No hay lobos en la luna
Cuando hace unas semanas, desde la nave Orión, nos llegaron imágenes de la cara oculta de la Luna, los consejeros autonómicos de las comunidades donde habitan lobos en España respiraron con alivio: no había lobos a la vista. Y es que en este 2026, en el que la humanidad ha sido capaz de desarrollar una tecnología que permitió llevar a cuatro personas a los confines de la Luna, los responsables de diversas regiones del norte de España nos azotan semanalmente con la admonición de que la ganadería está en riesgo por culpa de los lobos. Somos capaces de poner una nave con cuatro personas a girar alrededor de la Luna, pero hay quien nos quiere hacer creer que en España no es posible implementar sistemas para coexistir con apenas 2.000 lobos sin prescindir de matarlos a balazos.
No es esta una afirmación gratuita, se basa en declaraciones públicas que pueden leerse en la hemeroteca. Hace unos días así lo expresó Marcelino Marcos, consejero de medio rural del Gobierno asturiano, tras el fallo del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, que daba la razón a las demandas presentadas por organizaciones ecologistas contra las matanzas de lobos impulsadas por el Gobierno regional.
Este tipo de declaraciones alarmistas son también habituales entre los responsables públicos de Galicia, de Cantabria y de La Rioja, comunidades que, como Asturias, abrazaron la matanza de lobos tras la desprotección de la especie en marzo de 2025. Incluso en Euskadi y Aragón, territorios donde la especie tiene una presencia testimonial, sus gobiernos se expresan en estos términos. La pregunta que procede es si estas afirmaciones tienen algún rigor: ¿está la ganadería en riesgo por la presencia de los lobos? Analicemos algunas cifras.
Asturias cerró su censo bovino de 2025 con 337.000 animales; Galicia supera el medio millón; Cantabria cuenta con unas 250.000 vacas; y Euskadi con unas 150.000. Es decir, hablamos de más de un millón de vacas solo en las comunidades cantábricas. A la vista de que la ganadería bovina -que es la principal en esas regiones cuyos responsables son los impulsores de mensajes apocalípticos- no está en peligro, hablemos de los daños ocasionados por los lobos.
Según distintos datos tomados de las comunidades autónomas, el número de animales afectados anualmente por ataques de lobos se sitúa en unos 15.000 para el total de los territorios en que los lobos están presentes en la mitad norte de España (porque en la mitad sur los eliminamos hace pocas décadas). En esos territorios, el censo ganadero total en extensivo supera los tres millones de animales. La afección numérica de esos 15.000 animales muertos atribuidos a los lobos supone el 0,5 % de la cabaña ganadera total en extensivo. Las pérdidas de animales por otras causas, como enfermedades o ingestión accidental de plantas tóxicas, supera esa cifra. Por poner un contraste, el brote de dermatosis nodular contagiosa (DNC) que afectó a Cataluña a finales de 2025 derivó en el sacrificio de más de 2.000 vacas solo en Girona: algo más del 1,5 % del censo bovino de esa provincia.
Basándonos en datos, los daños de los lobos no son una amenaza para el sector ganadero. Esto no exime de que en casos muy determinados los daños pueden derivar en problemas puntuales en algunas explotaciones. Porque, más allá de las cifras globales, hay que observar los problemas individuales. Pero para ello están las medidas preventivas y compensatorias.
Los daños de los lobos se pueden y se deben prevenir y minimizar. Para ello existen numerosas alternativas, desde el uso de perros de vigilancia bien entrenados hasta los vallados y sistemas de seguimiento con tecnología de localización, medidas que tienen que ir acompañadas de un cuidado de los animales con cierres nocturnos y pastoreo presencial. Todas estas medidas deben contar con el apoyo de las administraciones, con acciones de formación y suficiente respaldo económico, medidas que además pueden generar empleo en el medio rural. Tenemos como sociedad el reto de abordar esas medidas de coexistencia con la fauna salvaje, siendo conscientes de que en ciertos casos son complejas de implementar. Pero sabemos cómo hacerlo, el objetivo es llevarlo a cabo sobre el terreno afrontando las dificultades que existen, analizando los casos individualmente y creando marcos de mediación con la imprescindible participación del sector ganadero.
Además, los daños de los lobos, como todos los de la fauna salvaje, deben ser indemnizados de manera ágil y contemplando otros efectos que conllevan los mismos. Esos daños ascienden actualmente a una cifra que se mueve entre ocho y diez millones de euros anuales para el total de las comunidades donde los lobos están presentes. También leemos y escuchamos declaraciones en el sentido de que esos daños económicos son “inasumibles”. Solo el Gobierno de Asturias gastó en 2022 más de diez millones de euros en mejorar las instalaciones de una estación de esquí, la de Valgrande-Pajares, que desde entonces apenas pudo ser utilizada unas pocas semanas por falta de nieve, algo previsible en un contexto de cambio climático.
Pero además de todo esto, los lobos aportan lo que se ha venido a llamar servicios ecosistémicos. Esto quiere decir también beneficios que nos afectan de manera directa a las personas en nuestra vida cotidiana. Los grandes carnívoros regulan las poblaciones de herbívoros, como ciervos y jabalíes, cuya abundancia puede derivar en problemas de degradación de vegetación, de índole sanitario e incluso de seguridad vial.
La población de ciervos y jabalíes en parques nacionales como Cabañeros o Monfragüe está generando graves problemas en el ecosistema de ambos espacios; el brote de peste porcina en Cataluña enfrenta a la administración a un grave problema con consecuencias económicas elevadísimas; y los accidentes de tráfico por atropello de fauna -principalmente ciervos, jabalíes y corzos- supusieron en España más de 30.000 casos en 2024, con ocho personas fallecidas y más de 500 heridas, además de un monto económico que se estima en más de 100 millones de euros. En Norteamérica la presencia de pumas en territorios que esta especie recolonizó, redujo los accidentes de tráfico con ungulados en un 22 %, lo que se estima que pudo salvar 155 vidas humanas y evitar más de 21.000 personas heridas.
Tras la ignominiosa maniobra política impulsada en 2025 por el PP y Vox, abrazada por Junts y PNV, extrayendo al lobo del listado de especies protegidas, los gobiernos de Galicia, Asturias, Cantabria y La Rioja se lanzaron a matar lobos. Afortunadamente asistimos a pronunciamientos judiciales que vienen a confirmar lo que desde la ciencia se viene defendiendo, paralizando muchos de esos planes. Pero esas comunidades anuncian que no se detendrán, que pese a los datos y las sentencias quieren imponer su relato, un relato en el que los apenas 2.000 lobos ibéricos que habitan en España son la causa de todos los males del medio rural.
En las próximas semanas, el Gobierno español tiene que cumplir con la obligación de remitir a la Comisión Europea el informe sobre el estado de conservación del lobo, y algunas comunidades autónomas ya han anunciado que pretenden imponer un informe que les permita seguir matando lobos, un informe contrario al criterio del Ministerio de Transición Ecológica y contrario a todos los informes científicos que señalan que la población de lobos sigue estando en una situación frágil y vulnerable.
Sabemos que no hay lobos en la Luna, que muy probablemente allí no exista ninguna forma de vida. Aquí, en la Tierra, tenemos la fortuna de convivir con innumerables especies, muchas de las cuales están desapareciendo en una galopante crisis de biodiversidad, extinciones que estamos causando los humanos cazando, alterando hábitats e incluso modificando las condiciones de vida del planeta a nivel global. Los lobos ibéricos son uno de los mayores exponentes de la belleza natural del planeta que habitamos. Salvemos a los lobos.