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Baixo Miño Suite

"Echamos a andar por la pasarela de este instagramático puente de hierro y, como siempre, me agarra como un vértigo, al pensar que al final de la pasarela comienza otro país"

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-Ya puedes sacar la máscara, que estamos en Portugal.

-Pero Portugal comienza al final de ese puente.

-Tranqui, que ya llegamos a La Raya.

¡¡Nos sacamos las máscaras!!

Lady Chorima ha aparcado cerca de las dependencias de la antigua aduana, no muy lejos de los carteles verdes donde se lee “Galicia” y “Provincia de Pontevedra”. De camino, nos topamos con una hilera de casas abandonadas, donde nos paramos a curiosear.

-Asómate aquí -me dice Lady Chorima, mirando entre los agujeros de una puerta.

Me acerco y veo el interior de un antiguo café con una elegante barra de madera. En el suelo, casi ocultas bajo el polvo, distingo unas losas blancas y negras, los típicos azulejos portugueses recubren las paredes hasta media altura.

-Al fondo hay un balcón con vistas al Miño -dice ella-. ¡Qué lástima!

- ¿Cuánto tiempo llevará cerrado?

-Ni idea, décadas.

- ¡Manda truco! Es un lugar ideal. ¿Tú crees que lo rehabilitarán algún día?

-Seguro. Está esperando mejores tiempos... Otra humanidad, a lo mejor.

-A veces, creo que he llegado al mundo demasiado tarde -murmuro mirando para el río.

- ¿Por qué, demasiado tarde?

-Porque hubo una época, ponle que ochenta años atrás, en la que estas casas y cafés tenían vida... No sé, antes de la banalización de la arquitectura y de estas calles vacías de hoy. Hace un tiempo, en Molina de Segura, tuve esta misma impresión. Me pasa con frecuencia, en la costa o en la carretera, cuando cruzo aldeas abandonadas... Este café en la frontera, un sábado por la tarde, tenía que estar lleno de gente de paso.

-A ver, la gente pasa, pero en coche. Además, existe otro puente... El de la autopista.  ¿Sabías que Tui era el lugar para salir de juerga los domingos? -me dice ella, antes de entrar en la pasarela lateral del puente, por donde viene un señor enmascarado al que dejamos libre el paso-. Era cuando estaba en el instituto. Toda la zona vieja está llena de pubs.

- ¡Jajaja! ¡Pubs en Tui y sábanas y toallas en Valenza! Un resumen de la idiosincrasia del lugar.

Echamos a andar por la pasarela de este instagramático puente de hierro y, como siempre, me agarra como un vértigo, al pensar que al final de la pasarela comienza otro país. Atravesar fronteras a pie, sin controles ni vigilancia, tiene un aquel transgresor que ya querrían el resto de pasos fronterizos. ¿No nos llega con los límites geográficos? ¿Cuándo llegará la hora de abolir los muros y las alambradas, los Morias, los CIEs y los Tindufs?

- ¿Sabías que cuando hicieron el puente, a finales del diecinueve, dejaron unos huecos en los sillares de las bases? -dice Lady Chorima-. Era para que, en el caso de una guerra, pudieran meter la dinamita con que volarlo.

- ¿Eso es separación de bienes o prevención de riesgos?

-Y tú, ¿estás segura de que volverías ochenta años atrás? ¿Lo has pensado bien? -continúa Lady Chorima, caminando delante de mí-. Estábamos en la posguerra... ¿De verdad te habría gustado vivir en ese tiempo?

-No, no, tienes razón. De hecho, no sé se habría sobrevivido a esa guerra.

-Como mujer, prefiero la época que nos ha tocado.

- ¡Guau! ¡Vaya panorama!

En el horizonte, las dos orillas del Miño y la ciudad de Tui con su catedral fortificada.

