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Vergüenza Mundial

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Un Mundial de fútbol masculino es uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Se celebra cada cuatro años y lo paraliza absolutamente todo. Está a la altura de unos Juegos Olímpicos en cuanto a repercusión mediática, periodistas enviados a cubrirlo, audiencias y dinero generado en el país que lo alberga. Durante aproximadamente tres semanas (el próximo se disputará del 21 de noviembre al 18 de diciembre, fechas no habituales, ya que siempre suele ser en verano, debido a las altas temperaturas) no existe nada más. Es como si no importasen otros temas más allá del fútbol o eso es lo que intentan vendernos. Sin embargo, el Mundial que arrancará dentro de cinco meses en Qatar será el torneo de la vergüenza y resulta incluso doloroso que nadie del mundo del fútbol (al menos, públicamente) se plante, alce la voz y diga que no piensa acudir a un evento que atenta contra los derechos humanos.

Hay cuestiones que sí deberían estar por delante del deporte. El coste de disputar esta competición ya es, y todavía no ha comenzado, horrorosamente alto, pero los grandes mandatarios del fútbol continúan mirando para otro lado. Cuando Qatar fue elegida sede en 2010, tuvo una multitudinaria respuesta social en ese país. Las calles de Doha se llenaron de miles de personas felices celebrando la noticia, mientras el resto del mundo (por lo menos, a nivel interno) sabía las consecuencias que esa decisión podía acarrear. Desde ese día, según fuentes gubernamentales publicadas en The Guardian, han fallecido más de 6.000 personas trabajando en las denominadas “obras del Mundial” (construcción de los estadios en los que se disputará la competición, carreteras u hoteles). 

Los datos recogen que han llegado a morir una media de 12 trabajadores por semana, la mayoría de ellos inmigrantes de otros países asiáticos como Pakistán (su embajada confirma 824 pérdidas hasta el 2020), Nepal, India, Bangladesh y Sri Lanka. Casi todas estas personas estaban en Qatar únicamente por el Mundial, con lo cual sí son muertos del fútbol. Ese gobierno ha fracasado a la hora de proteger a sus trabajadores, pero el resto del mundo también está (estamos) haciendo oídos sordos. Es probable que las cifras reales sean muy superiores.

Los que mandan en el fútbol quieren que no se hable de algo tan grave. Es más, lo intentan relativizar. Hace un mes, Gianni Infantino, el presidente de la FIFA (la institución que gobierna las federaciones de fútbol de todo el planeta) declaró que “cuando le das trabajo a alguien, incluso en condiciones difíciles, le das dignidad y orgullo. No es caridad”. Tras ser preguntado por una posible compensación económica a las familias de los trabajadores fallecidos en Qatar en las obras para su Mundial de fútbol, Infantino dijo: “La FIFA no es la policía del mundo ni es responsable de todo lo que sucede en el mundo. Pero gracias a la FIFA y al fútbol, trabajan un millón y medio de personas en Qatar. Eso es algo que nos hace sentir orgullosos”. El máximo organismo del fútbol internacional da una versión de los hechos acorde con la del CEO de Qatar 2022, Nasser Al-Khater: “En Qatar han fallecido tres trabajadores del Mundial. Son datos públicos que nunca hemos escondido. Las cifras que aparecen en otros medios, se utilizan para crear negatividad y responden a intereses personales. Son absolutamente falsos. Nosotros no reconocemos estos datos y no están contextualizados. Es un periodismo irresponsable. Parece que todo el que muere en Qatar lo hace por el fútbol”.

Amnistía Internacional sí lo denunció públicamente hace un año. Según el informe de la organización titulado “En lo mejor de su vida”, la expedición de certificados de defunción sin investigar la muerte de un trabajador migrante es una práctica habitual en Qatar. Allí, la mayoría de los fallecimientos se atribuyen a “causas naturales” o a “insuficiencias cardíacas definidas de manera imprecisa”. Para visibilizar esta situación, Amnistía envío un brazalete de capitán (algo muy simbólico en el fútbol) con la inscripción “Derechos Humanos” para que las selecciones lo luciesen en sus partidos previos al Mundial. Pocas lo hicieron.

Más derechos vulnerados

La elevada cifra de trabajadores muertos o la explotación laboral (además de la cantidad de horas que les hacen trabajar, están muy mal pagados), no son los únicos derechos humanos que podrían verse violados durante el transcurso del próximo Mundial de fútbol. El Comité Supremo de Qatar informó hace unos días en un comunicado de que: “Qatar es un país conservador y las muestras públicas de afecto están mal vistas, independientemente de la orientación sexual. La pena por una aventura de una noche puede ascender a siete años de cárcel'. La policía de medio mundo está preocupada por lo que pueda suceder allí. Fuentes de la seguridad inglesa aseguran para el Daily Star que ”la cultura de la bebida y la fiesta después del partido, que es normal en la mayoría de los lugares en los que se celebra un evento así, estará también prohibida, con consecuencias muy estrictas y aterradoras si te atrapan. Existe la sensación de que éste podría ser un torneo muy malo para los aficionados“.

En un país tan conservador como éste del Golfo, la homosexualidad también está prohibida y penada. Tema tabú. Está previsto que estas normas se extiendan también a las y a los seguidores del fútbol que viajen allí para presenciar el torneo. Tanto la FIFA como Nasser Al-Khater aseguran que “los aficionados del colectivo LGTBI serán bienvenidos al Mundial, siempre que no haya muestras de afecto públicamente. Así como nosotros respetamos las diferentes culturas, esperamos que ellos respeten las nuestras”.

Qatar es Qatar, se pinte como se pinte para el Mundial que arrancará en noviembre . De los derechos de y con las mujeres, ya hablamos otro día. ¿Por qué se celebra un evento de tan magnitud internacional en un país que vulnera tanto los derechos humanos? ¿Será por dinero? ¿Todo vale?. Ojalá alguna estrella del fútbol se negase a acudir por estos motivos, pero de momento no parece que eso vaya a ocurrir.

Un Mundial de fútbol masculino es uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Se celebra cada cuatro años y lo paraliza absolutamente todo. Está a la altura de unos Juegos Olímpicos en cuanto a repercusión mediática, periodistas enviados a cubrirlo, audiencias y dinero generado en el país que lo alberga. Durante aproximadamente tres semanas (el próximo se disputará del 21 de noviembre al 18 de diciembre, fechas no habituales, ya que siempre suele ser en verano, debido a las altas temperaturas) no existe nada más. Es como si no importasen otros temas más allá del fútbol o eso es lo que intentan vendernos. Sin embargo, el Mundial que arrancará dentro de cinco meses en Qatar será el torneo de la vergüenza y resulta incluso doloroso que nadie del mundo del fútbol (al menos, públicamente) se plante, alce la voz y diga que no piensa acudir a un evento que atenta contra los derechos humanos.

Hay cuestiones que sí deberían estar por delante del deporte. El coste de disputar esta competición ya es, y todavía no ha comenzado, horrorosamente alto, pero los grandes mandatarios del fútbol continúan mirando para otro lado. Cuando Qatar fue elegida sede en 2010, tuvo una multitudinaria respuesta social en ese país. Las calles de Doha se llenaron de miles de personas felices celebrando la noticia, mientras el resto del mundo (por lo menos, a nivel interno) sabía las consecuencias que esa decisión podía acarrear. Desde ese día, según fuentes gubernamentales publicadas en The Guardian, han fallecido más de 6.000 personas trabajando en las denominadas “obras del Mundial” (construcción de los estadios en los que se disputará la competición, carreteras u hoteles).