La inteligencia artificial y su capacidad para resolver conflictos internacionales

Una vista aérea, tomada por la cámara de un dron de ACNUR, de albergues que hospedan a personas desplazadas en el campamento de refugiados Sayam Forage en Níger / ACNUR

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La innovación tecnológica, particularmente  la inteligencia artificial y la transformación digital, está teniendo un impacto aún difícil de predecir en  la definición del nuevo orden internacional. Esto no es en sí mismo algo novedoso, pues se trata de una constante que ha definido las relaciones de poder en la historia de la humanidad desde el neolítico hasta la última revolución industrial. Lo que  resulta sorprendente es la velocidad y amplitud de los cambios en curso. Como escribía Yuval N. Harari, muchas de las medidas extraordinarias adoptadas durante la emergencia sanitaria del COVID-19, se convertirán en algo habitual  en una aceleración sin precedentes del ritmo histórico. La elección entre un sistema de control tecnológico o la toma de decisiones por los ciudadanos, así como entre los impulsos autárquicos proteccionistas o un sistema multilateral colaborativo definirán el mundo en que viviremos.

Las certezas en las que se basaba nuestra visión del mundo, marcada por la confianza en una prosperidad en constante aumento y una seguridad  garantizada frente a las amenazas que han definido la angustia de la humanidad ante la realidad de la enfermedad, la vejez y la muerte, que lanzaron al joven príncipe Siddharta Gautama a la búsqueda de la iluminación, están en cuestión. Simultáneamente al desarrollo acelerado de la nueva economía digital y de los nuevos sistemas de armas y doctrina militar vinculados a la inteligencia artificial, estamos experimentando una multiplicación de conflictos de raíz etno-cultural y religiosa  cada vez más complejos y frecuentemente reincidentes. Este fenómeno, combinado con la erosión de las instituciones y la autoridad del Estado  en nuestro entorno inmediato y el surgimiento de nuevos actores no estatales, está provocando transformaciones sin precedentes en el sistema multilateral vigente en los últimos 75 años.

La percepción tradicional de la diplomacia como una práctica esotérica realizada por dirigentes políticos y expertos internacionales en elegantes escenarios donde tienen lugar reuniones interminables ya no se corresponde con la realidad actual. Los desafíos que las nuevas tecnologías presentan al orden liberal multilateral respecto al funcionamiento de los sistemas  democráticos y los derechos civiles y políticos no tiene precedentes. Las noticias falsas, el impacto de las redes sociales, las implicaciones de la ciberseguridad o el uso de sistemas de armas autónomos hacen que la inteligencia artificial tenga una influencia creciente en todos los aspectos de las relaciones internacionales. Los conflictos de nuestro tiempo tienen lugar en el ciberespacio más que en los campos de batalla tradicionales. La dificultad en abordarlos con los instrumentos de siempre fue  reconocida por el Departamento de Asuntos Políticos y Construcción de la Paz de Naciones Unidas en su último documento de estrategia y está llevando a un cuestionamiento creciente del propio sistema multilateral. 

El impacto de la reciente pandemia y las medidas de confinamiento y restricciones de viajes generalmente adoptadas ha sido considerable sobre la vida social y económica a nivel global, sin embargo no ha tenido apenas incidencia sobre los numerosos conflictos en curso. El llamamiento del secretario general de Naciones Unidas en favor de una tregua generalizada para colaborar en la lucha contra el COVID-19 no tuvo apenas  incidencia sobre las partes en conflicto, aunque sí afectó considerablemente a la labor de los mediadores. Las relaciones internacionales se redujeron a su mínima expresión, sustituidas por videoconferencias que multiplicaron la actividad de políticos, diplomáticos y funcionarios internacionales en una diplomacia virtual de resultados generalmente decepcionantes. Si algo parece claro es que los nuevos instrumentos digitales son mucho más eficaces en la fase del conflicto que en la resolución del mismo. ¿O acaso no hemos sabido entender bien cuál es el valor añadido que la inteligencia artificial puede aportar a la prevención y resolución de conflictos?

Los pasados días 18 y 19 de junio, un grupo de expertos internacionales en inteligencia artificial y diplomacia tecnológica, mediación y patrimonio cultural, se reunieron en Toledo para discutir sobre los retos y oportunidades que las nuevas tecnologías digitales presentaban en el nuevo orden internacional. Esta  iniciativa de la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Castilla-La Mancha, en colaboración con CITPAX, Fundación Factum y el Ministerio de Asuntos Exteriores, tuvo un resultado inesperado. Tras dos días de intensas discusiones, la treintena de participantes acordaron realizar un llamamiento para una iniciativa europea que incorpore la inteligencia artificial y la diplomacia tecnológica a la estrategia de prevención y resolución de conflictos. La declaración de Toledo parte de la intersección entre innovación tecnológica, diplomacia preventiva y necesidad de referencias culturales para promover un partenariado que contribuya a un sistema internacional más justo, seguro y equitativo, Si no incorporamos las nuevas tecnologías a la prevención y resolución de conflictos estaremos no solo perpetuando la desventaja actual, sino incrementando los riesgos para la convivencia y la seguridad internacionales, el respeto a la democracia y los derechos humanos y la gobernanza tecnológica. 

Las representantes de organizaciones como Reimagine Europe, Geneva Science and Diplomacy Anticipator, Microsoft, Telefónica, Humanitarian Dialogue, European Institute of Peace, Cyberpeace, Centro de Estudios Humanitarios y Conflictos de Doha, instituciones académicas españolas y europeas, la UE, la ONU y el Ministerio de Asuntos Exteriores, intercambiaron experiencias e ideas dirigidas a forjar una red de colaboraciones que contribuya a promover propuestas innovadoras que respondan a los retos a los que se enfrenta el sistema internacional. Proyectos como GESDA marcan el camino de la nueva diplomacia de la era tecnológica, anticipando el impacto que cuestiones como la revolución del pensamiento cuántico y la inteligencia artificial, modificaciones de las capacidades humanas o la regeneración ecológica pueden tener sobre la sociedad y las relaciones internacionales en un futuro no tan lejano. 

Justamente porque la inteligencia artificial y la acelerada innovación tecnológica tienen una influencia tan determinante en dar forma a nuestra sociedad y las relaciones humanas a todos los niveles es indispensable incorporar a la comunidad tecnológica a la reflexión sobre el futuro del sistema internacional. La cuestión de la resolución de conflictos sigue estando en el centro del mismo, como cuando se fundó la Organización de Naciones Unidas para contar con una alternativa a las guerras que habían devastado el continente europeo. De la misma forma que la inteligencia artificial es utilizada actualmente para influir en los conflictos, armados o de otro tipo, y está creando una creciente desigualdad en el acceso y desarrollo de esas tecnologías, también puede contribuir a la prevención y resolución de los mismos, aumentando la inclusividad de los procesos de negociación y la capacidad de los mediadores de gestionar los flujos de información de forma constructiva. Necesitamos una diplomacia tecnológica que dé respuesta a los conflictos que la tecnología está creando y amplificando, pues de no hacerlo el nuevo sistema internacional carecerá de una gobernanza efectiva y será demasiado tarde para encontrar alternativas.

Las opiniones contenidas en este artículo son a título personal.

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Publicado el
7 de julio de 2021 - 22:52 h

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