La OTAN tiene su sangrienta desbandá

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante una entrevista con EFE en Bruselas para hablar sobre la cumbre de la Alianza Atlántica de la semana que viene en Madrid.

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El Persil era un detergente utilizado en Alemania en los años 30 y 40 y que ha llegado a nuestros días. Se decía que lavaba más blanco que ninguno. Era tan eficaz que tras la Segunda Guerra Mundial los documentos oficiales llamados Fragebogen, que los alemanes tenían que firmar declarando bajo juramento que no habían pertenecido al partido Nacional Socialista para poder trabajar en la administración, se llamaban persiles de manera coloquial. Servían para blanquear los pasados de los oficiales nazis que se incorporaron al ejército, la judicatura y los servicios secretos de la República Federal de Alemania para luchar contra los rusos, contra el comunismo. Gracias a esos salvoconductos administrativos, la hoja de servicios de nazis ilustres como Reinhard Gehlen fue blanqueada para que la RFA le nombrara jefe del Servicio de Inteligencia de Alemania (BND). También para que EEUU pudiera encargarle labores de contraespionaje y la organización de actos criminales contra líderes de izquierdas a través de organizaciones terroristas de extrema derecha financiadas por la propia OTAN. Aunque no hay que recurrir a pasajes de la historia tan ocultos para encontrar esos fichajes atlantistas, el general nazi Adolf Heusinger fue uno de los más ilustres. El militar fue uno de los grandes estrategas de Adolf Hitler en las invasiones de Austria y Polonia, juzgado en Nuremberg y acusado de delitos contra la humanidad y acabó siendo absuelto por el enorme valor que tenía para la CIA. Heusinger fue nombrado en 1961 presidente del Comité Militar de la OTAN. El puesto militar de mayor rango de la organización. 

La invasión de Rusia a Ucrania ha funcionado como un enorme contenedor de Persil donde la opinión pública y publicada ha metido a la OTAN para que saliera impoluta, sin manchas de sangre, con el aspecto de un soldado recién licenciado de vuelta de una operación militar de esas que se hacen para salvar la democracia, cuando llama a su puerta y le recibe su familia corriendo a abrazarle. Pero no, la OTAN solo es ejemplo de aquello que hay que repudiar. España es miembro y organizador de la cumbre de Madrid y, en las condiciones actuales del conflicto con Rusia contra Europa, hay que asumir que el horizonte de posibilidad para dejarla atrás y construir nuestra propia defensa se ha alejado. La OTAN se ha reforzado gracias a Rusia y es difícil plantearse un gobierno occidental en Europa que se atreva a postular su salida. Nadie lo hace, ni aquellos que critican a la OTAN desde gobiernos que forman parte del consorcio atlantista. Pero la realidad y la correlación de fuerzas no pueden obnubilar la memoria y difuminar el relato antiatlantista trazado durante décadas por la cultura colectiva de la izquierda. 

La OTAN es una organización imperialista al servicio de los intereses de EEUU. No es inocente porque ha hecho y hará lo mismo que denuncia de Rusia en Ucrania y solo sirve a la geopolítica del imperio americano con Europa como agente pasivo de sus decisiones. Conocer la historia es necesario para que el debate sobre la presencia de España en la OTAN se produzca con todos los elementos.

La Organización del Tratado Atlántico Norte tiene su propia Operación Especial Militar, como define Rusia la invasión de Ucrania, que se realizó en el año 1999 bajo el nombre de Operación Fuerza Aliada en los bombardeos a la República Federal de Yugoslavia. El abril negro de la OTAN manchado de sangre tiene diferentes episodios que por sí solos desautorizan cualquier legitimidad moral para presentar a esta organización militar como defensora de los valores más elevados. La Operación Fuerza Aliada fue una guerra no declarada de la OTAN a Serbia y no contó con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Fue un ataque ilegal a la soberanía de un país, del mismo modo que Rusia lo ha hecho con Ucrania. El abril negro de la OTAN de 1999 nunca podrá borrarse de la historia y laminó para siempre la posibilidad de que la organización atlantista tuviera el derecho en futuro como para presentarse como garante de las democracias, las libertades y los derechos humanos. 

La OTAN también cometió crímenes de guerra que jamás fueron ni serán juzgados porque los tribunales internacionales no se dedican a disciplinar al poderoso. Pero ocurrieron y se denunciaron. 495 civiles perdieron la vida y 820 resultaron heridos a consecuencia de los bombardeos. Amnistía Internacional denunció que la OTAN no suspendió operaciones de bombardeo contra enclaves con civiles en el puente del ferrocarril de Grdelica, donde asesinó a 55 civiles el 12 de abril de 1999, ni en el puente del ferrocarril de Lužane el 1 de mayo de 1999, donde asesinó a 49 civiles que viajaban en un autobús, ni en el puente de Varvarin, el 30 de mayo de 1999, donde asesinó a otros 14 civiles. Estos fueron solo unos pocos de los muchos sucesos que impregnaron de muertes inocentes la actuación otanista, pero no lo más severos ni vergonzantes, que nos sirven para buscar analogías con la invasión de Rusia a Ucrania.

