que sufre hoy Madrid. Quizás este inquilinato no pidió serlo, pero tal vez por eso sea a día de hoy la esperanza para recuperar la iniciativa ciudadana en esta batalla desigual.