Mad Max
Recuerdo cuando mi novio me llevó al cine a ver el estreno de Mad Max. Doy detalles para localizar la información de forma temporal, es decir, en el siglo pasado y el milenio pasado. Nunca habría imaginado que íbamos a vislumbrar un panorama tan similar y próximo, sin petróleo y sin gas, y con un helicóptero a pedales, jugándonos la vida por una lata de gasolina. De momento, ya hay varias medidas legislativas y algún aviso a navegantes –no solo a los del Estrecho de Ormuz– que nos hacen pensar en volver a encender la chimenea de leña. Si nos dejan, porque los controles de emisión son muy estrictos en la Unión Europea.
Pero como vamos de cara al verano, no es esa nuestra máxima preocupación, pese a que el Gobierno ya ha anunciado que en junio subirá el IVA al 21% en nuestro recibo de luz y gas. Lo que debe preocuparnos más si cabe es que nos van a cambiar las reglas del juego en mitad de la partida. Y esta vez bajo la batuta de la Unión Europea. La Comisión lleva avisando al Gobierno de Pedro Sánchez para que termine con el mercado regulado eléctrico, que reduce la factura de la luz entre un 40% y un 60%.
Mi suegra está asustada desde que lo leyó en su boletín de noticias online. Se cambió hace poco y pasó de pagar 200 euros en el mercado libre a pagar 60 euros al mes con los precios de la tarifa regulada por el Gobierno. De seguir esta recomendación, la situación se podría revertir para millones de hogares españoles, en concreto, un 29% de los consumidores. Bruselas quiere que este precio regulado por el Estado sea solo residual, como un bono social eléctrico, y solo para personas en situación de vulnerabilidad.
La Comisión Europa está forzando a España, con la excusa de la guerra y la escasez energética, a que los consumidores pasemos obligatoriamente al mercado libre para que las compañías puedan fijar los precios de un bien esencial, como es el de la luz, sin la intervención del Estado. Porque se autorregula mejor y no distorsiona el mercado de la competencia –eterno debate entre los economistas–, ha dicho. Y “para evitar apagones”, ha amenazado.
España se resiste y la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ya ha demostrado su rebeldía confirmando explícitamente ante la Unión Europea que “el mercado regulado no desaparece y que no hay ninguna previsión de eliminar la tarifa regulada (PVPC)”. De hecho, el BOE publicó en febrero un nuevo Reglamento de Suministro en el que sigue manteniéndose esta tarifa, aunque con incrementos. La Comisión insiste y le ha exigido formalmente a España que presente una hoja de ruta detallada, antes de que finalice este año, para eliminar progresivamente el precio regulado. El Gobierno ya maneja plazos. Entre 2027 y 2028, habrá una retirada gradual de la tarifa regulada estándar para consumidores domésticos con potencias contratadas superiores a los 5 KW, obligándoles a migrar al mercado libre.
España no es la única que sufre esta presión, ya que tampoco es la única con mercado eléctrico regulado. Francia ha conseguido una condicionalidad excepcional, con la excusa de que es prácticamente un monopolio al basarse principalmente en la energía nuclear. Portugal, Italia, Polonia y Rumania también han recibido la carta por la que la Comisión demanda que la luz se regule en el mercado libre.
Lo explica en el reciente documento AccelerateEU para la resiliencia energética del Continente. Dice que se reducirá el coste energético para el ciudadano a través de la libre competencia. Ello va acompañado de una aceleración en la transición energética a las renovables, que también pasa por eliminar el gas natural de los hogares dentro de diez años. El lema es “Más energía limpia de cosecha propia”. En nuestro caso, el sol.
Claro que habrá que tener en cuenta el informe del Tribunal de Cuentas Europeo, cuando advierte de que Europa no tiene suficientes materias primas ni capacidad de procesamiento para la fabricación masiva de placas solares. De hecho, en este momento sufrimos un riesgo crítico de suministro, dependiendo principalmente de China para más del 80% de sus elementos fundamentales.
Este plan, por necesidad existencial, va de la mano de otros. El más importante es la hoja de ruta RePowerEU, que desde 2022 se propone desconectarnos totalmente del gas ruso, o al menos de su compra directa a Rusia, ya que seguimos comprándoselo a otros países más o menos amigos. Más caro. También va acompañado de otras recomendaciones recientes, como el uso del transporte público, la promoción de los viajes de larga distancia en tren y la vuelta al teletrabajo, al menos dos días a la semana.
Estas prisas vienen a cuento del bloqueo del estrecho de Ormuz, la renuncia de la UE a comprar gas ruso y el control energético mundial que pretende el presidente estadounidense Donald Trump. “En vista de las realidades geopolíticas del conflicto en Oriente Medio”, se justifica el documento. Ya lo dijo nuestra presidenta, Ursula von der Leyen: “La energía más barata es la que no utilizamos”. ¿Pero quiénes? Nosotros, los Gamma.