Los árboles reducen la mortalidad
En el kilómetro cero del Estado español, en ese centro simbólico que es la Puerta del Sol, no hay un solo árbol bajo el que cobijarse en esta primera ola de calor que tenemos ya encima. Sin embargo, Madrid suele presumir de ser una de las ciudades más arboladas del mundo. Pero tener árboles no es como tener mobiliario urbano, tenerlos —aunque sean muchos— no significa tener ni los suficientes ni tenerlos donde son necesarios. Es importante la cantidad de vegetación, pero igual de importante o más es dónde están estas zonas arboladas y el acceso que tienen las y los ciudadanos a ellas en los lugares donde viven. Porque el problema de una ola de calor no es solo cuántos grados marcará el termómetro, sino cómo afectará la falta de sombra a la población.
El calor no cae por igual sobre las ciudades y hay barrios que tienen árboles y barrios que tienen asfalto. Mucho asfalto. Siguiendo en la ciudad de Madrid se sabe que existen diferencias de temperatura de hasta ocho grados entre distintos puntos de la capital. Cuando se habla de ola de calor, la temperatura es una parte, la otra tiene que ver con la desigualdad porque es en los barrios donde coinciden las rentas más bajas y las viviendas peor adaptadas al calor, donde el hecho de que haya menos zonas verdes tiene un impacto directo en la salud de esas vecinas y vecinos.
Pero Madrid no es una excepción. Esta semana se ha conocido un informe de la organización ecologista Amigas de la Tierra, junto al Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid. En él se analiza el acceso a las zonas verdes de 10 ciudades españolas para la población, y de entre estas, más de la mitad de la ciudadanía no dispone de zonas verdes, llegando al 80 % en ciudades como Ourense y València. La conclusión es clara, la situación es preocupante, principalmente para las personas más vulnerables, aquellas que tienen menos opciones de adaptarse al cambio climático porque viven en lo que el informe llama “zonas de acción prioritaria”, es decir, áreas de bajos ingresos y con un acceso insuficiente a espacios verdes.
La desigualdad climática no empieza cuando llega la ola de calor, empieza mucho antes. Es decir, la vulnerabilidad climática no depende únicamente del clima, sino también de los recursos disponibles para protegerse de él cuando este representa un riesgo para la salud. Por supuesto que hay determinadas zonas de renta alta donde también hay un acceso insuficiente a la naturaleza, pero en estos lugares no hay dificultades para adoptar otras formas de adaptación al calor: viviendas mejor acondicionadas, piscinas, aire acondicionado, segundas residencias... No afronta igual una semana de temperaturas extremas quien vive junto a un parque arbolado, en una vivienda bien aislada y con aire acondicionado, que quien reside en una calle sin sombra o en una vivienda que acumula calor durante toda la noche. Sin entrar en otras variables sociosanitarias que también influyen y agrandan la vulnerabilidad en las personas mayores, las infancias, en quienes padecen enfermedades crónicas, tienen dificultades de movilidad…
Recientemente, un estudio internacional llevado a cabo por el Inserm, el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un estudio señaló que en París, los distritos con más vegetación presentan un menor riesgo de mortalidad durante los periodos de calor intenso, mientras que las zonas muy construidas, con pocos espacios verdes y un alto potencial de isla de calor urbana, son las más expuestas. Es decir, aumentar la cobertura arbórea en las ciudades podría evitar miles de muertes prematuras asociadas al calor porque los árboles refrescan el aire, reducen la temperatura del suelo y crean refugios frente a episodios extremos cada vez más frecuentes. Los árboles deberían ser parte de las infraestructuras básicas que protegen la salud y la vida de todas las personas dentro de una ciudad. Tener sombra no debería ser un privilegio asociado al código postal.
0