- ¡Mira todos esos senderos junto al río! -le digo yo, entusiasmada-. Tengo muchas ganas de recorrerlos en bici. Se puede hacer kayak, ¿lo sabías? ¿Hacemos un selfie? ¿Uno con fondo gallego y otro con el portugués?

Lady Chorima sonríe, saca el móvil y nos hacemos un par de fotos, contentas de estar juntas de nuevo, después de tantos meses de confinamiento y distancia.

- ¡Gracias por invitarme!

-De nada, cariño, tenía que venir de todas formas.

Yo quería pasar el primer temporal del otoño lo más lejos posible de mí y Lady Chorima tenía que hacer un trabajillo en Tomiño, en el Baixo Miño, donde nos ha recibido un cielo azul y un sol ajenos a los partes meteorológicos. Allí hemos visto los primeros árboles encendidos de rojos y naranjas, con las hojas a punto de salir volando. Esperé a que acabase el curro en un café, alternando la lectura de una novela de Olga Tokarczuk con la de los diarios locales: Luz Darriba comentaba el fallecimiento de Quino, otra ironizaba sobre la reunión de un grupo de señoros (entre ellos el Rey) en la isla de la Toja, un suplemento llevaba por titular “¿Cómo reinventar un país?” Y el resto eran más noticias de esta pesadilla colectiva de la que no terminamos de salir. Al atardecer me fui a dar un paseo por la calle y vi llegar unas nubes amenazantes por el noroeste. Con todo, antes de regresar a Compostela, hemos venido a revisitar este puente de hierro por el que seguimos caminando lentamente, disfrutando del momento, liberadas de la máscara y como si la tormenta no fuera con nosotras, hasta alcanzar justo la mitad de la pasarela y quedarnos así, suspendidas en el límite geográfico entre husos horarios y operadoras de telefonía, sobre este río que, como el Limia, que discurre cuarenta kilómetros más al sur, también podría ser considerado el río del olvido.

-Parece un paisaje de Caspar David Friedrich -comenta Lady Chorima.

Una nube de gasas y muselinas sobrevuela la ciudad vieja de Tui, el Miño refleja las últimas luces del atardecer y, al fondo, una neblina recubre los montes, entre los que se distingue una cima excavada, en piedra viva.

-Bueno, un paisaje romántico obviando ese horror de allí -dice señalando la cantera.

- ¡Ya te digo! Y el campo de eólicos que tenemos del lado portugués.

- ¡Viva la abstracción! -exclama Lady Chorima cerrando los ojos, los codos apoyados en la baranda metálica y la melena colgando sobre el río.

-Creo que de haber nacido hace ochenta años, sería traficante en la Raya -digo mirando una barcaza azul varada en la orilla portuguesa.

-En esa época murió Florence Rice -dice ella sacando unos auriculares-, una compositora de Arkansas de origen africano que le escribió una suite al Mississippi, ¿te apetece escuchar algo suyo?

- ¡Por supuesto!

Lady Chorima abre youtube y me tiende un auricular.

-Te voy a poner un fragmento corto... Por ejemplo, los “Sketches in Sepia”. Si te gusta, a la vuelta puedo te poner otras cosas de ella.

El cable tendido de oreja a oreja sirve de puente en el puente:

Y gracias a la música, empezamos a navegar. De vez en cuando, un pez rompe en círculos concéntricos la plácida corriente del Miño.

- ¡No puedo mirar mucho tiempo para abajo! -dice irguiéndose de pronto.

-Yo tampoco. ¡Me dan ganas de nadar!

- ¡Mira! ¡Ahí está la ciclogénesis! -dice señalando el nubarrón que cubre Tui.

- ¡Huyamos a Portugal!

A marchas forzadas llegamos hasta el final del puente, donde nos recibe la puerta azul pintada con los colores de la bandera portuguesa y un escudo con los versos: “Esta é a ditosa pátria, miña amada”.

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Publicado el
18 de octubre de 2020 - 00:59 h

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