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Dos guitarras argentinas de distinta generación deleitaron en San Javier

El guitarrista argentino Luis Salinas regresó a Jazz San Javier para volver a deleitar a su legión de seguidores

Juan Salinas camina por el sendero de tomar el relevo de su progenitor y profesor

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Dos guitarras argentinas de distinta generación deleitaron en San Javier

Juan y Luis Salinas con el Quinteto Goio Villanueva

El regreso del guitarrista argentino Luis Salinas a Jazz San Javier ha provocado que la legión de seguidores con que cuenta en este festival (y en toda España) se dieran cita en la noche del pasado viernes 27. Luis es uno de los mejores guitarristas internacionales que durante su segunda visita a este festival, los camerinos del auditorio Parque Almansa fueron testigos silenciosos de una gran sesión entre él y Tomatito tras el concierto provocando el éxtasis de los pocos elegidos que allí estuvieron acompañándolos y del propio Tomatito que llegados a un momento de casi el amanecer, le indicó a Luis Salinas que continuara interpretando mientras el almeriense miraba asombrado de la capacidad del argentino. Les cuento esta anécdota de hace muchos años atrás, para que puedan hacerse una idea de quién es Luis Salinas como músico y persona. En su anterior visita, allá por 2012 en la XV edición, Luis trajo a su hijo Juan que por entonces contaba con trece años y ya entonces, se pudo adivinar los buenos trazos que el joven apuntaba. Ahora, seis años después, Juan Salinas es un joven guitarrista que ya despunta en la guitarra y hace dúos con su progenitor logrando un todo muy singular y enriquecedor.

El concierto se dividió en dos partes. La primera, a cargo de padre e hijo, se iniciaba con un popurrí de temas clásicos argentinos como “Golondrina”, “Volver”, “Cuando Tú No Estás” y finalizando con “Chacarera para Juan”, que levantó las primeras ovaciones de un auditorio expectante ante una nueva actuación de este guitarrista. A continuación presentó a Juan Salinas, quien en solitario interpretó “El Tren” en la que demostró su buen momento interpretativo de una joven guitarrista que está llamado a ser el relevo natural de su padre. El resto de esta primera parte fueron interpretaciones de ambos, que comenzó con una curiosa historia: La de “La Maestro”; la guitarra que Paco de Lucía encargó al lutier mallorquín Toni Morales, amigo personal del recordado Paco, quien fue dando forma a un instrumento que tenía que ser muy especial. Desgraciadamente, Paco de Lucía nunca vería ni tocaría esa guitarra porque la muerte le sorprendió antes. Y a raíz de este contratiempo nace un proyecto pensado entre Jorque Martínez y Javier Limón, que contaron con el apoyo de Universal Music y la compañía aérea Iberia: La Gira de “La Maestro”.

Dos guitarras argentinas de distinta generación deleitaron en San Javier

Luis Salinas tocando con La Maestro, la guitarra que encargó Paco de Lucía y nunca tocó Goio Villanueva

Me contaba Jorque Martínez que siempre se habían realizado giras de músicos, pero nunca antes de un instrumento. Y las circunstancias tan singulares que rodeaban a esta guitarra hizo que nombres como Caetano Veloso, Alejandro Sanz, Mariza, Muñequitos de Matanza, Tomatito, Diego del Morao, Carlinhos Brown, Alain Pérez y en Jazz San Javier, Luis Salinas entre otros, le dieran vida a una guitarra que quedó huérfana. Sobre ello, se estrenó el documental “La guitarra vuela”, estrenado en los vuelos de Iberia y, posteriormente, en salas de todo el mundo. Y también se buscó la colaboración de la escuela Beckley y la Fundación “Paco de Lucía”, para becar a dos estudiantes de guitarra. También se hizo un disco con todos los guitarristas que han intervenido en este proyecto.

Bien, esta es la historia de “La Maestro” y su gira por el mundo, por aquellos países en los que Paco de Lucía dejó su impronta. Y es la historia del tercer tema titulado “Paco” que tanto Luis como Juan Salinas interpretaron a partir de la base de “Entre dos Aguas”. El auditorio, puesto en pie, rindió su homenaje al recordado y añorado guitarrista de Algeciras, así como a los Salinas, por habernos hecho recordar al más importante músico que ha dado la España del siglo XX.

Dos guitarras argentinas de distinta generación deleitaron en San Javier

Juan Salinas, una nueva generación de la guitarra Goio Villanueva

“Sigue”, “Alfonsina y El Mar” (preciosa versión la escuchada en San Javier) o “La Pesada” fueron otras composiciones que padre e hijo, Luis y Juan Salinas, nos regalaron en este primera parte del concierto, que finalizó con la repetición de “El Tren”, pero ahora interpretado por ambos.

Tras un breve descanso, la segunda parte del concierto de Luis y Juan Salinas iba a enriquecerse con la participación del grupo de Luis conformado por el bajista Alberto Bonacera, el baterista Nicolás Correa y el pianista afincado en España, Mariano Díaz que es el habitual de Pedro Iturralde. Con esta formación en la que también continuó Juan Salinas, el quinteto desplegó un amplio paraguas musical, que se iniciaba con “La Salsalinas”, para continuar con “Para Luizinho Eça” o “Candombes” que trajeron el ritmo de un Salinas que se pasea por chacareras, tangos, funky y todo aquello que pasa por su mente siempre activa e inquietante, porque nunca sabes por dónde va a salir y, además, muy airoso.

El auditorio, a pesar de que el repertorio era un viejo conocido de Luis Salinas, le quería y adoraba. Entonces –lo que les indicaba- sonó “13 R.T.M. Blues”, que cambiaba los ritmos más hispanoamericanos por el inequívoco blues en el que, como en todos los demás, Luis Salinas se mueve como pez en el agua. Y para finalizar, lo hizo de una manera tranquila y sosegada a través de esa preciosa balada titulada “Todavía Quedan Cosas”, que dejó al público derretido y pidiendo, puestos en pie, que les diera un poco más de su música, de su magisterio musical y humano.

Dos guitarras argentinas de distinta generación deleitaron en San Javier

El grupo de Luis Salinas en un momento de su concierto Goio Villanueva

No se hicieron de esperar. Dos piezas más: El pegadizo “Funky Tango”, que acompañó el auditorio con sus palmas, y otro contagioso “Spike” que fulminó definitivamente a un auditorio desparramado de satisfacción. Tal vez la única nota discordante fuera que en esta ocasión, Luis toco en muchos momentos de espaldas al público; suele hacerlo en todos sus conciertos, pero muy brevemente para ir dirigiendo a sus músicos. Tal vez el estar pendiente de su hijo Juan, le hizo caer, sin maldad, en ese excesivo retroceso hacia un auditorio que, creo, se lo perdonó por entender el momento. Pero debe cuidar esos detalles en el futuro, para no desairar a quien paga por ver una actuación, que no fue el caso de San Javier.

En resumen, noche para el deleite y esparcimiento con dos guitarras argentinas de diferente generación: Luis y Juan Salinas. El primero consagrado; el segundo, en vías de comenzar una trayectoria ascendente desde la mirada atenta de su profesor. Larga vida a los Salinas.

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