'Borgen', desde España

Sidse Babette Knudsen, actriz protagonista de Borgen.

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Hace ya años, cuando era director de Estudios del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, participé en un encuentro (se hacían regularmente) de jefes de gabinetes de primeros ministros de la OCDE. Los nórdicos y el británico, entre otros, eran todos funcionarios. Habían visto pasar a varios primeros ministros, y verían aún pasar a unos cuantos mientras ellos seguían en sus puestos. Incluso el británico confesó que una vez sugirió a su jefe un nombre para ministro, se filtró, y se armó un revuelo. Pero, ¡ay! cómo ha cambiado el sistema británico, llegando a su paroxismo con Boris Johnson. Estos altos funcionarios no se meten en política (politics), sino que tienen que aplicar las políticas (policies) que deciden los que están en cargos políticos. Aunque, claro, esto puede llevar a un cierto mandarinato (¿Recuerdan las series Yes, Minister y Yes, Prime Minister?). Como claramente aparece en la serie Borgen, en las anteriores temporadas, y en esta cuarta (Netflix) casi 10 años después, de enorme calidad y mensajes desde el ecosistema político de Dinamarca, y que discurre bajo el título de “Reino, poder y gloria”.

No desvelaré ningún secreto de la trama, a veces incauta y poco creíble, por lo que el que siga leyendo esto y no haya visto la serie puede disfrutarla. Simplemente se trata de comentar algunos detalles, que nos pueden inspirar en comparación con España. La protagonista, la ministra de Asuntos Exteriores, Birgitte Nyborg, ex primera ministra de un partido minoritarito que gobierna en coalición, logra parar el nombramiento como jefe de gabinete de la premier, experto en comunicación, avieso y retorcido, porque no es persona que haya salido de las urnas. La propia Nyborg misma se resiste a contratar un asesor de comunicación, aunque el peso de las redes sociales en la política actual, la arrastra a ello y a algunos errores. Como secretario político tiene un funcionario recién contratado, que acaba considerando que su lealtad al Ministerio es más importante que su lealtad a la ministra, como le recuerda el subsecretario permanente. A comparar esta austeridad en los cargos de libre designación, con lo que impera en nuestro sistema. Hace ocho años, calculamos (Recomponer la democracia) que en España había 125.000 cargos políticos (comparado con 29.000 en un país más grande como el Reino Unido). Los partidos en Borgen no son agencias de colocación. Hay menos corrupción. Y sí, son países con una amplia costumbre de coaliciones, y de elecciones en las que más que gobiernos se votan opciones, y las coaliciones se construyen sobre los resultados.

Birgitte Nyborg (con la magnífica interpretación de Sidse Babett Knudsen), divorciada con dos hijos, tiene ya 53 años, edad de menopausia, condición que no suele salir en las series políticas, ni en las series en general, con sus sofocos, sudoraciones e insomnios, que esta nueva temporada de Borgen (término con el que se conoce al palacio de Christiansborg, sede de los tres poderes del Estado y oficina del Primer Ministro), recoge de forma tan evidente y humana. La propia Nyborg reconoce que en el pasado (y aún en el presente) tuvo que elegir entre ser primera ministra, y su familia, marido e hijos. Cosa que probablemente no se habría planteado, como tampoco los problemas que acarrea la menopausia a una política, en el caso de un hombre. Mensaje interesante.

También destaca, en trama paralela, el poder de la televisión pública, a la que continuamente acuden los políticos a hacer declaraciones. Una televisión pública que quiere ser independiente y la mejor, aunque incluso en Dinamarca, no lo consigue del todo. El papel de las redes sociales, especialmente Twitter e Instagram, estaba ausente en temporadas anteriores, con el tipo de información que los políticos, los periodistas y la ciudadanía en general pasan por ellas.

El peso de un país pequeño en la política exterior -parte de la trama por el descubrimiento de petróleo en Groenlandia- es notable, incluso, o sobre todo, para tratar el tema de Groenlandia. Dinamarca tiene una política exterior clara que da prioridad a sus relaciones de seguridad con EEUU, pero pretende no dejarse avasallar por Washington, y abrir un cierto margen a las relaciones con China. Mucho menos con Rusia. La relación entre la política energética, la exterior, y la climática queda bien plasmada.  

Enciendan el televisor, el ordenador, la tableta o el móvil, y véanla, si no lo han hecho ya. Vale la pena.

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