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El Mundial norteamericano que en realidad son tres por las amenazas de Trump a sus vecinos

Fotografía del 5 de diciembre de 2025 del presidente de la FIFA, Giovanni Infantino (i), tomándose una selfie con los presidentes de EE.UU., Donald Trump, de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney (d), en Washington DC.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
24 de junio de 2026 22:00 h

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El presidente de EEUU tontea de vez en cuando con que Canadá se convierta en el estado 51 de EEUU. Y, cuando se enfada con sus vecinos del norte, se divierte llamando “gobernador” al primer ministro canadiense, Mark Carney. Por ejemplo, como cuando Carney aprovechó el Foro de Davos para denunciar la amenaza para el orden mundial y las reglas internacionales que suponía la presidencia de Donald Trump.

Trump estalló, y redobló las amenazas comerciales contra Canadá, como cuando un gobernador de una provincia canadiense, Ontario, usó un viejo vídeo de Ronald Reagan para una campaña contra los aranceles de EEUU. El presidente de EEUU no pudo reprimirse y atacó con más aranceles.

Y todo eso está en el trasfondo de un Mundial pensado para discurrir entre los tres países de Norteamérica, pero que no para de emitir señales de ser más trino que uno solo: las mascotas son diferentes, las inauguraciones han sido distintas y los valores que se quieren comunicar hacia afuera son también diversos... y muy representativos del liderazgo de cada país.

Si con Canadá las tensiones han sido comerciales y políticas, con México han tenido más que ver con la frontera, las amenazas de intervenir en la supuesta lucha contra el narco en territorio mexicano y, además, con las recientes imputaciones a dirigentes políticos de Morena, el partido de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, por su supuesta relación con el tráfico de drogas. En respuesta, Sheinbaum ha acusado a Trump de entrometerse en los asuntos internos de su país.

Esta es la primera ocasión en la que se celebra un Mundial en tres países, experiencia que espera a España en 2030, junto con Portugal y Marruecos.

En los anteriores Mundiales la narrativa era unívoca: el surgimiento de Sudáfrica como destino mundial, la pasión de Brasil por el fútbol, la ambición de Qatar... Y cuando los responsables del fútbol de EEUU, México y Canadá presentaron su candidatura conjunta en 2017, hablaron de unidad, palabra que aparece en mayúsculas en la primera página del documento de 530 páginas que presentaron.

“Nos llamamos 'United Bid' (Candidatura Unida), porque realmente estamos afrontando este reto juntos: UNIDOS, COMO UNO SOLO”, decía la propuesta.

Campaña de 2017 de la candidatura al Mundial de EEUU, México y Canadá.

Pero los mensajes de cada país están siendo divergentes desde el primer día. EEUU, fiel a la agenda ultra de la Administración Trump, se centra en la seguridad, mientras que México está apostando por la hospitalidad y el mestizaje del país, al tiempo que Canadá se está centrando en su irrupción futbolística como país donde se juega al soccer.

Cada país tiene su propia mascota, y la imagen de marca en las ciudades sede se centra poco, o nada, en el concepto de América del Norte. Es más, las distintas ciudades tienen sus propias campañas de marketing, informa WSJ.

Cuando la bandera de Estados Unidos desfiló durante la ceremonia de inauguración del Mundial en Ciudad de México, llovieron abucheos desde el público, unos abucheos que fueron aún más fuertes al día siguiente, en el partido inaugural en Canadá.

Una encuesta de Abacus Data difundida por Reuters, revela que el 80% de los canadienses cree que Estados Unidos va por mal camino. Otra encuesta, de Nanos, muestra que el 53% de los canadienses considera que boicotear los productos estadounidenses y evitar viajar a ese país ha contribuido a reforzar la posición de Canadá frente a Estados Unidos.

¿El resultado? Un torneo que a menudo transmite la sensación de ser tres Mundiales paralelos en lugar de una única competición conjunta.

Nunca antes ha habido un Mundial en tres países. Pero sí los ha habido en dos. En 2002, por ejemplo, en el torneo celebrado en Corea del Sur y Japón, el primero organizado por más de un país, los jefes de Gobierno de ambos países asistieron al partido inaugural en Seúl.

Y, esta vez, ninguno de los jefes de Gobierno de los tres países anfitriones ha asistido al primer partido de su país. Es más, los líderes de EEUU, Canadá y México solían reunirse periódicamente para hablar sobre comercio y cooperación en las llamadas cumbres de los “tres amigos”, pero el trío actual solo se ha reunido una vez en persona, durante el sorteo del Mundial celebrado en Washington el año pasado, donde Trump fue protagonista al ser agraciado con el premio de la Paz de la FIFA, creado para él por el presidente del organismo, Gianni Infantino.

Mientras Trump no dijo si vio el primer partido, Sheinbaum regaló su entrada para la inauguración a una mujer indígena de 21 años que es futbolista aficionada, y finalmente lo vio en una pantalla grande con varios miembros de su partido.

