Negar un derecho a la mujer por Podemos

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He visto cosas que ustedes no creerían. He visto naves arder más allá de Orión. He visto a la secretaria de Igualdad del PSOE poner en cuestión que las mujeres tengan que tener garantizado el derecho a cogerse a una baja laboral por tener una menstruación dolorosa.

He visto a la vicesecretaria de UGT ponerse de lado de la patronal y en contra de que las trabajadoras adquieran un derecho usando los argumentos de los empresarios para alzarse en el debate público en contra de avanzar en derechos laborales. He visto todo eso, menos lo de las naves en Orión, porque la propuesta nace del ministerio de Igualdad. He visto todo eso porque la propuesta parte de Irene Montero y no la lidera el PSOE.

El sectarismo corroe el debate público hasta el punto de que no se concibe ser crítico con una formación como Podemos cuando no cumple con los objetivos y a su vez alabarla de manera entusiasta cuando, como en el caso del ministerio de Igualdad, consigue avances históricos y muy ambiciosos. Se puede decir que Podemos opera como una cuna de niños malcriados cuando se centra en sus disputas internas y a su vez reconocer los avances que logran en términos de justicia social. No pasa nada, no se rasguen ustedes las vestiduras, maduren y acepten la crítica. Tampoco abundan el pensamiento crítico y la responsabilidad sobre el avance de los derechos sociales en políticos ni actores mediáticos que no se permiten reconocerle a un partido adversario un logro por el simple hecho de no poder capitalizarlo. La ciudadanía se mostró en el último CIS cansada de la polarización y la toxicidad del debate público, pero no parece que los actores que operen en el ámbito de la opinión pública estén dispuestos a ejercer la crítica de manera racional y solo piensan en dejarse llevar por el comportamiento que será más aplaudido por su tribu.

No se puede negar un derecho a la mujer solo porque lo pide Podemos, porque lo propone Irene Montero. Esa es la triste conclusión que queda del lamentable debate surgido a raíz de la publicación del decreto que pone en el debate público la importancia de la salud menstrual. No hay argumento racional, laboral, social ni económico que sustente rebatir desde el punto de vista progresista una medida de avance de tal calado para las mujeres, para sus derechos y la visibilización de su realidad específica y silenciada. Las bajas pagadas desde el primer día para las mujeres que precisen descansar por tener una menstruación dolorosa tendrán un coste anual de 43 millones de euros. Para poner el gasto en perspectiva basta con enseñar que el Centro Acuático que se quedó a medias de construir para albergar los Juegos Olímpicos de Madrid que nunca hemos tenido y que otra vez quiere Begoña Villacís que tengamos costó 92 millones de euros. La Ciudad de la Justicia de Esperanza Aguirre que nunca llegó a terminarse y ahora es una seta metálica en un secarral junto al Zendal costó 105 millones de euros. Solo con esas dos obras inacabadas por el liberalismo cañí madrileño habría para costear durante más de cuatro años este derecho laboral para las trabajadoras. Pero se trata de negarse por sistema y establecer cualquier derecho como estigma. 

El pensamiento neoliberal, que queda enclaustrado no solo en la derecha sino en una parte importante de la socialdemocracia española, que tiene mucho más de socioliberalismo que de socialismo, siempre ha establecido una sospecha de actuación sobre el comportamiento de los trabajadores. En el caso que nos ocupa esa sospecha sobre la clase trabajadora se agrava con la letra escarlata inherente a la mujer con la que se trata en nuestras sociedad patriarcales. Las bajas médicas y el absentismo laboral son uno de los núcleos fundamentales del relato empresarial para atacar la credibilidad de la clase obrera transmitiendo que cuando un trabajador o trabajadora falta no es porque su salud esté comprometida y un médico conceda la exención, sino porque son personas vagas que fingen para faltar al trabajo. Se espera que ese sea el mensaje de la patronal para estar en contra de la adquisición de un derecho laboral para miles de mujeres con dolores incapacitantes por la menstruación, pero sorprende, hastía y decepciona que esos mensajes sean trasladados por miembros del PSOE y los serviles de su brazo sindical solo porque la propuesta la haya planteado el ministerio que lidera Irene Montero. 

