Guerra al tabaco
Desde 2006, hace ya 20 años, no se legislaba para regular el consumo de tabaco en nuestro país. Los que tenemos algunos años aún recordamos cuando volvíamos a casa de los bares y restaurantes, seas fumador o no, con la ropa y el pelo apestando a tabaco, cómo veías una sempiterna nube de humo sobre las cabezas de las personas en una habitación cerrada, o cómo en nuestra niñez nuestros profesores llenaban el aula del humo de sus cigarrillos y sus puros y los médicos en las consultas te atendían con un cigarrillo en la mano.
En 1988 llegó la primera prohibición de fumar en los recintos hospitalarios, y en 2006 la famosa Ley Antitabaco de la ministra Elena Salgado, en la que se prohibió fumar en los lugares de trabajo, centros educativos, así como en bares y restaurantes. Ante la protesta del lobby de la hostelería, se cedió en un primer momento permitiendo que los locales de más de 100 metros habilitaran un espacio para fumadores y en los más pequeños incluso el propietario podía elegir si permitía fumar o no. En 2011 se endureció la norma, con la prohibición total de fumar en los recintos cerrados, incluidos bares y restaurantes, así como en las inmediaciones de los parques infantiles y los alrededores de los hospitales.
Ahora, en 2026, la ministra de Sanidad, Mónica García, da una nueva vuelta de tuerca proponiendo que se prohíba fumar y vapear en terrazas de bares, campus universitarios, piscinas o playas, instalaciones deportivas, espectáculos al aire libre y parques nacionales, además de vetar su consumo a menores de edad. En mi opinión, una buena medida para preservar la salud de la mayoría de la población, sobre todo en una época en la que fumar es una actividad cada vez menos frecuente. Así, si en 1987 el 38% de la población era fumadora (aunque el 55% de los hombres era fumador habitual frente al 23% de las mujeres), la tasa de población que ejerce ese hábito en 2026 ha descendido al 26%, aunque es cierto que el consumo de cigarrillos electrónicos se ha disparado entre los adolescentes, ya que más de la mitad de jóvenes entre 14 y 18 años lo ha probado alguna vez.
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