Luego, en el día a día del torneo, ese premio de la Paz se está traduciendo en unas medidas coercitivas a terceros países que contrastan con los brazos abiertos de México. Lo cual también está generando tensiones añadidas. Por ejemplo, la prohibición de viajar impuesta por la Administración Trump ha dificultado que los aficionados de países como Senegal, Costa de Marfil, Haití e Irán, puedan seguir a sus equipos hasta Estados Unidos.

Hasta tal punto es así, que la selección de Irán tiene su sede en Tijuana, a pesar de que sus partidos son en la costa Oeste de EEUU y solo para el tercer partido la Administración Trump ha dado permiso a los iraníes para pasar dos noches en EEUU como algo excepcional.

Varias federaciones de fútbol, entre ellas las de Irak y Sudáfrica –que jugó el partido inaugural en el estadio Azteca–, se quejaron de que sus jugadores y personal han sufrido largos retrasos a la hora de obtener visados o entrar en EEUU. Y a Omar Abdulkadir Artan, que iba a convertirse en el primer árbitro somalí de un Mundial, se le denegó la entrada a EEUU, lo cual ha supuesto un insulto para los aficionados africanos, algunos de los cuales han tenido sus propias dificultades para obtener visados para ver los partidos de sus selecciones en EEUU.

Amnistía Internacional ha advertido de que las nuevas políticas de inmigración y fronterizas de línea dura de Estados Unidos podrían afectar a los aficionados y a los jugadores de los países participantes. Las acciones militares de Estados Unidos en el extranjero, especialmente en Irán, también han aumentado las tensiones.

Y, a pesar de que las autoridades de los países intentan transmitir cordialidad, lo cierto es que Trump puso en duda la renovación del principal acuerdo comercial entre los tres países la víspera del inicio del Mundial. “No necesitamos nada de lo que tiene Canadá, no necesitamos nada de lo que tiene México. Pero ellos necesitan todo lo que tenemos. Y tienen que tratarnos mejor”, dijo el presidente de EEUU el 10 de junio en el Despacho Oval. Y añadió: “Con México y Canadá tenemos déficits comerciales. Deberíamos tener superávits con ellos. No necesitamos sus coches. No necesitamos su madera. No necesitamos su energía. No necesitamos nada”.

Mientras tanto, responsables tanto de Canadá como de México han seguido apoyando públicamente el marco, a pesar de los enfrentamientos con Washington por los aranceles de Trump.

Los tres países se encuentran en un proceso de revisión, en el que Estados Unidos, Canadá y México deben decidir si prorrogan la vigencia del acuerdo más allá de su actual cláusula de caducidad de 2036. Según los términos del acuerdo, el hecho de no aprobar una prórroga no pondría fin al pacto de forma inmediata, sino que desencadenaría un ciclo de revisiones anuales, lo que abriría la puerta a una renegociación prolongada y a la incertidumbre.

Esto se debe a que, a diferencia de los acuerdos comerciales tradicionales, el T-MEC incluye un mecanismo de revisión integrado que obliga a los gobiernos a replantearse su futuro cada seis años.

El T-MEC, que supone aproximadamente 1,6 billones de dólares en comercio trilateral anual, permite la circulación sin aranceles de la mayoría de los productos por toda América del Norte y facilita cadenas de suministro integradas, desde la automoción y la energía hasta la agricultura.

Hace ocho años, cuando en el verano de 2018 se adjudicó la Copa del Mundo, tanto los líderes mundiales como los responsables del fútbol hicieron hincapié en un tema fundamental: la unidad.

“Es una oportunidad para unir al mundo y poner de relieve lo bien que funcionan las cosas entre Canadá, México y Estados Unidos”, afirmó Justin Trudeau, entonces primer ministro de Canadá. “Canadá, Estados Unidos y México están profundamente unidos”, declaró Enrique Peña Nieto, presidente de México en aquel momento.

El presidente Trump, que entonces se encontraba en su primer mandato, dijo: “Estados Unidos, junto con México y Canadá, acaba de conseguir la Copa del Mundo. ¡Enhorabuena, ha sido un gran esfuerzo!”.

Pero tanto en México como en Canadá existe la sensación de que sus países desempeñarán únicamente un papel secundario en este Mundial.

Cada uno de ellos acogerá 13 partidos, en tres ciudades mexicanas y dos canadienses. Por el contrario, Estados Unidos —un país más grande, con estadios más amplios— acogerá 78 partidos en 11 ciudades, incluidos los cuartos de final, las semifinales y la final.

Para muchos en México y Canadá, está claro que la FIFA tenía como objetivo principal a Estados Unidos, la mayor economía del mundo. No en vano, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, lleva años cortejando a Trump, hasta el punto de inaugurar con él un premio de la Paz de la FIFA.

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