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LOS PARTISANOS

Morris Katz, instrucciones para subir al cielo

25 de septiembre de 2026 22:36 h

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Morris Katz es un joven ¿iracundo? que lleva varios años en comunicación política y piensa esto: “La gente no se traga la idea de que Donald Trump sea el enemigo por excelencia, y no les falta razón. Los demócratas ocuparon la Casa Blanca durante doce de los últimos dieciséis años, tuvieron mayoría en ambas cámaras durante varios períodos de ese tiempo y, en realidad, no hicieron gran cosa para transformar de manera fundamental la vida de la gente. Así que, si nos limitamos a fingir que Donald Trump surgió de la nada y no es un síntoma de un fracaso más amplio del que ambos partidos son responsables, eso carece de credibilidad. Es el resultado de un Partido Demócrata que no estaba dispuesto a enfrentarse a los villanos”.

Esta es una reflexión que comparte con Zohran Mamdani, un desconocido joven musulmán natural de Uganda, a quien llevó a la alcaldía de Nueva York. No es poco. Tampoco lo son los enemigos en el propio bando. Es tal su radicalidad hacia la vieja guardia (a los que cataloga de farsantes, corruptos y, moderando el tono, burócratas) que el New York Times sugiere que Holden Caulfield, el adolescente inconformista de El guardián entre el centeno se sonrojaría si le escuchara.

Cuando comenzó, por cierto, no era mucho mayor que Holden con apenas veinte años, al punto de subirse, por sugerencia de su entorno, dos años la edad creyendo que aparentaría mayor madurez. Solo después del triunfo de Mamdani comenzó a decir que tenía 26 y no 28 años. La revista francesa Revue21, más amable, le llama –una exageración gala– el pequeño Mozart de la comunicación política estadounidense, y lo cierto es que no son menores sus logros. 

Una mirada rápida hace pensar que detrás de Mamdani hay un trabajo inteligente en los ejes estratégicos de la campaña y un uso virtuoso de las redes. Es verdad pero con detalles que convierten en vanguardia el trabajo de Katz. Por un lado, la base de la estrategia consistió en hacer foco solo en tres necesidades claves en la vida cotidiana de los vecinos de Nueva York: transporte público gratuito, vivienda accesible y guarderías para los niños desde las seis semanas de edad. No solo en la proclama: expuso la solución y señaló a los culpables de todas las carencias (los de su mismo bando: no es fácil el magisterio). Ahora hay que cumplir el plan pero no parece ir mal encaminado. 

La segunda parte es también notable. Katz se propuso que el candidato estuviera en la calle las 24 horas de los siete días de la semana junto a la gente y en el escenario de las dificultades. Toda esta dinámica se cubrió con miles de vídeos en TikTok que se reproducían en nuevas versiones que elaboraban los seguidores contagiados por una creatividad simpática y cercana. Todo esto es interesante pero conocido. El efecto Katz consiste en convertir TikTok en un espejo del trabajo de Mamdani en la base. No eran simples vídeos de propaganda, era una transmisión continua del trabajo real del candidato en acción con la gente, en una parada de autobús, en una guardería o en el supermercado. Esta es la novedad. Curiosamente, tiene una raíz en el pasado, un regreso a lo básico. Era lo que hacía treinta años atrás la CNN: “está pasando, lo estás viendo”. Ahora en el móvil. 

Hace unos días, el fenómeno se produjo en Berlín. En medio de la ola ultraderechista alemana, la candidata de la agrupación de izquierda Die Linke, pinchó el huevo de la serpiente. Elif Eralp, una abogada laboralista e hija de inmigrantes turcos, consiguió la victoria en las elecciones municipales creciendo desde un tímido 6% que le asignaban las encuestas hace un año hasta el 25,7% de los sufragios que le dieron el triunfo. 

La derecha y los ultras pusieron el eje en la seguridad y la inmigración. Elif Eralp solo habló de un tema que tiene a Berlín (París, Barcelona, Roma..., y Madrid, la ciudad con un solo ático libre y ningún piso asequible) en carne viva. ¿Cuál es la promesa? Simple. Cumplir con el mandato de un referéndum que obtuvo más de la mitad de los votos en 2021: socializar, mediante indemnización unos 250.000 pisos en manos de grandes inmobiliarias. Al igual que en Nueva York, se reclutó a un ejército de voluntarios y la campaña usó las pantallas para reproducir el pulso de la candidata con la calle. 

James Carville es conocido por ser el consultor que escribió para Bill Clinton la frase clave de la campaña: “Es la economía, estúpido”. Karl Rove, el asesor de George W. Bush, puso en boca del presidente el concepto “conservadurismo compasivo” para disimular la asimétrica economía republicana y Alastair Campbell, el spin doctor de Tony Blair, salvó de la hoguera a Buckingham cuando bautizó a Diana Spencer como “la princesa del pueblo”. Morris Katz, a todas luces, no tiene menos talento que sus colegas pero para fulgir junto a ellos deberá llevar a un candidato a la Casa Blanca, o, quizás, una presidenta: Alexandria Ocasio-Cortez.

De todos modos, la distancia que guarda Katz con todos sus precedentes es la misma que le acerca a Steve Bannon. A pesar de las abismales diferencias ideológicas, ambos son militantes y comparten un modo de operar: el populismo. Si bien Katz se apresura a despreciar las ideas de Bannon, reconoce su enfrentamiento con algunos poderes oligárquicos y la confrontación con los medios de comunicación. El contraste que ve Katz en el modelo que bocetaron Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (Bannon se reconoce lector de la pensadora belga) es que el trumpismo dejó en suspenso la transformación social; no tenían, argumenta, ningún plan para mejorar la vida de la gente; simplemente se enriquecieron. 

Morris Katz tiene desde hace un par de años una agencia de comunicación: Fight, literalmente lucha, pelea o combate. No lleva a equívocos. Si bien ha tenido un par de tropiezos con la elección errónea de un candidato y la escaramuza de otro, ganador, que se pasó al bando republicano, la agencia ha ganado más de trescientas elecciones en Estados Unidos y no solo ha salido del país para asistir a los berlineses, también está en contacto con algunos laboristas del Reino Unido y, en Bruselas, mantiene relaciones con la Alianza de la Izquierda Europea por los Pueblos y el Planeta (ELA, por sus siglas en inglés) que agrupa a partidos de diferentes países. Katz cree en un modo de trabajo global ya que en todas partes, opina, los problemas son similares pero lo que se desconecta es el lenguaje político y, asegura, “hay que contar una historia que explique por qué existen esas dificultades y quién es el responsable”.

En un podcast de The Nation explica con un claro ejemplo la deriva del lenguaje político. Cuenta que asistió a un concierto de Lady Gaga en una antigua acería abandonada en Carrie Furnace, cerca de Pittsburgh, en el estado de Pensilvania, para un mitin a favor del derecho al aborto. ¿Cómo es posible, se pregunta, que los demócratas se reunieran precisamente en una acería que había dado trabajo a decenas de miles de personas pero había quedado devastada por los acuerdos comerciales que ellos mismos habían impulsado, y no en otro sitio, cuando en ese lugar tocaba afrontar una cuestión obvia?

Cortázar escribió en su libro de los cronopios las instrucciones para subir una escalera. En la descripción de lo evidente radica el valor de ese texto. Durante un tiempo la consigna de la izquierda fue asaltar el cielo sin darse cuenta de que lo necesario es subir a un piso, da igual el tamaño, solo tiene que ser una vivienda. Eso es todo.