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Carta a un estudiante de Historia

Es una cruel paradoja que haya una 'reserva espiritual' de los más fanáticos en la Facultad de Cultura

Vinculan a los detenidos en Vitoria por paliza a un estudiante con ultras del deporte

EFE

Querido estudiante:

En Euskadi aún no se habla claro sobre ETA y el nacionalismo vasco radical. En ciertos ámbitos, los borrokas tienen barra libre. Te mentiría si te dijera que me ha sorprendido lo que te han hecho. Se sienten impunes y lo aprovechan. Y están cargados de odio. La paliza que te dieron hace unos días no ocurrió por casualidad. Enlaza con una cultura de estigmatización del “otro” y de legitimación de la violencia que viene de lejos, que está muy arraigada y que costará desterrar. Una vez leí una frase de Fernando Savater que me gustó mucho, aunque lamento no recordar su procedencia (¡error de historiador!). Tiro de memoria, así que la cita es aproximada. Este era su sentido: no solo es que odien a España, es que han aprendido a llamar “España” a todo lo que odian. Cuando se ha practicado esto durante décadas, llegando al extremo de asesinar al que piensa diferente, es difícil que todos los esbirros obedezcan a sus jefes cuando estos últimos deciden que hay que parar.

Por suerte, hay chavales como tú que no se callan, que están hartos de ver pancartas agresivas, homenajes públicos a etarras, pintadas ensalzándolos… Son pintadas como la que hicieron en el campus de Vitoria-Gasteiz de la UPV/EHU al día siguiente de culminar su cobarde cacería contra ti: “AEDE jódete”. Como bien sabes, hay muchas otras que no llegan a los medios de comunicación, pero que forman parte del paisaje cotidiano. Vosotros os dedicabais a fotografiarlas para enviar pruebas al rectorado y que este las mandara borrar; con poco éxito, según tengo entendido. Muchas gracias por esa valiente y altruista labor que realizabais por puro compromiso cívico.

Es una cruel paradoja que haya una “reserva espiritual” de los más fanáticos en la facultad de la cultura. Pero ya ves. Es así. Además, esto no es excepcional. Los movimientos totalitarios, que creen ser la vanguardia de las masas, han medrado de siempre en ámbitos universitarios, desde los que han pretendido “iluminar” (imponer, en realidad) sus ideas políticas al resto. No soportan el pluralismo. Quieren un país uniforme. Ahí, por tanto, se reúne lo peor; pero (y esto conviene remarcarlo) también lo mejor de nuestra sociedad. Me alegro de que hayas recibido el apoyo de muchos profesores y compañeros, que se concentraron para mostrar su solidaridad contigo y para rechazar la agresión mafiosa que sufriste. He hablado con algunos y me cuentan que están tristes e indignados. No les importa cuál es tu ideología ni qué patria sientes como propia, porque saben que defendías tus opiniones pacíficamente y que lo que te hicieron fue una salvajada intolerable.

Los movimientos totalitarios, que creen ser la vanguardia de las masas, han medrado de siempre en ámbitos universitarios

También me alegro de que tus heridas se vayan curando. Seguro que la otra herida, la que no se ve (el miedo a que te vuelvan a pegar), más tarde o más temprano también desaparecerá. Pero es duro saber que os tenían fichados, que os habían llamado “fascistas” y otras lindezas por Twitter, que os fueron buscando hasta que te encontraron para patearte la cabeza entre todos, mientras tus dos compañeras intentaban, impotentes, defenderte de aquella manada que te golpeaba al grito de “español de mierda”.

Estudias Historia, una carrera bella, que te preparará para comprender mejor el mundo en el que vivimos. La violencia es una constante que ha atravesado todas las etapas del pasado. Eso no quiere decir que sea inevitable, ni mucho menos justificable. Fue precisamente la necesidad humana de seguridad, de controlar y reducir las violencias privadas, la que impulsó la formación de los estados modernos primero y, más recientemente, de las democracias liberales. Democracias que son imperfectas, por supuesto, pero también, como supo ver Churchill, el menos malo de los sistemas posibles, porque facilitan un marco para resolver civilizadamente los conflictos consustanciales a toda sociedad compleja.

A pesar de todo, algunos siguen fascinados por la fuerza bruta. El número de actos de violencia callejera cometidos en nuestras calles está muy lejos del de años precedentes, con ETA en activo. Pero, como escribió Florencio Domínguez, “la acumulación de episodios violentos es reflejo de la presencia de un núcleo de radicalidad entre los estudiantes más intenso y movilizado que en el resto de la sociedad”. Recordemos solo aquellos incidentes que han causado heridos en los últimos años en la UPV/EHU. En una jornada de huelga convocada por Ikasle Abertzaleak en marzo de 2016 una profesora resultó herida en una pierna, obligándole a suspender su clase en Vitoria. En abril del mismo año un vigilante de seguridad fue agredido en el campus de Leioa, teniendo que ser atendido en el hospital. Al llegar la Ertzaintza, varios agentes fueron también atacados. En noviembre de 2016 dos ertzainas y un periodista resultaron heridos en el mismo campus, durante unos disturbios que duraron tres horas con la excusa de la elección de la nueva rectora. Más recientemente, a una trabajadora de la universidad le han lesionado un tímpano al lanzar petardos contra el decanato de Ciencias Sociales y de la Comunicación. Eso por no hablar de otro tipo de sucesos, como el acoso a los vigilantes de seguridad, que me resulta especialmente repugnante. Estos trabajadores cobran unos sueldos modestos y tienen que aguantar los insultos de unos niñatos que juegan a revolucionarios y que en la mayoría de los casos viven cómodamente de sus padres.

En fin, esta historia triste deja también noticia de personas buenas: la mujer que os llamó para avisar de que tuvierais cuidado porque había encapuchados rondando por el campus mientras vosotros estabais reunidos para formalizar el nacimiento de AEDE, la Asociación Estudiantil en Defensa de España; el chico desconocido que se acercó a ayudar cuando yacías en el suelo ensangrentado; los profesores y alumnos que están exigiendo que se cumpla la ley y que se persigan los delitos. Con ellos, hay esperanza.

En cuanto a ti, sigue estudiando y aprendiendo, preparándote para el futuro, que es tuyo.

Te mando un fuerte abrazo.

*Raúl López Romoes historiador, Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo

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