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Viaje de ida y de regreso

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Soy lo que puede catalogarse como una emigrante retornada, y si bien tengo un espíritu viajero y aventurero, cuando me marché a China no fue en busca del dragón de Jade, ni a recorrer la kilométrica Muralla China- increíble de principio a fin-, sino que el desastroso escenario laboral, y casi dos años en la larga travesía del desempleo, me “animaron” a marcharme a más de 15.000 kilómetros de mi familia, de mi querida Murcia y aparecer, tras doce intensas horas de avión, en Mongolia Interior.

Mientras viajaba recordaba a mi madre con lágrimas en los ojos, a mi padre manteniendo el tipo y animándome a que continuara la agónica y permanente búsqueda de trabajo en nuestro país, y a mi hermana poniéndose las pilas con un tal “skype” para que, cada miércoles, pudiéramos vernos y hablar, teniendo en cuenta las seis horas de diferencia horaria.

Os juro que mientras viajaba rumbo a China, me acordaba de esos políticos que afirmaban que la internacionalización de nuestros ciudadanos era una ventaja competitiva como país, que ponía de manifiesto la excelente preparación de los jóvenes y la demanda exterior de los mismos, y vamos, que había que despertar ese lado Willy Fog de nuestros desempleados y comenzar a repoblar de españoles J.A.S.P -jóvenes aunque sobradamente preparados- el mundo.

A estas alturas, por favor, déjense de eufemismos, que ya hay confianza después de tanta pantalla de plasma que hemos compartido en diferido y tantos brotes verdes que nos hemos comido en otras épocas. La emigración masiva permite que los datos del desempleo no sean tan escandalosos y que 'papi Estado' no tenga que gastarse más dinero en mantener a esos “holgazanes que no trabajan porque no quieren”, frase que en muchas ocasiones he tenido la desgracia de escuchar.

 

Adquieran un compromiso con la sociedad: sean infieles a la Troika

 

Mi experiencia en China ha sido increíble cultural, social y políticamente, y eso me daría para varios artículos, os lo aseguro. A grandes rasgos he regresado con más de lo que me fui a todos los niveles de mi vida, y por ello: “xièxie Zhōngguó”. “Gracias China”.

Y en mi regreso he sido muy afortunada porque lo que iba a convertirse en un viaje de visita familiar, se tornó en regreso inesperado y permanente. Y aquí las “guanxi”, “los contactos”, son importantes como lo son en China, para que te den una oportunidad de volver al mundo laboral. Porque las personas de más de treinta y menos de cuarenta no existimos dentro de las políticas activas de reinserción laboral. Nos han volatilizado en la hoja de ruta. Directamente, no existimos.

Así que me gustaría apelar a la responsabilidad política, y que trabajaran en hacer de este país un lugar competitivo con oferta laboral de calidad y no un escenario de mano de obra barata. Apuesten por las personas y no tanto por los mercados, adquieran un compromiso con la sociedad, sean infieles a la Troika y potencien las cualidades que tienen las empresas españolas, el I+D+i, los profesionales de la Sanidad, la Educación, etc.

Paren los desahucios que es de lo más horrible que hemos vivido en años. Es vergonzante como país, quitarles las casas a los que lo han perdido todo o casi todo. Confíen en las capacidades de las personas que son muchas y que no están tan valoradas como se merecen, permitan que cada vez sean más los emigrantes que regresen a España porque tienen la oportunidad de hacerlo, es decir, que tengan opciones reales y laborales de regresar. Eso les compete a ustedes y ya van tarde.

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