La OTAN atentó contra medios de comunicación. El 24 de abril de 1999 bombardeó la sede de la Radio y Televisión de Serbia (RTS). El ataque se produjo con un solo misil que destruyó la sede principal de la televisión estatal serbia matando a 16 trabajadores, la mayoría de ellos técnicos, personal de maquillaje y otro personal de servicios. Según Sin Jones, experta de Amnistía Internacional en los Balcanes, el ataque de la OTAN violó el artículo 52 (2) del Protocolo I de la Convención de Ginebra: “El bombardeo de la sede de la radiotelevisión serbia fue un ataque deliberado contra un bien de carácter civil y, por tanto, es un crimen de guerra.” La OTAN y EEUU justificaron el ataque argumentando que la RTS no era “La CNN ni la BBC” y que utilizaban el medio para instigar el odio contra la población kosovar. 

No fue el episodio más sangriento de la OTAN durante la Operación Fuerza Aliada contra la República Federal de Yugoslavia. Ni la más terrible moralmente hablando, aunque pueda resultar difícil creerlo. Diez días antes del ataque a la sede de la RTS tuvo lugar el que se puede declarar como el punto más oscuro de la organización atlantista de toda su historia, por eso es poco conocido. Se trata del bombardeo el 14 de abril de 1999 sobre la población de Đakovica a un convoy de refugiados Albanokosovares que intentaba huir de la ciudad terriblemente asediada. Se puede decir que la OTAN tiene su propia desbandá. Una carretera de refugiados que huyen bombardeados hasta la muerte, de Málaga a Dakovica.

En la carretera de Dakovica a Dečani los aviones de la OTAN bombardearon un convoy con más de 100 tractores de refugiados, la mayoría mujeres y niños. Las cifras de víctimas civiles oscilan desde las 60 reconocidas por EEUU a las más de 70 por las autoridades serbias. Las fuerzas de la OTAN argumentaron haber confundido el convoy de tractores con vehículos blindados yugoslavos. Al menos 16 niños murieron en el ataque de la OTAN al convoy de refugiados. Javier Solana, secretario general de la OTAN, culpó a la aviación yugoslava de ser responsable del ataque, posteriormente, tras la abundancia de pruebas recabadas por los medios de comunicación tuvo que reconocer el hecho y disculparse. ¿Recuerdan a Sergei Lavrov y sus propagandistas culpando de la masacre de Bucha a fuerzas ucranianas? Solana tiene su propio Bucha. 

La OTAN también utilizó armas ilegales contra población civil. Sí, hizo un completo. Asesinato de refugiados que huían, ataque contra medios de comunicación con inocentes muertos y uso de armas prohibidas en terrenos urbanos. Entre el 7 y el 12 de mayo la ciudad serbia de Niš sufrió por parte de las fuerzas armadas de los Países Bajos, bajo el estandarte de la OTAN, el ataque con bombas de racimo que cayeron en un hospital y un mercado a plena luz del día. El resultado fue de 14 civiles muertos y más de 28 heridos. Esta sucesión de hechos son la explicación labrada en sangre de cómo la organización atlantista no está en posición de ser legitimada ni aparecer ante la opinión pública como un ente garante de derechos humanos. Tiene armas, puede ser una organización defensiva que proteja a sus miembros de ataques externos, pero es contraria a cualquier sistema íntegro de valores. Un matón te puede ser útil, pero no le convierte en referente solo por tener la capacidad para reprimir mediante la violencia.

La OTAN se reunirá en Madrid con el lema propagandístico y machacón de presentarse como la organización responsable de garantizar la paz, el orden y la estructura que defiende las democracias y la ley internacional. Pero la historia tiene que estar presente para que recordemos que el objetivo aspiracional de una sociedad democrática con aspiraciones de defender valores éticos y morales aceptables tiene que abandonar una organización militar que está al servicio de EEUU y tiene en su hoja de servicios episodios tan tristes, dramáticos y miserables como aquellos que pretende denunciar, con razón, ahora que es Rusia, su enemigo, quien los comete. Rusia atacó a Ucrania y los hechos obligaron a posicionarse de manera frontal contra el ataque salvaje de Vladimir Putin sin utilizar la historia de la OTAN como elemento justificador de esa violencia criminal. Esta semana se reúne la OTAN en Madrid y toca denunciar el funcionamiento, los usos y la historia de una organización militarista de la que formamos parte sin poner como excusa la agresión de Rusia para blanquear la sangre atlantista. La coherencia obliga. 

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