He visto cosas que ustedes no creerían. He visto naves arder más allá de Orión. He visto a la secretaria de Igualdad del PSOE poner en cuestión que las mujeres tengan que tener garantizado el derecho a cogerse a una baja laboral por tener una menstruación dolorosa.

He visto a la vicesecretaria de UGT ponerse de lado de la patronal y en contra de que las trabajadoras adquieran un derecho usando los argumentos de los empresarios para alzarse en el debate público en contra de avanzar en derechos laborales. He visto todo eso, menos lo de las naves en Orión, porque la propuesta nace del ministerio de Igualdad. He visto todo eso porque la propuesta parte de Irene Montero y no la lidera el PSOE.

El sectarismo corroe el debate público hasta el punto de que no se concibe ser crítico con una formación como Podemos cuando no cumple con los objetivos y a su vez alabarla de manera entusiasta cuando, como en el caso del ministerio de Igualdad, consigue avances históricos y muy ambiciosos. Se puede decir que Podemos opera como una cuna de niños malcriados cuando se centra en sus disputas internas y a su vez reconocer los avances que logran en términos de justicia social. No pasa nada, no se rasguen ustedes las vestiduras, maduren y acepten la crítica. Tampoco abundan el pensamiento crítico y la responsabilidad sobre el avance de los derechos sociales en políticos ni actores mediáticos que no se permiten reconocerle a un partido adversario un logro por el simple hecho de no poder capitalizarlo. La ciudadanía se mostró en el último CIS cansada de la polarización y la toxicidad del debate público, pero no parece que los actores que operen en el ámbito de la opinión pública estén dispuestos a ejercer la crítica de manera racional y solo piensan en dejarse llevar por el comportamiento que será más aplaudido por su tribu.

No se puede negar un derecho a la mujer solo porque lo pide Podemos, porque lo propone Irene Montero. Esa es la triste conclusión que queda del lamentable debate surgido a raíz de la publicación del decreto que pone en el debate público la importancia de la salud menstrual. No hay argumento racional, laboral, social ni económico que sustente rebatir desde el punto de vista progresista una medida de avance de tal calado para las mujeres, para sus derechos y la visibilización de su realidad específica y silenciada. Las bajas pagadas desde el primer día para las mujeres que precisen descansar por tener una menstruación dolorosa tendrán un coste anual de 43 millones de euros. Para poner el gasto en perspectiva basta con enseñar que el Centro Acuático que se quedó a medias de construir para albergar los Juegos Olímpicos de Madrid que nunca hemos tenido y que otra vez quiere Begoña Villacís que tengamos costó 92 millones de euros. La Ciudad de la Justicia de Esperanza Aguirre que nunca llegó a terminarse y ahora es una seta metálica en un secarral junto al Zendal costó 105 millones de euros. Solo con esas dos obras inacabadas por el liberalismo cañí madrileño habría para costear durante más de cuatro años este derecho laboral para las trabajadoras. Pero se trata de negarse por sistema y establecer cualquier derecho como estigma. 

El pensamiento neoliberal, que queda enclaustrado no solo en la derecha sino en una parte importante de la socialdemocracia española, que tiene mucho más de socioliberalismo que de socialismo, siempre ha establecido una sospecha de actuación sobre el comportamiento de los trabajadores. En el caso que nos ocupa esa sospecha sobre la clase trabajadora se agrava con la letra escarlata inherente a la mujer con la que se trata en nuestras sociedad patriarcales. Las bajas médicas y el absentismo laboral son uno de los núcleos fundamentales del relato empresarial para atacar la credibilidad de la clase obrera transmitiendo que cuando un trabajador o trabajadora falta no es porque su salud esté comprometida y un médico conceda la exención, sino porque son personas vagas que fingen para faltar al trabajo. Se espera que ese sea el mensaje de la patronal para estar en contra de la adquisición de un derecho laboral para miles de mujeres con dolores incapacitantes por la menstruación, pero sorprende, hastía y decepciona que esos mensajes sean trasladados por miembros del PSOE y los serviles de su brazo sindical solo porque la propuesta la haya planteado el ministerio que lidera Irene Montero. 

He visto cosas que ustedes no creerían. He visto naves arder más allá de Orión. He visto a la secretaria de Igualdad del PSOE poner en cuestión que las mujeres tengan que tener garantizado el derecho a cogerse a una baja laboral por tener una menstruación dolorosa.